Nuevo libro sobre las
batallas por la memoria
por el profesor Alvaro Rico

El viernes 9 de abril fue presentado en el Instituto Goethe el libro "Batallas por la Memoria; los usos políticos del pasado reciente en Uruguay", de Eugenia Allier Montaño de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

El evento contó con la participación de Alvaro Rico, José Rilla, Amaral García, además de la autora. El libro refiere al período inmediatamente posterior al fin de la dictadura, en marzo de 1985, en el cual "se desató una batalla por la apropiación del pasado en la que cada uno de los grupos involucrados ha buscado que su versión de la historia prime en

el espacio público de discusión".

 

"En el libro se podrá ver que en Uruguay estas luchas han implicado dos niveles diferentes: por un lado, el enfrentamiento entre distintas memorias que buscan hegemonizar una interpretación en la arena pública y por otro, las batallas entre grupos que apuestan por el 'recuerdo del pasado', y grupos que propugnan el 'olvido'", se resume en un adelanto entregado

por la editorial Trilce.

 

Lo que sigue es la versión tomada por La ONDA digital de de la exposición de profesor Alvaro Rico.

 

El profesor Rico inicio su comentario sobre el libro de Allier Montaño destacando el hecho de que fuera presentado casi simultáneamente en Montevideo y en México. Para luego si entrar en el desarrollo de exposición diciendo: “Yo tengo una cierta lejanía – a esta altura – con el tema, específicamente, de “Memoria”. A pesar de que yo había hecho un pequeño trabajito en el año 92, preocupado por el tema de la “Memoria”, que salió en la revista de Humanidades, en el que ya – el título – ilustraba un poco cuál era la intención y aquel momento: “Memoria del Poder, Memoria Popular”.

 

Luego hubo un trabajo, un poco más elaborado, pero también ya de cierto tiempo. En el año 2005, editado por Trilce, presentado también por Pepe Rila, sobre “Cómo nos domina la clase gobernante” que – una parte de ese libro, no todo, pero una parte – sí tenía que ver también con un desarrollo un poquito más teorizado, más argumentado de esta tensión entre “Memoria del Poder” y “Memoria Popular”. En esos trabajos ya había una insistencia personal en llamar la atención a lo que – en algún momento – marqué como un proceso de monopolización y de captura de los sentidos y de las interpretaciones de nuestro pasado reciente por la “Memoria del Estado”. Y al mismo tiempo de señalar ese proceso de discurso único, de memoria única – también en el plano de las memorias por parte del Estado - las dificultades que había para la reconstrucción por parte de los distintos actores, de los protagonistas y de los individuos, las dificultades que había para reconstruir la memoria de la lucha, la memoria de la resistencia, de la defensa de los derechos humanos, bajo la dictadura.

 

Esa preocupación estaba muy enmarcada en un contexto político fuerte, importante e interesa aquel contexto político e interesa ese ángulo de lo que fue una reflexión personal mía - muy marcada por ese contexto - con el contexto actual y con la mirada, la perspectiva que introduce – para un mismo período histórico casi y para un mismo tema – Eugenia Allier. Y en ese sentido yo voy a señalar que en esta mirada actual de Eugenia, hay una importante diferencia de perspectiva en el abordaje del tema. Es una mirada más abarcadora. Si bien recupera – y el propio título lo dice – los combates, las luchas, las tensiones entre “memorias”, recupera esa idea de lucha, es más abarcadora, es más plural en los que participan dentro de esa lucha y forman parte de esa misma tensión. Y es mucho más optimista respecto a cómo se fue conformando y realizando la memoria popular o la memoria social en estos últimos 20 años de historia en nuestro país.

 

El mismo libro es una demostración de esto que estoy afirmando y que yo mismo – ahora en un ratito – me detendré con algunos ejemplos un poquito más concretos que esto que estoy diciendo. En el caso particular de la investigadora, yo quiero resaltar que muestra una continuidad de sus líneas de investigación. Yo quiero recordar aquí que – por gentileza de Silvia Dutrenit – hace un tiempo recibimos “Tiempos de Exilios”, “Memoria e historia de españoles y uruguayos”, donde Eugenia participa, junto con Silvia Dutrénit y Enrique Coraza, en la realización de ese libro que tiene un aspecto muy, muy importante - si está bien decirlo – porque, en realidad, recorre todo el libro que es también esta memoria del exilio o de los exilios presentes en estos dos casos que se analizan. Y también – dentro de un curriculum importante – es integrante del grupo de investigación del proyecto “Memoria y Política”, que vuelve a reafirmar esta insistencia y esta línea de trabajo de mucho tiempo.

