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La refundación del
capitalismo se queda en nada
V. Zafra
/ P. Blázquez
Un año después del G-20 de Londres en el que se
pretendía “refundar el capitalismo”, no ha habido
prácticamente cambios en la regulación mundial por
la incapacidad de los
países para coordinarse
"Las
reformas financieras mundiales puestas en marcha en
el último año pueden escribirse en un pie de foto.
No se ha hecho casi nada". Así resume Jordi Fabregat,
profesor de Finanzas de Esade, lo que ha ocurrido
desde que hace prácticamente un año el 2 de abril de
2009 se celebrara en Londres aquel G-20 en el que se
iba a "refundar el capitalismo" y que todos los
líderes calificaban de "histórico". Fue la palabra
más repetida en aquel evento. Se dijo en todos los
idiomas, desde el español de José Luis Rodríguez
Zapatero, hasta el inglés de Barack Obama, pasando
por el francés de Nicolas Sarkozy o el alemán de
Angela Merkel.
Las intenciones de entonces,
que después se repitieron en las reuniones de
primavera y otoño del Fondo Monetario Internacional
y en el G-20 celebrado en septiembre en Pittsburgh,
prometían acabar con los paraísos fiscales, elevar
las exigencias de solvencia a las entidades
financieras, mejorar su supervisión, limitar los
millonarios bonus de los banqueros, controlar a las
agencias de rating o poner coto a los productos de
inversión incomprensibles. Prácticamente todo cayó
en saco roto. "No ha faltado iniciativa por parte de
los gobiernos. Ha habido intenciones y proyectos muy
concretos en EEUU y Reino Unido. Los problemas han
aparecido cuando se ha tratado de coordinar todo a
nivel mundial, porque las prioridades de cada país
son diferentes", asegura Emilio Ontiveros, consejero
delegado de Analistas Financieros Internacionales (AFI).
La falta de consenso entre
países hace muy difícil aplicar cambios
Ya en el G-20 de Londres,
aparecieron dos bloques bien diferenciados: el
formado por EEUU y Reino Unido (partidarios de
aumentar la regulación, pero no de implantar medidas
concretas como la limitación de bonus) y el liderado
por Francia y Alemania (defensores en aquel momento
de ser duros con los banqueros). Paradójicamente,
los que más han avanzado desde entonces han sido
Barack Obama y Gordon Brown, abanderado del control
de los bonus y un impuesto para los bancos.
La zona del euro, en cambio, ha
hecho gala de una inactividad que fue criticada
estos días por el director gerente del FMI,
Dominique Strauss-Kahn, que pidió que la región se
decida de una vez a crear un fondo para sufragar los
costes de posibles bancarrotas y también que se
forme "un cuerpo de bomberos" que gestione futuras
crisis.
La equiparación de las normas
en todos los países es una asignatura pendiente que
tuvo un importante exponente en los bonus. "Ahí
surge el debate de si las reglas deben ser
mundiales", asegura Federico Steinberg, investigador
principal de Economía del Real Instituto Elcano,
quien cree que el empeño en que las normas sean
globales es uno de los impedimentos para que se
lleven a cabo. Como ejemplo, asegura que nunca habrá
límites mundiales a los bonus de los banqueros por
mucho que se discuta, "porque EEUU y China están en
contra".
Los bancos están usando todo su
poder para evitar normas más duras. El otro gran
impedimento para que se apliquen aquellas reformas
lo dejó claro Obama a mediados de diciembre: "Lo que
realmente me parece frustrante es que los mismos
bancos que se beneficiaron de los impuestos de los
ciudadanos están luchando con uñas y dientes con
sus grupos de presión en el Capitolio contra un
control financiero". Luego desde su discurso
semanal, Obama pidió a los legisladores que
"resistan" las presiones para suavizar la reforma
financiera que se debate en el Senado y que pretende
que la Reserva Federal tenga más poderes como
vigilante financiero. Las millonarias pérdidas que
registraron en 2008 y la necesidad de recibir fondos
públicos para sobrevivir han quedado atrás, y esas
mismas entidades utilizan ahora sus recientes
beneficios para argumentar que no hace falta
endurecer las exigencias. "Los bancos de inversión
mandan mucho y, obviamente, hay presiones de los
mercados para ralentizar, bloquear y frenar las
posibles reformas", reconoce Ontiveros.
Dentro de las reformas
financieras, los expertos coinciden en señalar que
los únicos avances que se están haciendo son las
mayores exigencias de solvencia a los bancos. Y
justifican la lentitud en estos cambios: "Si se
aprieta mucho a la banca de golpe en medio de esta
gran crisis, se puede provocar que entre en
pérdidas", dice Fabregat.
Sin coto a la especulación
Donde también hay coincidencia
es en que no se podrá controlar la especulación,
por mucho que se intente y por mucho que los grandes
líderes la critiquen. "Es un esfuerzo banal. Es ir
contra una actividad intrínseca del ser humano",
asegura Manuel Romera, director Técnico del Sector
Financiero del Instituto de Empresa. Francisco López
Ollé, analista de X-Trade Brokers, añade: "Decidir
cualquier prohibición de productos financieros lleva
tiempo, porque hay que estudiar sus consecuencias".
