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Relaciones Brasil - Paraguay
y el problema del crimen
organizado transfronterizo
por
Ariane Cristine Roder Figueira

La medida de excepción
establecida por el presidente paraguayo Lugo, dando
libertad de acción a los militares para promover
prisiones, busca combatir a los grupos armados
vinculados al movimiento de guerrilla Ejército del
Pueblo del Paraguay acusados de matar a cuatro
personas, además de ser sospechosos de tener
vínculos con las FARC (Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia) y con el crimen
organizado que actúa en la frontera con Brasil.
El estado de excepción
decretado por el gobierno paraguayo en cinco
departamentos (estados) ha dejado en evidencia la
actividad delictiva en la región de la frontera en
los últimos días. Pero lo que no se puede dejar de
resaltar, es que la problemática vivenciada por el
país vecino no es novedad, sino, por el contrario,
tiene raíces históricas, lo que dificulta aún más
las acciones de combate.
Más allá de la notoria
deficiencia en los mecanismos de fiscalización, otro
factor que agrava el caso referente al contrabando
en la región de la frontera es la rentabilidad que
el mercado negro genera en algunos sectores de la
sociedad paraguaya y las redes poderosas del crimen
organizado Brasil-Paraguay, que en gran medida
poseen vastas ramificaciones en las instituciones
del Estado, dominando decisiones en los niveles
Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
En el caso paraguayo,
la contaminación del poder político por la mafia se
dio principalmente durante el largo período de la
dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989). Durante
todo este período, el gobierno brasileño actuó de
una forma complaciente al creciente mercado ilícito
que florecía en la región de la frontera, visto que
el foco de la política externa brasileña, en ese
momento histórico, era mantener al Paraguay como su
área de influencia. Este movimiento de proximidad
representaba para Brasil una ganancia potencial, ya
que el principio rector de la agenda diplomática del
país para América del Sur era conquistar el papel de
líder hegemónico en la región del Plata. De este
modo, además de ejercer el papel de péndulo en el
poder regional, Paraguay tenía con Brasil una
relación de gran proximidad con innumerables
proyectos bilaterales en desarrollo, tales como: la
construcción de carreteras, el Puente Internacional
de la Amistad, entre Foz de Iguazú y Ciudad del
Este, Itaipú y, posteriormente, el Mercosur.
El estrechamiento de
las fronteras a través de proyectos que apuntaban a
la ampliación de las relaciones económicas entre los
países, puede ser fácilmente visualizada con el
intercambio creado luego de la construcción del
Puente Internacional de la Amistad y la carretera
Foz de Iguazú-Paranagua, que dieron un enorme
estímulo al comercio exterior paraguayo que pasó a
tener un acceso más fácil a la ruta de exportación.
Más allá del avance en el comercio bilateral con
Brasil, Paraguay, más específicamente la Ciudad del
Este, experimentó un avance significativo,
tornándose un gran emporio exportador y centro del
comercio de triangulación.
Fue durante este
estrechamiento de los lazos de amistad entre Brasil
y Paraguay que se produjo un avance exponencial de
las actividades del contrabando en las fronteras
bilaterales, que inició su historia con el
contrabando de yerba mate, café, soja y madera hasta
llegar a ser una de las principales rutas de
contrabando de aparatos electrónicos, cigarros y de
las actividades del narcotráfico en general. Este
avance significativo en el comercio ilícito entre
Brasil y Paraguay es el resultado, no sólo de una
infraestructura creada para la facilitación de las
relaciones comerciales bilaterales, sino también y,
sobre todo, debido a la contaminación del poder
político paraguayo por los líderes del crimen
organizado, que pasaron a utilizar toda la
estructura de la máquina estatal y la fragilidad del
ordenamiento jurídico nacional en pro de la
expansión de las actividades ilícitas. Brasil no
quedó por fuera del proceso al ser permisivo con la
situación que estaba siendo creada y, también, por
tener una estructura frágil de combate al crimen
organizado, que ya se instalaba en el territorio
nacional como parte de la red mafiosa Paraguay -
Brasil.
