La política ilustrada y
los comunistas uruguayos
por Alvaro Rico

Intervención del Dr. Alvaro Rico al presentar el libro del ingeniero Wladimir Turiansky “Los Comunistas Uruguayos en la Historia Reciente- 1955, 1991”

 

Gracias Edmundo a la editorial y a Wladimir y por invitarme a presentar el libro y a compartir con ustedes este momento usemos esto como pretexto para – en el reencuentro – agradeciendole a Wladimirque sostenga en alto, la tradición de la política ilustrada. Algo tan caro a una tradición política y – en particular – a su generación y a los comunistas uruguayos.

 

En cierto modo es verdad – ya lo adelantó Marisa – el libro en un sentido cubre un vacío y en otro sentido refuerza algo que está muy lleno de cosas. El libro refuerza historia reciente. Ese aspecto está muy nutrido de producción, de elaboración, de reflexión. Pero sí cubre un vacío en el papel de los comunistas en ese período histórico. Y no es el único que en los últimos tiempos hemos asistido a la presentación o a la lectura. Recordemos el libro de Aníbal Toledo, recordemos el libro de Marisa Silva. Podemos decir que hay algunas informaciones auspiciosas en el sentido de cubrir este vacío. Particularmente en la Universidad de la República hay varios proyectos de investigación que incorporan equipos y bastante tiempo para investigar y estudiar la historia del Partido Comunista.

 

 En particular hay un adelanto de dos tomos de Gerardo Leitner sobre la historia del Partido, que abarca desde el año 47 al 73; hay en la Facultad de Ciencias Sociales un proyecto de investigación – dirigido por Garcé – sobre el Partido Comunista desde 1985 al año 2002; hay otro proyecto en la Facultad de Humanidades – que yo coordino – sobre la historia del Partido Comunista en la clandestinidad, bajo la dictadura; y hay un conjunto muy numeroso de tesis - de grado y de postgrado - que tienen como referencia el estudio y la investigación sobre el Partido Comunista. Hay una clara delimitación sobre el objeto de estudio – diríamoslo así – o del objetivo que WladimirTuriansky se propone en este trabajo. No es una historia del Partido, sino de su papel – lo dijo Marisa.

 

 Yo traduciría esto diciendo que: es el ensayo de un periodista muy calificado, dirigente sindical, miembro del Comité Central, parlamentario, militante de Comité de Base, militante independiente y – que también – delimita, en un segundo momento – qué se propone. No se propone ni hacer una historia del Partido ni abordar todos los aspectos que esa historia podría incluir, como podría ser la organización, como podría ser el análisis de la identidad del Partido. Wladimirlo dice expresamente: quiere analizar el aporte a la historia de las ideas que el Partido hizo en los distintos momentos de nuestra historia reciente; las teorías de los comunistas que alimentaron una praxis social y política en el país. Y también delimita el período, de 1955 a la crisis del 92, de una crisis creadora – como fue la del 55 – a una crisis destructora – como fue la última. Y organiza ese período a través de cuatro momentos cronológicos, donde va hilvanando su reflexión sobre el período y sobre ese objeto de estudio, la historia de la ideas, el aporte. Y él no se cansa de decir que lo hace – y lo dice modestamente – con “el diario del día lunes”, es decir, lo hace sabiendo lo que pasó en realidad, pero toma – incluso – distancia del hecho fáctico en sí, de lo que sucedió y – en muchos casos – reconstruye hechos pero en otros también plantea o se imagina cómo podrían haber sido esos hechos de haber adoptado otras posiciones, o de haber tenido otras actitudes.

 

 De alguna manera la historia de lo que podría haber sido, como un ejercicio que no va a corregir la historia – en tanto hecho fáctico – pero sí puede corregir el pensamiento, sí puede modificar la interpretación, sí puede profundizar las visiones acerca de esos hechos y – que además – colaboran en él para fomentar una crítica y una autocrítica a las posiciones que – en determinado momento – se asumieron o no se asumieron frente a determinados hechos.

 

Yo no voy a seguir el hilo de libro, en el sentido de referirme a cada uno de los cuatro períodos que trata el contenido, porque haría esto muy extenso. Voy a tomar alguno hechos que a mi me llamaron la atención – no necesariamente al autor, a mí – y otros que sí llamaron la atención del autor y que expresamente desarrolla, de manera muy calificada y muy profunda en su libro. Por ejemplo: Wladimirrefiriéndose - en el desarrollo de la primera etapa, la crisis del 55 y los cambios en el Partido a posteriori del Congreso – empieza con la finalización de la Primera Guerra Mundial, la nueva época histórica que se abre allí, con la configuración del campo socialista, con el papel de la Unión Soviética, el proceso de descolonización que aceleró ese proceso y – también – de Guerra Fría. No me voy a meter en eso, allí hay un desarrollo sobre esto. Pero – refiriéndose Wladimir a esta nueva época – menciona la resistencia anti-fascista de los Partidos Comunistas.

