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Votar en blanco,
sólo en dictadura
por Raúl
Legnani
Faltan
pocos días, sólo una semana, para las elecciones
municipales, que son la culminación de un proceso
electoral que llevó por segunda vez al Frente Amplio
a la Presidencia de la República.
Primero
fue presidente Tabaré Vázquez y ahora José Mujica,
dos personalidades distintas, pero con un mismo
programa en el sentido de la mirada histórica,
siempre asumiendo al desarrollo de un país de
primera que contemple a todos los uruguayos.
Es
cierto que los temas municipales no son, muchas
veces, los mismos que tienen alcance nacional, pero
no hay la menor duda de que un cambio progresista
debe contemplar lo local y lo municipal, porque esto
atiende la vida directa de los habitantes.
La
izquierda llega a este 9 de mayo, peleando en cada
departamento la posibilidad de ganar las 19
intendencias, lo que está significado un cambio
sustancial en la política de un país que no hace
mucho fue en 1985, salía de la dictadura llorando
el dolor de los muertos y los desaparecidos, pero
también sufriendo el destrozo económico y social que
fue provocado por el neoliberalismo que llegó en
ancas de las bayonetas y del apoyo de fuerzas
reaccionarias del exterior del país que buscaron
revertir y lo lograron el avance progresista que
había llegado con el triunfo de Salvador Allende en
Chile en 1970.
Si esto
es así, no hay ningún pretexto para proclamar la
necesidad de votar en blanco en las municipales de
Montevideo, porque la forma de elección del
candidato a la Intendencia no fue de la mejor manera
posible.
La
izquierda solo vota en blanco cuando es ilegalizada,
cuando se la persigue, cuando se vive una dictadura.
Y esta no es la realidad. Hoy estamos en un Uruguay
que avanza en democracia, que recobra su optimismo
como sociedad, gracias a que la izquierda ganó el
gobierno nacional y comenzó a construir un proyecto
de futuro.
Respetar
a compañeros doloridos por la forma en que se eligió
a Ana Olivera, no debe impedirnos dar la batalla
allá en el fondo del alma. Ya llegará el momento,
mucho antes de agosto próximo, de que los
frenteamplistas asuman su responsabilidad de renovar
al Frente Amplio, porque no hay democracia avanzada
si no hay una fuerza política cada vez más
participativa y democrática. Pero las batallas,
cuando están bien dadas, saben establecer cuando se
dan.
Hoy lo
primero es que en Montevideo el Frente Amplio gane
por más del 50%, lo que seguramente se logrará en
Canelones, Rocha y Maldonado. En ese territorio que
abarcan esos cuatro departamentos, está la clave
para que no se transformen como dice Oscar de los
Santos - en portaviones lanza misiles, contra el
gobierno de José Mujica. Por eso, repetimos, no hay
lugar para un solo voto en blanco en Montevideo, ni
en ningún otro departamento.
La
madurez que mostró ayer la dirección del movimiento
obrero para entender la hora política que vive el
país, debe expresarse en los próximos comicios
municipales del 9 de mayo. No se pueden abrir
puertas para que la derecha más conservadora tenga
un motivo para alegrarse, aunque no seamos
predicadores de las tristezas de otros.
Por el
cuadro político que hay en América Latina, donde no
hay un cheque en blanco que conforme el avance
progresistas, las elecciones municipales de mayo
son, también, imprescindibles para que los hermanos
latinoamericanos sepan que desde el paisito del sur
las buenas ideas no se rinden.
El FA necesita una
gran votación en Montevideo, pero también lo
necesitan los hermanos progresistas de todo el mundo
que nos siguen viendo como algo especial, donde para
las izquierdas nada es fácil.
LA
ONDA®
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