Es indigno el armamentismo
creciente en Sudamérica
por Antonia Yáñez

Brasil acaba de firmar el primer acuerdo militar en treinta años con los EE.UU. El convenio se rubricó entre  el ministro de Defensa brasileño, Nelson Jobim, y su par Robert Gates W. El documento prevé profundizar la cooperación en investigación y desarrollo, intercambio de información y entrenamientos militares conjuntos entre otros aspectos.

 

Es pertinente aceptar de acuerdo al texto del documento difundido, que este no es un acuerdo militar igual al de Colombia - EEUU.  En este caso incluye la compra y venta de armas y el intercambio de información entre ambas fuerzas armadas, pero no comprende la instalación de bases militares de los EE. UU. ni el desplazamiento de personal militar en territorio brasileño en misiones de combate.

 

Política y sociologicamente el hecho no deja de ser menos grave que cualquiera de los acuerdo militares y compra de armas que se vienen realizando por parte de la mayoría de los países sudamericanos. Este continente tiene en su población uno de los segmentos más numerosos de excluidos del planeta. Brasil en particular -aun aceptando los últimos esfuerzos realizados para superarte este grave problema- es uno de los países con mayor índice de población en extrema pobreza.

 

Esta es la ecuación que no cierra ni políticamente, ni económicamente ante ningún examen riguroso de las sociedades sudamericanas, si como pedía Hannah Arendt los hechos concretos no tienen un mínimo de “dignidad humanas”.

 

Desarrollar una carrera armamentista que ha llevado a Sudamérica a aumentar en los últimos 10 años en 50 por ciento en gastos militares es una indignidad de los gobiernos que la están llevando adelante.

 

Venezuela compra armas a Rusia por un valor de 5 millones de dólares; Brasil anuncia que recibirá aviones militares de Francia; Ecuador y Chile fortalecen su flota aérea y de radares; Bolivia tiene planes para adquirir aviones y helicópteros franceses y rusos; Perú comprará tanques de guerra a China; y Colombia, con el apoyo de Estados Unidos, permite el ingreso de tropas norteamericanas a siete bases militares. Estos son los hechos.

 

Lo que más agrava esta contradicción es que en determinado momento se desarrollen instancias, como la UNASUR u otras iniciativas en curso y se realicen allí discursos inhabilitantes de unos a otros y luego, en cada país se ejecuten hechos de Estado totalmente contrarios a esos discursos. 

 

Necesariamente estos acuerdos en lo militar conllevan condicionamientos para los países emergentes y el  intercambio comercial con las grandes potencias que son a la vez quienes le venden armas a los sudamericanos. ¿O acaso se puede llevar adelante, una discusión en la OMC sobre practicas comerciales o insistir en un "nuevo orden global", sin que los proveedores de armas y su mantenimiento no adopten una conducta vinculante con acuerdos en otros planos con esos mismos países?

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