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El Uruguay que
no hay que perder
por Raúl
Legnani
No por
querer parecerme al Pepe, he tenido en los últimos
días algunos problemas con el sueño, seguramente
preocupado por temas que son sólo de mi interés.
En una
de esas mañanas cuando aún el sol está oculto,
comencé a vivir una escena interesante. Había un
grupo de personas que estaban almorzando en un
restaurante de Washington, donde uno de ellos estaba
preocupado sobre por qué su país había faltado a las
Olimpíadas de Moscú de 1980.
Las
opiniones fueron y vinieron y como son siempre esas
conversaciones, se dijeron muchas cosas, por lo
general contradictorias y sin ningún rigor
histórico.
El
inquieto profesor de Historia insistió sobre el tema
y preguntó a quien podría dirigirse para aclarar su
duda y tener así una opinión más completa y apegada
a la realidad. "Andá y preguntale a (Bill) Clinton",
dijo uno de los participantes del almuerzo, lo que
provocó un silencio total.
La
verdad que ninguno de los comensales tenía la más
mínima idea de cómo contactarse con Clinton. Incluso
había unanimidad de que eso era una tarea imposible.
¿Cómo a alguien de a pie se le podía ocurrir llamar
por teléfono a un ex presidente, para molestarlo con
una pregunta que no tenía ninguna significación y
mucho menos trascendencia.
El
asunto no tuvo un final, porque el sueño se
interrumpió.
La
versión uruguaya
Lo que
sigue ahora no es un sueño, sino que pasó en un bar
de Montevideo, sobre las 13 y 30 horas del viernes
pasado. Un grupo de amigos se encontró en el Bar Las
Flores de Bulevar Artigas. Habían tres periodistas,
uno de ellos ex profesor de Historia, un desocupado
del gobierno de Tabaré Vázquez y un empresario
financiero.
Como
todos los días que se encuentran, el tema
predominante fue la política, aunque todos juraron
que de aquí en más el tema prioritario será el
mundial de Sudáfrica.
El Profe,
siendo sensible al reclamo futbolero, dijo que había
escuchado por primera vez que Uruguay no había ido
al mundial de fútbol de Italia (1934) por razones
políticas, dado que el fascismo dominaba a ese país.
Esta tesis, por cierto, no le cerraba en tanto en
nuestro país gobernaba la dictadura de Terra, quien
era admirador de Mussolini y de Hitler.
¿Con
quién puedo consultar esto? fue una pregunta que
tuvo que repetir tres veces, porque nadie le dio
pelota, hasta que uno de los periodistas le dijo: "Llamá
a Julio María Sanguinetti o a Martha Canessa, su
esposa, que seguramente saben algo".
A
diferencia del sueño que tenía como escenario un
restaurante de Washington, nadie se vio sorprendido
por esa atrevida sugerencia. "No es mala idea", dijo
otro.
La
política volvió a adueñarse de aquella mesa y la
duda sobre nuestras razones para no ir a Italia, fue
olvidada por todos, menos por el Profe.
La
reunión se disolvió, el Profe se fue para su casa,
con una idea fija: "¿Por qué no fuimos a Italia?".
Ya sobre la tarde, cuando el sol comienza a
esconderse no se contuvo y llamó a la casa de
Sanguinetti, con quien había conversado hace unos
meses cuando estaba escribiendo un libro, que ya
salió y se puso a la venta, sobre el dirigente
obrero comunista Enrique Pastorino.
Primero
habló con un secretario y quince segundos después
con el doctor Sanguinetti, quien dijo que no
dominaba el tema y mostró interés sobre el asunto.
No faltó que le saliera su veta futbolera: "Si
hubiéramos ido, capaz que teníamos otra copa
mundial", fue su comentario.
Recordó
que el presidente de AUF era una señor de apellido
Jude, identificado con Terra, por lo cual la tesis
de que la ausencia de la Celeste en Italia había
sido por razones políticas, no cerraba.
Igual
Sanguinetti y el Profe estuvieron hablando casi 20
minutos y no sólo sobre fútbol: también hablaron de
los comunistas, de los comunistas chapa 15, de los "batllistas
neto", terminología que utilizó el ex presidente, y
de los anarquistas.
Esto,
por cierto, no fue un sueño. Me lo contó el Profe,
que con la Historia no juega.
Somos
otra cosa
Lo
ocurrido viene a cuento, porque soy de los que se
indignan con quienes se la agarran con el paisito,
cuando algo les sale mal en la vida.
Creo que
vale la pena detenerse en la anécdota. ¿En qué país
se le ocurre a un tipo que hay que llamar a un ex
presidente (dos veces) para saldar una duda surgida
en un boliche? ¿En qué país un ex presidente tiene
su teléfono a disposición de la gente? ¿En qué país
un ex presidente le dedica 20 minutos a un ciudadano
para hablar de fútbol y de ciertos vínculos de éste
con la política?
Lo que
pasó y no pasa en otros lados, habla bien de los
uruguayos, donde el adversario no es el enemigo,
donde la Nación descansa en estos pequeños grandes
gestos. Que así siga siendo.
LA
ONDA®
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