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El sistema financiero ya
no volverá a ser como antes
por José
Miguel Moreno
Hoy, los grandes bancos de los países Desarrollados
viven el ocaso frente a la irrupción de las
estrellas de los países emergentes advierte el
columnista del periodico mexicano
El
Semanario.com,
José Miguel Moreno, agregando que se esta por parte
de los bancos ante nuevas reglas del juego
“…Sólo
basta echar un vistazo a cuáles eran los grandes
bancos por capitalización bursátil en 2006, antes de
que saltara por los aires la burbuja de crédito, y
quiénes son hoy los grandes gigantes por valor de
mercado.
En plena
ebullición financiera eran sobre todo las firmas
estadounidenses, junto con las europeas y japonesas,
los amos y señores de las finanzas del planeta.
Ahora, tres años después, son cinco grandes bancos
chinos los que lideran un ranking en el que también
se han colado dos bancos brasileños, dos
australianos y dos canadienses, de los que no se
tenía noticia tres años antes, según el ranking del
Financial Times.
Los
grandes bancos de los países desarrollados, en buena
medida causantes de esta crisis por su irresponsable
gestión, muy especulativa y arriesgada, han dejado
su lugar a las grandes entidades de los países
emergentes.
La
fuerte descapitalización bursátil (Citigroup,
tradicionalmente el banco de mayor capitalización,
que llegó a valer casi 275,000 mdd a finales de
2006, tuvo un valor de mercado en marzo de 2009 de
menos de 7,000 mdd), las masivas pérdidas
financieras y el cierre de los mercados de
financiamiento llevaron casi al colapso al sistema
financiero mundial propiciando descomunales rescates
e inyecciones de liquidez en el sistema para evitar
su derrumbe total.
Esto
derivó en repercusiones muy graves para la economía,
pero la principal fue que el crédito para financiar
el consumo y la inversión se secó, desencadenando la
más aguda recesión desde la Gran Depresión.
Superada
la fase más grave de la crisis, el sistema
financiero ha entrado en un profundo proceso de
reestructuración con el fin de garantizar su
viabilidad. Los bancos que fueron rescatados
trataron de hacer el menor uso posible de los
recursos públicos y los devolvieron en cuanto
pudieron, emitieron acciones para recapitalizarse (a
costa de diluir el valor de las acciones
existentes), y los que pasaron más apuros, como la
aseguradora AIG o Citigroup, tuvieron que vender
activos y adelgazar su operación y costos.
Por
ello, la gran banca, en buena medida ya saneada de
activos tóxicos, poco a poco vuelve a ser un negocio
rentable, como reflejan los resultados de las
grandes corporaciones financieras para el primer
trimestre, lo que hace que sus valores trepen en las
bolsas del mundo.
Sin
embargo, entre la ciudadanía, que sufre un elevado
nivel de desempleo, existe un fuerte malestar con un
sector que va saliendo hacia adelante en gran parte
gracias a los rescates que se hicieron con dinero
público, pero sobre el que pesan dos losas sociales.
Una es que sigue sin prestar, contribuyendo poco a
reactivar la economía y aliviar los problemas de
empleo. Y la otra es que persiste la misma banca que
casi lleva a la hecatombe, igual de libre,
desregulada y potente que antes de la crisis, con
los mismos riesgos de repetir los excesos, como si
no hubiera pasado nada.
Barack
Obama, presiden-te de EU, cada vez parece más
dispuesto a atender estos reclamos y, luego de
aprobar la reforma de salud, ha establecido como su
principal prioridad acometer la esperada reforma
financiera. Los principales ejes de la reforma
serían crear una agencia independiente de protección
al consumidor, otorgar a la Fed mayores poderes de
supervisión sobre las grandes entidades, regular el
mercado de derivados, limitar la asunción de riesgos
de los grandes bancos y proveer al gobierno de la
capacidad de tomar el control y dividir a las
instituciones financieras que caigan en quiebra.
Por su
elevada presencia en el sistema bancario mexicano,
hay que dar un vistazo a la situación de la banca en
España y EU, para calibrar mejor las estrategias que
puedan seguir en el futuro.
La banca
española
La banca
española, que presume haber afrontado con relativa
solvencia el peor trecho de la crisis, sigue
aquejada por tres graves problemas (además del de la
elevada morosidad) que pueden socavar su
rentabilidad y, en consecuencia, incrementar la
percepción de riesgo de España en el exterior, ya
dañada por su situación fiscal.
