Comprar y
especular con arte
por Avelina Lésper*

Un síndrome que corroe los cimientos del Arte recorre los pasillos de sus creadores, los que se dedican a comprarlo para especular.

 

De este fenómeno mediático habla este excelente artículo de la crítica de arte Avelina Lésper escrito inicialmente elsemanario.com.mix. Existen dos tipos de arte, el que se compra para invertir y disfrutarlo y el que se compra para especular y embodegarlo.

 

Existen dos tipos de arte, el que se compra para invertir y disfrutarlo y el que se compra para especular y embodegarlo. El arte debe proporcionar placer, motivar a la inteligencia, aportarnos visiones distintas. El arte es una necesidad. Cuando se compra arte para especular estos aspectos no importan, se compra algo para revenderse o para hacer de esa compra una tarjeta de presentación, es decir es un escaparate social.

 

Entonces no importa si la compra es un balón de futbol pateado o unas cubetas ensambladas, lo importante es que el balón pateado es de Gabriel Orozco. Estas obras no enriquecen entornos íntimos o espirituales, se guardan en bodegas o se integran en colecciones que más tarde se venden al Estado y a las instituciones. Estas instituciones entran en la trama especulativa exponiendo a los artistas con apoyo de curadores para validar los precios inflados de las galerías. Con este panorama el comprador decide en qué lugar colocarse.

 

La pintura y la escultura de calidad están fuera de este circuito especulativo. El esquema del artista creador como el pintor o escultor es despreciado por el arte contemporáneo, expone en otro tipo de galerías y no tiene acceso a los museos estatales que se jactan de modernos. Cuando una galería exhibe pintura sin calidad, es una propuesta de arte contemporáneo y su valor es la falta de calidad.

 

El arte contemporáneo participa cómodamente de la especulación, como su valor no es tangible ni tiene parámetros de calidad, es una arbitrariedad aplicarles un precio. Un video fuera de foco de la banqueta puede valer 16,000 dólares o Conaculta y Bellas Artes pagan lo que sea para que Betsabé Romero sea la representación del arte mexicano y ponga una refaccionaria de autopartes con llantas, pedazos de coches y microbuses con decoración kitsch, en la Feria del Libro de Calcuta. 

 

Decidir ser coleccionista es muy sencillo, basta tener confianza en el propio gusto o creerle a la galería y al curador que unos luchadores de plástico son arte. La decisión que se toma parte de una cuestión: ¿para qué quiero esa obra?  A) Para hacer una inversión estética sólida que pueda heredar más adelante, que no pase de moda y le dé placer mirarla, una aportación para su educación intelectual y espiritual.

 

Pues busque pintura y escultura que le emocionen, grabados, litografías de artistas con carreras constantes y cuerpos de obra coherentes y disfrute del nivel más alto de sensibilidad, la belleza.  B) Quiere especular, social y económicamente, no le importa la belleza, va a embodegar lo que compra y le gusta correr riesgos del tipo de estas inversiones que colapsaron a la economía mundial.

 

Entonces vaya por su caja de cartón, su cáscara de plátano o refacciones autopartes a una galería. Esto conlleva la necesidad de que una institución estatal como el MUAC o privada, valide al artista que la galería le vendió y exponga sus calcetines sucios o sus tapitas de yogurt. Esto debe ser parte de la negociación con la galería porque después del empujón del museo valdrán más, así que invierta en eso también. Ya le informaré yo de los precios y lo que más conviene adquirir.

* Avelina Lésper: Crítica de arte y entre sus líneas de investigación está la pintura europea y el mercado de arte
www.elsemanario.com.mx

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