 

Mi comentario breve no va a centrarse en el análisis o en el comentario de cada uno de los capítulos del libro, porque eso lo haría muy extenso, sino que voy a elegir algunos puntos a resaltar de la lectura. El primer aporte que quiero resaltar del libro es que es un gran organizador de la memoria reciente, una gran síntesis. Rescata fechas, hechos, iniciativas, movilizaciones, marchas, omisiones, sentencias, que ilustran, que recuerdan estas luchas memoriales en nuestro país.

 

Dicho de otra manera, el libro sobre la “Memoria” es – al mismo tiempo – una memoria de lo realizado pero que también, inconcientemente, registra los olvidos en esa tensión en estos últimos 20 años. Yo – como comentario lateral de esto que rescato, de esto que resalto del libro – diría lo siguiente: que es enorme la cantidad y diversidad de acontecimientos que ilustran estos 20 años de luchas, de reivindicaciones, de realizaciones, de derrotas, de iniciativas – frustradas o no – en este aspecto de la recuperación de la historia y la memoria de nuestro pasado reciente; la lucha y la reivindicación de los Derechos Humanos vinculados a ese pasado reciente.

 

Por más que la mayoría de nosotros somos participantes – algunos hasta protagonistas contemporáneos – uno pierde la noción de esa enorme cantidad de hechos que se han sucedido en este tiempo, a distintos niveles, de distintas características y por distintos protagonistas que dan cuenta – como digo – de esta temporalidad. Y no es un recuerdo desparramado en el que los acontecimientos se pueden suceder en el relato que hace Eugenia, uno al lado del otro al mismo nivel. No. Yo creo que el libro elige determinados – lo que yo puedo llamar – hitos de la memoria. Lo que – de alguna manera – Eugenia llama “detonadores de la memoria” y los analiza, se centra en ellos. Que son aquellos acontecimientos que pueden ser, desde la “Ley de Caducidad”, hasta la creación de la “Comisión para la Paz”, que sirven como disparadores, como condensadores, como síntesis – también – de las experiencias, de las ilusiones, de los afectos de quienes se embarcan y de la sociedad en su conjunto, en torno a estos temas.

 

Pero aparte de este comentario – ya que el libro en cuanto síntesis también nos hace dar cuenta y recordar este enorme trayecto y esta enorme cantidad de acontecimientos y de iniciativas - yo diría que – como comentario un poquito más de fondo en este libro que al mismo tiempo es un gran organizador de la memoria – diría lo siguiente: que la explosión, como el libro mismo llama, o la fragmentación de las memorias, tiene que ver con una reconfiguración del espacio de “lo público”. No simplemente con que “la gente está en otra cosa”, o “el tiempo ha pasado”. Tiene que ver también con una fuerte reconfiguración del espacio público y del entramado social hacia formas más grupales y/o más individuales de organizarnos, de interactuar, de pensarnos – incluso – de recordar.

 

Esta reconfiguración que es de fondo y donde también tiene que ver el modelo productivo, donde también tienen que ver otros factores que no hacen – estrictamente – a la historia o al pasado reciente, dificultan – objetivamente – la capacidad de visiones de conjunto o de conocimientos más globales o de memorias que interactúan entre ellas y que dialogan entre ellas.

 

Por eso es también muy importante, no solamente por recordar el valor, sino porque también ayuda – desde lo que puede ayudar un libro – a poder darnos en este contexto más desarticulado, más fermentado de la realidad, una visión que ayuda a pensar el conjunto, a dialogar y a interrelacionar. Yo también había hablado hace un tiempo – presentando uno de los trabajos de “Memorias para Armar”  – que hasta ese momento - cuando “Memorias” decidió o el grupo de ex-presas decidió – transformar en libros su memoria, sus recuerdos, que “Memorias para Armar” se trataba – y no había que subestimarlo sino que valorarlo – de una memoria “nómade” en el Uruguay.

 

Porque no tenía sitio, no tenía monumentos. Se juntaba para conmemorar y se disolvía o se replegaba luego de esas conmemoraciones, o de esas reuniones, o de esos talleres. Se replegaba hacia la subjetividad de sus protagonistas, hacia la cercanía y el contacto de esas mujeres que vivieron esa experiencia y sus familias o sus amigos. Los libros empezaban a ser – ya – una fijación de esa memoria y una publicitación de algo que estaba en la experiencia subjetiva e inter-subjetiva de un grupo.

