Mi meta: llevar a los más
pobres a la clase media,
como mínimo
Entrevista a la presidenciable Dilma Rousseff

Dilma Rousseff  la presidenciable del partido de Lula para las elecciones de octubre proximo, fue entrevistada por los periodistas Cynara Menezes y Sergio Lirio para la Revista Carta Capital. En este diálogo Rousseff, “explico básicamente lo que pretende hacer si resulta electa, profundizar el proceso de inclusión social que, afirma, no se agota en uno o dos mandatos. Tal vez por eso, al referirse a una eventual gestión suya, prefiera la palabra “período”.

En el centro de este “período”, estará el compromiso de llevar a Brasil al club de las naciones desarrolladas, con la erradicación de la indigencia, focalizada en la educación y en la cultura. Mi meta: “llevar a los más pobres a la clase media, como mínimo

 

En la entrevista, la pre-candidata dijo que estaba en contra de la despenalización de las drogas, defendió la reconstrucción del Estado y repelió los estereotipos. “Nunca me sentí una persona infeliz. No soy carente, soy alegre.” Sobre su compromiso en la lucha armada durante la dictadura, afirmo que; “Estoy muy orgullosa de haber resistido desde el primero hasta el último día.” Versión en español de La ONDA digital.

 

- Este año, Brasil puede elegir a la primera mujer presidente. ¿Esto tiene alguna importancia?

- Tiene mucha importancia, porque existe una larga historia de pocos derechos para las mujeres. Incluso el derecho del voto para las mujeres  es muy reciente en Brasil, tiene menos de cien años. Y todavía tenemos grandes desigualdades, que van desde – a pesar de que las mujeres tienen un mayor nivel de escolaridad – ganar dos tercios del salario de los hombres hasta el hecho de que exista violencia familiar contra la mujer. El otro día se me acercó una pareja joven, el muchacho llevaba en brazos a un niño de unos 3 años, y la mujer, una chica rubia, venía con una nena, de vestido largo, linda, de cabello rizado. Se llamaba Vitória. Y la madre me dijo: “traje a Vitória para que usted le diga que las mujeres pueden, que la mujer puede”. Yo mire a Vitória y le pregunté: ‘¿qué puede la mujer?’ y ella: “ser presidente”. Yo le dije: ‘Vitória, la mujer puede ser presidente. Porque eso forma parte del sueño que todo niño tiene: quiero ser pirata, torero. Pero también  puede querer ser presidente y la mujer nunca quiso. Una niña que quiere es señal de los tiempos que corren. Y ella se llama Vitória, me pareció simbólico”.

 

- ¿Pero existe un modo femenino de gobernar?   

- Existe un modo femenino innegable en la vida privada. Nosotras cuidamos, damos e incentivamos. Es interesante llevar eso a la vida pública. Les voy a contar otro cuento. Fue una señora, de unos 50 años, a un sindicato, muy perturbada con la oposición hombre/mujer. Y ella sintetizó el problema de la siguiente forma: “Somos el 52% de la población, pero el otro 48% son nuestros hijos. De manera que, si somos presidentes, queda todo en casa. O sea, nos encargamos de cuidar a las mujeres y a los hombres, incluso porque nuestra relación con los hombres no es de oposición. La mirada femenina no es excluyente”.

 

- Pero lo fue, en los albores del feminismo.

- Tal vez al comienzo, porque, siempre que se afirma algo, torna la diferencia muy fuerte. La mujer, para tener conciencia de que era discriminada, tuvo que hacer este movimiento. Pero no creo que, hoy, este sea un proceso que cree diferenciación, desigualdad. Ninguna política femenina es una política anti-hombre.

 

- Curiosamente, usted ha avanzado menos en el electorado femenino. ¿Por qué piensa que ocurre eso?

- Pienso que tiene razón el (cientista político) Marcos Coimbra. Él hizo una evaluación correcta: existe el hecho de que la mujer no tiene tanto acceso a la información como el hombre. Muchas todavía no me conocen. Cuando se separa el universo de las mujeres  que me conocen y las que conocen al otro candidato, yo tengo más aprobación que él.

