Un cuento de
Eduardo Silveyra;
Seres terrenales

La tarde avanzaba con agonía pegajosa y humedad adherida a la piel, brotada del calor de un verano empecinado en prolongarse más allá del almanaque. Por el ventanal abierto, Anselmi, contemplaba estático extinguirse a la luz del sol. Los ojos de mirada fija, buscaban en las nubes estrafalarias y deshilachadas en tonalidades rojizas, el presagio de una lluvia y el frescor.

 

Hacía más de una hora que había encendido la PC, con la intención de comenzar o terminar algo, pero, al ir a plasmar la idea la misma se escurría, se evaporaba y volvía a la ansiedad de encender otro cigarrillo y sentarse en el balcón a esperar. Siempre esperaba, o al menos desde unos meses atrás eso era lo que sucedía.

 

Después de fumar decidió caminar la cuadra de siempre y comprar otro atado de Camel y continuar ese círculo de varios días así, de esa rutina incierta, pero, sonó el ring ring del celular.

 

El número no le resultaba conocido y eso le creó una expectativa insignificante. Al atender escuchó la voz de Augusto. Se sorprendió. Desde el comienzo del verano no sabía nada de él o sabía lo que todos conocían, es decir: Augusto se había enamorado y había desaparecido.

 

Lo de siempre, por esa razón tan peculiar en algunos hombres que, sólo pueden hacer el monstruo de 2 cabezas enamorados. Uno -seguramente el Flaco Saldías- lo apodó El Pollerudo o el Polle para abreviar y nombrar en manera “ya se sabe” de barra chabacana.

 

-¡Anselmi querido, cómo estás, tanto tiempo?

-Bien. ¿Vos?

-Bien, bien. ¿Estás en tu casa?

-Sí.

-Llegó en 10 minutos…

-Como quieras. –le dijo,

con tono neutro, desprovisto de rasgos emotivos. Después de cortar, volvió a sentarse frente a la PC y en el Word en blanco escribió: LAS VIDAS TERRENAS, así en mayúscula, cuerpo 22 Times New Roman.  Casi lo resalta en negrita, pero, se abstuvo de hacerlo sin preguntarse por qué. Luego, se levantó de la silla, fue a la cocina, llenó la pava con agua y la puso a calentar con intención de hacer café o té.

 

El agua empezó a bullir en el momento en que Augusto lo llamaba desde la vereda, se asomó, dejó caer el manojo de llaves y volvió a sentarse, cuando el otro abrió la puerta lo encontró en situación de sesgo indolente. Acto de posición estratégica.

 

Antes de erguirse para saludarlo, tomó un trago de agua directamente de la botella y le dijo,

-¿qué hacés, tanto tiempo?

-bien, Anselmi, bien… desapareciste… no llamaste más.

-yo no,  yo siempre estuve aquí.

-¿cómo va tu vida?

-no sé, no me pongo a pensar… vivo nomás ¿y vos?

-acá, me separé de Lilí

-me lo imaginaba, respondió Anselmi,

con más tono neutro y dando a entender no hay nada nuevo bajo el sol. Solo se trata de otra reiteración.

-Pero esta vez, no es como la anterior. –dijo Augusto.

-¿Por qué no?

-No es estoy enamorado.

-Menos mal.

-Sí, por suerte. Nunca conocí a una mujer tan terrible como esta.

-Aha.

-Casi me vuelvo revolucionario de nuevo.

-Eso sí es sorprendente, le dijo,

no sin razón y sabiendo en que lugar de la memoria y el olvido habían dejado ambos a la revolución.

 

Augusto había soslayado muchas cosas y en eso coincidía con Anselmo Anselmi, claro, después arreciaba el abismo, por esa forma  augusta polle de emprender la política. A lo emprendimiento comercial. A lo “una manera de ganarse la vida” vos sabés. Votos ganados, especulaciones, donde la gente deja de pertenecer al mundo humano y se vuelve una cifra monetaria, que se transforma en un auto nuevo o un viaje a Europa con la puta de siempre o la puta por conocer para los Augustos de ocasión. Los pobres siempre siguen siendo pobres y tal vez la única esperanza que tengan sea la bomba atómica, como dijo el montevideano.