Primero,
espanta la colosal exposición de la banca al sector
de construcción y promoción inmobiliaria; segundo,
se mira con recelo la “guerra de depósitos” en la
que han entrado las entidades financieras por sus
apremiantes necesidades de liquidez y la dificultad
para obtener financiamiento en los mercados
mayoristas; y tercero, está pendiente el escabroso
asunto de cómo se reestructurarán las cajas de
ahorro a través del Fondo de Reestructuración
Ordenada Bancaria (FROB).
Exposición al sector inmobiliario
Como
resultado de la imponente burbuja inmobiliaria en
España y su abrumador estallido posterior, las
entidades financieras españolas han resentido más
que otros bancos extranjeros su descomunal
exposición al sector de la vivienda.
Un
reciente informe del Banco de España cifra la
exposición del sistema financiero español (bancos,
cajas y cooperativas) al sector de la construcción y
promoción inmobiliaria a diciembre de 2009 en
445,000 millones de euros (mde). Esos activos
vinculados a este sector representan 12% del balance
consolidado de las entidades de depósito españolas,
y en torno a 25% del total del crédito concedido en
España a familias y empresas, lo que en términos
relativos es bastante alto respecto a sus pares
internacionales.
De esa
alta exposición, las pérdidas que las entidades
tendrán que asumir dependerá de la habilidad que
tengan para gestionar esos riesgos, de la eficacia
de las garantías disponibles (esto es, lo rápido que
se pueden convertir en dinero) y de la propia
evolución del sector inmobiliario. Además, parte de
la morosidad está cubierta tanto por provisiones
específicas asociadas a préstamos dañados como por
el remanente de la provisión genérica que se dotó en
los años previos a la crisis.
Pues
bien, en un ejercicio sobre la resistencia de las
entidades a su exposición inmobiliaria, el Banco de
España concluye que de esos 445,000 mde, la cartera
potencialmente problemática asciende a 165,200 mde o
37.2% del total. El ratio de créditos dudosos (los
que tienen alguna cuota impagada de más de 90 días)
representan 9.6% de la exposición total, los
“subprime” o de baja calidad 13.3%, los adjudicados
(aquellos en los que el bien en garantía ha sido
embargado) 13.4% y los fallidos 4%. Las normas
contables exigen a las entidades dotarse de
provisiones específicas frente a estos créditos, por
lo que de los 165,200 mde potencialmente
problemáticos, 25.6% o 42,300 mde están cubiertos
sin que los bancos tuvieran que reconocer pérdidas
adicionales. Si a esa cobertura se añade 9.4% en
provisiones genéricas, el sistema financiero español
tiene cubierto 35% o 57,857 mde de la cartera
potencialmente problemática.
Ahora
bien, el desenlace final depende de cómo evolucione
el propio sector inmobiliario, además de que existen
dudas de si realmente el sector ha reconocido todos
los créditos con problemas y cómo ha valuado los
precios de los activos vinculados al sector
inmobiliario ante la poca liquidez del mercado y la
ausencia de precios. Para tranquilizar a los
inversionistas, algunos banqueros afirman que bancos
y cajas han llegado a valorar los activos
relacionados con el suelo con descuentos de hasta
60%.
“Guerra
de depósitos”
La
captación de depósitos de clientes minoristas se ha
convertido en la principal fuente de obtención de
recursos para la banca española. En efecto, dentro
del financiamiento mayorista, el mercado de
titulización está completamente seco, y tanto el
crédito interbancario como el mercado de deuda
senior (no avalada) es escaso y caro por la mayor
aversión al riesgo resultado de la crisis financiera
y las recientes turbulencias en Grecia y otros
países de la periferia europea.
En
consecuencia, los grandes bancos españoles han
entrado en una guerra por ver quién ofrece la tasa
más alta en sus depósitos, competitiva guerra que si
en otras circunstancias sería celebrada, ahora se ve
con malos ojos en el exterior por las repercusiones
negativas que puede implicar para todo este delicado
sector.
El más
agresivo en esa política ha sido Banco Santander. Su
último producto ha desconcertado a propios y
extraños: Openbank, la banca en línea de Grupo
Santander está ofreciendo depósitos a una tasa anual
de 4%, cuando la entidad toma prestado a una tasa de
1%. Las pérdidas generadas por ese amplio
diferencial respecto al euríbor se pagarán, según el
propio banco, vinculando al cliente a la institución
obligándole a domiciliar la nómina y otros
servicios, contratar planes de pensiones o seguros,
y mediante un mínimo uso de las tarjetas.
