Blancos: principal
entuerto a resolver…
por el Dr. Luis E. González.
director de CIFRA

Por estos días posteriores a la elecciones departamentales y municipales son muchos y diversos los materiales de reflexión y análisis que nuestra prensa recoge, entre los mas destacados se encuentra esta entrevista del director del periodístico nacionalista La Democracia , el periodista Aníbal Steffen al director de CIFRA Dr. Luis E. González

 

- ¿Las elecciones departamentales arrojaron un nuevo mapa político en el Uruguay?

- No se si la palabra “nuevo” no es un poco fuerte de más. Yo diría que un nuevo panorama político -aunque en lo esencial era esperado- es el resultado del ciclo electoral 2004 – 2005. Pero 2009 - 2010 lo que hace es confirmar qué cosas importantes de los resultados del ciclo anterior llegaron para quedarse, o al menos no varían vigorosamente a corto plazo.

 

Claro que no todo es calmo, sino que hay movimientos y corrimientos. Pero, si eso es un nuevo panorama político, bueno, supongo que a la gente del Frente Amplio le gustaría decir que no, y a blancos y colorados les gustaría decir que sí, que es un nuevo panorama político. Pero creo que no es una discusión importante.

Las grandes estabilidades están muy claras. Se mantiene la división en dos mitades, con diferencias de matices. No importan las diferencias entre octubre y mayo. Son dos mitades. En un caso un poquito más grande una que otra; en el otro caso, al revés. Pero son dos mitades.

 

- ¿La recuperación de intendencias por los partidos tradicionales no considera que es un dato relevante en cuanto a equilibrios de poder?

- Si. Claro que es importante. Pero, lo que indica, es que hay menos ataduras en los electorados. Algunas cosas que ya se habían empezado a ver en 2005 comparado con 2004, se ven ahora con mucha más claridad. Y, en particular, lo que se empieza a ver es que las camisetas, aunque estén ahí, no son determinantes absolutos.

La gente no está dispuesta a esperar cualquier cosa. Entonces, la calidad de la gestión pasa a tener un peso mucho mayor, en una política un poco más descontracturada, menos ideologizada que cinco o diez años atrás.

 

- Eso me parece un rasgo claro, fundamentalmente en el Interior. En Montevideo y Canelones se nota más el voto ideológico; funciona mejor la teoría del “candidato heladera”. En el Interior parece haber más movimientos de votos entre partidos. ¿Es correcto?

- En cierto modo. Los corrimientos cuantitativos directamente mensurados a través de los cambios en la votación, fueron fuertísimos en Montevideo también. Lo que ocurre es que no fueron corrimientos desde el Frente hacia los partidos tradicionales, sino que fueron corrimientos desde el Frente hacia el voto en blanco. Pero eso no los hace menos importantes. Son muy importantes. No es un voto cautivo como se decía antes. Es un voto que hay que ganarlo. Tarea para los frentistas. Pero, por supuesto, si los partidos tradicionales esperan captar algo de eso, tienen que seducirlos por las buenas, con políticas que los atraigan, les interesen, les motive, inspiren su confianza... Bueno, eso es el trabajo político.

 

Pero en el Interior, lo que ocurrió en Montevideo en la comparación de octubre – mayo, ocurrió en Canelones y Maldonado exactamente en el sentido opuesto. Hubo votantes blancos y colorados que no votaron a sus candidatos departamentales; optaron por votar en blanco, y algunos, por lo menos en Maldonado, no solamente en blanco. ¿Me explico?

 

- Allí, el llamado voto castigo, funcionó contra los partidos tradicionales.

- No es un voto castigo en el sentido tradicional del término, porque en Canelones y en Maldonado la administración departamental era frentista.

 

¿Por qué los votantes colorados y blancos no siguieron votando en mayo a sus partidos a los que ya habían votado en octubre? Básicamente porque no les inspiraban suficiente motivación sus candidatos. Pero ese no es un voto castigo en el sentido habitual de la expresión. Es un voto castigo en el sentido de que sus candidatos no le inspiraron mucha pasión a los electores de su propio partido.

 

- Otro efecto que me parece notar del resultado de estas elecciones departamentales, es la consolidación de una tendencia a la territorialización o a la regionalización política. Hay una ancha franja del país que abarca desde el suroeste hasta el noreste en la que predomina el Partido Nacional. Y una franja costera hacia el este (Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha) dominada por el Frente Amplio. ¿Qué lectura tiene esa regionalización del voto?

