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Los grandes museos funcionan
hoy, como poderosas
multinacionales del arte
por Elena
Vozmediano
Los grandes museos funcionan hoy como
poderosas multinacionales del arte que compiten en
el mercado global. Podemos pensar, de entrada, que
sus webs no son comerciales pero eso no es del todo
cierto. Este artículo aborda los cambios que se
están produciendo en los mecanismos de creación y
distribución del arte, como consecuencia del uso
creciente de Internet por los museos y centros de
arte, los propios creadores y los críticos de arte
Las
visitas virtuales, la capacidad de reproducción de
la tecnología digital –sin precedentes por su
versatilidad, inmediatez y alcance y las redes
sociales están modificando, aunque aún se ignora
hasta qué punto, la relación del público con el
arte, pertenezca éste al patrimonio histórico o a la
creación contemporánea.
Estos cambios se
advierten ya en ámbitos como el potencial educativo
de los museos virtuales, en el intercambio,
innovación y
difusión de
conocimientos especializados, en el rendimiento
económico de los derechos sobre la obra de arte y en
su comercialización, e incluso en las posibilidades
que abre Internet a la difusión internacional del
arte.
La adaptación a estos
cambios requiere un gran esfuerzo de los distintos
agentes que intervienen en el mundo del arte,
incluidos los
responsables de la
proyección cultural exterior.
Internet ha tenido un
impacto sin precedentes en la conservación,
exhibición y difusión social de las artes plásticas
y, por tanto, una enorme repercusión en la
proyección internacional de la cultura.
A pesar de que hay un
público cada vez más amplio y entusiasta para el
arte contemporáneo, el contacto con las obras y los
artistas del presente sigue siendo minoritario.
Son diversas las
razones que podrían explicar ese distanciamiento y
no es ésta la ocasión de abordarlas. Pero conviene,
para el asunto que tratamos, que nos refiramos a una
de ellas: la percepción por parte del ciudadano de
que se trata de una esfera elitista que le excluye
por definición.
Aunque los museos,
centros de arte y galerías comerciales son espacios
públicos de fácil acceso y asequibles para todas las
economías –los que no son gratuitos suelen ofrecer
entrada libre en determinados días u horarios– en
nuestro entorno cotidiano el arte brilla por su
ausencia. Es responsabilidad de todos los agentes
del arte actual dar un paso hacia el público.
Esto no significa que
se le deba eximir del esfuerzo de aprendizaje y de
una participación activa sino que es preciso hacer
todo lo posible para facilitar la divulgación y
fomentar el interés, llevando el
arte a la vida del
ciudadano. E Internet es hoy el espacio público más
cercano.
Internet como espacio
expositivo
Pronto asistiremos a
grandes cambios en los mecanismos de creación y,
sobre todo, de distribución del arte. Es una
revolución que apenas ha comenzado pero que ya nos
da muestras de lo que podrá llegar a conseguir.
Hace poco se ha
presentado un proyecto histórico: la edición
definitiva de la totalidad de las cartas de Vincent
Van Gogh. Se han fotografiado todas las conservadas,
se han transcrito, traducido a varios idiomas y se
han comentado.
Los seis tomos
resultantes tienen un precio de venta de 325 euros.
Pero si queremos convertirnos en especialistas en
las cartas del holandés no necesitamos comprarlos:
están publicadas, íntegras, con todos sus
facsímiles, en Internet (http://vangoghletters.org).
Es un magnífico ejemplo de lo que la red podría
brindarnos en materia de contenidos culturales.
Los archivos, las
colecciones de los museos, todo se está
digitalizando a marchas forzadas para estar
disponible en la web. Como suele ocurrir en el mundo
del consumo cultural, este vertido de contenidos
tiene una doble cara: es a la vez una herramienta
desinteresada de formación y una herramienta de
marketing.
Cuando el Museo del Prado presentó, en enero de
2009, el resultado de su colaboración
con Google Earth (http://www.google.es/intl/es/landing/
prado/) para acercarnos a algunos de sus cuadros más
conocidos no estaba en realidad haciendo nada
imposible de realizar sin la ayuda del “superbuscador”.