 

 Tanto en la guerra, tanto en la reconstrucción de la URSS como en la reconstrucción de Europa. Y este hecho, este antecedente, resulta muy importante – también – para comprender la historia más reciente del Partido Comunista Uruguayo. De alguna manera la historia de – no de todos - los Partidos Comunistas entronca con esa tradición de partidos de la resistencia anti-fascista o anti-nazista: en Italia, en Francia, en Portugal, en Grecia. Eso le dio a las organizaciones comunistas y otras anti-fascistas también – pero nos estamos refiriendo a los comunistas – una gran autoridad moral, superados esos procesos críticos.

 

Yo creo que fue un desafío político muy importante a la salida de los procesos del “totalitarismo” y “autoritarismo” – continuar en otras condiciones históricas, en las condiciones de la democracia recuperada - la característica de ser una fuerza política real y no, meramente, testimonial. Esto estuvo muy en juego en la transición. Yo creo que fue una preocupación muy importante de las elaboraciones del Partido y – en particular – de las lecturas y de las inquietudes de los dirigentes del Partido, sobre todo en el exterior y de Arismendi en particular. Que analizó mucho la historia – sobre todo del Partido Comunista Italiano y del Partido Comunista Francés – cómo el capital moral y político que habían acumulado en los procesos de lucha contra el fascismo, se continuaba como capital político en las nuevas condiciones generadas a la salida del fascismo y del totalitarismo y – en nuestro caso – a la salida de la dictadura. Esto lo rescato porque en Wladimir no tiene un lugar central este tema de los partidos de la resistencia y una mención expresa, pero a mí me llama la atención como para iniciar este comentario.

 

Y otro aspecto vinculado a este período – que también hace a la historia del Partido Comunista Uruguayo más reciente – a este período, perdón, de la Segunda Guerra Mundial - refiere a la caracterización del fascismo y la estrategia de alianzas anti-fascistas dentro del movimiento comunista internacional. Allí Wladimir se detiene a analizar las dificultades que se le plantearon a los comunistas – en aquella época histórica de la guerra – los diferentes virajes que la política de la Unión Soviética y del PCUS adoptó, desde el Pacto de No Agresión y de Neutralidad, hasta la política de Gran Guerra Patria. Pero – aparte de analizar esos virajes y esas dificultades que generó a los Partidos Comunistas en el mundo – y en particular aquí – hay también una referencia muy importante a cómo se fue elaborando – por el movimiento comunista internacional – la definición de “fascismo” y el análisis del VI y VII Congreso de la Internacional Comunista. Y – me parece a mi – que este hecho es muy importante – esta reconstrucción, esta referencia es muy importante a la hora de analizar – también – la historia del Partido Comunista y cómo el Partido Comunista Uruguayo - no simplemente matrizó una política anti-dictatorial a través de acciones, de luchas – sino que también, en las duras condiciones – reflexionó sobre las características del fascismo. No solamente para definir qué naturaleza, qué tipo de régimen político era el que se había implantado el 27 de junio del 73 y su evolución posterior, sino también para – en esa caracterización – elaborar, fundamentalmente, una política de alianzas que – finalmente – se demostró también fructífera.

 

En Wladimir Turiansky hay una reflexión en este sentido – creo importante de retomar – acerca del carácter cívico-militar del régimen dictatorial uruguayo. Es cierto que en Uruguay – comparado con los demás golpes de estado de la región – no asistimos a un golpe militar propiamente dicho, donde los militares usurpan el poder y desplazan a la Dirección o a los gobernantes civiles. Es cierto que en el caso uruguayo – a diferencia de la región – el propio presidente constitucional, Bordaberry, da el golpe de estado con el apoyo de las Fuerzas Armadas, convirtiéndose en dictador. Es parte de la discusión respecto a la caracterización del régimen y a su naturaleza cívico-militar estos aspectos. Y Wladimir tiene un desarrollo sobre esto, que me parece interesante, y ve en esta relación entre civiles y militares en la dictadura, cómo se produce una inserción de la cúpula militar en la estructura de gobierno – a través del COSENA – y cómo, al mismo tiempo, hay una continuidad del “presidente-dictador” que intenta – con apoyo militar después del golpe de estado – imponer su proyecto corporativo. Y no fue – en este sentido – simplemente un “títere” o una “fachada” de la dictadura, sino que también fue parte consustancial del golpe de estado y de las características de la dictadura uruguaya.

