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Bicentenario: un mayo
de 1810 que
terminó frustrado
por
Eduardo Anguita
Por estos días empieza a ser
abundante en la Argentina el tratamiento histórico
del Bicentenario en distintos medios de
comunicación. Lo que sigue es una entrevista al
historiador Eduardo Anguita por los comunicadores H.
Brienza y A. Díaz para el programa “Carbono 14” que
luego transcribe y publica argentina
miradasalsur.com. Brienza manifiesta en este diálogo
que “En mayo de 1810 se inició un proceso
revolucionario que terminó frustrado”
–¿Por
qué Monteagudo es el gran olvidado de la Revolución?
La verdad es que es uno de los hombres más
interesantes.
–Es uno de los más
incorrectos y sus palabras siguen siendo incómodas
hasta el día de hoy. Pensemos que su periódico se
llamaba Mártir o Libre y la claridad de concepto de
lo que es una revolución, la claridad de conceptos
que hace él de lo que eran las clases en aquel
momento, el planteo de una constitución –que por
supuesto nunca se llegó a probar–, donde él proponía
la revisión permanente de lo actuado en política, la
duración de los diputados por 3 meses, porque
desconfiaba de la burocratización. Hay una cantidad
de cosas que plantea este hombre y además es quien
hace junto a Juan José Castelli la revolución en el
Alto Perú, la actual Bolivia, terminando con
inquisiciones, repartiendo las tierras,
devolviéndolas a los habitantes originarios. Un
personaje notable que va a terminar, muerto Moreno,
con el ideario morenista y será quien le acerque a
San Martín esas ideas. Si hay algo que la historia
oficial quiere olvidar es que San Martín fue un
excelente gobernante de 3 provincias argentinas como
San Luis, San Juan, Mendoza, donde aplica parte del
Plan de Operaciones redactado por Moreno…
H.B.: –Y medidas
revolucionarias como la expropiación.
- Exactamente. Ahí
tenía dos muchachos que le acercan las ideas, Tomás
Guido, que fue secretario de Moreno, y Monteagudo, a
quien no conoció en vida pero que continúa el ideal
morenista a través de la Sociedad Patriótica.
–Vos sabés que
siempre que se viene el debate sobre 1810 se viene
la misma polémica. Vos nombraste 3 ó 4 veces la
palabra revolución. Es una revolución, es un golpe,
es un cambio de estructuras…
- ¿Qué es exactamente
Mayo de 1810?
–Para mí es el inicio
de un proceso revolucionario que termina siendo
frustrado, desviado, de alguna manera.
Evidentemente, hay un acto revolucionario que es
cambiar un poder virreinal por un poder propio con
estrategias muy interesantes como la de declarar la
fidelidad a Fernando que, aclaremos, no es una
condición local, sino que se da en toda América
latina como para ganar tiempo pensando que Fernando
no podía volver al trono, porque Napoleón no paraba
de ganar batallas, y romper la obediencia a un poder
real que existía y jurársela a un rey que muy
improbablemente volvería al trono. Esto es lo que se
pensaba en 1810. Hay toda una estrategia y una gran
preparación. Otra cosa que publico en el libro es un
documento del Foreign Office muy interesante, una
encuesta llevada a cabo por Lord Strangford a los
líderes de la revolución –no dan sus nombres, pero
suponemos que es Matías de Irigoyen, un personaje
que después va a ser un importante diplomático de la
revolución– donde Strangford pregunta y se le
responde con un alto nivel político, lo que habla de
un alto nivel de organización previa a la
revolución. Esto de que se hizo todo a las apuradas,
evidentemente no es así.
–Los escuchaba
hablar de San Martín y reparaba en la volanta del
libro, “La otra historia de nuestra revolución
fundadora”. El Instituto Nacional Sanmartiniano
sigue teniendo un general de director…
–Pero se han abierto
un poco. Creo que las circunstancias lo han ido
llevando a abrirse un poco más a la comunidad y a lo
cerrado que eran en otro momento, mucho más
conservador, y creo que ahora están más abiertos al
debate y a la participación en foros, etcétera. En
otro momento era un instituto de reservorio de lo
más ultraconservador de la sociedad. Me estoy
acordando, por ejemplo, de cuando le tocó a Torre
Nilsson filmar El Santo de la Espada, donde lo
volvían loco con cosas como que San Martín no
vomitaba… Bueno, cosas que no se pueden creer y que
fueron objeto de decisión arbitrio presidencial,
como cuando Onganía determinó que efectivamente
había que sacar estas escenas donde vomitaba, se
tenían que sacar.
