Plebiscito por el
avance de la democracia
por Raúl Legnani

A pesar de los esfuerzos que hacen los candidatos, la campaña electoral en Montevideo no tiene vigor y mucho menos participación de la ciudadanía.

 

Seguramente las explicaciones de esta situación sean múltiples, pero de lo que no hay menor duda es que tanto el oficialismo como la oposición saben que el Frente Amplio va a seguir en el gobierno departamental.

 

Es así que blancos y colorados disputan más entre ellos que con la coalición de izquierda, mientras que el Frente Amplio disputa más con su propio historial electoral, que con colorados y blancos.

 

Hoy la izquierda montevideana está, según distintas encuestas, muy por encima del Partido Nacional que va en segundo lugar, pero alejándose en línea descendente de lo que fue su última votación en mayo de 2005, cuando alcanzó el 60%. Bucear sobre los problemas de la izquierda, que parece estar perdiendo capacidad de convocatoria, a pocos días de los comicios parece ser una necesidad imperiosa, pero muy válida en tanto que existen posibilidades de retomar la ofensiva.

 

Ana Olivera, la candidata única del Frente Amplio, conocedora de Montevideo y de las artes de la gestión gubernamental, está poniendo todo su esfuerzo y capacidad para que la votación de mayo supere por lo menos el 50% de adhesión.

 

Pero ella sabe al igual que todos los dirigentes del Frente Amplio, que hay un 13% de indecisos que no han definido su voto, que son mayoritariamente votantes históricos de la izquierda que quedaron muy molestos por la forma como se eligió a Olivera.

 

Este malestar político, que no ha cicatrizado, no tiene cura si toda la responsabilidad de su superación cae solo sobre Olivera, que directamente no fue responsable de cómo se recorrió el camino de su elección en la interna del Frente Amplio.

 

Ha llegado la hora de que toda la dirigencia salga al debate público para enfrentar ese mal humo, sabiendo que el dolor es grande y no solo porque muchos de ese 13% quería votar al senador Daniel Martínez.

 

Hay que saber que el malestar de la izquierda, no se reduce a ese 13%, sino que se extiende por amplias capas del Frente Amplio, aunque la gran mayoría mantiene su lealtad a la divisa tricolor.

 

Parece exagerado escuchar a algunos de los frenteamplistas decir que votarán en blanco o a otro candidato que no sea Olivera, porque ha llegado la hora del castigo a ciertas formas de hacer política que fueron válidas en otra época, pero que ahora son percibidas por sectores de adherentes como carentes de trasparencia y por ende de falta de democracia.

 

Pero por más exagerada que se muestre esa actitud, existe, es real y está mostrado que hay ciudadanos de izquierda que no comprenden que la batalla de mayo no es una elección aislada, sino que es la continuidad de las elecciones de octubre y noviembre pasado.

 

El voto en blanco, es un voto a los blancos y al sector más conservador del Partido Nacional, expresado por Ana Lía Piñeyrúa. El voto a Ney Castillo, por encima de sus cualidades de hombre de bien, es apuntalar la reconstrucción de la derecha colorada, encabezada por Pedro Bordaberry.

 

Si esto es así, la dirigencia del Frente Amplio tiene que darle a las elecciones de mayo un carácter plebiscitario, que engrandezca el triunfo de José Mujica y Danilo Astori y que permita, desde los gobiernos departamentales, crear bases de sustentación de una nueva correlación de fuerzas que se exprese en todo el territorio nacional, a favor del progresismo.

 

Montevideo es, desde 1971, el faro del progresismo y de la unidad de la izquierda en todo el país. Es, a la vez, un gran ejemplo para toda la militancia del interior del Uruguay y la capital es el centro de resonancia de la política nacional.

 

En los próximos días la gran batalla electoral que debe dar la izquierda tiene que contener una fuerte impronta de la inteligencia y de los afectos. Pero también tiene que mirar al futuro, corrigiendo errores de los últimos 20 años y sabiendo explicar que la izquierda en Montevideo tiene una línea de acción coherente, comprometida con la calidad de vida de los montevideanos.

 

En un clima de optimismo, el FA tiene por delante, en las próximas horas, la responsabilidad de hacer conjugar lo montevideano, con la gran brega que es seguir profundizando la democracia desde el gobierno nacional.

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