 

Si Turiansky hace especial énfasis y análisis y desarrollo de la Declaración Programática del Partido y del proceso de elaboración de la misma entre 1956 y 1958, de su contenido. Me parece que es importante, que en el libro uno encuentra muchas referencias textuales a documentos partidarios y, en ese sentido, el libro cumple también una función histórica muy importante.

 

 Encontramos entonces en este análisis de la Declaración Programática del Partido esas referencias a su elaboración, al texto de la Declaración misma, como también a los Tres Círculos de la Táctica – llamados así – que derivaban de esa Declaración Programática del Partido. Pero ahora me interesa a mí – diciéndoles que esto está en el libro y muy desarrollado explícitamente – que Wladimir no se queda simplemente en una textualidad de la Declaración sino que discute con ella. ¿Qué habría que revisar de aquella Declaración Programática de hace 50 años? ¿Qué estaría cuestionado por el desarrollo de este medio siglo y qué estaría vigente? Y – con valentía intelectual – coloca temas que - muchas veces desde otros lugares y  en particular de la izquierda – todos los piensan en privado pero nadie los dice públicamente, ni lo discuten, ni lo dialogan. Señala – por ejemplo y como cambios que de alguna manera (saquemos lo de alguna manera) – que, directamente, llevan a revisar  aquellas definiciones de hace medio siglo.

 

 Por ejemplo: lo de la centralidad obrera y proletaria en esta época actual, transformada en la centralidad y expansión del trabajador asalariado. Este dato introduce una serie de consecuencias – por ejemplo – en el tema de la diversidad social, en el tema del pluralismo ideológico, y cómo estos cambios (centralidad obrera, amplitud social, pluralidad ideológica) también modifican concepciones o interpretaciones clásicas acerca de la lucha de clases en este momento actual. Por ejemplo: otro dato sobre los cambios, se refiere a las reflexiones de Turiansky sobre la “globalización”; cómo el proceso de globalización modifica o hace revisar o hace repensar la teorización contenida en la Declaración Programática acerca de las etapas de la revolución, la gradualidad del proceso revolucionario y los caminos nacionales de esos procesos revolucionarios.

 

 En este último sentido – y señalaría por último este aspecto (si bien en él hay otros) la revisión acerca de los caminos del socialismo en la etapa actual y la necesaria realización que ese pensamiento – en los caminos socialistas hoy en día, la necesaria realización que tiene – con la democracia. Esto abre un nuevo campo de problemas – dice Wladimir Turiansky – como por ejemplo: la caracterización del imperialismo en los tiempos de la globalización; la tesis leninista del “eslabón más débil”; la idea clásica de la revolución, concebida como un “asalto al poder” o “insurrección”; revisa el papel de las alianzas con movimientos, no solamente de definición socialista, sino anti-capitalista.

 

Me parece que en esta propuesta de qué es lo nuevo, que es lo que permanece, que es lo necesario repensar, hay un concepto fundamental en la elaboración de la teoría por el Partido Comunista - que Wladimir también dedica una parte importante de su reflexión en este libro – que tiene que ver con el concepto de “democracia avanzada”. Esto nos remite – de alguna manera – a aquella tradición que decíamos de los Partidos Comunistas de la Resistencia y el gran desafío que tuvieron de seguir siendo fuerzas políticas reales en los nuevos procesos que se abrían en democracia. Porque – de alguna manera – este concepto está acuñado por Togliatti en la misma preocupación que el Partido Comunista Italiano tuvo, que era la preocupación que el Partido Comunista Uruguayo tuvo a la salida de la dictadura.

 

 Hay un referente muy directo en la elaboración de la vía italiana al socialismo post Segunda Guerra Mundial y este concepto de democracia avanzada que el Partido y Arismendi acuñan en este proceso. Y este concepto – que es más que un concepto – también tiene una historia en el propio Partido Comunista, que está muy vinculada – tempranamente – a las reflexiones que, por lo menos, en el Comité Central del Partido Comunista en el exterior hizo acerca de la posible o probable forma de la transición de la dictadura a la democracia en el Uruguay, que el Comité Central aborda -muy tempranamente - desde el año 78. La preocupación era ¿qué democracia era la que podía surgir luego de la caída de la dictadura? Y esta pregunta no fue sólo del Partido Comunista. Fue – realmente o empezó a ser en esos años 80 - un verdadero giro de época histórica y de preocupación. Yo creo que lo sintetiza muy bien – ustedes lo conocerán – un cientista alemán que vivió muchos años en Chile, fallecido, Norbert Lechner cuando decía que en los años 60/70 el concepto central era la “Revolución” y ese concepto ocupaba la reflexión, la fuerza y la energía de los movimientos sociales y políticos, mientras que en los años 80/90 ese concepto es desplazado por otro concepto central que es el de “Democracia”.

