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No me arrepiento, sí de no
haberle dado con mis
zapatos a Bush
por
Muntazer al-Zaidi
Las imágenes dieron la vuelta al mundo. El 14 de
diciembre de 2008 un periodista iraquí daba su
regalo de despedida al entonces presidente
estadounidense George Bush en su última visita al
país tirándole un zapato. Este gesto desafiante fue
muy celebrado en Irak, en otros países árabes
e incluso en Occidente.
Muntazer al-Zaidi se convirtió en un héroe, pero
tuvo que pagar un precio muy alto. Condenado a tres
años de prisión, pasó nueve meses en una cárcel de
Bagdad. Denuncia haber sufrido continuas agresiones,
torturas, y un aislamiento total.
En septiembre quedó en libertad por buena conducta.
Su familia y la gente que encontraba a su paso por
Bagdad, ya en libertad, celebraban su regreso.
Cumplida su sentencia, esperaba comenzar una nueva
vida en la casa que le regalaba su empresa, la
televisión Al Baghdadia. A ella se sumaban todos los
demás regalos que le hacían diversos jeques y
líderes políticos. Pero unos meses después, Muntazer
al-Zaidi vio esfumarse muchas de las promesas que le
habían hecho.
Por estos dias la agencia europea euronews lo ubico
en Ginebra, donde participaba en una conferencia
sobre periodismo de investigación. Vive entre la
ciudad suiza donde ha pedido asilo político, y
Beirut. Porque Irak, para él, ya no es su casa.
Afirma tener miedo a ser asesinado, y dice
que es un hombre totalmente solo.
- Ha
dicho muchas veces que su gesto no fue premeditado.
Pero cuando entró en esa sala donde estaba George W
Bush, ¿ya sabía que iba a lanzarle sus zapatos?
- Sí, lo
sabía.
- ¿Y se
arrepiente?
- No, no
me arrepiento porque Bush ha matado a mi gente, ha
matado a un millón de personas, ha dejado muchísimos
huérfanos y viudas, nadie en mi lugar se
arrepentiría.
-
¿Siente no haber llegado a darle?
- Eso
sí, mucho.
- Ha
pasado casi un año en prisión, allí ha sido
torturado, ¿cómo fue su estancia en esa cárcel?
- Los
primeros tres días, muy duros porque la tortura era
horrible y muy dolorosa. Me rompieron la nariz, un
tobillo, me dieron golpes en la espalda, en los
riñones, en el estómago, en los ojos, en todas
partes.
- ¿Por
qué, qué querían de usted?
-
Siempre me preguntaban lo mismo, por qué lo hice,
por qué golpée a Bush, cuando él había liberado a mi
país.
- Usted
es periodista, y normalmente las armas de un
periodista son su pluma y sus palabras. ¿Cree que se
pasó de la raya?
- Muchos
años antes de aquello, trabajé como periodista y
defendí mi país con la pluma y las palabras.
¿Acaso
me vieron cuando cubrí las masacres cometidas por
las fuerzas ocupantes en Ciudad Sadr? ¿Cuando filmé
un reportaje sobre mujeres violadas por los soldados
estadounidenses y asesinadas junto a sus familias?
Quería transmitir un mensaje al mundo, un mensaje de
paz. Ustedes no saben todo lo que pasa en Irak,
ignoran lo que el ejército estadounidense le hace a
mi gente.
- Bueno,
nos hicimos una idea cuando el 5 de abril vimos un
vídeo que muestra a un helicóptero estadounidense
disparando contra dos periodistas de Reuters y un
grupo de cviiles iraquíes. Una escena quizá muy
simbólica del modo de dirigir esta guerra por parte
de los estadounidenses. Pero después de todo, ¿cree
usted que de esta guerra puede haber surgido algo
positivo, por ejemplo la democracia, o haberse
liberado de Saddam Hussein?
- Todo
lo que Bush había dicho de esta guerra es mentira.
Créame, en Iraq no existe ni la democracia, ni los
derechos humanos. Piense, por ejemplo, en lo que
está ocurriendo ahora con las elecciones. Es como si
se torturase a un prisionero pero se le preguntase
con qué herramienta prefiere que se le torture. Es
así. Todos están cortados por el mismo patrón y
quieren repartirse la tarta entre ellos.
- Usted
gritó que esos zapatos iban por las viudas y los
huérfanos iraquíes. Ahora ha creado una fundación
para ayudar a las víctimas de la guerra. ¿Cómo está
tomando forma este proyecto?
- Para
ser sincero, cuando estaba en la cárcel, mucha gente
me prometió muchas cosas para mi fundación. Pero en
cuanto salí, nadie mantuvo sus promesas.
- La
prensa hablaba de regalos que supuestamente usted
había recibido, desde limusinas y lingotes de oro
hasta ofertas de trabajo. incluso vírgenes que se le
ofrecían como esposas. ¿Qué hizo con todos estos
regalos, y con las esposas?
- Es
todo mentira. Incluso la casa de la televisión al
Bagdadia, que iba a ser para mi fundación, me la
quitaron por las presiones que sufrían, y no
mantuvieron sus promesas.
-
Tirando sus zapatos se ha hecho famoso, se ha
convertido en todo un héroe para el mundo árabe,
¿cómo lo lleva?
- Mi
gesto no sólo alegró en el mundo árabe, sino en
todos los rincones de Europa. En todo el mundo hubo
gente que se echó a la calle cuando me liberaron.
- Ahora,
usted es una figura tremendamente simbólica.
Representa la libertad, para muchos en el mundo
árabe. ¿Cree que alguien le está utilizando?
- Sin
duda. Muchos se esconden detrás de ese símbolo. Y
muchos me han hecho propuestas y han tratado de
sobornarme.
- ¿Y
ahora qué va a hacer, se le recordará siempre
simplemente como el tipo que tiró sus zapatos a
George Bush?
- No
quiero que la gente recuerde a Muntazer al Zaidi
porque le tiré los zapatos a George Bush. No, para
nada. Yo no soy importante. Pero espero que se
recuerde siempre una cosa: que George Bush había
dicho que los iraquíes le iban a recibir con rosas.
Y en cambio, le recibieron a zapatazos.
LA
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