|
Europa y Turquía
con el mismo dilema
Entrevista a la escritora Elif Safak
Elif Safak es la escritora más famosa de Turquía. Su
nombre se conoce en el extranjero no sólo por su
pericia literaria sino también por el juicio al que
fue sometida en su país por hacer referencia en “El
bastardo de Estambul”, una de sus novelas, a los
asesinatos en masa de armenios ocurridos en 1915.
Por este libro fue llevada a los tribunales turcos
acusada "de insultar al pueblo turco" bajo el
Artículo 301 del Código criminal turco . El caso fue
desestimado en una primera etapa. Sin embargo, los
acusadores volvieron a abrir el caso en julio de
2006 y Safak afronto tres años en prisión.
Los periodistas de la agencia informativa Euronews
le realizan esta entrevista en Lyon Francia, donde
la escritora participaba en un festival literario
en esta primera quincena de junio de
2010.
-
Usted apoya sin reservas, la entrada de Turquía en
la Unión Europea. ¿Por qué?
- Europa
también necesita a Turquía. Todos tenemos el mismo
dilema: ¿qué tipo de mundo, qué tipo de futuro
queremos? Europa debe plantearse esta pregunta
también. ¿Queremos vivir en un mundo en el que nadie
se parezca, piense o se vista de forma idéntica, o
bien creemos en la energía y la sinergia de gente
que tiene experiencias y culturas distintas pero
acepta las diferencias y puede compartir valores
comunes junto a los demás? Desde este punto de vista
creo que Turquía, con su población extremadamente
dinámica y joven, y con su rica cultura, puede
aportar mucho a Europa.
- ¿Qué
ganan ambas partes si se juntan?
- Si se
lo preguntara a un político probablemente obtendría
respuestas diferentes. El lenguaje de los políticos
es distinto. “Nosotros”, “ellos”, “yo” y “otros” son
los principales protagonistas en política. Los
políticos siempre crean y necesitan el “los otros”.
Pero los escritores y los artistas, no. No hay
“otros” para mi. En tanto que escritora debo ser
capaz de tender puentes entre “el yo” y el “los
otros”. Ninguna cultura puede prosperar
aislándose de los demás. Las diferencias deben
poder reunirse y crear algo precioso juntas para que
la cultura prospere más aún.
- ¿Cree
usted que desde un punto de vista cultural, Turquía
está lista para un encuentro de este tipo con el
Oeste?
-Turquía
es un país europeo. Pero por supuesto, decir esto no
significa que sea como Noruega. Turquía es un país
que sintetiza muchas cosas. Tiene los colores de su
pasado Otomano, islámico y oriental. Pero al mismo
tiempo se ha enrriquecido mucho con la cultura
occidental. Y esto en sí es una gran síntesis.
Creo que la polarización causada por el 11 de
septiembre ha perjudicado al mundo. Se ha
hablado mucho de las llamadas diferencias entre “el
nosotros” y el “los otros”, entre el Islam y la
democracia occidental. Hay gente que cree en la
lucha entre civilizaciones, pues bien, no hay nada
de esto. El encuentro entre culturas es una realidad
mucho mas importante. El paso del tiempo nos enseña
todo esto”
- Qué
piensa de quienes ven a Europa como un club
cristiano?
- En
Europa hay asimismo diferentes tendencias. No hay
una sola voz. Por un lado, buena parte de la
población europea es musulmana. Y por otro, Europa
sigue recibiendo inmigrantes, lo cual demuestra que
también tiene una experiencia cosmopolita. Por eso
creo que Europa tiene capacidad para digerir todas
estas diferencias. Este es un punto que no se
debería pasar por alto. Así que no creo que una
Europa monocolor o con una sóla voz sería
beneficiosa para los europeos.
- Hemos
sido testigos de una transformación política en
Turquía. Como escritora que es, ¿también ve un
cambio de mentalidad?
- En
Turquía hay un dinamismo increíble. Mi trabajo y el
de los demás escritores consiste en leer y escribir
novelas. Muchos de nuestros lectores, en Turquía son
mujeres. A mi esto me parece bastante irónico,
porque no nos conocemos mucho mutuamente, pese a que
estamos muy cerca geográficamente pese a la
interconexión. ¿Conocen los franceses o los alemanes
bien Turquía? ¿y nosotros hasta qué punto les
conocemos?. Deberíamos ser capacer de ir más allá de
los clichés”.
- ¿Cuál
es el papel de la literatura en este contexto?
- Creo
que la literatura no debería tomar partido. No
debería alienar a las masas sino reunirlas. Por eso
digo que la misión de un escritor no es empujar a un
lado a la gente sino tender puentes. Especialmente
en narrativa. Las historias son tan universales, tan
humanas que no necesitan visados o pasaportes.
Viajan constantemente por el mundo, porque la
empatía es la esencia de la narrativa.
- Su
última novela “Las 40 reglas del amor” narra una
historia del amor bajo el prisma del Sufismo. Ha
tenido mucho éxito tanto dentro como fuera de
Turquía. ¿Cree usted que hay una especie de apetito
por este tipo de novela que va de la mano de la
espiritualidad?
-
Tratamos de entender qué hay después de esta vida.
Tratamos de dar un sentido a la vida, a la muerte al
hecho de estar en pareja. Hay muchos temas
universales, de hecho. El sufismo se
conoce; pero no tanto como se debería. He intentado
abordar el concepto del amor desde diferentes
ángulos. Lo he mirado un poco desde el Este, desde
el Oeste, lo he abordado desde nuestros días y desde
la perspectiva del siglo XIII. He intentado tratarlo
desde su dimensión material y desde la espiritual. Y
he intentado que todas ellas se encuentren en la
novela”
- En una
ocasión usted dijo que el Este y el Oeste eran
conceptos ilusorios creados por la mente. ¿Qué
quería decir?
- Si uno
ve el mundo solo como un mapa, puede dibujar
fácilmente las fronteras. Pero si lo percibimos
desde un punto de vista humanista, cultural, ¿cómo
podemos ponerle límites? Todo está tan conectado.
Todos deberían verlo así. Especialmente después del
11 de septiembre, todas las historias están
relacionadas entre sí, están interconectadas. La
desgracia de alguien en Pakistán puede provocar la
felicidad de otro en Canadá. Una crisis financiera
en Estados Unidos puede tener repercusiones
negativas en rusos o chinos. Vivimos en un mundo en
el que todo vive en el abrazo del otro. Siempre ha
sido así, pero ahora nos damos más cuenta de ello.
- Usted
escribe sus novelas, indistintamente en inglés y en
turco. ¿Cambia usted al cambiar de lenguaje o sigue
siendo la misma Elif Shafak cuando usa ambos?
-También
escribo en inglés porque me justa viajar entre
lenguas, entre culturas y ciudades. Cuando escribo
en inglés uso mi mente más matemática; pero cuando
escribo en turco tengo una conexión con el lenguaje
más emotiva. Al cambiar de idioma nos sumimos en los
laberintos de otras lenguas. Empezamos a hablar con
reglas, con la melodía del nuevo lenguaje. Lo que
intento decir es que no somos los dueños del idioma
es la lengua la que nos moldea, la que da forma a
nuestra imaginación a nuestro pensamiento. Así que
sí, uno se transforma cuando cambia de idioma.
Pensar, fantasear y soñar en más de una lengua
contribuye a que seamos como somos. Vivimos en una
época de movilidad constante, de nomadismo. Esa es
la realidad de nuestra época.
LA
ONDA®
DIGITAL |