 

 Por lo tanto la reflexión de los comunistas sobre la “democracia avanzada” se inscribe en un giro de época, que no es solamente político, sino que es también intelectual. Además, esa revalorización de la democracia – por un lado – tenía que ver con la propia práctica de los comunistas bajo la dictadura, víctimas principales de las posiciones totalitarias y anti-democráticas del régimen. Pero también tenía que ver – de alguna manera – con la derrota del proyecto de revolución de los años 60 y de las nuevas condiciones generadas en los años 80. Ya no la idea de una democracia instrumental o funcional a un proceso de acumulación de fuerzas. Pero tampoco la idea de una democracia liberal elitista per se. Dice Wladimir– retomando esta tradición de la reflexión comunista – “ir más allá de la democracia realmente existente, incorporando los avances populares, asegurando la participación de las masas y – todo esto – como un proceso”. No un acto, no un momento, no un gobierno de izquierda, sino una etapa histórica que también comporta cambios en la institucionalidad democrática.

 

Hablando de la historia, de este concepto, este también fue un concepto que tuvo sus momentos en la elaboración del Partido: de consolidar la democracia, cuando el peligro fundamental era que el tutelaje militar o la reversión – dentro del proceso de transición de los avances que se estaban procesando para la redemocratización del país - entonces allí está todo este pensamiento que no era solamente una consigna de “consolidar la democracia” - pero al mismo tiempo “avanzar en democracia”, a través de procesos de cambios y participación que generaran esta “democracia avanzada” como una nueva etapa que se confunde con el socialismo. WladimirTuriansky resalta la “democracia avanzada” como una vía peculiar de aproximación al “socialismo”, tan “avanzada” la democracia como “democrático” el socialismo.

 

Y – para ir cerrando – Marisa ya se refirió a esto pero me parece interesante simplemente retomarlo como titular. Cuando Wladimir analiza los sucesos de febrero de 1973 y los cambios que se van generando a partir de abril hasta junio – hasta el golpe del 73 – hace un análisis de los cambios que hubo en la correlación de fuerzas, etc. y señala algo que después va a volver a señalar para otros momentos del proceso político uruguayo – ya en pleno golpe y huelga general y, después, a la salida de la democracia. Esto que le llama – de alguna manera – “la rigidez de ciertas concepciones tácticas de la izquierda y del Partido” y la dificultad para procesar giros que tuvieran en cuenta las situaciones negativas – en este caso de los sucesos de febrero. Por ejemplo: ¿por qué se siguió en la contradicción oligarquía/pueblo y no en la de democracia/fascismo en la antesala del golpe de estado? Que podría haber dado una mayor amplitud, alianzas, etc. etc. Repito, Wladimir va a retomar este problema – para él – de la “rigidez” y de los “giros” en otros momentos.

 

Golpe de estado y huelga general, el período que se abre del 73 al 75, está linda esta frase que él dice: “la huelga general fue como una acumulación en acto”. Algo así como que desde el 55 al 73, todo ese proceso de acumulación de fuerzas se transformó en un “acto”: la declaratoria de huelga, la resistencia a la dictadura, la ocupación de los lugares de trabajo, la ocupación de las facultades, la movilización popular, el relacionamiento de los sindicatos con los barrios, el diálogo con sectores militares, la ocupación, desalojo y reocupación, el temple, la confianza. Es decir, todo lo que fue una construcción política, social, subjetiva, de formas de pensar, de hábitos, se condensó en un momento. La huelga cumplió un objetivo. Él lo señala – aislar a los golpistas, romper expectativas, marcar la centralidad de lo obrero-popular en la resistencia a la dictadura. Pero no cumplió con el objetivo de revertir el golpe y el avance sucesivo de la dictadura. Y aquí – de nuevo – vuelve Turiansky a apelar a esa idea – pero en este otro momento y se lo pregunta – de cierta rigidez táctica, como para haber configurado o pretendido configurar otra correlación de fuerzas en este momento, inmediatamente posterior al golpe y de implantación de la dictadura.

