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El Mundial de Sudáfrica un
caro sueño de la Humanidad
por Víctor Hugo Morales
El próximo 11 de junio se inaugura el
Mundial en Sudáfrica la inauguración será en
Johannesburgo, la final también será en esa ciudad
el 11 de julio.
Millones de personas estarán
pediendiente de lo que allí suceda, pero este país
que hoy le toca ser la sede de una de las fiestas
más importante del deporte mundial, fue durante
muchos años el lugar de uno de los dramas
del siglo XX, el apartheid
Que
allí se dispute un evento que ocupará la atención
del mundo entero es el mejor final de una historia
que supo conmovernos en otro tiempo por razones
absolutamente diferentes.
Quienes crecimos con
el dolor que significaba el apartheid no podemos
menos que asombrarnos del cambio que trajeron los
tiempos a la tierra de Nelson Mandela. Quiera
Dios que el veterano luchador, uno de los más
formidables de la historia, esté allí el día de la
inauguración.
Cada Mundial trae
reminiscencias de los anteriores. Hay una nostalgia
inevitable que surge en los países que aman el
fútbol, y la trascendencia que le dan al
acontecimiento contrasta con lo efímero que resulta
cada vez. No hay días más grises que aquellos en los
que las grandes fiestas se terminan. Cuatro años
esperando, especulando, compitiendo para llegar a la
gran instancia y luego, en apenas un mes, todo es
recuerdo.
Un recuerdo que
vuelve ante cada Mundial. Y en esa mirada hacia el
pasado cada periodista o aficionado tiene sus
preferencias. Para quien escribe, su primer recuerdo
es de 1954; y la radio es la protagonista. Una
difusa fotografía del escritorio de la maestra, y
los alumnos rodeando un receptor en el que sonaba la
voz de Solé describiendo el partido de Uruguay
contra Hungría.
Luego el de Suecia,
en el 58, lejano y brasileño, casi exótico y con «el
dolor de ya no ser» que se percibía en Uruguay ocho
años después de ganarla copa y a cuatro, tan sólo,
de haberla perdido dignamente. Una derrota todavía
inexplicable ante Paraguay nos había dejado afuera.
La atracción de un
Mundial está muy relacionada con el país anfitrión.
Aunque futbolísticamente el más mediocre de cuantos
se hayan disputado sea el de 1990 en Italia, aquel
junio-julio fue la más perfecta conjunción de fútbol
y cultura. Ningún país anfitrión puede ofrecer lo
que Italia, con sus cortas distancias, la belleza de
sus ciudades, la cercanía del mar y la montaña, la
importancia cultural de su maravillosa historia y su
pasión por el fútbol. También Francia suscita un muy
buen recuerdo, y asimismo Alemania, el más reciente,
tanto como México y España, nos llenan de nostálgica
emoción.
Cuando los
organizadores fueron los Estados Unidos, la falta de
interés de la población angosajona por el fútbol
determinó que el Mundial tuviera un público
mayormente latino, y posiblemente eso haya afectado
profundamente el resultado.
Debe ser difícil
encontrar aficionados que sientan melancolía por
aquellos días de otro campeonato que además resultó
cansador, también ante la escasez de calidad. Prueba
de que lo cultural va de la mano con el torneo y su
trascendencia es lo opaco del recuerdo que proyecta
el de 2002, cuando los organizadores fueron Japón y
Corea.
Sudáfrica convoca
desde la curiosidad. Para la mayoría será una grata
sorpresa la belleza de sus ciudades,
particularmente Ciudad del Cabo, y de una manera más
íntima. Pretoria, la oportunidad turística de
conocer la aventura de la selva tan próxima, el
contacto con la tierra de Coetzee, el gran escritor
que desmenuza de manera genial aquellos oprobios de
antaño. Habrá pasión porque aman el fútbol.
Falta saber si los
favoritos de siempre dejarán su lugar en lo más alto
del podio a un país africano —lo cual no es
imposible—, y si, cualquiera sea el resultado, el
balance será más positivo en calidad de fútbol de lo
que ha resultado de los últimos torneos. Suele
ocurrir que la gran expectativa que genera la
llegada de otro Mundial no se vea correspondida con
la calidad del juego.
Quizás África, más
amateur, más natural, más ingenua, nos provea de lo
que casi siempre escasea: un fútbol que justifique
la nombradía de sus actores e influya en la
superación de un juego que cuanto más mediático se
torna, más se aparta de su en su esencia.
Fuente: Libro del Banco de Seguros
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