Sin
embargo, para otros, más que ganar cuota de mercado
frente a la debilidad de sus competidores, lo que
busca Banco Santander es obtener de manera urgente
financiamiento. Este banco, el de mayor dimensión en
España, fue el que más se apalancó durante la época
de auge para financiar su formidable expansión. Y si
ahora paga un elevado costo para acaparar el ahorro
de familias y empresas es porque aglutina, en lo que
resta de año, más de 25,000 mde en vencimientos, o
en torno a una tercera parte de todos los
vencimientos de deuda de la banca española que
rondan los 75,000 mde.
Ahora
bien, esta “guerra de depósitos” que el propio
gobernador del Banco de España, Miguel Ángel
Fernández Ordóñez, consideró “inevitable por la
necesidad de financiarse” tenderá a canibalizar a la
banca española y hundirá los márgenes de negocio del
sector en un momento de nulo crecimiento, elevada
morosidad, la previsible necesidad de la banca de
dotarse de mayores provisiones para cubrir
insolvencias, y la lentitud para contener los gastos
de explotación y reducir su exceso de capacidad, un
conjunto de elementos que minará la rentabilidad del
sector a lo largo del año. Esa tendencia, además, se
puede agudizar si, como se tiene contemplado, el
plan de avales del gobierno concluye en junio y el
Banco Central Europeo restringe el suministro de
liquidez en la segunda mitad del año.
Las
necesidades de financiamiento de BBVA, de 12,000 mde,
son menos de la mitad de las de Santander, lo que le
ha permitido mantenerse un poco al margen de esta
guerra (aunque respondió a Santander ofreciendo
depósitos de 4% o más a los clientes que se
cambiaran de ese banco al suyo) sacrificando
cantidad en el corto plazo por una mayor calidad y
rentabilidad futura.
El
vencimiento conjunto de ambos bancos es de más de la
mitad de la de toda la banca española, y aunque son
los únicos que todavía pueden salir a recaudar
fondos al mercado internacional sin necesidad de
avales (algo imposible para las cajas de ahorro), sí
se ha encarecido su costo.
Cajas de
ahorro en vilo
Pero las
grandes víctimas de la “guerra de depósitos” serán
las cajas de ahorro, que controlan en la actualidad
50% del mercado financiero español. Estas entidades
tienen carácter local, por lo que no han podido
diversificarse y tienen una exposición muy alta a
los mercados inmobiliarios de su región. Además, por
su peculiar estatuto jurídico, no están listadas en
las bolsas y no pueden capitalizarse emitiendo
acciones. Su principal fuente de financiamiento, por
tanto, son los depósitos, que les dan dos terceras
partes de los recursos.
Sin
embargo, no pueden competir contra Santander y BBVA
en la “guerra de depósitos”, por lo que ven cómo sus
clientes se van y agravan sus problemas. Morgan
Stanley estima que las pérdidas de las cajas podrían
ascender a 43,000 mde, cuando los recursos del FROB
apenas son de 12,000 mde, por lo que el gobierno
central corre el riesgo de tener que poner, en caso
de ser correctos los augurios, otros 30,000 mde,
presionando más sus ya delicadas finanzas públicas.
La
solución para las cajas de ahorro más débiles, un
sector que tiene un exceso de capacidad tanto en
sucursales como en empleo, es fusionarse con las más
fuertes ayudados por los recursos públicos aprobados
por el Parlamento; el problema es que estas
entidades están muy politizadas por los gobiernos
locales, y muchos se niegan a perder su cuota de
poder, obstruyendo los procesos de reestructuración.
Recientemente, el ex ministro de Economía y ex
director gerente del FMI, Rodrigo Rato, ahora
presidente de Caja Madrid, afirmó que la
reestructuración del sector podría reducir su número
actual, de 45 a 20. Las últimas informaciones del
Banco de España aseguran que un tercio de las cajas
ya ha entrado en los procesos de reestructuración
del FROB, algo crucial porque el tiempo apremia.
Banca
EEUU
La banca
en EU está resurgiendo. La mejor muestra de ello es
que los pronósticos para el primer trimestre del año
son que todos los grandes bancos, una vez pagados
los fondos del rescate, registraron utilidades. Sin
embargo, la banca estadounidense sigue sin prestar y
sus buenos resultados provienen sobre todo de sus
operaciones de banca de inversión.
La
comprensión de los diferenciales de crédito ha
reactivado las emisiones de deuda corporativa, y el
mercado de fusiones y adquisiciones ha cobrado mayor
dinamismo, lo que ha generado fuertes ganancias en
las instituciones financieras. Pero sus unidades de
crédito al consumo, si bien han mejorado, siguen
deprimidas.
