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La Iglesia Católica ante el
celibato y pederastia
por José
Carlos García Fajardo
Aquí texto íntegro de la Carta
enviada
por Benedicto XVI a los católicos
Con miles de millones de dólares
invertidos en comprar silencios y pagar condenas, la
Iglesia sigue sin afrontar miles de casos de
pederastia. Toda violación contra la libertad de las
personas debe ser juzgada. Máxime cuando se trata de
delitos contra niños y adolescentes
Ante los escándalos por abusos
sexuales a menores por clérigos católicos, se
plantea el tema del celibato obligatorio. No existe
relación de causa a efecto determinante en todos los
casos, pero sí en muchos célibes que optaron por ese
refugio al no saber controlar su homosexualidad,
preferencia por adolescentes (efebofilia, le llama
la Curia Vaticana), para vivir con responsabilidad
sus tendencias y opciones afectivas. Se escondieron
en una perenne minoría de edad, del regazo de la
madre al de la comunidad eclesiástica.
En parte proviene del terror
imbuido en sus mentes por una moral que nada tiene
que ver con la persona y el mensaje de Jesús. En
relación con los pasajes dedicados a la justicia, al
amor, al desapego de los bienes, a la comprensión y
acogida del otro en una sana libertad, en los
Evangelios no se encuentran las fijaciones sobre el
sexo y la genitalidad que dominan las prédicas de
Obispos y sacerdotes. De tanto sublimar, a muchos se
les volvió corrosivo. Jesús aborda el tema como uno
más dentro de la naturaleza del ser humano, en las
antípodas de los escribas y fariseos hipócritas y de
los sacerdotes, sepulcros blanqueados por fuera pero
llenos de inmundicia por dentro.
Esta obsesión les lleva a
pretender un absoluto derecho a la educación
y aborrecen el legítimo derecho de la sociedad laica
y del Estado aconfesional a la formación de los
ciudadanos, a salvo de ideologías perniciosas,
fanáticas y totalitarias. Desde muchas religiones a
fascismos, nazismos, comunismos soviéticos y ahora
de la prepotencia inhumana de un capitalismo feroz y
alienante. Y a pontificar sobre la familia,
procreación y educación de los hijos, uso del
preservativo, masturbación, divorcio, interrupción
del embarazo no deseado, relaciones prematrimoniales
y los distintos modelos de familia por personas que
han reprimido su sexualidad para mantener el poder
sobre las mentes y la codicia de los bienes.
Muchos de ellos de voz
atiplada, melifluos, blandos y gordezuelos con
maneras peculiares. Imposible imaginarlos casados y
padres de familia, luego el celibato no es causa de
“la soledad y carencia de afectos” como dice el
clérigo Aguirre, último escándalo de perversión y
pederastia. El celibato, en esos casos, no es
renuncia sino refugio de una sexualidad mal asumida
y peor integrada. La Iglesia se valió de esas
personalidades inmaduras emocionalmente como
ejército gratuito para controlar la educación de
niños y jóvenes, la manipulación en los
confesionarios, y les garantizó dos de sus
obsesiones, comer y codicia. Vivían juntos, en un
mundo segregado en el que las mujeres no tenían
cabida. El celibato fue escudo y consuelo.
Distinto es el caso de hombres
con personalidad masculina pero a quienes se
transformó el mundo de libertad, amor y generosidad
con un artificio de dogmas y normas que hacían
imposible la expansión en personalidades
estructuradas en libertad y responsabilidad. Igual
sucede con muchos jóvenes captados por institutos
seculares y en los que “pensar con libertad” es
pecado, llevándose la obediencia y la
despersonalización a extremos aberrantes. En estos
casos, la derogación de un antinatural celibato,
impuesto por los eunucos de la corte, facilitaría
amar a una mujer y formar una familia para ser
dignos de que el obispo les impusiera sus manos como
exige Pablo a Timoteo “porque, quien no sabe
gobernar su casa ¿cómo va a administrar la iglesia?”
Las inclinaciones y opciones
sexuales no tienen por qué ser “curadas”, sino
educadas e integradas en una sociedad plural y de
derechos en la que toda violación contra la libertad
del otro debe ser controlada por la Ley y juzgada
por el derecho. Máxime cuando se trata de delitos
contra niños y adolescentes. Entre adultos son
libres de actuar y de ser felices con libertad y
responsabilidad.
La fragilidad permanecerá, al
igual que en todos los demás, y para ello están una
educación sana y una conducta responsable. En todas
las manifestaciones de la vida se encuentran
dificultades y el arte de vivir está en saber
manejarlas como un auriga adiestrado.
Según el Vaticano, han
investigado a 3.000 curas acusados de pederastia
entre 2001 y 2009, pero sólo se ha condenado a 300.
En Estados Unidos, 4.392 curas católicos fueron
acusados de pederastia entre 1950 y 2002. 384 fueron
condenados, aunque la mayoría, 3.300 párrocos, ya
habían muerto. 10.667 víctimas han presentado
denuncias en 2004. Irlanda ocultó los casos de
curas pederastas durante décadas. 14.500 niños
sufrieron abusos. Ya han dimitido 7 obispos por
ocultar delitos conocidos y se pide la dimisión de
otros seis más.
En Holanda, hay 350 denuncias
por abusos sexuales en internados. En 20 diócesis
alemanas hay cientos de denuncias por abusos en
colegios católicos. Llega el turno a Italia y
España, donde sólo tres sacerdotes han sido
culpados.
El Cardenal vaticano, Tarcisio
Bertone, utilizó la ironía para rechazar los
ataques: “La Iglesia cuenta con la confianza de sus
fieles, y aunque alguno intenta minar esa confianza
tenemos una ayuda que viene de arriba”.
Con esta actitud y con miles de
millones invertidos en comprar silencios y pagar
condenas, no va a ser fácil que afronten una
realidad que les ha explotado “mientras ellos
discutían los encajes para las ropas litúrgicas”.
Como en el Sínodo de Moscú mientras la Revolución
tomaba los palacios de invierno.
*Profesor Emérito de la
Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Director del
fajardoccs@solidarios.org.es
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