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Ante la sexualidad;
el abrazo integral
por Pedro
Miguel Lamet
“No sin
humor” me decía un amigo; que toda la vida se podría
resumir en estas tres palabras: “el rito, el pito y
el mito”. Sin rito o formas de expresión no
podríamos comunicarnos; sin sexo ni siquiera
estaríamos aquí, y sin una dimensión trascendente o
espiritual, presente en todas las culturas, el
hombre no dejaría de ser otro animalito incapaz de
romper las dimensiones espacio-temporales. El
problema es que de esas tres, la sexual parece
estar invadiéndolo todo en la cultura actual.
En la
trivialización que nos domina, la sexualidad se está
convirtiendo en un elemento de consumo, de usar y
tirar, desprovisto de una dimensión relacional
realmente humana.
Se me
antoja que casi todos los males proceden de una
absurda separación dualista de raíz helénica y
occidental entre cuerpo y espíritu, como si el ser
humano estuviera partido por dos fuerzas
irreconciliables.
Me
gusta, contra esta postura, el verso de Jorge
Guillén: “El cuerpo es alma y todo es boda”. Todo es
boda porque la creación es una unidad. Todo es uno,
como ha expresado la poesía de todos los tiempos e
incluso la Biblia en su gran poema de amor, El
cantar de los cantares, cuya traducción más correcta
es El mejor cantar.
La
sexualidad es un tamiz muy fino. Revela un mundo
complejo consciente e inconsciente, bellezas
impalpables y monstruos dormidos, que a veces nos
superan o que apuntan a compulsiones insatisfechas,
ese agujero que, por mucho que queramos, nunca
podemos llenar en esta vida por nuestra índole
finito-contingente.
Problemas de infancia también, si se quiere.
Nuestra
pregunta es cómo se vive la sexualidad en nuestra
sociedad y cuál sería la educación adecuada que
hemos de impartir para que la vivan los hombres y
mujeres del futuro.
La
sexualidad sigue siendo para muchos como aquellas
uvas de la zorra que nunca pueden llegar a alcanzar.
Como en
otras importantes facetas de la vida, la curación
parte de la aceptación de lo que somos: ni ángeles
ni bestias, sino seres humanos provistos de
inteligencia y de aparato reproductor, que es
evidente que funciona con muchos más matices,
complejidad, goces y frustraciones que los asépticos
matraces de un laboratorio.
Quizás
la dirección correcta debería ir hacia una
sexualidad integral que supone en primer lugar
luchar contra el pansexualismo instalado en el
capitalismo neoliberal, resituando a Freud en su
papel, al lado de Adler y Jung. En segundo lugar,
contra una represión impuesta. Y, por último, contra
el consumismo sexual light, que no sólo no
compromete, sino que crea día a día una legión de
estúpidos, de seres incapacitados para vivir,
disfrutar y crear.
Soy
consciente de que la sexualidad ha sido siempre
cuchillo de dos filos, puerta a la vez de la
felicidad y del infierno, en cuanto que puede
conducir a la sublimidad y al crimen. Basta para
ello leer las gacetillas de los periódicos todos los
días.
Pero
también que, en medio de esta selva de los medios de
comunicación, algo nuevo hemos aprendido: que no
sirve de nada ocultarnos la verdad. Pariente del
amor, el sexo es hermano de la muerte, como todo lo
que vive. Así aparece en el arte y la literatura.
Por tanto es una experiencia nada trivial que nos
acerca a situaciones límites que van más allá del
mero desahogo. Hay pues que buscar el equilibrio: ni
cuerpo sin alma, ni alma sin cuerpo que nos conduce
al abrazo cósmico e integral.
Escritor y poeta español
LA
ONDA®
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