 

-La entrerriana era mejor –dijo Augusto- de esa estaba enamorado y además hacíamos negocios.

-¿Esa Lilí, no era millonaria? –preguntó Anselmo.

-Sí, pero no comparte nada. ¿Sabés que me dijo?

-No.

-Que yo seguía teniendo mentalidad peronista. A vos te gustaba la pobreza, me dijo los otros días.

-Resulta cómico.

-Me humillaba… en serio, estuve a punto de volverme otra vez revolucionario, dijo Augusto,

como si esa aseveración fuera la prueba de una certeza. Anselmi aun  padecía el fin del verano porteño, donde unos iban al mar y otros iban por las calles de 38 grados a la sombra y cuentan los días del almanaque para saber cuanto falta.

-Así es Anselmi, esta vez voy a seguir tu consejo.

-¿Cuál?  Yo no doy consejos…

-Bueno, ya sabés… estar solo un tiempo… alejado de las mujeres y pensar…

-Pensar en qué…

-Que mina hija de puta esa Lilí…

-Olvidate, le dijo, sabiendo lo recurrente que era el Polle en esas ocasiones. Pero Anselmi ya lo conocía, lo había bancado 48 horas corridas cuando la otra, la entrerriana decidió dejarlo. Fueron 2 días arrebatados y vertiginosos los del Augusto abandonado.  Bebiendo vino, aspirando cocaína y enviando un mail tras otro con poemas de amor de poetas enamorados. Adecuados y enviados  como propios o casi ajenos.

 

Ese detalle, de la escritura desaugustamente plagiada, llamó la atención de Anselmi, que era loco, pero escrupuloso con las palabras. Anselmo Anselmi había adoptado la posición filosófica de los severos y toda esa tergiversación poética practicada con empeño escolar, le mostraba sin demasiado denuedo que, este Des-Augusto dolido y dejado de lado por una mujer, era medio incapaz de nombrar a las cosas por su nombre ¿Nombre propio, palabra propia? Un digamos: el dolor y las ausencias de si mismo, con sus ¡ay! ¡ay! cuanta pena, este soy yo.

 

-¡Anselmo querido! –El Polle Augusto volvía a la carga- Me he liberado. No más mujeres, al menos por un tiempo.

-¿Te parece? –dijo Anselmo A. con tono irónico y sin esfuerzo.

-Che y vos cómo andás… hiciste algo con esa chica… tu viejo amor…

-Ahora es más viejo y eterno, ese amor…

-¿Pero hicieron algún proyecto?

-Proyecto, suena a palabra poco acorde para usarla en el amor, siempre creí que era cuestión  de sueños, entusiasmos…

-Al final no sos tan descreído.

-No descreo, ya me jugué las fichas y se  pasó la hora. ¿Entendés?  En el encanto de escucharle su vida cuando cada tanto nos vemos o hablamos por teléfono… encuentro…

-Sos un romántico.

-No sé. –contestó Anselmo Anselmi con desgano y tomó otro trago de agua por el pico de la botella. Sin perder de vista a Des–Augusto enPollerado mirando los libros de la biblioteca. Sin ninguna curiosidad le pregunto,

-¿le vas a mandar esos poemas de siempre?

-no, solo miraba…. ¿hoy es miércoles? –preguntó Augusto,

improvisando una espontaneidad inexistente y conocida por Anselmo, por haber sido practicada en otras oportunidades.

 

Anselmo, volvió a tomar agua y lo miró parado a contra luz, de espaldas, la silueta recortada era flaca, algo encorvada, pero en ella, guiado por una cuestión ética – estética, se atrevió a confirmar a un tipo resbaloso y que la situación se iba a continuar en otras imposturas y medio con desgano le contestó,

-sí, miércoles de ceniza.

-el título del poema de Eliot, te acordás… pero, dejemos la poesía… tenemos 4 días de feriado…

-así es… La tierra baldía…

-tengo plata como para pasarla bien… ¿se podrá conseguir algo?

-¿algo cómo qué? – preguntó Anselmo Anselmi haciéndose el gil, pero sabiendo bien de que iba el asunto. Igual quería escuchar a Augusto siendo claro, aunque la claridad fuera esporádica, forzada y sonara rara en medio de una melodía tan placentera y agradable como Wat´s New?... ¡Que maravilla este West Montgomery!... escúchalo.

