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25 de Mayo
de 1810
por
Gerardo Caetano
La
rivalidad entre los puertos de Montevideo y Buenos
Aires es tan antigua como la fundación de las
ciudades. Sin embargo, un hecho marcó el impulso del
movimiento revolucionario en el Río de la Plata que,
años más tarde, culminaría con las respectivas
declaraciones de independencia.
El 25 de
mayo de 1810, en Buenos Aires, fue depuesto el
Virrey Cisneros y se eligió una junta de gobierno
que declaró ilegítimas a las nuevas autoridades
peninsulares, ratificó su fidelidad a Fernando VII y
se erigió como representante del poder mientras el
soberano estuviera prisionero.
El
Cabildo Abierto fue celebrado el 22 de mayo en
Buenos Aires, a pesar de los esfuerzos de Cisneros
por impedirlo. A la medianoche, ciento sesenta votos
apoyaban la destitución del Virrey y sesenta y
cuatro se oponían. La moción triunfante designaba al
Cabildo como autoridad para designar una junta de
gobierno.
Los días
siguientes fueron de acuerdos, pactos y gran tensión
política. El 25 de mayo, tras arduas deliberaciones
se decidió la separación total del mando de
Cisneros, la instalación de la Junta y se instruyó
para que los cabildos de cada ciudad del interior
eligieran a sus representantes y los enviaran a la
capital “para establecer la forma de gobierno que se
considere más conveniente”.
Sobre
los Santos Evangelios, los miembros de la Junta
juraron “desempeñar legalmente el cargo, conservar
íntegra esta parte de América a nuestro Augusto
Soberano el Señor Don Fernando Séptimo y sus
legítimos sucesores y guardar puntualmente las Leyes
del Reino”.
En
Montevideo, durante el Cabildo Abierto celebrado el
1º de junio, se aceptó reconocer la Junta de Mayo
“con ciertas limitaciones”, pero la decisión fue
revocada un día más tarde y suspendida hasta tanto
la Junta no reconociera el Supremo Consejo de
Regencia instalado en Europa. Dos años antes, en
setiembre de 1808 –en plena crisis de la monarquía
española-, Montevideo se había negado a aceptar la
autoridad bonaerense del Virrey Liniers y había
ahondado la separación administrativa entre ambas
ciudades con la creación de una Junta de Gobierno.
No es de extrañar entonces que el levantamiento de
mayo de 2010 en Buenos Aires fuera observado con
cautela desde Montevideo.
Cierto
es que, más allá de sus intenciones, la Revolución
de Mayo constituyó un estímulo para el proceso
independentista y que, más tarde, Artigas como líder
de la campaña oriental ofrecería sus servicios a la
Junta. Pero esta relación no debe interpretarse como
una alianza irrestricta y mucho menos como una
subordinación inapelable. Los sucesos posteriores de
la revolución iniciada se encargarían de
confirmarlo.
(Doctor en Historia, nacido en
Montevideo, 1958)
Fuente: Prensa de Adinet.
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