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El papel de Brasil en
lograr el acuerdo con Irán:
análisis del cientista político
Prof. Luís Moniz Bandeira
El
lunes 17 de mayo un hecho casi sin precedentes
sacudía las cancillerías y los gobiernos de todo el
mundo: una de las potencias emergentes lograba
modificar el curso de uno de los conflictos
internacionales más peligrosos de la actualidad.
Brasil con su presidente a la cabeza, Luis Inacio
Lula Da Silva, lograba que Irán accediera a un
acuerdo por el que este enviara la mayoría de su
uranio enriquecido a Turquía
a cambio de combustible nuclear.
El ministro francés de Relaciones Exteriores,
Bernard Kouchner, rindió homenaje a Brasil y Turquía
por el acuerdo con Irán, pero el gobierno de los
EE.UU. se mostró contradictorio, presentando junto
al Grupo 5+1 un proyecto de resolución en la ONU que
prevé nuevas sanciones contra Teherán. La ONDA
digital entrevistó al cientista político brasileño
Prof. Luís Moniz Bandeira, especialista en Estados
Unidos y en la política exterior de Brasil, sobre
los distintos elementos que están en juego tras
el acuerdo con Irán

- ¿Que significado tiene el acuerdo entre Irán,
Brasil y Turquía para la situación internacional?
¿Este acuerdo puede llegar ha evitar un nuevo
conflicto bélico, como el de Irak?
- Creo que la situación de Estados Unidos es muy
difícil, porque no les interesa ningún tipo de
acuerdo, aunque el presidente Barack Obama diga que
prefiere la vía diplomática, por medio de
negociaciones con Irán. La escuadra de Estados
Unidos, en el Golfo Pérsico, aunque está armada con
misiles nucleares, no está en condiciones de
usarlos. Bombardear las usinas atómicas que dicen
que existen en Irán es muy difícil. Si existen,
están dentro de las montañas, en las cavernas, y los
satélites no pueden ubicarlas. Además, trabar una
guerra en Irán, sería otro desastre y mayor aún que
en Irak y Afganistán. Los Estados Unidos tienen
tropas en todas las regiones del mundo, pero sus
Fuerzas Armadas están agotadas y enfrentan
dificultades para reclutar soldados. Mientras tanto
los problemas - indisciplina, deserciones, ausencias
injustificadas - aumentan en las tropas que están en
Irak y Afganistán, cuya moral está cada vez más
baja.
Por otra parte, los recursos financieros de Estados
Unidos, con una deuda pública que no tienen como
pagar, están agotados. La crisis en el Medio
Oriente se agravaría al extremo. El precio del
petróleo se alzaría de tal forma que los Estados
Unidos y Europa no lo podrían soportar. Las
consecuencias económicas serían fatales para el
llamado Occidente, ya hundido en una profunda crisis
financiera, peor tal vez que la desencadenada por el
colapso de la Bolsa de Valores de Estados Unidos, en
1929.
Igualmente no creo que a Israel le interese llegar a
un conflicto armado con Irán. La enorme asimetría
demográfica y geográfica puede ser decisiva. Irán,
como he dicho, tiene más de 66 millones de
habitantes y un territorio con más de 1,5 millón de
kilómetros cuadrados. No está desarmado, como Irak.
Irán posee armamentos, misiles que, aunque sin
artefactos nucleares, pueden devastar a Israel y las
bases de Estados Unidos en Irak y Afganistán, donde
se encuentran casi 250 mil soldados, fuera de los
enviados por otros países de la OTAN. Por su parte,
Israel, es militarmente mucho más fuerte que Irán,
porque tiene armas nucleares, pero es un país muy
pequeño, con cerca de 7,2 millones, que ocupan un
área de alrededor de 22.000 kilómetros cuadrados.
Una franja de tierra que algunos cohetes con bombas,
no necesariamente nucleares, pueden borrar del mapa.
Esos datos son muy importantes para la evaluación de
lo que puede ocurrir en el Oriente Medio.
- Poco después Estados Unidos celebró el paso
positivo alcanzado, pero indicó que mantiene sus
planes de sanciones sobre Irán. ¿Porqué EE.UU.
insiste en la vía de confrontación total para
solucionar este conflicto con Irán?
- El problema es mucho más complejo de lo que se
imagina. Es económico, político y geopolítico. La
cuestión del enriquecimiento del uranio es un simple
pretexto. El objetivo de los Estados Unidos y de las
potencias que los apoyan es estrangular
económicamente a Irán y derrocar al presidente
Mahmoud
Ahmadinejad, por medio de duras
sanciones, para someter el país a su dominio.
El desarrollo de Irán, como potencia económica y
política en el Medio Oriente, no les conviene, como
no le conviene a Israel y, tampoco, a Arabia
Saudita. Y ahí el factor religioso se torna también
político, incluso para los Estados Unidos, que
derrocaron a Saddam Hussein, un sunita, y
posibilitaron la asunción al poder de los chiítas,
de la misma corriente islámica que los gobernantes
de Irán y que son la mayoría de la población en
Irak.
