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Obama reafirma uso de armas
nucleares y reniega del TNP
por
Durval de Noronha Goyos
El presidente de los
Estados Unidos de América (EE.UU), Barack Obama,
anunció a comienzos de abril de 2010, su doctrina de
uso de armas nucleares, en la que mantiene,
básicamente, las mismas directrices establecidas
desde fines de la década del 60, durante el mandato
del presidente Richard M. Nixon, de triste memoria.
De hecho, Obama reafirmó que “el papel principal de
las armas nucleares americanas, que perdurará
mientras existan dichos ingenios, es el de disuadir
un ataque nuclear contra los EE.UU., sus aliados y
sus socios”.
La política enunciada
por el actual presidente de los EE.UU. representa
una flagrante alerta sobre la caducidad de las
normas del Tratado de No Proliferación Nuclear
(TNP), de 1968 y que entró en vigencia en 1970,
contando hoy con 189 partes signatarias.
Como es sabido, el
TNP es un tratado desigual, aunque estructurado en
el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), pues divide a las partes signatarias en los
estados nucleares, que pueden tener las bombas
atómicas, y aquellos no nucleares, a quienes les
está vedado el respectivo acceso.
El TNP tiene por
objeto, por un lado, eliminar la carrera
armamentista y limitar la proliferación nuclear al
mismo tiempo en que, por el otro, permitir y
posibilitar el uso pacífico de la energía atómica.
Un organismo multilateral, la Agencia Internacional
de Energía Atómica (IAEA) fue creada para monitorear
este tema.
Incluso, el artículo
VI del TNP estableció como su objetivo final el fin
de la carrera nuclear, a corto plazo, así como el
desarme nuclear absoluto. Muchos países, inclusive
Brasil, adhirieron a los términos del TNP de buena
fe, en 1998, con el objetivo de contribuir hacia el
proceso global de desarme nuclear generalizado.
La buena fe brasileña
fue, en la mejor de las hipótesis, un tanto como
desprevenida, pues en aquel momento, ya
transcurridos 30 años de la fecha de la firma del
TNP se sabía, con lujo de detalles, no sólo del
carácter desigual del tratado, de su aplicación
idiosincrática, de la manipulación de la IAEA por
parte de los estados nucleares, así como de su
caducidad, por la pérdida absoluta del propósito
enunciado.
Tal es la situación,
después de más de medio siglo de la fecha de la
firma del TNP. Eso porque los estados nucleares se
mostraron profundamente desinteresados en promover
el propio desarme nuclear, como forma de mantener su
hegemonía militar y política. Esta realidad fue
reafirmada por el presidente Obama en el enunciado
de su posición nuclear, según lo señalado
anteriormente.
Es más, el mundo se
volvió cada vez más dependiente de la energía
nuclear, hoy por hoy, la más limpia y compatible con
el combate al efecto invernadero.
Con el crecimiento
económico mundial y la proporcional necesidad de
fuentes energéticas, las tecnologías nucleares se
vuelven más importantes. El oligopolio de dichas
tecnologías, en tal situación, trae igualmente
enormes ventajas competitivas y económicas para los
agentes de los estados nucleares.
El TNP es, así, un
brutal instrumento del imperialismo político,
militar y económico, que se plantea absolutamente
anacrónico en el mundo de hoy. Corresponde su
profunda e inmediata revisión, de tal forma que se
torne un instrumento tanto equitativo como eficaz en
la promoción de la paz generalizada y del
conocimiento, con fines a la promoción de la
prosperidad humana.
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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