 

- Usted habló de la niña que quería ser presidente, pero  acostumbra decir que este nunca fue un sueño suyo. Ahora que es candidata, ¿alimenta algún proyecto?

- Caminar para que este sea un país desarrollado. Fue lo que el presidente Lula construyó y lo que puedo hacer.

 

- Si fuésemos a resumir, la marca del gobierno Lula es la inclusión. ¿Cuál sería la marca de un gobierno Dilma?

- ¿Por qué no puede ser la de la inclusión también? Esta ansia de novedad encubre una cuestión muy seria: este aún es un país emergente, con un grado grande de desigualdad, y que puede, a partir de ahora, porque acumulamos un conjunto de conquistas, trillar el camino del desarrollo. Y eso no puede ser sólo con una tasa de crecimiento del PBI determinada, una política de estabilidad macroeconómica. Mi meta es erradicar la miseria, llevar a nuestra población, a los más pobres, a la clase media, como mínimo. Eso es un proyecto de desarrollo, pero yo también tengo un proyecto de Nación. Este país no transitará hacia una economía desarrollada si no tenemos educación de calidad, estando en el centro de la educación el profesor, que tiene que tener un salario digno. El que habla de educación de calidad y no habla del profesor le está tirando perlas a los chanchos. Todo el mundo dice que tenemos un índice demográfico, que nuestra población en edad activa es mayor que la población dependiente, esto es, niños, jóvenes y ancianos. El otro día bromée con que el concepto de anciano era más flexible, porque tengo 62 años y no soy anciana, y toda la prensa dijo que que yo variaría la edad de la jubilación, que alteraría la seguridad social.

 

- ¿Y no será necesario, en algún momento?

- No hay reforma de la Seguridad Social. Si usted comienza a reformar la Seguridad Social, sucede lo siguiente: la primera que hicimos desató una carrera hacia la jubilación. Acaba creando un efecto contrario al que se pretende. Pero, volviendo, también vamos a discutir nuestra cultura, la política cultural ocupará un espacio cada vez mayor en este proceso. No podemos permitir que no existan salas de cine en la periferia de Brasil, que el pueblo no tenga acceso a bibliotecas, a su propia cultura.

 

- En suma, ¿va a ampliar lo que fue hecho durante el gobierno Lula?

- No hablo solo de ampliar, no, hablo de avanzar. Si no se avanza, no hay continuidad. ¿Qué construyó Lula hacia el futuro? Un cimiento. Salimos de una situación más drástica, que fue la que recibimos del gobierno. Vamos a recordar bien: era una situación de estancamiento, desigualdad y desempleo. Pueden decir lo que quieran. Observen las estadísticas, por favor. Y entramos en una era de prosperidad, que tiene varios componentes: no es sólo la inclusión, es la movilidad social, que significa que las personas pueden progresar en la vida. Es transformar las ventajas comparativas en competitivas, explotar las matrices energéticas, el pré-sal, dar fuerza a la agricultura. No somos esos países que tienen petróleo y tienen la maldición del petróleo, la pobreza en el medio de la abundancia, el pueblo pobre y la riqueza del petróleo. Tenemos una economia diversificada. Si apostamos a la educación, vamos a innovar también. No se crea oportunidad en Brasil si no se innova. Si no formamos ingenieros, físicos y matemáticos en este país, no vamos a crecer adecuadamente.

 

- Usted promete erradicar la indigencia en su mandato. Pero el Ipea habla de que erradicar la pobreza extrema sólo es posible en 2016.

