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Cuba: una respuesta
por
Washington Benavides*
De
pronto, como un tsunami periodístico, radios,
televisoras, internet, descubren algo horrible: “En
Cuba ha muerto un preso”. Según algunos: disidente
político; según los cables que llegan desde Cuba: un
preso común (nada común: en el año 2000 le rompió el
cráneo a machetazos a otro cubano, Leonardo Simón;
este Orlando Zapata (el preso en cuestión), preso
desde hace 10 años antes por dos cargos de estafa,
lesiones, tenencia de armas; y una actitud violenta
aún en cárcel contra funcionarios. Toda muerte,
carcelaria o no, nos tendría que doler. Aquí mueren
muchos, y nadie sabe de ellos, o sólo son motivo de
cuestionamientos políticos.
Sí,
seguimos pensando como en el sermón de John Donne,
que “ningún hombre es una isla” y que “no preguntes
por quién doblan las campanas: doblan por ti”. Pero
también, en este mundo encrespado por los ataques
del clima, rebelados el mar y la tierra, provocando
centenares de miles de muertos; también las imágenes
de diversos países de África desbordan nuestra
capacidad de compasión y solidaridad, porque los
muertos son cifras, no son rostros deshechos, no son
niños cadavéricos.
Estados
Unidos sigue liderando aquello que se llamó la
reunión de las colonias políticas dispersas en el
mundo
Principalmente los Estados Unidos, que sigue
liderando aquello que se llamó la reunión de las
colonias políticas y económicas dispersas en el
mundo, pregonaron su repudio a la muerte de Zapata,
presentado como un líder de la disidencia, después
de un largo ayuno de reprobación al régimen cubano.
En el mundo, grandes y chiquitos, los medios se
plegaron a tal repudio. En su inmensa mayoría con un
desconocimiento casi total de cuáles fueron las
circunstancias del preso muerto, y su verdadera
condición de tal. Se dio por sentado lo que CNN y
otros medios, directamente ligados al gobierno
estadounidense, difundieron. Al que tiene memoria,
esto no debe parecerles raro. A través de décadas,
se ha intentado presentar a Cuba como una cárcel. El
memorioso recordará aquello de llevarse los niños
uruguayos para Cuba, y los enfrentamientos de la
Cruzada por la Libertad y La Democracia con los
comités de apoyo a la Revolución Cubana.
Recuérdese el insuceso en Minas de Corrales, cuando
la movilización de gente de todos los departamentos,
fue en ayuda de los cuatro cuestionados en dicho
pueblo, por ser sostenedores de la Revolución
Cubana. Ellos fueron el Dr. Pedro Darnauchans, su
esposa, la profesora Alicia Gladys Miralles, el
bancario Giorgetta y el educacionista (batllista)
Andrada – y los mandamases y los religiosos
pueblerinos crearon un “blackout” a los cuatro “vendepatrias”.
El acto
de solidaridad se llevó a cabo bajo una intensa
pedrea y con la llave general de la luz del pueblo,
bajada, para que todo quedara en las sombras. Hubo
heridos varios y un niño perdió un ojo, bajo la
pedrea de los vándalos. A propósito de ojos
parecería innecesario refrescar memorias, sobre la
solidaria colaboración de los médicos cubanos,
solucionando el problema de cegueras y cataratas de
muchos uruguayos, que no hubieran podido acceder a
lo que les cobraban por dichas operaciones.
Además a
este escándalo del cuarto poder, ¿no les roza
siquiera el tratamiento y la tortura permanente a
los presos políticos musulmanes en Guantánamo?
Reconocido por el gobierno de E.E.U.U. – ¿El
bloqueo de décadas a Cuba sólo sostenidos por
Estados Unidos y un par de países acólitos? La
muerte en la cárcel ofende siempre. Pero que se
confunda a la opinión pública presentándolo como una
cuestión de venganza política, eso sobrepasa toda
medida.
Ya se
elevaron voces que, antes, permanecieron muy
calladitos cuando la oscurana dictatorial. Buenos
vientos y no éstos, fraguados, los muevan a
continuar atentos a los tsunamis raciales y
económicos de este mundo. Muchas cosas están en tela
de conflicto en Cuba.
Pero las
tendrán que resolver los cubanos, su pueblo entero.
*
Washington Benavides poeta, escritor, profesor de la
Facultad de Humanidades (Udelar).
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