 

El PCU bajo la dictadura, simplemente remite a aquello que yo señalaba de los partidos de la resistencia. Evidentemente, fue la organización que mantuvo – en el Interior del país – una estructura, una organicidad, durante casi los doce años del régimen. Con una continuidad muy importante en las Direcciones: cinco secretarios generales cayeron por la represión y cinco secretarios generales fueron sustituidos - incluso con períodos intermedios - donde militantes del Partido cumplieron la función de la “Secretaría”. Pero también una continuidad en las direcciones intermedias, en las acciones desplegadas, con una gran capacidad que el régimen nunca pudo entender. Porque – en la revisión de los documentos que hemos hecho – es preocupación permanente el recambio, el permanente recambio, las sucesivas oleadas represivas y el permanente recambio - después de la represión – de los militantes del Partido y de la Juventud después la dictadura. Una organización que combinó – y esto es objeto de estudio, también – la clandestinidad con la semi-legalidad y la legalidad. Donde estuvo sujeto – como decía – a sucesivos golpes represivos. Si uno reconstruye la secuencia o la lógica represiva de la dictadura contra el Partido y sistematiza esa lógica represiva del Partido, ve como hay una continuidad durante todo el período. Cómo muchas veces esa continuidad se transforma en “oleadas represivas”, concentradas en un determinado momento y cómo – cada dos años – el Partido sufre golpes estratégicos fundamentales, a pesar de lo cual, lo reconstruye: “Operación Morgan” en el 75, “La Tablada” en el 77, la caída de León Lev y el equipo de dirección en el 79, el 83 y así sucesivamente.

 

Pero también en Wladimir hay una reflexión – mejor dicho, no es una reflexión, es un “no olvidarse” pero que tienta a ser una reflexión y una reconstrucción con más elementos – que el Partido Comunista también se organizó en el exterior del país y reivindicó que era una “única” organización también en el exilio. Y esto genera – así como hablábamos del Partido de la Resistencia – es muy difícil en la historia del Partido Comunista, encontrar una organización política – o en la historia de los partidos en general, no necesariamente ni comunistas ni socialistas, ni de izquierda – que construyan una dirección política en el exterior, con funcionamiento regular, que se divida en zonas para atender el exilio radicado en veinticinco países, que conserve la unidad estratégica/táctica, la autoridad y que encare tareas de solidaridad en el exterior, de denuncia y de ayuda con el Interior.

 

Pero aquí – y esto sí es mi finalización – en este proceso y, sobre todo, al final de este proceso - comienzan a surgir – seguramente estaban antes pero, en todo caso, no tan públicas – no coincidencias, contradicciones, desacuerdos. Algunos generados por la propia situación objetiva del funcionamiento clandestino y las sucesivas caídas, las dificultades del relacionamiento entre la dirección interior y la exterior, las dificultades de transmisión (no siempre los correos, no siempre la persona transmitía exactamente), la situación de ilegalidad. Pero después de la dictadura estos desencuentros se siguieron profundizando. Y hay un énfasis fundamental en un argumento que Wladimir centra mucho: ¿qué visiones diferentes traían consigo y tenían las vertientes del exilio, de la cárcel y del Interior del país? Incluso la vertiente del Interior del país que se descomponía, se desagregaba, en las diferentes situaciones personales que los distintos compañeros habían transitado; los que habían estado clandestinos y no presos; los que habían estado presos; los que nunca estuvieron presos y estuvieron en la legalidad, pero eran militantes del Partido.  Los problemas derivados de las distintas experiencias – incluso de las nuevas generaciones incorporadas, fundamentalmente la generación del 83, y luego desaprovechadas en la dinámica política de reconstrucción del Partido en los períodos siguientes. Difícil tarea – dice Wladimir– esta de “reconvertir” que él prefiere decir “reencauzar” al Partido, replantear este cauce común ante tal diversidad, ante tantas diferentes experiencias.

 

Esta situación interna también coincide con un contexto internacional de crisis del “socialismo real”: Polonia, RDA, URSS. El derrumbe de la URSS – dice él – sirvió como un detonante de los problemas internos “no resueltos”, generando esa paradoja de que – justamente este año, 1989 – el Partido es la primera fuerza en las elecciones nacionales, que llevan a Tabaré Vázquez a la Intendencia. El Partido en el contexto de la “Democracia Avanzada”.

 

Wladimir Turiansky termina con un epílogo. Yo creo que el epílogo es lo que Wladimir quiere decir, es un llamado, es como decir: “acá hay un legado”. Un legado teórico, un legado político, una organización, una tradición. Asumir décadas de lucha del comunismo en el Uruguay para – como una fuerza destacada, junto a otras en esta historia reciente – contribuir desde el presente, a los avances de la democracia y el socialismo en el país, desde su participación y defensa del anterior gobierno y este gobierno del Frente Amplio.

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