Brasil: el protocolo
de proliferación nuclear es un
Instrumento innecesario y humillante
por Samuel Pinheiro Guimarães

El centro de la cuestión es el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), cuyo objetivo es evitar una guerra nuclear. La posibilidad de dicho conflicto no está en los países que no detentan armas nucleares, y sí, en aquellos  que las detentan. Por lo tanto, el principal objetivo del TNP debe ser la eliminación de las armas de los países nuclearmente armados: Estados Unidos, Rusia, China, Francia e Inglaterra.

 

Hace 42 años estos países se comprometieron a eliminar sus armas, y hace 42 años que no cumplen con este compromiso. Por el contrario, aumentaron la eficiencia de sus armas nucleares.

 

A pesar de no haberse desarmado, estos países insisten en forzar a los países no nucleares a que acepten obligaciones crecientes, creando crecientes restricciones a la difusión de tecnología, inclusive con fines pacíficos, bajo el pretexto de evitar la proliferación.

 

Los países nucleares, al continuar desarrollando sus armas y, por lo tanto, intimidando a los países no nucleares, estimulan la proliferación, pues los países que se sienten más amenazados procuran capacitarse. Eso ocurrió con la entonces Unión Soviética (1949), con Francia (1960) y con China (1964).

 

Hoy, frente a la inexistencia de una amenaza de conflicto nuclear, el argumento de los países nucleares es la posibilidad de que los terroristas puedan adquirir la tecnología o las armas. Esta tecnología está disponible. El tema es la capacidad de desarrollar industrialmente las armas y los vectores para alcanzar los objetivos.

 

Ningún grupo terrorista detenta los vectores (misiles y aviones), ni la estructura industrial para producir el uranio enriquecido, ni la técnica para fabricar detonadores. Por otro lado, los terroristas podrían obtener estas armas justamente donde existen, en los  países nucleares.

 

En este contexto se inserta el Protocolo Adicional. El TNP prevé que todos los países-miembros firmen acuerdos de salvaguardas con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), por los cuales los Estados no nucleares someten a la inspección todas sus instalaciones nucleares. El objetivo del acuerdo es verificar si hace, para fines militares, desvío de material nuclear de la instalación (reactores, usinas de enriquecimiento etc.).

 

Brasil tiene actividades nucleares exclusivamente con fines pacíficos, como lo determina la Constitución, y tiene un acuerdo de salvaguardas con la AIEA, que permite a la agencia inspeccionar instalaciones brasileñas. Todo respetando la soberanía nacional y nuestros intereses económicos.

 

La AIEA, mediante una propuesta hecha por los norteamericanos bajo el pretexto del programa de Irak, elaboró un modelo de protocolo adicional a los acuerdos de salvaguardas, permitiendo la visita de inspectores, sin aviso previo, a cualquier lugar del territorio de los países no nucleares para verificar sospechas sobre cualquier actividad nuclear, desde una investigación académica y usinas nucleares hasta la producción de equipamientos, como ultracentrífugas y reactores.

 

El Protocolo Adicional constituiría una violación inaceptable a la soberanía frente a la naturaleza pacífica de las actividades nucleares en Brasil, una sospecha injustificada sobre nuestros compromisos constitucionales e internacionales y una intromisión en actividades brasileñas en el área nuclear. Esta intromisión causaría graves daños económicos, si consideramos las perspectivas brasileñas en la producción de combustible nuclear, que tendrá una fuerte demanda frente a la necesidad de enfrentar la crisis ambiental.

 

La solución ambiental exige la reforma de la matriz energética, tanto en los  emisores tradicionales, como los EE.UU., como en los de rápido desarrollo, como China e India.

 

Una de las más importantes fuentes de energía no generadora de gases de efecto invernadero es la nuclear. Brasil tiene grandes reservas de uranio, tiene el conocimiento del ciclo de enriquecimiento del uranio y la capacidad para producir reactores, ultracentrífugas, pastillas etc. y, así, puede llegar a atender una creciente demanda externa.

 

La preservación del conocimiento tecnológico se constituye, por lo tanto, en un aspecto esencial en el área nuclear. Hoy por hoy, las ultracentrífugas de tecnología brasileña son las más eficientes del mundo. Hay un gran interés por parte de ciertos países en tener acceso a sus características, una de las consecuencias de la firma del Protocolo Adicional, que, en el caso de Brasil, sería un instrumento innecesario, intrusivo, perjudicial y humillante.

 

Samuel Pinheiro Guimarães: diplomático, es ministro de Asuntos Estratégicos. Fue secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores de su país entre 2003 y 2009).

 

Traducido para LA ONDA digital  por Cristina Iriarte

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