 

Yo creo que eso que en aquel momento pensé, sirve de mucho para señalar que el libro de Allier es una especie de suprafijación, de sobresituación del conjunto de memorias públicas – sobre todo públicas – pero también privadas, estatales y de la sociedad civil, de la pluralidad de los actores de esa memoria y de las luchas que se han llevado – como ya dije – hasta este momento. En segundo lugar, el libro historiza la memoria – es decir – rescata acontecimientos pero – como dije – no uno al lado del otro, sino jerarquizándolos. Pero además establece - con el análisis de la característica de esos acontecimientos – cronologías, periodizaciones que – en gran medida – coinciden con las mismas periodizaciones que conocemos de nuestra historia reciente o de nuestra historia presente del Uruguay. Y aquí entra a tallar – y por eso lo diferencio sin que sea un juego de palabras de lo primero que decía en el libro – porque aquí entra a tallar el oficio del historiador, también, en el sentido de hacer inteligible, en el sentido de dar explicaciones, en el sentido de concluir, en el sentido de plantear preguntas con relación a esos acontecimientos que – primero – fueron recordados en ese valor del libro que tiene como gran organizador de la memoria y que ahora son – de alguna manera – explicados por este oficio del historiador en esa idea de historizar, periodizar los acontecimientos. E introduzco en este segundo aspecto que el libro es un libro – también – fuertemente político.

 

En alguna medida, esta tercera variable entre memoria e historia, entra a jugar la variable de la política. Porque es la memoria en la que muchos aspectos – y allí están analizados – sobredetermina la historia y la capacidad de recordar. Incluso – en no pocos casos – es la política la que condiciona las formas de la memoria, los sujetos de la memoria, la publicidad de esas memorias. Dicho de otra manera, más claramente – quizás – el libro demuestra cómo los flujos y reflujos de la memoria, en el escenario público, están grandemente sujetos al contexto político que sobredetermina las correlaciones de fuerza, las voluntades políticas y las decisiones. O sea que este tema de la memoria no es un tema de “ingenuos”. Y más, en el escenario de lo público. Es una memoria política, es una historia política, donde la variable de la política es un factor que determina – también – buena parte de la disputa y de los resultados en esa tensión.

 

En tercer lugar yo aportaría también como otro de los aportes del libro, el teórico. No se trata de una mera reconstrucción, ni de una mera periodización que son importantes – como ya indiqué – sino que el libro es también una reflexión. Apela a autores clásicos y más recientes, a polémicas intelectuales que no siempre son tan conocidas en nuestro medio, a enfoques interdisciplinarios que profundizan la interpretación sobre nuestra propia experiencia. Y yo había notado alguno que – simplemente digo, por ejemplo – acerca de la polémica de los alcances de los propios términos de la historia, esa historia reciente, historia del tiempo presente, historia del presente, que el libro reflexiona sobre eso. Acerca de la diferenciación conceptual entre historia y memoria; acerca de lo que llama allí una “memoria de la denuncia” y una “memoria del elogio”; acerca de la metodología que podría ser más propia de una historia del presente, rescatando – en este sentido metodológico  - la importancia de la historia oral. Y – a través de esas referencias teóricas y discusiones – la autora, también, nos va presentando y justificando sus propias definiciones, entre esa oferta que ayuda a la reflexión. Y no solamente nos va presentando sus propias definiciones, sino – sobre todo – marcando los límites de su propio trabajo.

 

En este último aspecto, remarco dos cosas: la autora insiste en que se trata de “memoria”, es decir, no busca conocer la realidad de los sucesos – estoy citando – pasados, ni tampoco de los acontecimientos en sí, sino que su objeto son las creencias, las representaciones y los relatos que se han sistematizado acerca de esa historia reciente o ese pasado reciente. Eso es un límite, eso es un marco que la propia autora explicita acerca de los alcances de su reflexión, de los usos de autor, de la metodología que se propone en este trabajo. Y el otro límite que me parece muy importante y que está muy presente allí, es que el esfuerzo éste – está bien la historia, está bien la memoria – pero el esfuerzo principal está puesto en comprender el presente. Es desde el presente que la autora elige, selecciona esos hechos, pero ese pasado que ella rescata es también un configurador de este presente: de discursos políticos, de sentencias judiciales, de artículos de prensa, de vivencias, de afectos. Por lo tanto, cuando uno se refiere a ese pasado reciente, está también hablando de ese presente de la historia en la configuración de la realidad actual. Y eso está muy permanentemente presente.