Así que, después de escuchar
frases tan altisonantes como "estamos ante un reto
sin precedentes", pronunciada por Zapatero, la
comunidad financiera internacional ha asumido que no
habrá tantos cambios como se prometían. Y hasta se
da por hecho que habrá nuevas crisis similares en el
futuro. "Va a haber innovación financiera que no
vamos a poder evitar", dice Steinberg, quien añade:
"El objetivo es estar mejor preparados que hace año
y medio y tener un mejor colchón".
Y concluye: "Si alguien
creía que iba a haber una regulación mundial nueva
estará decepcionado, pero es que no era creíble
lo que se planteaba".
Cronología de las medidas
planteadas en el último año
1) Impuesto
Una tasa para recuperar los
rescates
Problema
Las masivas inyecciones de
capital que los estados tuvieron que hacer a las
entidades financieras no estuvieron en todos los
casos exentas de un coste para los erarios públicos.
El debate sobre si el peso de una crisis financiera
catapultada por la avaricia de los banqueros debía
recaer exclusivamente sobre el contribuyente saltó a
los pocos días de las primeras intervenciones
públicas.
Solución
Como fruto de las protestas por
el riesgo que asumían los estados en el rescate de
los bancos, surgió la idea de crear un sistema de
recaudación que cubriera las pérdidas. En Pittsburgh,
el G-20 encargó al FMI que estudiara algún tipo de
impuesto que cumpliera este requisito. Pronto se
extendió la idea de que la nueva tasa se inspirase
en la que ideó Tobin sobre los movimientos
especulativos de capital.
Realidad
En octubre, el FMI anunció el
estudio de esta tasa. La noticia causó un gran
revuelo y animó a los dirigentes de varios países a
pedir su desarrollo. La UE defendió su aplicación
con Gordon Brown como uno de sus principales
valedores. La cumbre de junio puede dar su
aprobación definitiva y este mismo viernes el FMI
apretó a los dirigentes europeos para que dieran el
salto a esta tasa para cubrir pérdidas.
2) Especulación
Freno a las inversiones
parasitarias
Problema
Que los ‘hedge funds’, o fondos
de alto riesgo, podían suponer un problema para la
economía, ya lo había advertido la canciller alemana
Angela Merkel mucho antes de que se desatase la
burbuja financiera. Sus estrategias de inversión,
basadas precisamente en aprovecharse de las
ineficiencias del sistema, habían amplificado las
fisuras en los mercados, logrando que unos pocos se
lucrasen de la debilidad del resto.
Solución
Durante la resolución de la
crisis, quedó patente que había que poner coto a las
prácticas abusivas de los ‘hedge fund’ y en general
a todas las inversiones de carácter ventajoso. Una
de las primeras medidas que se adoptó fue prohibir
las ventas al descubierto en EEUU (en las que se
operaba sin tener realmente el dinero) y las
posiciones cortas en las que se apostaba por la
caída en el precio de una acción.
Realidad
La nueva regulación sobre
productos financieros está aún a debate, y mientras,
los ‘hedge fund’ han hecho de las suyas con ataques
especulativos concertados en torno a los países más
débiles de la zona del euro. Su ataque a la deuda de
Grecia, incluso a la española, ha puesto hace
escasas semanas al descubierto el poder que siguen
ostentando estos fondos que campan a sus anchas.
3) Solvencia
Resistencia para afrontar las
crisis
Problema
Si la crisis dejó algo al
descubierto fue que las entidades financieras no
contaban, en muchos casos, con la suficiente
fortaleza y solvencia para afrontar los riesgos que
asumían. Se acababa de aprobar una normativa mundial
(Basilea II) para, supuestamente, adecuar mejor el
capital de cada entidad a su nivel de exposición,
pero claramente no funcionó. Sino, no hubieran hecho
falta las ayudas públicas.
Solución
La primera idea que se planteó
fue limitar el tamaño de las entidades para evitar
un nuevo tsunami como el de Lehman Brothers.
Después, pensaron que las exigencias de solvencia
debían ir en función del tamaño. Y, posteriormente,
se fue limando la propuesta para llegar a la
conclusión de que lo mejor sería fijar las
exigencias de solvencia en función de los riesgos y
de lo interconectada que esté una entidad con otras.
Realidad
Los bancos están presionando
mucho para que las exigencias se marquen según los
riesgos de cada uno porque creen que no es lo mismo
la banca comercial que la de inversión. Lo
importante, dicen, no es el tamaño, sino a lo que se
dediquen. La intención es implementar la nueva
normativa a partir de 2013. La banca tiene claro que
ha de tener más capital pero se queja de que no sabe
cuánto.