Google y el Museo del
Prado efectuaron una operación de cobranding
mediante la cual su llegada mutua al público
navegante se veía intensificada. Estas operaciones
de gran impacto mediático tienen a veces
motivaciones más complejas: el mismo buscador acaba
de subir a la red 14.000 imágenes de antigüedades
del Museo Nacional de Irak, “como apoyo al intento,
por parte de Estados Unidos, de atraer empresas
extranjeras a invertir en el país”. Es evidente que
la diplomacia cultural ya ha descubierto el espacio
virtual como campo de acción.
Los grandes museos funcionan
hoy como poderosas multinacionales del arte que
compiten en el mercado global. Podemos pensar, de
entrada, que sus webs no son comerciales pero eso no
es del todo cierto: venden entradas para sus
exitosas exposiciones, publicaciones y artículos de
la tienda, y alquilan espacios a las empresas para
celebración de eventos. Sin embargo, es cada vez más
frecuente encontrar webs de museos que permiten
hacer visitas virtuales a las salas y revisar, una a
una, todas las obras de la colección, como ocurre en
la del MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de
Castilla y León, León, http://musac.es/) o en la del
Artium (Vitoria, http://www.artium.org). Van
apareciendo folletos y hasta catálogos en formato
pdf y a veces se pueden descargar gratuitamente; en
algunas webs se pueden ver en vídeo conferencias y
simposios: la Fundación Juan March ha reunido un
apabullante archivo con todas las conferencias que
ha organizado desde 1975
http://www.march.es/
conferencias/anteriores/index.asp.
Hay, por supuesto,
información sobre la visita, las exposiciones, guías
didácticas, podcasts, notas de prensa y hasta
juegos. Es ya imparable la adhesión de los museos a
las redes sociales, con posibilidad de suscribirnos
a sus noticias, comentarlas, aportar contenidos,
participar en actividades diseñadas para la web
2.0...
Nunca podremos
sustituir la visita presencial, pero podemos ya
aprender y disfrutar mucho en determinados sitios
web de museos. Y es frecuente que se nos ofrezcan
más utilidades para el aprendizaje en la web que en
las propias salas del museo.
Es,
así, destacable la vocación didáctica de la web del
Thyssen, que ha dado además un paso adelante en la
interconexión con otros sitios museísticos a través
de
ArtMuse (http://www.museothyssen.org/app/ArtMuse/),
un
buscador que recorre 102 colecciones online.
Lo que se echa
todavía de menos en los sitios web de museos y
centros de arte son los proyectos creativos
concebidos expresamente para Internet.
Como excepción, el
MEIAC (Museo Extremeño e Iberoamericano de
Arte Contemporáneo,
Badajoz) desarrolla el programa NETescopio (http://netescopio.meiac.es/),
archivo online de obras de net art que remite a los
sitios de sus creadores y recupera algunas obras que
ya no están disponibles, organizándolas en
exposiciones online y, temporalmente, en las salas
del museo. También como experiencia
excepcional cabe
citar el sitio http://www.2008culturas.com, que era
a la vez una exposición online y un concurso abierto
que celebraba el Año del Diálogo Intercultural.
En este caso, la
iniciativa tenía un marcado componente político,
pero es un modelo que podría muy bien funcionar,
como complemento, en el ámbito privado o en el de
los museos, y no limitado al net art.
El valor económico de
las imágenes
El arte actual se
encarna, casi siempre, en imágenes. Hay también
obras textuales, sonoras, “performativas”... pero a
menudo se pueden distribuir mediante algún tipo de
documento gráfico.
El arte en la web, por tanto,
tiene un fortísimo componente icónico. En la
actualidad, su expansión se ve hasta cierto punto
frenada por la demanda de los artistas y, en su
nombre, de las sociedades de gestión, que reclaman
sus derechos de autor sobre la reproducción de las
obras. VEGAP especifica en una complicadísima lista
de tarifas-(http://www.vegap.es/ES/GestionDeDerechos/-
Como Obtener
Licencia/Tarifas) qué corresponde pagar por la
publicación de obras en una web. Como ejemplo, el
sitio de una organización sin ánimo de lucro y con
fines de carácter cultural y educativo que quiera
dar a conocer 200 obras tendría que pagar 2.268
euros al año; si tiene ese mismo carácter pero es
privada, con ánimo de lucro, 3.168. Si se tratara de
una página personal sin ánimo de lucro, tendría que
satisfacer 4.536 euros.
Si las obras son de
su colección o forman parte de exposiciones
organizadas por ella,
serían 1.128 euros para esa misma cantidad de
imágenes, que son pocas. Si, siendo de la colección,
se quisieran utilizar para fines promocionales la
suma ascendería a 11.688 euros.
Estamos hablando
siempre de usos no comerciales de las imágenes.
Es una situación que las instituciones culturales
perciben como un problema y que habrá que solucionar
mediante el diálogo y la negociación, pues la
utilización de las imágenes en la web presenta una
casuística inmensa en la que, con frecuencia, no se
puede hablar de un aprovechamiento comercial. Hoy es
ya perentorio, para
un artista, estar en
Internet. Y según están los presupuestos es difícil
esperar que se satisfagan siempre las tarifas que
fijan las entidades de gestión de derechos, con el
resultado de que esas instituciones han de vigilar
la cantidad de imágenes que incluyen en sus sitios
web. Ocurre, como se ha visto, que incluso si las
obras han sido adquiridas por el museo o centro no
pueden reproducirlas sin cumplir con esa obligación.
Lo que provoca
situaciones que rayan en el absurdo: la Fundación
Miró de Barcelona ha convocado, en Flickr, un
concurso de fotografía sobre la propia fundación que
prohíbe la aparición en las instantáneas de las
obras que atesora del artista. El MNCARS, por su
parte, no ha querido asumir el enorme coste de
reproducir el “Guernica” en sus tickets de entrada.
En los días en que
escribo este artículo se discute acaloradamente el
artículo de la Ley de Economía Sostenible que
permitiría suspender sitios web que ofrezcan la
descarga de contenidos culturales. Es una polémica
centrada en la música y el cine; el uso de las artes
plásticas en Internet es diferente.
Por lo que sé, no
existe todavía un sitio en el que puedan descargarse
imágenes de obras pictóricas, escultóricas,
fotográficas
o de cualquier otro
tipo, pero sí sitios para el visionado online,
mediante pago, de obras de “videoarte”.
En España tenemos Hamaca (http://www.hamacaonline.net),
que funciona mediante la adquisición de bonos: 5
euros por un día, 50 por un mes y 500 por un año. No
tengo constancia de que circulen masivamente por la
red vídeos artísticos –más que fragmentados y con
pésima calidad– al igual que lo hace el cine
comercial.
En realidad, la
inmensa mayoría de sitios que reproducen obras de
arte actual son museos, centros de arte, galerías,
revistas online
especializadas y
blogs.
En todos estos
contextos, el uso de las imágenes beneficia al
artista tanto como al emisor de la información. Pero
al mismo tiempo hay que tener en cuenta que los
artistas, hasta hace poco, no recibían ninguna
compensación económica cuando hacían una exposición
en un museo o centro, que la mayoría de ellos
encuentra muy difícil sobrevivir en el mercado del
arte y que lo que perciben en concepto de derechos
les ayuda a seguir adelante con su actividad. Ante
esta situación de intereses encontrados, habrá que
buscar términos medios y acuerdos más amplios de
colaboración que faciliten a la vez la promoción de
los artistas, la labor cultural y educativa de las
instituciones y la viabilidad económica del trabajo
creativo.
El pago de los
derechos es sólo una de las causas de que la
creación y el mantenimiento de un sitio web sea
caro. Equipo tecnológico y humano, diseño y aporte
de contenidos son capítulos igualmente onerosos,
particularmente en las webs más sofisticadas y
completas.
Un buen blog puede
ser una herramienta suficiente para un pequeño
centro de arte, pero los grandes museos y las
galerías potentes quieren lo mejor, lo último. En
algún caso estamos viendo que el patrocinio que
reciben los museos se extiende a sus webs. Es el
caso de la del Musée d’Orsay (París) financiada por
la empresa Daikin France.
En la del Museo del
Prado aparece el logo de Telefónica, que aportó nada
menos que 3 millones de euros para su puesta en
marcha. Es probable que esta forma de patrocinio
centrada en la web se haga más frecuente, por dos
razones: los museos y centros públicos buscan cada
vez más las aportaciones privadas para áreas y
actividades concretas y, para una empresa, la
portada de una web tiene tanta visibilidad como la
fachada de la sede del museo (o más).
Televisión y prensa
especializada: intercambio y transmisión del
conocimiento artístico en Internet Otro de los
universos a los que Internet nos da paso es el de la
televisión sobre arte. Ya sabemos que los canales
públicos y comerciales han dejado casi completamente
de lado los contenidos artísticos y que en los de
pago o los temáticos digitales tampoco encontramos
muchos programas serios.
A medida que más
hogares cuentan con banda ancha y que se hace más
fácil subir vídeos con una calidad aceptable
aparecen sitios tan
estupendos como ArtBabble (http://www.artbabble.org),
en el que es posible visionar reportajes sobre
exposiciones, entrevistas a artistas, visitas a
lugares para el arte... Ideado y mantenido por el
Indianapolis Museum of Art recoge materiales de
otras fuentes. Está patrocinado, por cierto,
por la Ball Brothers Foundation.
Algunos museos tienen sus
propios canales, como el Tate Channel (http://channel.
tate.org.uk) y
Saatchi Online TV & Magazine (http://www.
saatchi-gallery.co.uk).
También el Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que está
realizando un gran trabajo en la renovación de su
sitio web, ha aprovechado esta posibilidad y ofrece
ya los encuentros con artistas y los debates
organizados por su departamento de Programas
Públicos (http://www.museoreinasofia.es/archivo/encuentros.html);
lo
mismo hace el centro catalán de producción Hangar
(http://canal.hangar.org). Hay iniciativas públicas
muy interesantes como la del canal estadounidense
PBS (http:// www.pbs.org/art21/multimedia/index.html),
que difunde
en Internet su excelente programa Art
in the Twenty-
First Century, pero son más frecuentes las privadas,
con distintos niveles en cuanto a la cantidad y
calidad de contenidos.
Destacan, por ejemplo, el
canal francés dedicado al arte contemporáneo
http://www.creativtv.ne,
la visión personal del crítico neoyorquino Robert
Knafo en http://www.newarttv.com y el blog suizo, en
formato vídeo, http://vernissage.tv. En España, los
canales de televisión en Internet más ambiciosos no
están dedicados sólo al arte: son los de La Casa
Encendida (http://www.
lacasaencendida.es) y el Instituto Cervantes (http://www.
cervantestv.es).
Puede costar un poco encontrar
todas estas webs sin dedicar un tiempo a la
búsqueda, pero una vez localizadas proporcionan
muchas horas de contacto con las personas que hacen
el arte y los espacios en los que se produce. El
problema de la localización se puede paliar
inscribiendo los contenidos audiovisuales en las
plataformas más frecuentadas, como ha hecho el MUSAC
al publicar las entrevistas a artistas que ha
empezado a grabar en Youtube, y como Artium, que
tiene un canal en la misma plataforma (http://www.youtube.com/user/
artium02).
Los nuevos
ordenadores se venden ya con puerto HDMI, que
permite conectarlos fácilmente a televisores con
pantallas de alta definición. Pronto tendremos
muchos más contenidos audiovisuales sobre arte en la
web que podremos ver así en nuestros televisores. Y
es cuestión de tiempo que los artistas realicen
obras que se distribuyan de esta manera, no en las
galerías o los centros de arte.
Capítulo aparte
merecerían las muchísimas revistas online sobre arte
contemporáneo. La crítica de arte, en un momento en
que la prensa escrita lucha por la supervivencia, va
instalándose en Internet.
No sólo en revistas
sino también en blogs. Casi todas las publicaciones
en papel tienen sus contenidos en la red,
gratuitamente o a la venta, pero son muchas las que
se editan directamente en formato digital. Es un
terreno al que, en materia de arte contemporáneo, le
falta organización (o al menos yo no he encontrado
un sitio que ponga orden). Un ejemplo de lo que se
podría lograr si se hiciera el esfuerzo lo
encontramos en el portal francés http://revues.org,
que da entrada y facilita la búsqueda en 227
revistas, cahiers y boletines sobre ciencias humanas
y sociales de libre acceso. Desarrollado por el
Centre pour l’édition électronique ouverte (CLEO),
promueve la edición electrónica científica.
Tremendamente útil
para investigadores y para cualquier persona con
curiosidad y ganas de aprender sobre multitud de
temas. Al igual que ocurría con las imágenes, queda
por solucionar el asunto de la viabilidad económica
de la crítica en Internet, como, en general, de la
prensa online. Las licencias Creative Commons, que
permiten el uso no comercial de los textos, se van
extendiendo, pero quien quiera obtener algún
beneficio de blogs o webs para, entre otras cosas,
poder pagar a sus colaboradores y los derechos de
las imágenes que utilice, tendrá que recurrir a la
inclusión de publicidad o a la búsqueda de
patrocinadores. Al igual que VEGAP gestiona los
derechos de propiedad intelectual de los artistas,
CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) se
ocupa de los de los autores de los textos que son
socios de esta entidad.
Como su nombre
indica, ésta se creó para gravar las fotocopias, y
no parece que haya articulado bien todavía la
gestión de los textos en Internet. De hecho, su
libro de tarifas habla sólo de publicación en
intranet. Normalmente, son las grandes editoriales
las que se ocupan de vigilar que sus productos no se
distribuyan gratuitamente, así que si un texto no ha
sido publicado previamente en papel y en un medio o
editorial importante, es difícil que el autor pueda
hacer
algo para evitar que
sea reproducido.
Se pueden promover
las “buenas prácticas” en cuestión de derechos de
textos e imágenes, pero todo lo que se haga, dadas
las características del medio, será como querer
poner puertas al campo. Es relativamente fácil
conseguir que las webs institucionales cumplan con
la ley en este sentido, pero los infinitos sitios y
blogs son en la práctica incontrolables. Internet
está modificando el mundo
en todo el mundo a
través de la suscripción RSS a boletines
electrónicos que emiten las instituciones culturales
y galerías o empresas que, previo pago, difunden
noticias a una gran cantidad de abonados mediante
e-mail.
En España las más
conocidas son exitmail y w3art y, a nivel
internacional, la ineludible es e-flux. El segundo
es la venta de obras de arte a través de las webs de
las galerías. No es habitual que en la información
sobre las exposiciones se incluyan los precios, pero
no es raro que coleccionistas de otras ciudades o
países adquieran la obra por teléfono tras verla en
la web.
Es muy probable que
estas prácticas se extiendan con el tiempo.
Un portal de arte
español actual Hasta aquí he pasado revista a las
principales líneas de implantación del arte actual
en Internet, prestando especial atención a su
expresión más visible: los sitios web de museos y
centros de arte. Pero para profundizar la mirada
proyectiva y la inserción de los asuntos tratados en
las políticas culturales y en un contexto
internacional, es necesario que me refiera a la
principal carencia del arte español en el mundo en
red. Las políticas culturales y el desarrollo
económico del sector pasan hoy por este espacio
virtual, y es preciso “organizar” la presencia del
arte español en él.
Es uno de los
mecanismos de los que disponemos para intentar
recuperar las posiciones que hemos perdido en la
promoción internacional de nuestros creadores, pero
también es un esfuerzo que debemos realizar de cara
a los ciudadanos españoles, que pueden encontrar en
los sitios web puentes para acercarse a un
territorio que tiene tanto que ofrecerles.
Para hablar sobre la
exigencia de que el arte español se afiance en el
espacio social virtual hemos de considerar al menos
dos perspectivas: la de los profesionales –artistas,
galeristas, críticos, directores y conservadores de
museos y centros de arte, comisarios y gestores
culturales– y la de los espectadores, los
internautas. Los primeros necesitan promocionarse,
posicionar sus productos en el mercado
internacional, participar en las redes de debate,
compartir
información y, en el
caso de los museos y centros, atraer al visitante.
Los internautas
aprovechan todo ese esfuerzo de los agentes para
hacerse visibles: encuentran una enorme cantidad de
información visual y textual que, con excepciones,
está diseñada para que sea más o menos accesible
para el aficionado.
En España, y en
cualquier país con un tejido artístico profesional,
todos los museos, casi todas las galerías y una
elevada proporción de artistas, tienen sus propios
sitios web. ¿Qué nos falta, entonces?
En primer lugar,
organización, una guía.
Todos sabemos que
Internet es gigantesco y que crece sin límites
aparentes; los
buscadores nos ayudan pero no nos dan siempre lo que
buscamos. Nos puede llevar días, semanas o meses,
según la continuidad con la que buceemos en la red,
reunir toda la información que necesitamos sobre un
tema.
El Estado dedica una
considerable cantidad de fondos –aunque con cifras
que se sitúan por debajo de las de otros países
europeos– a la promoción internacional del arte
español, que no acaba de tener el deseado éxito.
Una de las razones de
este fracaso relativo es que no se ha dado hasta el
momento el paso para crear una agencia, una oficina
u otro tipo de organismo estatal que unifique las
iniciativas en este sentido. Frente a modelos como
los de FRAME (Finlandia), IASPIS (Suecia), SICA
(Países Bajos), IFA (Alemania), CulturesFrance
(Francia) y el British Council (Reino Unido), la
presencia del arte español en el exterior no cuenta
con una “marca” que la haga reconocible, que
la apoye y la dirija.
Tenemos el “Programa Arte Español para el Exterior”
de la Sociedad Estatal para la Acción Cultural
Exterior (SEACEX), la Dirección de Relaciones
Culturales y Científicas de la Agencia Estatal de
Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID),
el Instituto Cervantes, la Sociedad Española de
Exposiciones Internacionales (SEEI), la Dirección
General de Política e Industrias Culturales del
Ministerio de Cultura, el ICEX y los diferentes
departamentos autonómicos que prestan ayudas a los
artistas o empresas que se atreven con la aventura
internacional.
A pesar de que las
asociaciones profesionales han solicitado ante
diferentes instancias que se haga un esfuerzo de
coordinación, nada se ha concretado, salvo el
acuerdo para la acción cultural exterior
recientemente formalizado entre los Ministerios de
Cultura y de Asuntos Exteriores y Cooperación, del
que no se conocen aún los precisos términos.
Algunos de los
organismos citados se han preocupado por crear
sitios web en los que difunden sus actividades. Es
particularmente completo el del Instituto Cervantes,
pero sus actividades artísticas son muy modestas. La
SEACEX acaba de presentar una web renovada que, a
pesar de las grandes mejoras introducidas, no puede
pretender ser un escaparate internacional para el
arte español, pues sólo da cuenta de sus propias
exposiciones
y sus propios
programas.
Si la rigidez de las
estructuras administrativas y el momento de crisis
económica no permiten la rápida creación de una
oficia estatal para la promoción internacional del
arte español ¿por qué no empezar por
un portal? Ha sido
posible crear un portal para la danza, http://www.danza.es,
así que muy bien podría hacerse uno para las artes
plásticas. Claro que la danza ha contado con una
ventaja: las competencias sobre su protección
divulgación corresponden a un sólo organismo
estatal,el INAEM.
Como no tenemos un
Instituto Nacional de las Artes Plásticas, ni
siquiera un Consejo Nacional, y mucho menos una Ley
del Arte, ningún departamento gubernamental siente
que esta importante y –lo sabemos – ardua tarea sea
responsabilidad suya. La solución podría radicar en
un acuerdo interministerial que pueda ir en el
futuro más allá de un portal pero que empiece por
ahí. Sería una herramienta fundamental para los
diversos Centros Culturales de España en
Latinoamérica, las sedes del Instituto Cervantes y
las embajadas o consulados, que podrían recurrir a
ella a la hora de orientar a los interesados en el
arte español que acudieran a estos lugares con
intención de realizar alguna actividad de
intercambio o,
simplemente, para
conocer mejor nuestra creación. Pero, por encima de
esta utilidad institucional, proyectaría una imagen
fuerte y consolidada de las estructuras, los
profesionales, las actuaciones, las oportunidades
relacionadas con la plástica española.
Para llevar este
proyecto a cabo, se cuenta con la ventaja ya
mencionada de que casi todos los “recursos” que
deberían tener cabida en el portal tienen ya sus
propios sitios web. Se necesitaría simplemente
organizar todos esos enlaces, con comentarios
orientativos, y dar cohesión a la presentación del
medio con artículos de análisis, una buena agenda
por ciudades, una explicación clara del entramado
institucional y de las ayudas que cada organismo
puede ofrecer, una sección centralizada de
convocatorias abiertas e incluso una sección de
oferta de empleo. Recogería, además, las actividades
de artistas o comisarios en el exterior, y la
presencia española en eventos artísticos
internacionales.
Cuando se habla de la
posibilidad de un espacio de este tipo se suele
objetar que los organismos públicos no deberían
actuar como Estado debería hacer es poner los
medios económicos, técnicos y humanos para que se
pueda hacer el trabajo. Internet es por definición
un espacio de agregación, relacional y no
jerárquico, no autoritario, y un portal de arte
español tendría que respetar ese carácter.
Es fácil hacer los
listados de enlaces a museos y centros de arte, a
centros de recursos,
a publicaciones. Podría parecer más problemático
hacer los de galerías y, sobre todo, artistas.
Afortunadamente, el sector del arte ha experimentado
en los últimos años un gran avance en su
articulación.
Las asociaciones
profesionales, estatales o autonómicas, se han
consolidado y tienen sus sitios web. Como éstos
suelen incluir enlaces a los asociados que a su vez
han creado sus webs, y son muchos, la propia
pertenencia a una asociación garantizaría la
presencia en el portal.
Las integrantes de la
Unión de Asociaciones de Artistas Visuales (http://www.uaav.org),
el Instituto de Arte Contemporáneo (http://www.iac.org.es),
el Consorcio de Galerías Españolas de Arte
Contemporáneo (http:// consorciodegalerias.es), el
Consejo de Críticos de Artes Visuales (http://www.consejodecriticosav.org)
y la Asociación de Directores de Arte Contemporáneo
Conclusión
Algunos de los portales
estatales ya existentes no se limitan a las artes
plásticas sino que son portales culturales. Así, por
ejemplo, ocurre en el portal
http://www.culture.fr, que
promueve el Ministerio de Cultura francés. No
debería haber en ello inconveniente, en el
hipotético portal español, si dentro de él las
diferentes disciplinas creativas tuviesen una
“entrada” fácil y una estructura (o mapa web)
propia.
El sector requiere un
enfoque centrado en el arte mismo si han de tomarse
en serio los objetivos de acercar el arte al público
y de facilitar la difusión internacional del arte,
metas ambas para los que Internet ofrece un sinfín
de posibilidades aún no del todo exploradas.
Elena Vozmediano
Crítica de arte y presidenta del Instituto de Arte
Contemporáneo
Fuente; Real Instituto
Elcano
LA
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