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Voto en blanco. No fue por
desinterés en la política
por Raúl
Legnani
Si
en un instante la vida se volviera eterna no tengo
la menor duda de que la sociedad humana se volvería
una inmensa oficina pública perdida en el espacio.
Esto, seguramente, favorecería al Ñato Huidobro,
quien en los ratos libres escribiría sobre la
burocracia, llegando a vender más libros que
Benedetti y Galeano juntos.
Algo de
esto le pasa a los partidos políticos cuando llegan
al gobierno y creen que van a ser eternos. Se dejan
estar, comienzan a vivir una vida de rutinas y el
móvil fundamental que es la lucha por nuevos
objetivos, "vamos por más", reclamó en la campaña
Oscar de los Santos, comienza a diluirse lentamente.
Algunos se agotan en cinco años, otros en 20 y muy
pocos en 150 años, pero siempre terminan agotados
porque la eternidad no existe.
Esto es
lo que le acaba de pasar al Frente Amplio en
Montevideo, que se compró la eternidad como una
verdad absoluta, olvidándose de lo que le pasó al
socialismo real en el mundo y que quizás le esté
pasando ahora al capitalismo, cuya crisis ya no
tiene idioma ni geografía: ayer en Estados Unidos,
hoy en Europa.
El FA no
perdió en Montevideo y eso es bueno para sus
intereses, pero lo que nadie puede negar es que está
en la sala de urgencias y que si no supera la actual
etapa la situación puede agravarse. Por aquello
¿sabe? de que nada es eterno.
Decir
que desde el segundo gobierno de Mariano Arana,
pasando por el de Ricardo Ehrlich, la intendencia
frenteamplista perdió dinamismo y capacidad de
gestión, no debe ser una afrenta para quienes fueron
electos como intendentes. Es solo una simple
constatación de que esos gobiernos y todo el Frente
Amplio, tanto en lo nacional como en lo
departamental, no le encontraron la vuelta a nuestro
principal departamento del país.
Con
todas las palabras: hoy Ana Olivera llega al
gobierno departamental con el programa
frenteamplista agotado y con una fuerza política que
muestra los primeros síntomas de posibles fisuras,
lo que se manifestó en el aumento sustancial del
voto en blanco y anulado.
Fenómeno
que creció, pero que tiene características
particulares, desde el momento que el votante en
blanco de hoy lo manifiesta y lo argumenta, lo que
está indicando que es un voto con contenido político
y no fruto del desinterés por la política.
Votante
en blanco que es de origen de izquierda y no es un
voto que desde los partidos tradicionales se le
prestó al FA en las elecciones de 2004 y 2005.
Porque si hubiera sido lo contrario ese sufragio se
hubiera trasladado (hablo de Montevideo) a las arcas
de los partidos tradicionales, cosa que no ocurrió.
Estas
reflexiones, por cierto muy primarias, se podrían
trasladar al interior del país, donde la realidad es
mucho más compleja y sobre ella juegan factores
múltiples. No se puede analizar el resultado
electoral de Cerro Largo y el de Paysandú, con una
misma unidad de medida.
Pero a
esta altura del desarrollo de la democracia que
nació con el fin de la dictadura, se puede afirmar
que si vemos al Interior como un todo, no cabe la
menor duda de que el Partido Nacional es la fuerza
política predominante.
Dicho en
otras palabras: la izquierda frenteamplista no
hegemoniza a los ciudadanos del interior del país a
pesar de que Montevideo ya no está solo y que a la
vez se confirma que Canelones y Maldonado tienen una
expresión electoral muy similar a lo que ocurre en
la capital, donde Marcos Carámbula y Oscar de los
Santos vienen del viejo partido comunista de Rodney
Arismendi, en tanto Olivera es a la vez dirigente
del PCU.
Mientras
que el voto en blanco en Montevideo, de origen
frenteamplista, no se fue para los partidos
tradicionales, en el interior ocurrió otro fenómeno
muy particular: votantes blancos y colorados se
trasladaron de un partido a otro, con la intención
de impedir un triunfo del FA en algunos
departamentos.
Con la
excepción de San José, donde los colorados
trabajaron por el partido rosado desconociendo a su
propia Convención, en otros departamentos donde se
produjo ese traslado fue de forma natural. Y eso
solo se logra cuando hay identidades culturales e
ideológicas comunes, más algún interés de la
política caudillesca.
De aquí
en más la izquierda, para seguir avanzando en
democracia, necesita no sólo dar una salto en la
gestión de sus gobiernos, ya sea el nacional como
los departamentales, sino transformarse en una
fuerza política que asuma que la vida y la primavera
no son eternas y para ello no tiene otro camino que
proponerse su profunda democratización y renovación
generacional, programática y de prácticas políticas.
Ya volveremos sobre esto, además de verlos triunfos
del FA en Artigas y Rocha.
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