- Indigente es quien tiene una renta de hasta un cuarto del salario mínimo. Pobre es hasta medio salario mínimo. En 2003, teníamos un total de 77,8 millones de pobres y pasamos a 53 millones en el gobierno del presidente Lula. El contingente de indigentes en 2003 era de 37,4 millones y pasó a 19,6 millones. (Se vuelve hacia su mano derecha, Anderson Dorneles: – Anderson, dame mi anotación. Ya hice esta cuenta. Prefiero mi anotación.) Entonces, tengo que buscar eliminar estos 19,6 millones de indigentes, pero pienso que también  tenemos que mirar hacia los 24 millones de pobres. No digo que será en mi período, ni estoy diciendo que será en 2014. Pero, si usted no fija una meta clara y convierte eso en un punto político de la agenda, sigue de largo. Erradicar la miseria está en el centro de la agenda del proyecto de continuidad a partir del avance del gobierno Lula.

 

- ¿Pero cuál va a ser el camino? ¿La ampliación de los programas sociales o el crecimiento?

- Las dos cosas. El aumento de la renta en 70% se debe a la formalización del trabajo. El hecho de mantener una tasa de crecimiento y tornarlo sistemático formaliza el trabajo. Pero quien gana hasta un cuarto de salario mínimo tuvo programas sociales de dos tipos: el de protección de la renta, que es el Bolsa Familia, y tiene un programa social con una cierta perennidad. Ejemplo, en el área rural, donde se concentra un gran número de indigentes, llevamos a cabo la política de agricultura familiar, multiplicamos por cinco el financiamiento, creamos asistencia técnica. Y hubo otro programa que benefició la pobreza rural en Brasil, el Luz Para Todos. No se eleva socialmente nadie si no observa las condiciones que se pueden tener para construir renta. Y una de ellas, imprescindible, es la energia eléctrica. La gran política de mi período es mantener esta política rural y llegar a una cuestión fundamental: las ciudades. Las ciudades en Brasil son el lugar de las desigualdades. En las ciudades se manifestó lo más perverso en Brasil, la ausencia del Estado – y esto vale para el municipio, el estado y el gobierno federal – de las periferias. Una gran conquista de este gobierno  también fue diseñar caminos. Fíjate lo que se está haciendo en Rio, en Manguinhos, en el Alemão, Pavão-Pavãozinho. Es la vuelta del Estado.

 

- ¿Todavia es preciso hacer una reforma agraria de gran porte?

- Tuvimos un proceso de reforma agraria muy significativo, fueron 500 mil hectáreas. No es poca cosa. Aún tenemos gente para ser asentada, pero una política de asentamiento no es sólo comprar tierra. La forma como se hacía el asentamiento antes era colocar al individuo en el medio de la nada. La agricultura familiar en Brasil funcionó porque tiene un suporte en el programa de adquisición de alimentos. Tiene seguro, garantía a la zafra, política de precio mínimo. Brindamos un tejido económico social, de apoyo, a la pequeña propiedad en Brasil, que responde por el 40% de la riqueza que se genera en el campo.

 

- Pero si una gran parte de la miseria, como usted dijo, está en la zona rural, hay algún problema ahí. Tal vez haya faltado una reforma agraria.

- Voy a repetir: no se resuelve el problema del campo sólo dando tierra. Tiene que haber condiciones de producir, sustentar la producción, apoyo con asistencia técnica, comprar la producción, garantizar la comercialización, el acceso al tractor.

 

- ¿Usted piensa que si el PT vence las elecciones, la prensa comenzará a tornarse hostil, como ocurre en Venezuela?

- Venezuela no es ni siquiera parecida a nosotros. Allá hay una economía de dos sectores, por lo tanto, una sociedad que tiende a reflejar dos sectores. Por un lado, tienen el petróleo y, por el otro, el resto. Basta con ver la participación que tiene la renta del petróleo en Venezuela, ver la historia de Venezuela. Es dinero que ellos no saben qué hacer con él, todavía es así.

 

- Pero la prensa brasileña, como la de allá, ¿no tiende a tornarse hostil frente a una permanencia a largo plazo del PT en el poder?

- ¿Qué sentido tiene? ¿Qué tiene de efectivo? Más de lo que somos criticados, ¿y qué? ¿Cuál es nuestra aprobación? 76%...

 

- ¿Como recibe usted esta acusación, que se intensificará durante la campaña, de haber sido “terrorista”?