–Alguna vez Pacho
O’Donell dijo –él además es médico– que cuando uno
le dice a determinadas personas que San Martín era
opiómano, que le gustaba el opio, se escandalizan.
Una vez le pregunté a un médico homeópata cuál era
su versión de esto, porque el opio es una de las
recetas que usan, y él me decía que San Martín
llevaba en el Cruce de los Andes sus medicamentos
homeopáticos.
–Claro. Había
adquirido aquella costumbre en España, se usaba
muchísimo y estaba también el láudano, que es un
calmante muy fuerte, porque efectivamente los
dolores que sentía San Martín eran terribles, tenía
problemas pulmonares, de úlcera, y obviamente la
altura, el frío y las condiciones del cruce
complicaban un poco las cosas. Evidentemente,
necesitaba de algunos calmantes para poder soportar
esto.
–El otro gran
personaje de Mayo es, sin duda, Mariano Moreno. Me
gustaría que nos expliques por qué Moreno es
reivindicado por liberales, ultraliberales,
nacionalistas, ultranacionalistas, revolucionarios…
Y, sobre todo, vos hablaste de Gran Bretaña, ¿cuál
era la relación de Moreno con Gran Bretaña?
- Estoy trabajando en
el Plan de Operaciones y es muy interesante, un plan
revolucionario muy avanzado para la época y que
tiene en cuenta muchas cosas, como la presencia de
Brasil en esta zona, Portugal en realidad, que a
veces se pasa por alto, cuando uno ve lo cautos que
eran los revolucionarios, tenían muy presente a un
posible enemigo muy poderoso, absolutamente
conservador y monárquico, como era Portugal, aliado
muy fuertemente con Gran Bretaña. Había que
mantenerse en un equilibrio diplomático con ambas
potencias. Moreno tiene claro que las relaciones con
Gran Bretaña tienen que ser buenas, pero a la vez
advierte sobre el peligro de abrirse absolutamente y
dejarse usar. Hay un texto muy interesante donde
compara lo que les pasó a los nativos de España con
los cartagineses que fueron demasiado bondadosos y
terminaron siendo sometidos. Esto lo dice
evidentemente en relación con Gran Bretaña. Es
interesante esto para aquellos que hablan de “un
agente inglés” que por supuesto no lo fue. Creo que
sí, que es interesante esto de ver la reivindicación
aunque cada uno rescata cosas diferentes. Los
liberales, por supuesto, no rescatan el Plan de
Operaciones, sino que más bien lo han tratado de
denostar diciendo que no es obra de Moreno, esto de
Groussac en adelante, cosa que después se comprobó
que sí, pero ellos tratan de ocultar esta faceta más
jacobina de Moreno y dejarlo como el “tribuno de
Mayo”, como ellos dicen, esa media aséptica. Creo
que ese documento es muy interesante y que
evidentemente era un documento de máxima, que Moreno
sabía que iba a tener que negociar con la Junta
algunas medidas. Él hace un plan bastante extremo y
radical con la colaboración de Manuel Belgrano, que
participa en la redacción.
–¿Por qué el
Bicentenario se festeja el 25 de Mayo de 1810 y no
el 9 de julio de 1816?
–Una de las cosas que
estoy tratando de impulsar y que vengo de hacerlo en
Tucumán, es que hablemos de los bicentenarios.
Evidentemente tenemos dos, como la mayoría de
los países de Latinoamérica, donde la
mayoría de los procesos revolucionarios tienen una
fecha y luego la independencia. Esto es muy común en
América latina y me parece interesantísimo que
hablemos en plural. La revolución es fundadora y
comienza un camino hacia la independencia y el gran
Bicentenario para mí es sobre todo el del ’16 y que
tiene un carácter más nacional, probablemente, que
la Revolución de Mayo. Algunas provincias, con
cierta razón, lo ven como un hecho más local y no
tan porteño.
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