Hasta el inicio de la
década de 1990, el contrabando no era un tema de
gran preocupación del gobierno brasileño, tampoco
del gobierno paraguayo. La problemática sólo fue
tema de un debate más profundo en la agenda
bilateral a partir del segundo mandato del
presidente Fernando Henrique Cardoso, que pasó a
buscar, aunque de una forma bastante tímida, una
cooperación de Paraguay para contener el avance de
la actividad clandestina en la región.
La nueva dinámica
global también influenció la formulación de la
agenda externa de diversos países, que se vieron
obligados a adherir a las nuevas prioridades
internacionales. El Mercosur, en este contexto,
buscó incorporar en su ordenamiento jurídico estas
innumerables iniciativas, reglamentándolas de
acuerdo con las especificidades regionales. La
garantía de la vigencia de un régimen democrático en
el país y una postura más rígida con relación al
comercio ilícito fueron algunos de los compromisos
formalizados entre los miembros del bloque.
En 1993, la cuestión de
la seguridad regional se torna uno de los temas
prioritarios en el Mercosur. Se establece, en esta
fecha, un Proyecto de Acuerdo para la Aplicación de
los Controles Integrados en Fronteras entre los
Países del Bloque. En 1997, se firma un Convenio de
Cooperación y Asistencia Recíproca entre las
Administraciones de las Aduanas en el Mercosur
Relativo a la Prevención y a la Lucha Contra las
Ilegalidades Aduaneras. Estas iniciativas fueron
consolidadas en la creación del Plan de Cooperación
y Asistencia Recíproca para la Seguridad Regional en
el Mercosur. En seguida, el 22.06.2001, fue creado
en el ámbito del Mercosur un Programa de Acción de
Combate a los Ilícitos en el Comercio Internacional.
En el ámbito bilateral
Brasil – Paraguay, en 1988, fue celebrado un acuerdo
entre Brasil y Paraguay sobre la Prevención,
Control, Fiscalización y Represión al Uso Indebido
y al Tráfico de Estupefacientes y Sustancias
Psicotrópicas. En el mismo año el acuerdo bilateral
fue referente a las Notas Reversales sobre el
Tráfico Ilícito de Vehículos. En 1994, el tema fue
la Cooperación para el Combate al Tráfico Ilícito de
Madera. En el año 2000, Brasil y Paraguay firmaron
un Acuerdo de Cooperación Mutua para Combatir el
Tráfico de Aeronaves en Actividades Ilícitas
Transnacionales.
Estos factores tuvieron
un reflejo directo en Paraguay, que se vio
presionado por los demás países del Mercosur para
sustituir el llamado comercio de triangulación y
para reestructurar la industria nacional, con el fin
de evitar el fortalecimiento de las actividades
ilícitas, que sacan provecho de la ampliación del
mercado regional. Estas iniciativas referentes al
combate al contrabando están expresadas en algunos
acuerdos y propuestas emanadas de los miembros
asociados al Mercosur.
No obstante, aunque en
este período hayan sido firmados innumerables
acuerdos por parte de Paraguay, en virtud
especialmente de la presión ejercida por Brasil y,
en parte, por los EE.UU., se hizo poco para
implementarlos. Eso porque, hasta fines de la década
de 90, el cargo presidencial estuvo en manos de
agentes políticos ligados a la mafia organizada, que
disputaron intensamente el espacio en el poder
político y en el comando del tráfico. Como
consecuencia, el aparato normativo creado tanto en
el Mercosur como en el ámbito bilateral, pasó a
encontrar grandes dificultades para ser
efectivizado, sobre todo, debido a la resistencia
interna del gobierno paraguayo, que posee, en sus
diversos escalones del poder, personas que actúan en
favor del crimen organizado.
Esta contaminación de
la máquina estatal por el crimen organizado en
Paraguay dificulta el proceso de negociación en
cuanto a la problemática. Incluso con los signos de
nuevas perspectivas para una política de combate al
comercio ilegal en el ámbito multilateral, el
gobierno paraguayo presenta aún una gran resistencia
en adoptar medidas prácticas para el enfrentamiento
del problema.
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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