El temor en los Estados Unidos, el cual comparte con
Arabia Saudita, es que Irak, económicamente
fragilizado por la guerra y bajo el dominio del los
chiítas, quede en la órbita de Irán, tras la
retirada de sus tropas. Eso parece inevitable. E
Irán e Irak juntos, además de controlar las dos
grandes reservas de petróleo del Golfo Pérsico,
serían una enorme fuerza chiíta que podría influir
sobre las minorías chiítas existentes en el Líbano y
en otros países árabes. Los chiítas y sunitas son
dos ramas del islamismo, rivales e inconciliables.
Estas son algunas de las razones por las cuales los
Estados Unidos insisten en las sanciones. Pero, como
dije, no es viable una guerra. La amenaza que Irán
podría representar si enriqueciera uranio es
retórica. Hay una guerra psicológica que los Estados
Unidos promueven, para mantener un clima de temor y
así justificar la producción de armamentos por parte
de su industria bélica. Y esa industria bélica
factura millones de millones de dólares, vendiendo
al Pentágono, con sobreprecio e indudablemente
pagando voluminosas comisiones a los intermediarios
del negocio, políticos, militares y miembros del
gobierno y del Congreso, que hacen o aprueban el
presupuesto del Pentágono, anualmente, para la
encomienda y compra de armamentos.
El gobierno de Estados Unidos, así, sustenta la
industria bélica, de la cual depende hace muchos
años la economía del país. Y ahí los intereses de
las grandes corporaciones se confunden con los
intereses de los militares y políticos, que ganan
comisiones, propinas y contribuciones para la
campaña electoral, y determinan las políticas del
gobierno, ya sea si el presidente es del Partido
Republicano o del Partido Demócrata. La corrupción
es intrínseca al complejo industrial-militar, contra
el cual el presidente Dwight Eisenhower había
advertido, cuando dejó el gobierno en enero de 1961.
- De acuerdo a la política norteamericana, ahora
Obama tiene dos problemas: Irán y el creciente papel
de Brasil en el ámbito internacional. ¿Este papel de
Brasil puede traerle una confrontación directa con
los EEUU?
-
No es la primera vez que la política exterior de
Brasil se confronta directamente con los intereses
de Estados Unidos. En la primera mitad de los años
1960, Brasil se opuso a las sanciones contra Cuba,
en la OEA, donde impidió que los Estados Unidos
consiguieran aprobar la intervención armada para
derrocar al régimen revolucionario de Fidel Castro.
Durante al régimen, después del golpe de 1964, los
gobiernos militares tuvieron varias divergencias
comerciales y políticas con los Estados Unidos. La
confrontación fue muy profunda, cuando el presidente
Ernesto Geisel (1974-1989) reconoció a los gobiernos
revolucionarios de Angola y Mozambique, firmó el
Acuerdo Nuclear con Alemania (1976) y denunció el
Acuerdo Militar con los Estados Unidos (1977). Y es
bueno no olvidar que los esfuerzos de los Estados
Unidos para imponer el proyecto de implantación del
ALCA fracasaron debido, sobre todo, a la oposición
de Brasil, que contó con el respaldo de Argentina.
Esas contradicciones son normales, una consecuencia
de la emergencia de Brasil como potencia industrial
y que se puede considerar, actualmente, como una
potencia política con influencia global. Pero los
dos países - Estados Unidos y Brasil - tienen que
mantener buenas relaciones, relaciones maduras, a
pesar de las contradicciones y divergencias, y
cooperando en los puntos donde sus intereses
coinciden.
- En los EE.UU. parece haber dos enfoques distintos
sobre este tema, el del presidente Obama que dice
que es ?un paso positivo? y el de la secretaria
Hillary Clinton, quien se mostró escéptica sobre la
gestión de Lula. ¿Qué esta pasando en los EE.UU. con
relación a este tema?
-
El presidente Barack Obama no tiene el control del
Estado americano, ni siquiera de su gobierno, donde
hay muchas discrepancias y contradicciones. Hasta
hoy él no cambió esencialmente la política exterior
del presidente George W. Bush. Intensificó el envío
de tropas hacia Afganistán y, a un año de su
administración, ya murieron más soldados americanos
- cerca de 1.000 - más que en los ochos años de
guerra, desde que empezó en 2001.
Dentro de su gobierno, hay corrientes más moderadas,
otras belicistas y éstas, de cierto modo,
predominan. Tan cierto es esto que el presidente
Barack Obama tuvo que aceptar el golpe de Estado en
Honduras. Su tendencia personal es distinta a la
Hillary Clinton, aunque pertenezcan al mismo Partido
Demócrata. Ella tiene otros intereses electorales,
quiere agradar al lobby judaico, cuyo poder es
inmenso, y anunció que tenía un proyecto de
sanciones listo para lograr un efecto de propaganda
y mermar el impacto del éxito diplomático de Brasil
y Turquía, que dejó a los Estados Unidos en una
situación muy embarazosa, muy difícil.