- En el plano nacional –que no es lo mismo que se da en mayo- lo que usted dice no es tan así. El litoral todo –salvo Artigas- es frentista de arriba a abajo. Y la costa sur es también toda frentista, desde Colonia hasta Rocha. Y a eso hay que sumarle Florida.

 

De modo que, lo que nos muestra ese mapa es que el país más rico y más abierto al mundo externo, es frentista. Rocha no es un departamento particularmente rico, pero se hace sentir el impacto del turismo.

 

Colonia y San José votaron en mayo intendentes blancos; pero en octubre votaron al Frente. Así que hay que tener un poquito de cuidado. El mapa político propiamente nacional, nos indica que es frentista el país más rico, más abierto al mundo, el que concentra la mayoría de la fortuna y de la producción nacional.

El país de tierra adentro, el que antes llamábamos el país profundo, es básicamente blanco. Si la tortilla no se da vuelta y si los partidos tradicionales no comienzan a reconquistar parte de lo perdido, el Frente tiene asegurada una posición predominante.

 

Ahora, claro, si el Frente hace macanas, aumenta la probabilidad de los otros, con menos esfuerzo o menos talento, de recuperar parte del terreno perdido.

 

Yo diría que una de las moralejas más importantes de las elecciones departamentales es que el público, el electorado, es muy sensitivo a la imagen de los candidatos que se disputan su voto y a la calidad de la gestión de los intendentes salientes. Entonces, las camisetas pesan cada vez menos. El electorado, que puede tener un partido pero no tiene un voto congelado, es cada vez más grande y cada vez decide más las elecciones.

 

De alguna manera, usando una palabra horrible que se está poniendo de moda, hay un empoderamiento ciudadano; sigue teniendo vínculos fuertes con su partido, pero no es incondicional.

 

- Otro fenómeno relevante de esta elección, es un trasiego de votos que fundamentalmente tiene efectos políticos prácticos en los departamentos de Salto y Paysandú, donde colorados votan candidatos blancos y blancos votan candidatos colorados para derrotar al Frente Amplio…

- Esa es sólo una parte de la historia, no la historia entera…

 

- Cierto, pero es una parte real de la historia. La pregunta es si usted cree que ese fenómeno puede inspirar futuras estrategias electorales de las dirigencias de los partidos tradicionales para provocar acumulaciones de votos que les permitan enfrentar con éxito al Frente Amplio.

- Todo lo que usted dice es correcto, pero la pregunta final –que tiene que ver básicamente con la discusión sobre si blancos y colorados deben ir juntos o no-, presupone esa pregunta, que los únicos corrimientos importantes son de colorados para blancos y de blancos para colorados. Eso no es así. El intendente de Salto no sería quien fue electo si unos cuantos frentistas no lo hubieran votado. ¿Me explico? El corrimiento no es sólo entre blancos y colorados. Los frentistas también juegan. No es un tango, es un menage a trois.

 

Sin votos frentistas, los colorados no podrían haber ganado jamás Salto. Sin votos colorados, los frentistas no podrían haber ganado jamás Artigas.

 

La parte del corrimiento de blancos a colorados y de colorados a blancos es la más importante. Pero ojo, no es la única. Entonces, es pronto para sacar conclusiones. Hay que entender que las cuentas no son fáciles.

 

En el debate previo a las elecciones había críticas a la resistencia del Partido Colorado a entrar en una política de acuerdos. Bueno, para octubre era imposible por razones legales. Pero no es meramente que fuera imposible; es que el argumento político no es tan simple, entre otras cosas, por lo que le acabo de señalar.

 

- La conclusión que sí se puede extraer en forma segura es que el elector se siente cada vez más independiente y más dueño de su voto.

- Esa es la primera y la más importante. Entonces, cualquier cosa que uno quiera hacer para atraer, cautivar, reconquistar a ese votante, tiene que ir mucho más despacio por las piedras que antes.

Para los colorados, con una posición electoral difícil, la política de alianzas con el Partido Nacional, que aparece con ventaja, es una idea imposible. Tal vez para ellos es mejor perder intendencias pero defender la interna del partido.

 

No estoy diciendo que es mejor o peor. No juzgo el fondo del asunto. Lo que digo es que el problema no es nada menor, porque los votantes van cada vez más para donde ellos quieren y no para donde les indica el partido presuntamente de su simpatía.

 

- ¿La abstención en la elección de las alcaldías tiene su raíz en ese fenómeno de independencia?

- El ejemplo más violento de lo que vengo diciendo es precisamente la votación de las alcaldías en Montevideo. La gente no permitió que le dijeran lo que tenía que hacer.

 

El Frente ganó todas las alcaldías de Montevideo ¿Y para que le sirven? ¿Qué legitimidad tienen esas cosas? Cero.

 

- En el Interior la elección de alcaldes anduvo mucho mejor…

- Es un mamarracho. Un mamarracho de pe a pa. Hay 16 capitales departamentales que no eligen alcalde. Entonces, tenemos un engendro que se supone que instala nada menos que un nuevo nivel de gobierno, pero que 16 ciudades pobladas, importantes del interior no tienen alcalde. Cuando comparamos los alcaldes de Montevideo con los del interior, estamos comparando aserrín con pan rallado.

 

¿Quién entiende esto? Uno se da cuenta que ni los periodistas entienden bien el asunto. ¿Qué dejamos para el resto de la población?

 

Yo no discuto las buenas intenciones. Una ley mal hecha pudo haber tenido las mejores intenciones. Pero recuerdo la vieja máxima de que el camino del infierno esta empedrado de buenas intenciones.

Por eso, comparar cuántos alcaldes tiene el Partido Nacional y cuántos tiene el Frente Amplio es una comparación medio loca. Porque resulta que hay 16 capitales departamentales que no tiene alcalde. ¿A quién hubiesen ido esas alcaldías se hubiesen votado? Podemos hacer conjeturas, pero es un hecho que no ocurrió.

No están claras las potestades, no están claros los recursos, ni dónde se van a sentar esas personas. Entonces, ¿qué papel van a cumplir?

 

- En cuanto a Montevideo, la ley no reemplaza la estructura anterior de Centros Comunales Zonales. Por lo tanto ¿deberán convivir los dos sistemas de administración municipal de la capital? ¿Cómo se arregla esto?

- (Se toma la cabeza) Disculpe, ya me fui de boca. No soy un opinador. Soy un productor de información y comentarista a lo sumo.

 

- Bien, cambiemos de tema. Todo el proceso electoral que comenzó con las internas y culminó por estos días consolidó el fenómeno político del Uruguay partido en dos.

- Claro surge una gran estabilidad de ese país dividido en dos mitades…

 

- ¿Y qué puede pasar en un país teóricamente tripartito, pero cuyos electores lo dividen ideológicamente en dos mitades? ¿Qué desaparezca alguno de los tres? ¿Qué surjan nuevos partidos?

- La noticia grande es que el país sigue dividido o sigue constando de dos mitades políticas. Pero las noticias más pequeñas empiezan a sugerir que esas dos mitades son bastante más porosas de lo que parecen. No sólo en su interior, sino las mitades entre sí.

 

La otra noticia aparentemente pequeña es que los votantes están mucho menos encolumnados en sus camisetas partidarias, sea por la razón que fuere.

 

Entonces, ¿cuál es la moraleja? Que tenemos un sistema más poroso en el cual los partidos se pueden sacar votos entre sí. Y esa capacidad de sacarse votos, que depende de la calidad de las gestiones y del atractivo y la confianza que inspiren los candidatos, es una tarea abierta para los partidos.

 

Aunque esas mitades retengan un electorado importante al que le cuesta mucho ser amistoso con la otra mitad, lo que está ocurriendo en la práctica es que las porosidades están creciendo, son más vigorosas y son capaces de determinar el resultado de las elecciones.

 

Lo estamos viendo claramente en el plano departamental. Esa es una moraleja importante. Tal vez no falte demasiado para que empiece a ser cierto también en el plano nacional. ¿Por qué no?

 

- Estamos hablando de dos mitades. Una de ellas, a pesar de ser una coalición, en la práctica se comporta como un partido…

- Es cierto…

 

- Pero la otra mitad, está a su vez dividida en dos mitades, lo que es un problema adicional para esta segunda mitad, es decir para los partidos fundacionales.

- Si, está bien. Pero ocurren varias cosas. Esa división que usted menciona entre las dos mitades de una mitad, es una división subsanable. Lo que pasa es que tiene sus riesgos políticos para la mitad más chica. Para los bancos sería bastante sencillo pero para los colorados no, en esta posición de debilidad relativa. Si hubiera paridad, o sea si las dos mitades de esa mitad fueran realmente dos mitades, esos negocios se hablarían mucho más abiertamente. El problema es que hay colorados que se sienten orgullosos de su partido y sus tradiciones, cuyo problema básico ahora es continuar y profundizar la reconstrucción del partido. Y para ese objetivo, no es claro que esta clase de negocios ayuden.

 

- Me parece que eso revela que los intereses del elector, no siempre coinciden con los del dirigente partidario…

- Ni hablar, por supuesto.

- La posición de la dirigencia colorada es clara. No quieren correr el riesgo de que se le desbande el partido.

-Seguro. Los blancos, que están en una posición mayoritaria dentro de esa mitad del espectro político uruguayo, la llevan mucho más fácil. Tienen mucha más capacidad de diluir al otro. Y el otro no quiere ser diluido.

 

- ¿Y como va a evolucionar esto?

- En realidad es difícil saberlo. Es un asunto de habilidades, de inspiraciones y de liderazgos correctos.

 

- ¿La aparición de nuevos liderazgos atractivos en cualquiera de los partidos podría ser un factor determinante para generar mayores movilidades?

- Si. La aparición de nuevos o la consolidación de liderazgos ya existentes.

 

- Le ruego que nos enfoquemos ahora un poco en lo que fue el comportamiento político electoral del Partido Nacional que seguramente es lo que más le interesa a nuestros lectores.

- Si, por supuesto.

 

- El Partido Nacional tuvo una excelente elección interna, un impecable proceso de conformación de su fórmula presidencial para las elecciones nacionales…

- Si, si, impecable…

 

- Y en ése, su mejor momento, empieza a caer. ¿Qué pasó?

- Bueno, hubo un parate, un quedate, muy evidente. Ahora, si usted me pregunta por qué ocurrió ese parate o ese quedate, es un asunto muy polémico en el cual las dos mitades de esa mitad, de esa otra mitad en que se divide el Partido Nacional, tienen ideas muy diferentes.

 

Todo lo que usted dijo es cierto. ¿Qué pasó después de la conformación de la fórmula?

 

Pasan dos cosas. Una -que es al menos en parte responsabilidad del candidato presidencial-, hubo un Lacalle hasta junio y otro después. No entiendo bien qué es lo que pasó. Pero es perceptible la diferencia. Y eso que pasó tuvo consecuencias negativas electoralmente para el Partido Nacional.

 

Por otro lado, no es justo cargar la culpa sólo sobre el candidato. Es el capitán y le corresponde una cuota mayor de responsabilidad. Esas son las reglas. Pero, de algún modo el partido no se las ingenió, colectivamente, para ofrecer algo seductor. Eso no es sólo atribuible a Lacalle.

 

Lacalle puede tener muchas virtudes y defectos. Pero el defecto de la cobardía no lo tiene. Él ha hecho explícito que lleva la mayor cuota parte de la responsabilidad. Pero si se asume que el problema es Lacalle, es posible que el Partido Nacional tenga una visión un poco limitada de lo que realmente pasó. Yo no creo que sea todo imputable a lo que Lacalle hizo o dejó de hacer. Hay otra clase de problemas, más difíciles de identificar, que involucran al conjunto del Partido.

 

Si empezamos a pensar: nosotros somos los buenos, los otros son los malos, entonces hay que cortarle la cabeza a los malos, esa no es una receta para reconstruir y para progresar.

 

- ¿Usted diría que el Frente Amplio ganó las elecciones o que las perdió el Partido Nacional?

- ¿En octubre?

 

- Si

- No. No hay que quitar méritos. El Frente las ganó y el Partido Nacional tal vez pudo hacer las cosas un poco mejor. No quiere decir que las hubiera ganado. Sin duda pudo hacer las cosas mejor. Porque hasta junio y hasta la definición de la fórmula presidencial se vio una película y a partir de allí apareció otra película. Eso es un hecho.

 

- Es cierto que el Partido Nacional pudo haber cometido errores. Pero no hay duda de que durante todo el proceso el Frente Amplio cometió errores probablemente más graves, tuvo grandes problemas para presentar su oferta electoral, y no obstante ganó las elecciones en octubre.

- Es cierto. Pero, por lo menos, tuvo la capacidad de actuar a tiempo sobre ellos. No hay que quitarle el mérito.

 

Mujica aparecía como el anticristo; era el hombre vetado por la mayor parte de la organización y se las ingenia para ir a una votación popular de la cual surge como clarísimo ganador. ¿Ese es un micromundo frentista? No. Para nada. Mujica es el más popular, por lejos. Vázquez y Mujica, fueron y siguen siendo, las dos figuras políticas más populares del país.

 

Uno podría decir que el Frente metió patas serias. Primero, demoró demasiado en arreglar los problemas de candidaturas. Segundo, reconstruir un clima genuino de campaña colectiva le costó mucho. Tercero, después para las departamentales, el Frente se olvidó de su propio libreto nada menos que en Montevideo. La forma en que resolvió sus problemas antes de octubre, no tiene nada que ver con lo que ocurrió en Montevideo. Más bien lo opuesto.

 

Así que seguro que el Frente cometió errores. Pero no fueron todos errores. El Frente tiene un gran mérito: llevó como candidato presidencial a una figura sumamente popular en todo el país, que no solamente es muy popular, sino que ha contribuido a profundizar un clima de entendimiento y de tolerancia, que a mi juicio es muy bueno para el país.

 

- Eso me lleva a algo que siempre me desconcierta: ¿Cuáles son los condimentos, las aptitudes, los factores de personalidad que configuran un líder y lo hacen atractivo para el electorado?

- Es simplísimo. Implica una combinación de dos cosas. Por un lado es el hombre que canta la justa –igual que Jorge Batlle en el 99. Y por otro lado, como dicen los cristianos, es el hombre que presta testimonio con su propia vida sobre sus pensamientos. En el acierto y en el error, él se pone él entero donde pone su lengua. Eso tiene una capacidad de inspirar confianza sumamente poderosa.

 

Entonces, el verdadero problema con Mujica, no es la corbata o el traje. Bueno no se puso la corbata pero se pone el traje y parece una persona mucho más civilizada en las formas.

 

Pero el verdadero problema, era el temor a que fuera el mismo Mujica radical de hace cuarenta años. Y resulta que la gente, o no conocía su historia en detalle, o se la perdonó. Y él, respondió en especies.

 

- Llego a la conclusión de que los líderes son líderes cuando consiguen que la gente les perdone cualquier cosa.

- Permítame que le haga un ejemplo. Cuando Lacalle ganó la presidencia hace 20 años, la mayoría de los liderazgos frentistas y colorados lo veían como un pituco, energúmeno, derechista. Bueno, no lo era. Por lo menos no era un energúmeno derechista. Y la gente se daba cuenta claramente que no lo era. Así de fácil.

 

A veces, la comunicación de los líderes con el público, es una cosa mucho más directa y más simple que la forma como pueden traducirla sus competidores que, además, tienen sus propias aspiraciones.

 

- El discurso del Partido Nacional en los últimos años tenía una palabra mágica que era “renovación”. Se insistía en la renovación como un valor importantísimo. Y termina el Partido Nacional y todos los blancos votando al Dr. Lacalle, ex Presidente, y figura clásica del partido de por lo menos las últimas tres décadas. ¿Qué pasó?

- ¿A dónde me quiere hacer llegar? (risas)

 

- A obtener una explicación objetiva de ese fenómeno. ¿Sería que no era tan importante la renovación para los blancos como lo creyeron los dirigentes?

- Tengo dos cosas clarísimas. Ése es el principal entuerto que los blancos van a tener que resolver. Y la segunda es que sólo los blancos pueden resolver ese entuerto y los de afuera son de palo.

Hay un montón de cosas contradictorias acá, que no es fácil apreciar en la interna blanca, que implican problemas o dificultades en la configuración de un mensaje claro y transparente hacia fuera del partido. Sin duda, sólo los blancos pueden arreglar esto.

 

- ¿Cree que el Partido Nacional debe insistir con el discurso de la renovación cuando el Presidente del Directorio y su principal líder y figura de referencia es el doctor Lacalle?

- No es fácil. Hay problemas de imagen global del partido que se pueden simbolizar, encarnar, en los temas que usted acaba de resumir. No son fáciles de resolver. Y sólo el partido, hacia adentro, puede hacerlo. Cómo se hace, no sé.

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