-No me contestáste.

-¿Qué querés? Hablá.

-¿Podemooos…   co..con..seguir.. co… co… cocaína? –Tartamudeó Augustito

-Sí, pero, estoy tratando de no tomar. –dijo Anselmi muy Anselmo. Es decir con gravedad circunstancial, porque había empezado a jugar el juego propuesto.

-Son 4 días de vacaciones. –dijo Polle Augustito.

-Semana Santa…

-Se fueron todos… no hay nadie en la ciudad.

-Lo de siempre. No me interesan los que se van. -Y agregó con desparpajo- No tengo dinero, tenés que garpar todo vos. Usó garpar, pagar dicho al vesre-revés adquiría el énfasis más entendible por los pollerudos.

-No hay problemas. –dijo Polle ¡Au! Gustito. Creyendo haberse salido con la suya.

 

En la calle, solo se podía encontrar soledad y silencio iluminado por los focos de luz amarilla. Color poco simpático, pero, apropiado y creador del ámbito mortecino en el cual Anselmo Anselmi iba a decir palabras acordes a la situación.

-Dame 100 pesos, por menos de eso no voy a ningún lado.

-¿Cuánto vas a comprar? –dijo El Polle semi apabullado.

-100 pesos o no escuchaste.

-Sí, escuché.

-Y vamos en taxi, no es lejos. –dijo Anselmo con una sonrisa de las que tienen los ganadores de una partida de ajedrez u otro juego inofensivo.

-No hace falta, estoy en auto.

-¿Auto?

-Sí -dijo Augusto- lo compré hace 2 meses. Es nuevo.

-Te va bien. –dijo Anselmo con cara de poker, necesaria para seguir el juego.

-Hice un buen negocio. Ya sabés, tengo un equipo de abogados… una fundación dedicada a temas de medio ambiente… y bueno… viste las multinacionales como operan,  cuando quieren hacer algo si tienen que poner plata van y la ponen…

-¿A quién extorsionaste? –preguntó Anselmo Anselmi,

con una sonrisa tomada por el Polle como de complicidad y aceptación, cuando solo se trataba de otro gesto de pericia lúdica para que largara el rollo y comenzar a despreciarlo en lugar de detestarlo,  a partir de la confesión cínica. Pero El Polle, le dijo,

.¿adónde vamos?

-cerca del Bajo Flores.

-Guiame vos… una cosa, trata de no tirar cenizas…

-Augus… tito, no rompas las pelotas. –dijo Anselmi tratando de ganar terreno- y dame la plata ahora…bajá por Boyaká – Karabobo-  Kobo y te digo en dónde parás…

Ausgusto-Des, mostró tener pocas cualidades en conducir un auto y casi roza a otro al salir del sitio en el cual había estacionado Elautonuevo. Al salir siguieron la mano de la calle y doblaron en Boyaká.

 

2

 

¡Oh, la, la! ¡Oh! LiLí. Ella entonaba una melodía alegre y se sentía feliz por la imagen devuelta por el espejo. No a todas estas bichitas les alegra esa devolución. Pero, una vida dedicada a cuidados psico corporales tiene su recompensa ¡Guau!

 

En el momento que sus dedos largos y finos -enunciadores de prodigiosas sensualidades en una mente imaginativa-  eran llevados al pote de crema, para después deslizarlos suavemente por la pierna torneada y turgente, en ese momento exacto, (repito) comenzó a sonar el ring ring molesto del teléfono, al cual le había apagado el contestador para desconectarse.

 

Hizo lo que iba  hacer antes, es decir: pasarse la crema por las piernas y una vez terminada esa acción, vería…. A decir verdad, era de esas que parecen haber nacido de tacos altos y un teléfono sonándoles desde la cuna. Es decir: A las que, los hombres serios no les dan bola. En ese sentido Anselmo Anselmi era un hombre serio. Solo le hubiera mirado el mover de las nalgas apretadas y el movimiento nalguero le hubiera bastado para categorizar a que clase de… para qué decirlo… ya se sabe… pertenecía esa Lilí.