- Tengo mis dudas de que se vaya a intensificar una cosa de estas, porque es contraproducente. La discusión sobre la resistencia a la dictadura es contraproducente para quien no resistió. Siento mucho orgullo de haber resistido desde el primero al último día, de haber ayudado al país a transitar hacia la democracia y de no haber cambiado de lado. Es muy interesante la forma como ellos entendieron la metáfora que el presidente hizo con (Nelson) Mandela. Lo que él dijo fue lo seguiente: Mandela, tal vez el mayor pacifista de los últimos tiempos, fue una persona que recurrió a la lucha armada en su país, porque no tenía otra solución. Parodiando a Tolstoi, que dijo que todas las familias felices son iguales y todas las familias infelices son infelices cada una a su manera, todas las dictaduras son iguales y todas las democracias son cada una a su manera. Las dictaduras tienen una manía muy peculiar que las caracteriza: excluir de forma violenta a todos los que no piensan como ellos. Lo que queríamos caracterizar en aquel momento era la existencia de una violencia de Estado que llevó a que personas, en los más diversos lugares, tomaran posiciones firmes frente a la dictadura. Yo la tomé.

 

- ¿Porqué usted apoyó la decisión del STF de no rever la Ley de Amnistía?

- Yo estoy a favor de la legalidad. El Supremo decidió y, hasta por lo que quiero ser, no tengo la menor posibilidad de ir a una confrontación con el Supremo.

 

- No estar de acuerdo no implica enfrentarse.

- Para el rol que me propongo asumir, si.

 

- Lo que le pedimos es una opinión personal.

- Esta es mi opinión personal. Es tener conciencia y madurez para percibir que una decisión del Supremo, en un país como Brasil, tiene que ser respetada. Como presidente de la República, que es lo que quiero ser, sería una falta de respeto. A partir del momento que se decidió, está decidido. A no ser que se quiera crear turbulencia e inestabilidad. Yo no lo quiero.

 

- ¿Como pretende lidiar con el toma y daca en el Congreso?

- ¡Como lidié, uai! Yo lidié con esta toma y daca, ¿o no?

 

- Pero, ¿y frente a un episodio como el de las mesadas (mensalão)? Todo el mundo habla que, si no hubiese sido por su habilidad, el presidente Lula no se habría mantenido en el cargo cuando se llegó a hablar hasta de impeachment...

- La habilidad del presidente consistió en ir hacia los movimientos sociales y dejar en claro que el impeachment no sería algo adecuado a la democracia en Brasil. El presidente no hizo ningúna toma y daca en este tema.

 

- Pero es preciso negociar con el Congreso todo el tiempo.

- No estoy de acuerdo en que la relación que tuvimos a lo largo de todo este tiempo con el Congreso fue de una toma y daca. Fue una relación de negociar, porque existe oposición. El gobierno es el arte de negociar, no existe nada de malo en dialogar.

 

- Hay una crítica recurrente de que el Estado brasileño tiene demasiados cargos en comisión y eso sirve para comprar apoyo político.

- El Estado brasileño aún está un poco desequilibrado. Heredamos un Estado que hacía un corte lineal, le duela a quien le duela. La manifestación mayor de este modelo es lo que encontré en Minas y Energía. Un ingeniero en actividad para 20 choferes, en un ministerio que velaba por el petróleo, el gas, biocombustible, energía eléctrica... No se puede tener una visión simplificada de lo que se quiere de un Estado. Yo quiero un Estado meritocrático y profesional. Hoy, todavía está descompensado, comenzamos a remontar en el gobierno Lula y vamos a continuar. El tema de los nombramientos políticos existe en los Estados Unidos, en Francia, en Alemania, en todas las democracias. Esta conversación del aparato del PT...  Recordemos lo que existió en otros gobiernos. Como si fuese sólo el PT que hace designaciones políticas.

 

- El PT lo hace porque todos lo hacen, ¿es eso?

- No voy a hacer una tabla rasa con esto. Pueden haber, si, nombramientos políticos, lo que no se puede es no tener criterios técnicos. Puedo recibir una designación política de un partido de mi base, esta me va a dar un nombre, y nosotros vamos a ver.