4) Bonus
Limitaciones pero sin
cuantificar
Problema
Conseguir grandes ganancias en
una operación genera en los bancos de inversión
millonarios bonus para aquellos que han realizado la
operación, independientemente de si con ella se
corrió el riesgo de acabar de un plumazo con la
entidad. En el resto de bancos también se ha
premiado durante años los resultados a corto plazo,
lo que claramente incitó a la toma de riesgos que
luego explotó en la crisis.
Solución
Muchos dirigentes, encabezados
por el francés Nicolas Sarkozy, apostaron por
imponer un límite a los bonus de los banqueros, pero
su postura no fue secundada por potencias como
Estados Unidos o China. Se propuso, a cambio, que
los incentivos fueran a largo plazo y con castigos
para aquellos que causaran pérdidas para la entidad.
También se estudió limitarlos con elevados
impuestos.
Realidad
Las propuestas del G-20 están
por aplicar en las regulaciones nacionales. Muchas
entidades han decidido seguir las recomendaciones de
pagar los bonus a más largo plazo y en acciones,
pero los grandes bancos de inversión han vuelto a
pagar miles de millones a sus empleados por
beneficios logrados en operaciones especulativas.
Reino Unido los ha limitado con impuestos.
5) Agencias
Las notas no estaban bien
puestas
Problema
Las agencias de rating habían
sido históricamente las vigilantes del sistema
financiero. Los inversores se regían por sus notas
para reconocer un negocio como seguro o no. Sin
embargo, la crisis estalló con cientos de fondos de
inversión en quiebra con las mejores calificaciones
y con un banco en bancarrota, Lehman Brothers, que
escasos días antes de su cierre aún se recomendaba
como apto para inversión.
Solución
La crisis anuló las notas de
las calificadoras de crédito y los mercados dejaron
de confiar en su principal referencia. De hecho, los
dedos acusadores de la mayor parte de los dirigentes
políticos y organizaciones se tornaron hacia estas
agencias como desencadenantes de la crisis. El G-20
pidió una regulación que les pusiera límite y que
expusiera claramente cuáles eran sus criterios de
examen y sus responsabilidades.
Realidad
La necesidad de regular las
agencias de rating fue una petición unívoca desde el
principio. La Unión Europea creará un registro de
las agencias, entre otras medidas. Sin embargo, su
poder ha vuelto a resurgir y sus calificaciones y
advertencias sobre la deuda soberana de Grecia,
España, Portugal e Italia ha puesto en jaque a los
inversores que siguen creyendo a ciegas en sus
veredictos.
6) Paraísos
Presión para lograr su
cooperación
Problema
Los paraísos fiscales no son
sólo unos territorios en los que se esconde el
dinero que busca escapar de los impuestos (cuando
no, el procedente de actividades delictivas). Su
laxa regulación, sobre todo en materia financiera, y
su opacidad ha favorecido que muchas multinacionales
y fondos especulativos (los ‘hedge funds’) tuvieran
el terreno libre allí para realizar muchas de las
operaciones que están en el origen de la crisis.
Solución
El G-20 encargó a la OCDE, el
club de los países más desarrollados, que se ocupara
de la estrategia para lograr una mayor cooperación
de estos territorios. Se estableció una lista de
jurisdicciones que prácticamente no colaboran ni
facilitan información sobre los movimientos en sus
territorios. Y se llegó a poner sobre la mesa la
posibilidad de establecer sanciones a los paraísos
incumplidores.
Realidad
Casi la mitad de los paraísos
ha salido de la lista de la OCDE de territorios no
cooperadores. Les ha bastado con firmar una docena
de convenios fiscales con otros países, algunos de
ellos amigos o aliados. Eso no significa que la
información fluya. Al contrario, la OCDE ha puesto
en marcha un proceso, que puede durar un par de
años, para analizar el cumplimiento. De sanciones,
ya no se habla.
7) CDS
El último cabeza de turco
Problema
Los CDS, ‘Credit Defautl Swaps’,
son unos instrumentos financieros derivados creados
en 1997 que funcionan como seguros para cubrir el
riesgo de impago de una inversión. El problema es
que se han convertido en uno de los productos más
atractivos para los especuladores, que los piden
prestados para rentabilizar las diferencias de
precio que consiguen tras apostar a la baja
normalmente por un país.
Solución
La Unión Europea ha propuesto
que se limite la inversión especulativa de estos
productos por el daño que han provocado a las
finanzas de los estados. La subida de los CDS
repercute en el precio de los intereses que los
estados pagan por emitir deuda pública. La intención
es crear una cámara de compensación para que las
operaciones, hasta ahora ocultas, queden reflejadas
en un registro público.
Realidad
Todos los expertos financieros
aseguran que el problema es diferenciar qué inversor
compra un CDS para especular y quién lo hace para
cubrir el riesgo. La medida de que haya que aportar
un activo real para liquidar el CDS y no se pueda
liquidar por la diferencia de precio puede
distorsionar el mercado. Los especuladores huirían
de un mercado cuyo riesgo no cubren y eso sería
peor.
Fuente: Público es
LA
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