 

Después de ir a ponerse una robe de seda italiana con motivos Boticelli y encender un cigarrillo largo y fino –acorde a la mano que lo sostenía-, cruzó de una punta a la otra del dormitorio y con un gesto orgásmico delicioso y de voluptuosidad privada, tomó el auricular en el momento exacto en que se cortó la llamada. Parada frente al aparato, esperó a que volviera a sonar. Así ocurrió, pero, se tomó su tiempo y recién al quinto ring atendió. Se arrellanó en el sillón de diseño exclusivo -extrañamente cómodo- y atendió el llamado.

-Sí. ¿quién es?

-Augusto, Lilí…

-Se escucha muy mal…  no reconocí la voz…esperá, voy a traer un cenicero.

-Te espero Lilí, te espero…

-¿Por dónde estás?… no me digas nada… ya sé… por uno de esos barrios raros que vos andás… se oye mal… muy mal…

-No, no, llevando a un amigo… ¿cómo estás?

-No quiero imaginar cómo será tu amigo…

-Lilí, no me contestaste…  ¿Cómo estás?

-Mejor ni me cuentes, sería agregar otra decepción…

-Contáme, qué hiciste hoy. ¿Pensaste en mí propuesta de ayer?

-Vos no me tenés en cuenta, los martes tengo Yoga – Psicóloga – Danza – Reuniones,  te parece qué puedo pensar en algo… ni me acuerdo de la propuesta… qué era…

-Ser amigos… intentar estar juntos…

-Te dije, fui a yoga… la profe una divina… ¿Tu amigo está escuchando la conversación?

-No, bajó a comprar puchos en la estación de servicio… ¿Podemos tomar un café o cenar juntos?... Como amigos…

-¡Ay! Augusto… hoy fui a yoga, hice ejercicios de respiración… relax… distensión… desenchufe…

-Estoy con el auto puedo llegar en 20 minutos… por donde vivís hay lindos lugares…

-Compré una crema nueva la estoy probando… me la recomendó Manu… otra divina…!Ay!...  estoy en una situación relajada, nada de stress… una divina Manu… ¿Ya volvió tu amigo?

-Sí, pero le dije que esperara abajo del auto…

-Tiene muy lindo perfume… necesito seguridades…

-Yo puedo darte toda la seguridad necesaria y hacer muchas cosas…

-¡Que buena es esta crema!

-A tu lado siento ganas de hacer… ¿Viste, compré el auto?

-Tendrías que estar acá para sentir el aroma… pero mejor no… ¿Qué me decías?

-Que compré el auto… me siento con fuerzas….

-¡Ah! El autito… sí… sí… no sabés lo mal que me siento cada vez que subo a ese auto…

-¿Mal?

-Sí, mal…me haces sentir pobre… ya te dije los modelos en los que venían mis ex a buscarme… no entiendo… tanto empeño en hacerme sentir mal… Vos seguís siendo peronista…

-No, no… Yo quiero lo mejor para vos… estar bien los 2…

-No sé, mañana… otro día hablamos… ahora estoy con esta crema…

-¿A qué hora puedo llamar sin molestar?

-No sé Augusto, antes voy hablar con Pachi…

-¿Tu psicóloga?... Te puedo mandar un mensajito para saber cómo estás…

-Ahora no puedo contestar, tengo que descansar… ¡Que divina Manu!

-Bueno, antes de cortar quiero decirte algo…

-¿Qué?... Esperá… se me cayó la tapa… ya está…

-Quiero decirte que te quiero mucho…estoy dispuesto hacer todo lo que digas.

-Me tengo que hacer una máscara facial…. Llamá mañana. Besito.

-Un beso, Lilí.

Anselmi, testigo de la conversación iba a decirle que se había pasado 10 cuadras, pero, obvió esa circunstancia. Des-Augusto Polle tenía la cara colorada, la ofuscación no era para menos. Anselmo observó en esa coloratura una debilidad y otra confirmación: Augusto Polle, era un boludo. Con superioridad cínica y victoriosa, le preguntó,

-¿siempre te humillan así?

-tengo que ser diplomático, le presté dinero.

-¿siempre le prestas dinero a tus novias? –Sonrisa anselma.

-íbamos hacer un buen negocio.

-nos pasamos 12 cuadras, dobla en cualquiera que sea mano y retomá la avenida….

-sí, vos indícame…

Con actitud de mi importa un carajo, Anselmo bajó el vidrio de la ventanilla, encendió un cigarrillo para molestar y marcó el número de Lita Pape.

-Llegó en 10 minutos, quiero 4.

-Tocá el timbre 2 veces. –Respondio LP.

-Doblá en la segunda a la izquierda, en la primera estaciona y dame 100 pesos. –Dijo Anselmi.

-Sí, esperá que estacione. –Contestó Augusto.

Con cierta dosis de paranoia adquirida en tiempos clandestinos, Anselmi dio una vuelta a la manzana antes de tocar el timbre de Lita P. Media cuadra antes la llamó y le dijo,

-estoy abajo.

-ya voy.

 

La operación compra- venta fue rápida, cuestión de segundos. Ni hubo tiempo de comentar el nuevo tatuaje de Lita. Al irse miró hacía ambos lados de la calle y a paso vivo caminó por la vereda, cruzó la avenida y al subir al auto, lo encontró a Des-Polle enviando un mensaje de texto, lo miró y le dijo,

-podemos irnos.

-¿salió bien?

-no había motivos para que saliera mal.

 

3

 

Victorian. (Corona Imperial) Jhonson Bros. England. Chester. Ese sello tenía el plato de porcelana, donde Anselmo vació  las 4 bolsitas 4 de cocaína más o menos peruana. 80% de pureza B F… Fue exagerado a propósito.

-Hubieras tirado de a una. –Dijo el Polle.en Rudo.

-Es lo mismo, contestó Anselmo,

mientras aplastaba el polvo con una tarjeta plástica de una cuenta bancaria cerrada. Abocado a esa tarea de meticulosidad y solvencia, tanto el plato, como la tarjeta y la montañita blanca, cobraban la dimensión de símbolos en su mente. ¿Hace falta decir, que cada símbolo establecía un orden correspondiente a momentos de su vida pasada?

Luego de separar 2 líneas de 4 centímetros de largo y 2 milímetros de espesor, las dividió en 4 montañitas equitativas. Aspiró 2 y le dijo al Augusto.Polle,

-esas 2 son tuyas.

-gracias, dijo Polle Augusto,

aspirando y levantando la cabeza como si esperara la llegada de una conversión extraordinaria. ¿Sería ese un gesto natural o correspondía a otra impostura? Anselmi, no tenía el ánimo de contestarse esa pregunta y volvió a repetir la operación de dosificar.

 

Después, puso en la PC el CD de Oliver Nelson, quería escuchar ese tema tan sugestivo… Stolen Moments, uno de sus preferidos… donde Bill Evans toca el piano como si fuera negro y Paul Chambers en contrabajo… una delicia.

 

Fueron incontables las veces idas hacía el plato inglés y en innumerabilidad de solo Dios lo sabe, la locuacidad de Ay-Augusto fue in crescendo, no era para menos.

Así es Anselmo existirán mujeres buenas pregunto por preguntar por suerte esta vez no estoy tan enamorado como con la entrerriana pero tengo mucha rabia imagináte hasta hablamos de casarnos y tener un hijo esas cosas de familia y de pronto realmente fue sorpresivo así de un momento a otro apareció con esos asuntos de la plata y la pobreza hacía tiempo o ahora que lo pienso bien esta es la primera vez que me sucede sí sí es la primera vez nunca antes me había ocurrido de estar con una mujer frívola frívola esa es la palabra es así vos debés de conocer a ese tipo de mujeres igual con todo lo que dije ya  te digo bastante como para que te des cuenta eso sí tiene un cuerpo bárbaro no te podés imaginar la piel que tiene una vez me dijo que yo también olía bien y eso que fumo que delicia te digo algo delicia es el término que más se ajusta a su cuerpo vos me entendés sabés de que hablo vos estuviste con muchas más que yo pero se acabó llego el fin el final de la historia o de la película como quieras llamarle aya ay ay estoy como desconcertado pensar que una vez me dijo que iba a financiar mi carrera mi carrera política vos ya sabés no hace falta repetirlo quiero ser diputado es ahora o nunca este es el momento la edad justa no puedo perder tiempo me hice liberal y la política es otro negocio de hacer negocios ya sabés lo que pienso no tengo que aclararte nada ah que increíble todo no me puedo explicar bien qué pasó las mujeres son locas cambian de opinión de un día para el otro la donna e mobile la donna e movile sabés que quiero estar con una mujer que sea compañera eso una compañera que me acompañe en mis planes en mis proyectos vos me entendés ya sabés militamos juntos somos de la misma generación no hace falta que te diga lo que pienso la política es negocio a los 50 ya no queda mucho tiempo la verdad no se qué le pasó cambió de la noche a la mañana y contaba con ella no solo con el dinero para una buena campaña en ese sentido la entrerriana era más piola además podríamos haber hecho buenos negocios en fin las mujeres son así no hay caso no hay caso quisiera encontrar a esa mujer en algún lugar debe estar vos sabés que no puedo estar sin una mujer al lado en fin voy a tratar de estar tranquilo de serenarme alguna aparecerá viste como es ay ay ay llegada cierta edad se vuelven locas pero no me doy por vencido la mujer que quiero debe existir ah que de banalidades tuve que aguantarle lo único y lo mejor que tiene bah no sabés como coge es infernal por momentos creo que deberíamos llegar a un arreglo eso tendríamos que llegar a un arreglo y tener sexo una vez a la semana con eso me conformo claro me gustaría que pensara y que pudiéramos estar juntos aunque sea solo por eso pero en fin por suerte no estoy tan enamorado como otra veces como con la entrerriana ah si te cuento como son las amigas que tiene nunca las escuché decir nada que valiera la pena son más frívolas que ella odiosamente frívolas casi me hago de nuevo revolucionario de nuevo…

 

Anselmo había abierto el ventanal en busca de una bocanada de aire fresco y escuchaba sin prestar demasiada atención desde el balcón. Las palabras que El Polle-Desaugustado decía con envalentonada tristeza eran una replica de otras oportunidades más recientes, más lejanas.

 

Entonces, era mejor mirar al cielo inútil o a la calle vacía y silenciosa. Seguramente existirían argumentos impensados y por descubrir, en la penumbra oscilante entre los árboles y el paredón de enfrente que en el discurso augustino.

 

Al fin el instante imprevisto llegó y dejó de prestarle atención. Fue cuando apareció  Sintecho con el paso torpe y extenuado del borracho. Caminaba apoyando la mano contra la pared, tratando de llegar algún punto situado de la noche imprecisa y derrotada. Cada 2 pasos metía la mano en el bolsillo del saco o se ajustaba los anteojos o se pasaba la mano por la cabeza. Gesto de auto compasión, según los especialistas. Sintecho estaba exhausto de todos los cansancios.

 

A los 50 estar así. Llegar así. Vivir así. Varios ¡así! Stolen Moments, volvió a circular y esa repetición fortuita y afortunada, se unió al pensamiento de Anselmo. Un pensamiento determinista. Un hombre vale por otro. Eso pensó Anselmo y Sintecho entró a cobrar… a cobrar más importancia que Elpolle y sus lamentaciones inaugustas. Así se dio esa circunstancia de índole noche ofuscada.

Anselmo Anselmi hombre de resolución y determinación no tuvo dudas. Sin hesitar llamó al Polle y le dijo,

-vení, mirá.

-¿qué hay para ver?

-a un hombre.

Elpolle se acercó con un libro en la mano y preguntó,

-¿un hombre, cuál?

-el que está tumbado ahí.

-está muy mal.

-debe tener hambre y frío.

-es gente que ya no cuenta

-podemos ser él.

-nosotros nunca podríamos llegar a eso. –sentenció Augusto

-¿por qué no? –preguntó Anselmo,

sin esperar que Augusto contestara y entre otras cosas porque había dejado de importarle la respuesta que pudiera darle -de antemano la juzgaba desacertada- por eso con un ademán un poco desdeñoso lo apartó para abrirse paso. Del placard sacó un abrigo sin elegir mucho y se lo puso. De encima de la mesa tomó las llaves y sin mirar a Augusto, le dijo,

-ya vengo.