 

- ¿No es lo contrario? ¿Se fija en lo que tiene que encajar el apadrinado?

- No, normalmente se proporcionan nombres con toda la ficha de la persona. Esta conversación del aparato del Estado es un preconcepto. Intentan estigmatizarlo, es algo muy viejo, lacerdista, de la república de los sindicalistas.

 

- Para algunos desarrollistas, Brasil está en un proceso de desindustrialización, por causa del cambio. ¿Usted está de acuerdo?

- No hay nada que no se pueda compensar con dos cosas: política industrial y financiamiento. Pero pienso que es importante que la tasa de interés real del país caiga y converja hacia las internacionales. Caminamos acelereradamente hacia eso en la próxima década. Si Brasil mantuviera una tasa de crecimiento del 5,5% al año, vamos a tener una reducción del endeudamiento y un aumento del PBI. Y ahí no existe la menor posibilidad de no tener reducción de la tasa de interés real. Lo que no se puede es pensar que se hace eso por decreto.

 

- ¿El Banco Central en su gobierno será una Santa Sede, como la comparó José Serra?

- Creo que la comparación es inapropiada, es un tipo de la problemática que no construye nada. No tengo nada que decir al respecto.

 

- Usted se ha referido al combate al crack, pero las políticas antidrogas han fracasado. ¿Bajo que óptica se daría este combate?

- El primer mecanismo es la prevención. No se combate a la droga sin represión, hay que hacer un relevamiento de la ruta y combatirla, pero sólo eso no alcanza, está más que probado. Hay que hacer prevención y el apoyo, y el apoyo es complicado porque hay que apostar a que se saca al individuo del crack después que entró. Hay varias discusiones al respecto, existen casos en que la persona salió, pero no es fácil, no es igual a las otras drogas. Crea una alta adicción y mata en seis meses. No es algo, inclusive, que tenga una tradición mundial, hay dificultad de acción.

 

¿- Qué piensa de la despenalización de las drogas, de forma general?

- Hoy no estoy de acuerdo. No voy a decir que en una crisis de droga de la proporción del crack en Brasil, corresponda este tipo de discusión ahora. No tenemos estructura para eso y no tenemos como discriminar lo que se puede y lo que no se puede.

 

- Usted fue muchos años del PDT. ¿Su gran ídolo político es Leonel Brizola? ¿Existe alguna idea brizolista que pudiera ser aplicada en su gobierno?

- Admiré mucho a Brizola. Tenía características muy importantes, una gran noción de soberanía. El compromiso con la educación confluye con el que yo tengo. La escuela de tiempo completo ya no alcanza, es poco, el país cambió, pero tengo que reconocer que él hizo una gran contribución. Brizola pensó en la educación en 1962, y Miguel Arraes en la electrificación rural, en la misma época. Fueron visionarios en problemas que en Brasil no se avizoraban. Cuando se mira hacia atrás, la política de Arraes y de Brizola en cada uno de sus estados fue excepcional.

 

- Chico Buarque, el otro día, dijo que la votaria a usted por causa de Lula, pero que no veía grandes diferencias entre un gobierno suyo y uno de José Serra. ¿Qué le diría usted a Chico?

- Tal vez él no me conozca (risas). Además, por culpa mía, yo soy la que tendría que ir a buscarlo. Incluso le debo una llamada telefónica, no pude ir a su casa el día en que doña Maria Amélia, su madre, murió. El presidente Lula fue y no pude acompañarlo. Pero pretendo buscar a Chico y agradecerle por la opción.

 

- Usted no parece haber sido muy vanidosa en el pasado y ahora conquistó un upgrade en su look. ¿Le gusta?

- Ah, siempre lo disfruto, siempre es bueno. Pero es un peinado más simple, ¿no? (Se alisa el cabello, más corto, más claro y sin un pelo fuera de lugar.) Es más fácil de arreglar que el suyo. Pero a mi me gusta, no creo que este mal, no.

