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Homosexuales africanos:
los derechos perdidos
por Juan
Luis Sánchez
Que
se casen dos personas del mismo sexo es legal en
España desde el verano de 2005. Los dos primeros
novios, Carlos y Emilio, fueron noticia. Luego vino
la normalidad, hasta tal punto de que se ha
demostrado que la cuestión no era tanto quiero
casarme como quizá no me case, pero exijo tener
derecho a elegirlo.
Después de que el apocalipsis
no llegara, casi nadie pide que la ley sea derogada
y nadie amenaza con hacerlo si gana las elecciones.
Es un avance social consumado que tarde o temprano,
dice la lógica de los tiempos, acaba dando ejemplo a
otros países. Sin embargo, también se está
produciendo el fenómeno contrario y la represión de
la homosexualidad por vía legal va en aumento.
Hablamos de Uganda, por
ejemplo. La cosa, en vez de mejorar, va a peor. Ser
homosexual en Uganda es delito desde hace décadas y
un ugandés que le dé un beso a otro ugandés puede
pasar hasta 10 años en la cárcel. La cuestión es que
el Gobierno quiere reformar la ley para poder
castigarles con cadena perpetua o incluso condenar a
pena de muerte a los seropositivos homosexuales (y
no a los heterosexuales). Además, aquellos que
ayuden o faciliten a cometer actos homosexuales
en esto se incluye difundir pornografía para este
público serán también sancionados.
Esto es una forma de asesinato
dirigido, comenta Jacqueline Kasha, de Freedom and
Roam Uganda (FAR-UG). Según vaticinan cientos de
organizaciones de dentro y fuera del país, la
iniciativa provocará el exilio a cerca de medio
millón de ugandeses que seguramente huirían del país
antes de correr el riesgo de ser detenidos.
A donde parece que no podrán
emigrar otros condicionantes al margen es a su
vecina del sur, Ruanda. Este país no tenía
tipificado hasta ahora el delito de homosexualidad,
pero el parlamento ruandés planea sancionar las
relaciones sexuales entre adultos del mismo sexo con
entre 5 y 10 años de prisión. La norma, de ser
aprobada a principios del año que viene, también
declarará punible el hecho de promover la
homosexualidad. Nuestro país y nuestra gente se
niega a reconocer que existimos, se quejan las
valientes asociaciones LGTB ruandesas, pero la
realidad es que su condición puede empezar a ser
visible, pueden empezar a existir, y no
precisamente para bien. No denunciar también será
delito.
Pongamos que los ugandeses y
los ruandeses perseguidos huyen hacia el sur. Se
encontrarán con Burundi, otra ex colonia francesa
donde ser gay ya es ilegal. No desde tiempos
acenstrales. No por tradición anquilosada o
impuesta. Es ilegal desde el pasado mes de abril.
Unos meses después de promulgar la reforma, el
presidente del país, Pierre Nkurunziza, recibió el
premio de la Paz de una organización católica
italiana por, según él mismo, luchar contra la
homosexualidad.
Ruanda, Uganda y Burundi son
países casi netamente cristianos y mayoritariamente
católicos. Varios activistas internacionales de la
defensa homosexual culpan de la homofobia a la
influencia de la jerarquía eclesiástica. El texto
justificativo de la ley ruandesa dice:
Teniendo en cuenta los valores
históricos, legales, culturales y religiosos de
Uganda que establecen que la familia, basada en el
matrimonio entre un hombre y una mujer, es la unidad
básica de la sociedad (
) Los estudios señalan que
la homosexualidad tiene muchas consecuencias
negativas incluyendo altos índices de violencia,
transmisión de enfermedades venéreas y consumo de
drogas. El alto número de separaciones y rupturas en
las parejas homosexuales también crea un ambiente
muy inestable para criar niños y por consiguiente
justifica la censura a la adopción, además de causar
fuertes secuelas psicológicas en aquellos niños. Sin
mencionar que la promoción del comportamiento
homosexual afecta nuestros valores familiares
tradicionales.
El Parlamento Europeo acaba de
pedir a Uganda que se retracte de su ley. Esta
petición ha sido aprobada con una participación
pírrica de los eurodiputados (según Dos Manzanas,
sólo se quedaron a votar 65 de los 736), y con 3
votos en contra. Los tres eurodiputados que se
opusieron a pedir al país africano que no apruebe la
ley homófoba fueron los alemanes Monika Holhmeier y
Bernd Posselt, representantes de la CSU (Unión
Social Cristiana) y la polaca Róza Gräfin von Thun
und Hohenstein, los tres integrados en el Partido
Popular Europeo.
Obviamente, ni el único
fundamentalismo homófobo en África es el cristiano
(en Mauritania o Sudán también está establecida la
pena de muerte para estos casos) ni Ruanda, ni
Burundi, ni inminentemente Uganda son los únicos
países africanos donde ser gay o lesbiana es ilegal;
al menos treinta países del continente prohíben la
homosexualidad. En una decena de ellos, esta
prohibición solo está escrita para los hombres, pero
decir que el lesbianismo está permitido es
interpretar la ley desde la ficción. Sudáfrica es el
único país africano donde el matrimonio homosexual
es legal, desde 2006.
África no es una foto fija
donde todo va mal, porque Sudáfrica es una prueba de
que las cosas pueden ir mejor. En Ruanda o Burundi
ser homosexual no era delito hace un año. En Uganda,
donde esa lógica de los tiempos hacía pensar que
dejaría de serlo, será ahora castigada con pena de
muerte. No estamos hablando de derechos por
conseguir en el continente de los derechos por
conseguir, sino de derechos perdidos y tirados al
pozo de la involución. No alcanzar no es lo mismo
que perder.
Fuente:
periodismohumano
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