Lo que Brasil y Turquía consiguieron fue que Irán
aceptara, con una pequeña modificación, la propuesta
hecha por los Estados Unidos hace ocho meses. Fue el
resultado de un notable trabajo diplomático. Pero
ahora Hillary Clinton alega que Irán no inspira
confianza. ¿Y los Estados Unidos? ¿Tienen alguna
credibilidad? ¿Inspiran confianza? Ninguna. Es
bueno recordar en momentos como este, las
informaciones falsas para justificar la invasión de
Irak.
El presidente George W. Bush y Collin Powel, su
secretario de Estado, decían que Saddam Hussein
poseía armas de destrucción masiva. Y estas no
existían. El alegato fue un simple pretexto para la
invasión y derrocar a Saddam Hussein. Los Estados
Unidos solamente hicieron la guerra porque sabían
que Irak estaba desarmado. ¿Y ahora quién puede
creer en lo que dicen sobre Irán? La realidad, y eso
la historia lo comprueba, es que son los Estados
Unidos que no tienen credibilidad y no inspiran
confianza. Hasta el día de hoy, no cumplieron con el
Tratado de No-Proliferación Nuclear (TNP),
manteniendo sus arsenales atómicos.
- Algunos analistas dicen que Brasil, con estas
gestiones ante Irán, quiere quitarle protagonismo al
presidente de Venezuela Hugo Chávez que mantiene una
buena relación con el presidente iraní. ¿En qué
medida la gestión del presidente Lula, tiene que ver
con la relación Venezuela Irán?.
- Es una estupidez lo que dicen tales analistas. Son
ignorantes. El protagonismo del presidente Hugo
Chávez no le molesta a Brasil, que desarrolla una
política externa según sus intereses nacionales.
Desde por lo menos 1986, domina el ciclo tecnológico
completo del enriquecimiento del uranio, por medio
de la ultra-centrifugación, una tecnología que pocos
países dominan. Eso le permitiría producir la bomba
atómica, si quisiera.
La planta de las Industrias Nucleares de
Brasil (INB) funciona en Resende, al sur del Estado
de Río de Janeiro. Y con la consolidación de la
producción de uranio enriquecido, Brasil ahorrará
anualmente cerca de US$ 100 millones con las
importaciones para abastecer las usinas atómicas
Angra 1 y 2. Ese gasto terminará antes de 2014,
cuando la INB alcance la capacidad de atender la
demanda de todo el parque nuclear de Brasil,
incluyendo Angra 3 y las otras que serán construidas
hasta 2030.
Hace pocos años, ya bajo el gobierno del presidente
Lula da Silva, Brasil resistió a los intentos de
Estados Unidos para que se sometiera a sus
instalaciones nucleares a inspecciones amplias con
intrusión de la AIEA, sin aviso previo etc. El hecho
es que Brasil ha desarrollado ultra-centrífugas, que
hacen cerca de 20.000 rotaciones por segundo para el
enriquecimiento de uranio. Estas son consideradas
las mas modernas que existen en el mundo. Y a los
Estados Unidos y a las otras potencias nucleares,
que no permiten inspecciones en sus plantas
nucleares, les interesa conocer los secretos de las
ultra-centrífugas de Brasil. El objetivo es
espionaje. Brasil no permitió este tipo de
inspecciones y alcanzó un acuerdo con la AIEA. Ahora
los Estados Unidos y las otras potencias presionan
para que Brasil firme un Protocolo Adicional al TNP
para abrir las puertas de su planta nuclear y
permitir amplias inspecciones por la AIEA.
El propósito es el mismo: espionaje. Brasil no
firmará ese Protocolo Adicional al TNP. Está en
contra de sus intereses nacionales. Y ahí también
está confrontando con los Estados Unidos. Pero, la
diferencia con otros países, es que Brasil
desarrolla su política exterior, con actitudes y
acciones concretas y no con retórica agresiva,
radical. No la desarrolla mirando a otro país y
mucho menos disputa un liderazgo con Venezuela, cuya
integración al Mercosur es un objetivo estratégico
de su política exterior. Por otro lado, Venezuela,
ahora, no es miembro rotativo del Consejo de
Seguridad de la ONU. Y, aunque lo fuera, no tiene el
suficiente peso económico y político internacional
para intermediar en un conflicto como el que ocurre
entre los Estados Unidos e Irán. Y, aunque tenga
buenas relaciones con el presidente Mahmoud
Ahmadinejad,
el presidente Hugo Chávez
no tiene influencia y condiciones de diálogo con
ninguna potencia europea, mucho menos con los
Estados Unidos. Varias de sus
iniciativas erráticas, explotadas por los medios de
comunicación, le crearon un enorme rechazo en el
exterior. Incluso los que lo apoyan también le hacen
severas críticas en este sentido. Su protagonismo,
hoy, está limitado a los sectores más radicales de
la izquierda en América Latina.
LA
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