 

- ¿Piensa que le van a surgir muchos pretendientes... presidente y de look nuevo?

- Este es el tipo de cosas en las que no puedo ni pensar, en esta función. Ahora, no estoy en contra, no, ¿vio? De que las personas se enamoren, y todo eso. Lo encuentro bueno.

 

- Si se compara con una mujer gobernante, ¿se inclinaría más hacia Michelle Bachelet o hacia Margaret Thatcher?

- Ah, Bachelet, sin duda, obvio. No tengo la posición conservadora de la Thatcher.

 

- Pero la pintan como la dama de hierro,¿o no?

Es un estereotipo. Toda mujer es dama de hierro. Nunca vi a un señor de hierro, ¿usted conoce alguno?

 

- ¿Cuál es, hoy, el mayor obstáculo para que el Estado brasileño consiga ser eficaz en las inversiones?

- Todavia hay mucha burocracia heredada del período en que la orden era no gastar. Hubo un proceso muy difícil de gestión de la cosa pública y se crearon una serie de impedimentos para la inversión. Es fundamental reconstruir la planificación, la capacidad de hacer proyectos. El Estado puede demandar proyectos.

 

- ¿Usted cree que las entidades fiscalizadoras, como el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), actúan con exceso de celo?

- Tuve una experiencia muy buena con el TCU, que, inclusive, reconoce que el PAC tenía menos problemas que cualquier otro programa del gobierno, por el nivel de seguimiento directo nuestro. No creo que el tema de fondo sea ese. Lo que existe es una discrepancia entre la calidad de la estructura que fiscaliza, que se mantuvo a lo largo de los años intacta, que tuvo profesionalismo, que tiene un ingeniero ganando a partir de 12 mil, y la estructura que ejecuta, donde el básico es 4 mil o 5 mil reales. Esta discrepancia va a tener que ser alterada, hay que hacer un plan de cargos y salarios. No puede acabar perdiendo sus mejores cuadros, si no no se consigue elaborar, mirar hacia el futuro. Y nadie resuelve eso en el horizonte de un gobierno. Vamos a tener que resolver la meritocracia en el Estado brasileño en el horizonte de una década. Llevaron 20 años desmantelándolo, no se construye de un día para otro.

 

- ¿Privatizar es un tema prohibido en el PT o todavía existe algo privatizable?

- Privatizar el patrimonio público, un banco, una organización estatal del nivel de la Petrobras y de la Eletrobrás, es absolutamente absurdo y la vida nos dio la razón. La crisis mundial reciente nos dio mucha razón. Sin estas empresas no nos habría ido tan bien. La Caixa Econômica cambió, el Banco do Brasil cambió. El BNDES era una central para hacer proyectos para privatizar empresas brasileñas. Hoy hace proyectos para expandir empresas brasileñas, es diferente.

 

- Usted parece aquel tipo de mujer a la que los golpes de la vida la hicieron revestirse de una coraza. ¿Es difícil tener que librarse de ella ahora, en campaña, quedar, como se dice, más soft?

- Ese es un brutal estereotipo. ¿Quién no creó, después de 60 años de vida, varios mecanismos de defensa? Me mostré como un bicho sin ninguna caparazón que sobrevivió. Somos todos fundamentalmente muy parecidos. Nos defendemos, nos desarmamos, nos abrimos hacia las personas. Depende de la circunstancia. No puedo quedarme llorando todo el día siendo ministra-jefe de la Casa Civil, conmoviéndome hasta las lágrimas. Ahora, si yo viera una película que me conmueve, lloro. Como ministra, no podía quedarme en la emoción sistemática, porque o yo aseguraba al toro por las guampas o el toro se tomaba las de “Villadiego”. La gente vende unas historias muy extrañas. Tal vez la suposición sea que soy un E.T. La verdad es que tuve una vida muy buena, sacando la prisión en la época de la dictadura. Me casé, tuve un hijo, viví bien con mi marido, soy amiga de mi ex-marido, él es como un pariente. Nunca me sentí una persona infeliz, no soy carente, soy alegre. Me gusta vivir.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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