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Sudáfrica 2010: la única
comparación de esta
Celeste, es con ella misma
por
Daniel Rodríguez (*)
Uruguay
vuelve a jugar una Copa del Mundo después de ocho
años. Son otros tiempos para el fútbol criollo,
grande por historia pero no por presente. Clasificar
al mundial es un logro importante: la camiseta sigue
pesando, pero la verdad es que ya somos uno más del
montón sudamericano
y hace 20 años que no ganamos
casi nada.
Mirando
la forma junto al fondo de la cuestión, el segundo
ciclo de Tabaréz y las selecciones juveniles, fueron
lo más serio -¿o lo único?- que tuvo el muy
desorganizado y viciado fútbol uruguayo. En casi
cuatro años no fue todo color de rosa, pero el
proyecto fue serio, dio resultados y preparó el
camino para llegar al mundial bien rumbeado.
Más allá
de algún malhumor entendible, no hubo polémicas
mediáticas en la formación de la lista de 23. Los
premios se arreglaron en reserva y a tiempo. Entre
la prensa y la selección hay un intercambio
respetuoso, sin acumulación de rencores de un lado o
de otro a la vista. Los dirigentes clubistas que
quisieron marcar perfil criticando a la conducción
de la selección hace rato que no aparecen.
Tabaréz
formó el plantel más serio y disciplinado de los
últimos años, en donde se aceptan las reglas de
trabajo de forma adulta. Entre los jugadores hay un
grado de madurez que admite las formas de ser
diferentes y no se adoctrina o se aísla a quienes no
acaten determinada línea. Y esto no fue armando un
equipo de soldaditos o de jóvenes inexpertos. Hay
jugadores con años en esto, prestigio y carácter.
Hay una
actitud distendida y serena de los futbolistas en la
recta final al mundial. No están ni a la defensiva
ni bajo tensión. Hay un grado de madurez e
inteligencia que le dan la fortaleza que muchos
equipos uruguayos, técnicamente más dotados, no
alcanzaron. Este, con sus defectos y virtudes, es un
equipo. No es una suma de individualidades.
La forma
en que se resolvió la llegada de los jugadores fuera
de fecha (caso Forlán) y la exclusión de Cristian
Rodríguez mostró a Tabaréz calmo y firme, sin la
hosquedad de otros momentos del ciclo. La
tranquilidad reinante baja de la conducción y se
asienta en decisiones correctas. El liderazgo no se
cuestiona y remarcar la autoridad no es necesario.
En lo
estrictamente deportivo, el entrenador eligió lo
opuesto a lo hecho en su primer ciclo antes del
mundial 90. Pocos partidos fuertes (solo 2 este
año), mucho trabajo en casa evitando viajes y el
mayor tiempo de descanso posible para los jugadores
con más desgaste en la temporada. Si bien no hay una
fórmula única, para un plantel formado por jugadores
que viven en el exterior, parece lo más aconsejable
en tiempos de calendarios sobrecargados y poco
trabajo de cancha.
Después
de años de ensayos y jugada una Copa América más la
eliminatoria, no es tiempo de inventos. Los que van
a jugar ya conocen el plan y ahora es turno que
lleguen en el mejor estado posible. La irregularidad
en el rendimiento, problema serio en el jugador
uruguayo, es un tema que depende de ellos mismos. Si
se supera o no se verá en la propia competencia.
Hoy la
selección puede llegar a pararse con tres o cuatro
defensas. Habrá que ver si es en función del rival o
de las incidencias de los partidos. Ante la falta de
laterales cantados se citaron volantes con
capacidad para marcar las puntas y abrir la cancha
arrancando desde el medio. Todo indica que se jugará
con un enganche clásico. Arriba está el fuerte del
equipo; el mejor jugador uruguayo de la década (Forlán)
y el goleador de la temporada europea (Suárez). Si
rinden lo normal, el equipo tiene lo más importante:
goles.
Uruguay
tiene a favor: Dinámica colectiva. Capacidad para
presionar en toda la cancha. Buena recuperación de
pelota. Solidaridad y temperamento. En contra: Las
jugadas con pelota quieta porque no apareció quien
les agregue valor. La lentitud de varios de los
zagueros citados para cubrir espacios si se marca
con tres. Si Ignacio González o Lodeiro no
funcionan, los otros volantes no tienen gran manejo
de pelota y solo Forlán es capaz de bajar para
tenerla.
A
priori, los rivales de la serie saldrán a buscar el
partido, lo que permite apostar al contragolpe, cosa
que a Uruguay le viene bien. Habrá que ver como se
acomoda el equipo si clasifica y aparecen rivales
conservadores, en partidos a todo o nada y donde se
reduce el margen de riesgo.
En el
90, Tabárez armó la mejor selección en años, a
partir de una generación brillante, la última en
ganar cosas importantes. Pero el rendimiento en
Italia estuvo por debajo de lo esperado y no exento
de polémicas. 17 años después, el mismo Tabárez fue
el primero en mucho tiempo en no guardarse nada y
llevar a Uruguay a pelear por la Copa América. Por
penales la celeste no llegó a la final, pero aquel
torneo dejó en claro que la apuesta era fuerte. Al
mundial se llegó por repechaje y con lo justo, pero
esta vez sin ayudas de nadie.
Por todo
esto y por la forma en que se obró, este equipo se
ganó el respeto y el aprecio de la gente. Y en estos
tiempos del fútbol criollo, este equipo tiene la
oportunidad de ir a jugar sin cargar mochilas
históricas. Porque la única comparación que le cabe
a esta selección, es con ella misma. Que lo sepan
aprovechar y lo sepan disfrutar.
*
Periodista
LA
ONDA®
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