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La OTAN busca enemigo
por
Anaclara Padilla Estrada*
Con el fin del mundo bipolar, la OTAN se quedaba sin
razón de ser. Los países miembros pronto encontraron
en el terrorismo internacional y países con armas
nucleares, químicas y biológicas a los nuevos
enemigos
que justificarían su existencia
“Mantener
a los americanos dentro, a los soviéticos fuera y a
los alemanes abajo”. Ésta era, según el primer
secretario general de la Organización del Tratado
Atlántico Norte, Lord Ismay, el papel de la OTAN.
Más de medio siglo después, ha celebrado su 60
aniversario convertida en la principal alianza
militar del mundo. Sin embargo, la búsqueda de
nuevos enemigos y la redefinición de sus estrategias
son sus mayores preocupaciones.
En la década de los 50, la
Guerra Fría marcaba las agendas políticas, militares
e ideológicas de muchos gobiernos. La amenaza
soviética animó a los países occidentales a unir sus
fuerzas bajo la OTAN contra un enemigo común. Desde
su creación, la Alianza, manejada desde Estados
Unidos, mantuvo una guerra diplomática con la URSS
hasta 1989, cuando cayó el muro de Berlín. Con esta
caída y con la posterior desintegración de la URSS,
los países aliados cumplían su gran objetivo de
acabar con el hasta entonces enemigo soviético.
Con el fin del mundo bipolar,
la OTAN se quedaba sin razón de ser. Y conscientes
de que esa estructura militar no podía seguir
existiendo sin enemigos, los países miembros se
apresuraron a definir nuevos objetivos en la cumbre
de Praga en 1999. La lucha contra el terrorismo
internacional y contra los países con armas
nucleares, químicas y biológicas se convirtió en el
nuevo objetivo que justificaría su existencia. Entre
estos nuevos enemigos no estaban Estados Unidos,
Reino Unido, Francia, China, Israel, India o
Pakistán, a pesar de que todos ellos poseen algún
tipo de arma de destrucción masiva.
Mientras que en el momento de
su creación en 1949 contaba sólo con 12 miembros,
cuando se disolvió el Pacto de Varsovia en 1991,
eran ya 16 los integrantes de la Alianza. Y
actualmente 28 países conforman este organismo,
algunos de los cuales son incluso antiguas
repúblicas soviéticas.
No satisfecha con las
modificaciones en sus objetivos y sus miembros, la
OTAN también cambió su forma de actuar. Apareció la
posibilidad de intervenir en países en los que el
poder político parece, siempre según la propia
Alianza, no ser capaz de proteger a su propia
población. De esta forma nació el ‘deber de
injerencia’, con el que la organización se aseguraba
nuevas misiones en los lugares y por los motivos
decididos por ella misma. Con esta excusa, la OTAN
bombardeó Serbia en 1999.
Este ataque, que no contó con
el apoyo de la ONU, marcó un precedente sobre la
posibilidad de atacar un país que no constituía una
amenaza para la comunidad internacional. Pero sin
duda, fueron los atentados del 11 de septiembre los
que marcaron un antes y un después en OTAN. Tras ver
cómo se derrumbaban las torres gemelas, los aliados
europeos de Estados Unidos aceptaron lo que desde la
administración de George Bush se había hecho creer:
que los atentados constituían un “acto de guerra”.
Entonces, todos juntos invocaron, por primera vez,
el artículo cinco del Tratado del Atlántico Norte,
en el que se establece que “un ataque armado contra
uno o varios de los países aliados será considerado
como un ataque contra todos los aliados”. Así llegó
la OTAN a Afganistán.
En Irak cambiaron las cosas.
Para aquel conflicto, Estados Unidos obvió un
consenso diplomático sin sentido que preservara la
unidad de la OTAN y optó por el apoyo de varios
estados, aún a riesgo de dividir la Alianza. Ante
esta situación, François Heisbourg, director de la
Fundación para la Investigación Estratégica –uno de
los centros de pensamiento más importantes de
Europa-, se mostró convencido de que “la OTAN está
prácticamente muerta como organización estratégica y
de defensa. Mantiene un papel importante como
vínculo entre las fuerzas europeas”. Pero nada más.
No todos parecen tenerlo tan
claro. Mientras la Unión Europea desea no depender
tanto del Imperio para su defensa militar, Estados
Unidos quiere seguir utilizando la OTAN como
elemento esencial en la defensa conjunta de
Occidente. Y aunque los soviéticos ya están “fuera”
y no hay razón para mantener a Alemania “debajo”,
los estadounidenses siguen queriendo estar “dentro”.
*
ccs@solidarios.org.es
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