 

Y lo último que digo es que, no solamente aporta discusiones, autores, etc., sino que también temas y preguntas que no nos hemos hecho aquí, en el Uruguay. Capaz que acá se nota más lo de la mirada desde afuera, en ese “adentro” y “afuera” que se ubica o podemos ubicar a la autora. Pregunta – por ejemplo respondida en el libro – simplemente la digo así para ir redondeando - ¿en qué medida la impronta o huella originaria del tema de los Derechos Humanos violentados bajo la dictadura, en el caso uruguayo – impronta que fue la de los detenidos desaparecidos y las personalidades asesinadas durante la dictadura – en qué medida esa impronta, no condicionó una forma de interpretar nuestro pasado reciente y una orientación del castigo público, dejando de lado, subordinando o desplazando – no intencionalmente – otros responsables y otras formas y víctimas del “Terrorismo de Estado” en el Uruguay? Y por lo tanto – también – de la explicación acerca de nuestra historia más reciente. Por ejemplo. Gran tema, gran pregunta, que no es sólo el aporte y la reflexión teórica.

 

Lo otro que quería señalar es el énfasis que pone – que también es un límite de su orientación de investigación – en el espacio de “lo público”. La verdadera dimensión en que está planteado el tema es en el espacio de “lo público”. Y acá, un doble comentario: muchas veces las historias o las memorias de la resistencia, o las memorias vinculadas a las violaciones a los Derechos Humanos, no tuvieron más remedio que conservarse en el espacio privado, en el espacio íntimo, represión mediante y ese repliegue de la sociedad y de los individuos sobre sí mismos, el ensimismamiento o en la familia. Un contexto que colocaba un proceso o una forma de recordar coincidente con una vivencia reprimida. Y – por lo tanto – el acceso al espacio público estaba prohibido, sancionado, castigado en la época de la dictadura. Pero después fue muy difícil en democracia - salvo pasado el “veranillo democrático” de la transición - incorporar el espacio a lo público el recuerdo, la experiencia, de esas vivencias bajo la dictadura. Y – en un segundo momento – hubo una especie de repliegue no castigado, pero sí por no tener otra alternativa, que volver a contarse en el espacio más íntimo, más familiar o entre amigos, por cuanto el escenario público eran historias y sujetos estigmatizados o irónicamente tratados, o “ya fue”, o “ya pasó” y “poner la mirada adelante”, etc., etc.

 

Ahora hay un esfuerzo muy – aparte de que ha cambiado el contexto pero el libro lo señala explícitamente -  de que lo que le preocupa y en el libro no aparece esa otra dimensión más intimista de la memoria – sino ese combate, esas luchas memoriales en el espacio de “lo público”. Y en este sentido me parece que también – políticamente – está contestando y está combatiendo ese discurso político hipócrita que también durante muchos años se sintió decir públicamente, de que “comprendemos el sentimiento de los familiares, porque en tanto familiares son los afectados directos de la experiencia del terrorismo de estado, pero – a nivel de la sociedad – hay que mirar para adelante…”, etc., etc. Esto saca la experiencia privada y ese sufrimiento, al nivel público para debatir, para discutir, para reflexionar, para luchar, para dar explicaciones.

 

El libro puede ser un buen ilustrador y en esto apelo al fondo editorial de Trilce, a hacer dialogar el libro con los anaqueles, con el libro de Gabriel Gatti – porque en ese repaso, en ese recuerdo e historización que hace de las luchas memoriales, están los sujetos, las organizaciones. Y entonces hay allí una enumeración y un análisis de las distintas organizaciones que fueron corporizando el reclamo, la demanda, la movilización. Y ¿por qué digo que dialoga con el de Gatti? Porque introduce una multitud – algunas existentes y otras no, porque ahí entra desde “Familiares” hasta otras organizaciones que tuvieron una existencia efímera, pero que existieron y que hoy día… Allí muestra también cómo se fueron construyendo en este Uruguay de 1985 en adelante, un conjunto de identidades en torno a ese traumatismo histórico de la dictadura, el “terrorismo de Estado”, las víctimas, las denuncias. Eso de Gatti de “identidades emergentes” de la catástrofe social, o “identidades vulnerables”, es una buena línea de reflexión que dialoga con el análisis, la historización que aparece aquí, en este libro. Y – en este sentido – este papel de las organizaciones también pega una relación con el papel jugado por la sociedad civil entre 1985 y 1989, en esa explosión de la memoria, asumiendo la necesidad de movilizarse, reivindicar la defensa de los Derechos Humanos y la memoria sobre el pasado reciente. Este poder de la memoria y este poder de la sociedad civil – indudablemente – estuvieron y siguen estando en su vínculo con los Derechos Humanos.

 

* El libro está basado en un exhaustivo trabajo de documentación consultada y el testimonio de diversos actores. Consta de 288 páginas, es una coedición del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y Ediciones Trilce, y será distribuido en México y Uruguay de forma simultánea.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital