|
Picasso en Buenos Aires
La mirada del deseo
por
Lourdes Moreno
(Curadora de la muestra)
Del 29 de mayo al 10 de setiembre el Museo de la
Universidad Nacional de Tres de Febrero (MUNTREF), y
la Fundación Pablo Ruiz Picasso-Casa Natal Málaga
(España), expondrán en Buenos Aires la muestra
Picasso: La mirada del deseo.
La muestra propone, a partir de una selección de más
de 60 obras sobre papel, un recorrido por diferentes
momentos de la producción del artista: desde el
cubismo con trabajos como Mademoiselle Léonie, de
1910, pasando por las miradas de Picasso sobre
iconografías clásicas de la historia del arte como
Salomé, de 1905; o en las variaciones sobre un tema
de Lucas Cranach, de 1949, o de Delacroix, de 1955;
más la posibilidad de seguir sus procesos creativos
en la extensa serie de 1945 Dos mujeres desnudas,
hasta trabajos de sus últimos años como Burdel.
Charlatanas con loro, Celestina
y retrato de Degas, de 1971.
La muestra estará acompañada por la publicación de
un libro catálogo editado por la UNTREF, que incluye
ensayos de especialistas españoles y argentinos:
Eugenio Carmona Mato, catedrático de la Universidad
de Málaga, curador-investigador y miembro del
patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía; Lola Jiménez Blanco, curadora y profesora de
la Universidad Complutense de Madrid; Isabel Plante,
investigadora del Conicet; Diana Wechsler y Lourdes
Moreno.
Lo que
sigue a continuación es un trabajo de la curadora de
la muestra, Lourdes Moreno, que a la vez es
directora
de la Fundación Pablo Ruiz Picasso
Surge
La mirada del deseo como un intento de
reflexión sobre el instinto creativo más primario de
Picasso. Un instinto que marca un ritmo constante y
permanente en su obra. Una obra dónde puede sentirse
la creación como forma de apropiación del objeto. El
apetito derivado en creación.
El
impulso plasmado en la obra. El afán de posesión
para obtener placer, subyugado, pero latente en la
creación. Y la obra como resultado que establece un
vínculo especial entre un objeto, pasivo, un sujeto,
activo y creador, y un espectador frecuentemente
sorprendido.
La obra
de arte en Picasso no es sólo el resultado del
deseo, sino que, generalmente, busca la conmoción.
Picasso pretende sacudir, remover y agitar;
persigue la revolución, la revuelta y el disturbio;
eso es la emoción a través del arte, nunca la
indiferencia. De ahí la
desproporción, el nuevo concepto de belleza,
la ruptura de la
perspectiva tradicional, la mirada hacia otras
formas de representación diferentes a las del arte
occidental. El siglo XX fue un momento muy especial
de la disonancia plástica, y muchos creadores lo
entendieron así: Arthur Rimbaud, Alred Jarry, James
Joyce o Igor Stravinsky.
Pero en
Picasso la disonancia confluye con el deseo y la
obra surge desde lo sensorial, pero unida
indisolublemente a la investigación plástica.
La
mirada del deseo está organizada en ocho capítulos
diferentes, con más de sesenta obras, a través de
las cuales aparecen representados distintos estilos
y lenguajes usuales en Picasso, cubismo, clasicismo,
surrealismo, junto a otros grabados con expresiones
de un cierto manierismo tardío.
El hilo
conductor es la representación del cuerpo humano y
sus posibilidades estéticas, la mayoría de las
veces, no podía ser de otra forma en Picasso, los
cuerpos femeninos son los protagonistas.
El
primer capítulo aparece con la representación de los
personajes mediante el lenguaje cubista y está
representado por cuatro obras. Dos de ellas están
vinculadas a la relación de Picasso con Max Jacob,
el poeta, amigo y generoso compañero de los primeros
años de especial dureza profesional y económica.
Ciertamente Jacob es el autor de los textos de dos
de los libros a los que pertenecen los grabados de
Mademoiselle Léonie y Mujer desnuda con guitarra,
esbelta la primera, ocupando verticalmente el
espacio y lasegunda unida a uno de los habituales
instrumentos de música durante el cubismo, ambas
están envueltas en el misterio que otorgan las
facetas y la disección de planos del cubismo
analítico y son unos de los escasos ejemplos de
grabado cubista.
Junto a
ellas, Homme couché et femme accroupie, de creación
mucho más tardía en el tiempo, que aporta dentro de
su manierismo estilístico, una simplicidad y
geometrización absoluta.
El
segundo apartado quiere profundizar en las
posibilidades de la creación como tal. Los cuerpos
creados representan el taller del escultor, la
relación de la modelo con el pintor, el creador y su
admiración por la musa y el resultado definitivo de
la obra de arte.
Es el
momento de la relación a triangular, peculiar menage
a troi entre el pintor, la modelo y la obra,
enmarcados por el espacio donde este fantástico
hecho ocurre. De esta forma ilustró Picasso la
fábula de Honoré de Balzac Le chef doeuvre inconnu,
ese magistral relato que hace referencia al ideal de
belleza, al conflicto interno en el que se mueve el
creador y la imposibilidad de plasmar un ideal en su
plenitud.
Los
cuerpos creados sitúan al espectador como un voyeur
en un juego de miradas múltiples, de vectores que se
cruzan en el espacio.
El
pintor mira a su obra y a su modelo y ésta aparece
en ocasiones ausente. Pero, además, hay un juego
sutil de la creación y aparece el cuadro dentro del
cuadro. El espectador es también partícipe en esa
relación creativa. Hay un intento de Picasso de
desentrañar el momento creativo en si, y al igual
que en el final de la novela de Balzac, la Obra
maestra desconocida finalmente se escapa, es
imposible captar ese momento mágico, es quimérico
cazar lo intangible y otorgarle una materia que no
le corresponde.
En
ocasiones el juego visual se duplica y aparece el
cuadro o
la
escena en la que se ha inspirado el pintor y,
también, el cuadro
finalizado; así ocurre con el Pintor y su modelo
(1930), todo ello
conviviendo en un mismo espacio que a su vez es
contemplado por ese voyeur ya convencido y entregado
que es el espectador.
La
mirada y el deseo caminan unidos, más que nunca, en
Los cuerpos observados, escenas donde el
desnudo, de nuevo femenino, es observado
con avidez y concupiscencia. Los cuerpos
observados han sido temática tradicional del arte
desde siempre, -Diana cazadora, sorprendida en el
bosque cuando intentaba llevar a cabo su íntimo
aseo, el rey David asomado a la muralla de su
palacio para contemplar el bello cuerpo de Betsabé,
o la casta Susana observada en su baño por los
ancianos-.
Son
temas que hacen referencia al deseo de la
mirada oculta, un deseo que no es
correspondido porque la otra parte está ajena
a dicha situación. En los cuerpos observados
pueden apreciarse dos situaciones distintas, la de
una mirada furtiva, oculta, de un ojo que ve sin ser
visto, y la de escenas en las que el individuo
abiertamente sabe que es motivo de esta mirada y
responde con auténtico impudor ante ello. Ambas
situaciones, pero especialmente la segunda, han sido
ironizadas por Picasso en las representaciones
ejecutadas en sus últimos años, donde los cuerpos y
las situaciones son especialmente grotescos,
incluido el de Venus, diosa amante.
Muchas
de estas escenas rozan la obscenidad con personajes
que actúan con descaro y desvergüenza, mostrándose
observados y disfrutando con ello, este hecho además
viene subrayado cuando ya no se trata de la mirada a
un solo cuerpo sino a un grupo de ellos.
El
Mediterráneo aportó a Picasso una forma de ser y de
estar en la vida, sobre todo, una forma de sentir,
porque en el mundo mediterráneo la vida es más un
deseo que un significado. El Mediterráneo aportó a
Picasso una formación y una temática. A través de su
padre y de sus visitas a los museos, como el Prado,
el joven pintor aprendió pronto cuales eran sus
referentes estilísticos, los maestros del pasado
como Velázquez y Goya, y la antigüedad clásica, a
través del aprendizaje de la copia de yesos de
esculturas.
La
belleza de los cuerpos de la etapa clásica de
Picasso ha hecho olvidar la ruptura del pintor con
el mundo tradicional. Picasso se divierte y juega
conjugando novedad con el pasado. De este momento
son bellos desnudos de cánones y proporciones
equilibradas, de línea fluida y las referencias a un
pasado inolvidable. Grecia y Roma se asoman en las
composiciones de estos grabados.
Puede
que la mujer fuera un enigma para Picasso y que
ávido de curiosidad intentara descifrar su
secreto con una pertinaz insistencia. De esta
forma casi legendaria, podríamos explicar la
presencia absoluta y dominante de este tema en su
obra. El eterno femenino abarca en Picasso tantas
sutilezas y variaciones que es además un tema con
muchos asuntos, la amante, la niña, la madre, la
hermana, la pasión, la belleza, el sexo, el deseo
La
mujer y sus mujeres, aprehendidas en el trazo de su
mano, fundidas en los colores de su paleta.
El
harén, tema de moda en el siglo XIX por su
exotismo, es también
recogido
por Picasso, primero de la mano de Delacroix y de
las paráfrasis y homenajes a otros pintores. El
harén es el momento de las confidencias femeninas en
espacios cerrados, donde la figura masculina suele
estar ausente.
Estas
confidencias, que también pueden convertirse en
un enfrentamiento es el asunto de la serie
dos mujeres desnudas, realizada entre 1945 y 1946,
donde Dora Maar y Françoise Gilot, pasado y
presente, aparecen enfrentadas en un espacio
cerrado, entre biombos y cortinas.
Las
series permiten a Picasso introducir cambios
formales y estilísticos en un mismo asunto, y tienen
la virtud de plasmar paso a paso el proceso
intelectual y creativo, tal y como el mismo
declaró, pero, además, las series tienen una
cadencia sensual, un ritmo persistente de bolero,
un compás que va penetrando paulatinamente,
persistentemente. De esta forma, las series son
letanías de apropiación, son maneras diferentes de
explicar el mismo asunto, pero también de poseerlo.
Y por
último, el capítulo dedicado a la propia biografía
del pintor donde sus mujeres se asoman a sus obras.
Sorprendentemente, todas ellas, esposas y amantes,
aceptaron el pago de convivir no sólo con el
genio sino de evolucionar desde la postura de
personajes anónimos para convertirse en
protagonistas de sus cuadros. Cruzaron la frontera
del anonimato para convertirse en historia.
Françoise Gilot, madre de sus hijos Claude y Paloma,
rostro de la mujer flor y la alegría de vivir,
protagonista de la serie, mujer sentada en un
sillón, y Jacqueline Roque, su última compañera, la
esfinge altiva y distinguida, que guardó celosamente
los últimos días del genio.
La
mirada del deseo pretende llevar ante el público
argentino una revisión sobre una de las pulsiones
más poderosas en Picasso, el deseo. El deseo que le
llevara a trabajar compulsivamente, intentando
apropiarse de la persona, del cuerpo femenino, del
objeto y de la belleza, y al mismo tiempo de la
destrucción de la misma, convirtiéndose Picasso en
síntesis y antítesis permanente de sí mismo.
1934
2010 - Picasso en Argentina
En 1905,
se presentó por primera vez la obra de Picasso en
Buenos Aires. Su imagen reapareció en sucesivas
exposiciones de pintura española realizadas en las
principales galerías de nuestra ciudad, pero fue en
1934 que la Galería Müller asumió el desafío de
traer una primera muestra antológica del artista con
obras de la colección del mismo Picasso más otras
procedentes de las principales colecciones europeas
y de las galerías que operaban con su obra como
Rosemberg, Wildenstein, Khanweiler. Más cerca en el
tiempo, se presentó la Suite Vollard y una
exposición de Tauromaquias. La singularidad de esta
muestra que presentará el MUNTREF con la Fundación
Pablo Ruiz Picasso de Málaga es que es la primera
exposición en nuestro país, después de la de 1934,
que presenta un repertorio vasto de trabajos que
permiten recuperar los diferentes momentos de la
obra de Picasso.
Dirección de la
Exposición de Picasso:
Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero
Valentín Gómez 4828, Caseros frente a estación
4759-3528/37/78 interno 115 -
museo@untref.edu.ar
LA
ONDA®
DIGITAL |
|