En
efecto, el deterioro del ciclo económico implica una
menor demanda de crédito por parte de empresas y
familias. Pero además, las entidades financieras
siguen demandando fuertes exigencias en la concesión
de préstamos ante el deterioro de la calidad
crediticia y el aumento de la morosidad.
En
consecuencia, y a pesar de los esfuerzos de la Fed
por inyectar liquidez y reactivar el crédito al
consumo y la inversión, lo cierto es que casi todos
los recursos provistos por la Fed a lo largo de la
crisis (sobre todo a partir de la quiebra de Lehman
Brothers en septiembre de 2008) la han acaparado los
bancos en forma de efectivo y títulos del Tesoro.
Del
aumento de activos registrado en los balances de los
bancos comerciales de EU resultado de la batería de
programas que aplicó al Fed, sobre todo a partir de
la quiebra de Lehman Brothers a mediados de 2008,
más de 900,000 mdd se los quedó la banca en forma de
efectivo, y 330,000 mdd lo invirtieron en títulos
del Tesoro y agencias. Esto es, más de 1.2 billones
de dólares lo amasaron en los activos más líquidos
de la economía, sin hacerlos circular por el resto
del sistema económico para apoyar la recuperación.
Las más perjudicadas son las pequeñas y medianas
empresas (las grandes corporaciones tienen más fácil
acudir directamente al mercado) dado que el crédito
comercial e industrial se ha hundido en 364,000 mdd
en tanto que el crédito al consumo ha bajado en más
de 4,500 mdd. El crédito inmobiliario, el único que
ha repuntado gracias a los incentivos de Obama para
impulsar al sector, ha ascendido en 67,500 mdd.
En esta
coyuntura de riesgo adversa, la administración de
Obama, al igual que otros gobiernos de países
desarrollados, ha fracasado en su esfuerzo de
favorecer el financiamiento empresarial ante la
resistencia de la banca a mantener en sus balances
sumas importantes de inversiones arriesgadas. Por el
contrario, la banca se concentró en disminuir sus
activos de riesgo al tiempo que aumentaban sus
niveles de capital, especialmente los de mejor
calidad, para fortalecer su solvencia en un momento
de incertidumbre.
Un mayor
dinamismo del crédito que espoleara el crecimiento y
la creación de empleo sería crucial para entrar en
un ciclo expansionista virtuoso, al incrementar las
rentas esperadas de empresas y familias
contribuyendo a reducir la aún alta deuda de los
agentes privados. La mejora de su posición
patrimonial, asimismo, ampliaría su capacidad de
acceso al crédito.
Además
de haber sido saneado en buena medida el sector
bancario de EU, ha sido redimensionado. Aunque la
estrategia del too big to fail salvó a la gran banca
por el riesgo sistémico que entrañaban, los pequeños
bancos de EU han caído como soldaditos. 213 firmas
financieras han entrado en proceso de bancarrota
desde el 2 de febrero de 2007, cuando empezaron a
surgir los primeros indicios de que algo serio se
nos venía encima. En la anterior recesión ocasionada
por el estallido de la burbuja inmobiliaria, sólo
fueron 27 las entidades financieras quebradas.
Ahí
viene la reforma financiera
El
escándalo de Goldman Sachs ha sido providencial. La
Comisión de Mercado de Valores de EU (SEC, por sus
siglas en inglés) no pudo dar mejor arma a Obama
para impulsar una reforma financiera que empieza a
calar entre los demócratas, pero a la que se oponen
frontalmente los 41 senadores republicanos. El
principal argumento que esgrimen es que la reforma
financiera que propone el gobierno no servirá para
arreglar el sistema regulador en EU y, por el
contrario, restringirá más el crédito, entorpeciendo
la recuperación de la economía y del empleo.
Sin
embargo, con los electores cada vez más a favor de
cambiar las reglas en el sector financiero, los
republicanos se hallan entre la espada y la pared.
El secretario del Tesoro Timothy Geithner
advierte que si no se hace nada, “el riesgo
financiero volverá a crecer… y los futuros gobiernos
se verán forzados a volver a intervenir y socializar
pérdidas privadas para prevenir un daño
catastrófico”, comentarios dirigidos a
señalar a los republicanos como obstruccionistas.
El
gobierno, tras la victoria en la reforma de salud,
cree que puede repetir la hazaña, y en caso de no
lograr un acuerdo bipartidista, y sabiendo que
cuenta con el apoyo de los electores, podría volver
a lanzarse en solitario con el objetivo final de que
la nueva regulación obligue a la banca a ser más
prudente y se centre en su labor clásica de
intermediación”.
LA
ONDA®
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