-¿adónde vas?

-no importa, no tardó mucho.

-aprovecho para entrar a mi Factbook, cuando vuelvas te muestro las fotos de Lilí…

-hacé lo que quieras. –le dijo,

al tiempo que abría la puerta. Escalera abajo se fue este Anselmo. Puerta de calle y vereda enturbiada. Caminó unas cuadras de más –para sentir nomás- antes llegar al quiosco de la otra esquina. Tan solo para sentir brisa fresca recién llegada y alguna desolación De eso se trataba.

Al  que atendía el quiosco –un muchacho chistoso- le pidió cigarrillos, unos sanguches que hizo calentar y una gaseosa. Le pagó y se fue sin saludarlo.  Al desandar los pasos no se cruzó con nadie, pero, sintió frío. Como pudo se frotó las manos.

 

4

 

Sintecho – Sinnada- Sin – Sin, jugado estaba. Hacía un tiempo, digamos… Agazapado también. La calle es dura, ni falta hace. SIN-SIN,  se sobresaltó cuando Anselmo se acercó y le dijo,

-amigo, no se enoja… (Acercándole la bolsa)

-no, no, muchas gracias señor… -muy sorprendido Sintecho, claro está.

-algo es algo…

-sí, sí… -dijo SIN-SIN,

tomando la bolsa que Anselmo le alcanzaba. Como SInSin, algo se irguió, pudo observar en la penumbra, la mirada vidriada, asustadiza y como incrustada en el rostro con barba mal afeitada. Rasgos inalterables, en los cuales no se había deteriorado una nobleza desesperada e incierta. Al despedirse, le dijo,

-vivo enfrente…

-que Dios lo bendiga. –dijo SinSin,

con ese gesto… (Ni falta hace). Al darse vuelta Anselmo alzó la vista y vio a ese Augusto fumando en el balcón. Al abrir la puerta, este Augusto muy Polle del todo, le dijo,

-me hubieras dicho que ibas al quiosco, así te daba para comprar un vino…

-te parece…

-hiciste tu buena acción pascual y un nuevo amigo… -dijo medio con sorna-  vení mirá las fotos de Lilí…

-esperá un poco, dijo Anselmo,

sentándose en el sofá de siempre, invadido por un temblor frío, incomodo. El malestar ascendía en círculos como el humo del pucho que fumaba. Concentrado en un pensar florecido en imágenes de desamparos pasados o por venir. Así estaba. Estático, endurecido, dejaba caer la ceniza en el piso sucio. Atrapado en ese fluir se sentía humano y hasta visionario.

El Polle iba por fuera de esa circulación. O no entendía o no podía hacer el esfuerzo, era así. Sólo, insistía en lo suyo. Un solicitante. Un insistidor nato. Por esa razón, a la cuarta insistencia, Anselmo se levantó para mirar con desgano la foto de Lilí sonriente en día de sol y alegría. Miró la pantalla por cumplir y le dijo,

-esa mina no vale nada, conozco a esas mujeres.

-ché, te sentís, mal… date unos toques, así levantas el ánimo.

-sé como son, no valen la pena… y no quiero más toques…

-querés que llamé a unas putas... tengo plata… podemos comprar más…

-no quiero putas, ni más saques…

-puedo llamar 2… es feriado largo… nos podemos divertir…

-solo quiero silencio…

-¿entonces, qué hago, me voy? –dijo Augusto,

dando vueltas en su girar de desconcertado o incrédulo más Des-Pollado en sí mismo, Así se mostraba y aceptaba sin entender, cada negativa de Anselmi a la obsesiva propuesta de putas y cocaína. 

Anselmo, volvió a sentarse. Los ojos fijados en el piso, los brazos apoyados en las piernas y las manos sosteniendo la cabeza. Sin mirarlo le dijo,

-andá tranquilo…tirá las llaves al balcón.

Después, lo invadieron los ruidos minúsculos de ese Augusto yéndose. Al oír el golpe del llavero contra el piso del balcón, supo que el otro estaba perdido por siempre.  Al rato se incorporó, lavó el plato inglés y a pesar de estar asqueado de fumar encendió un cigarrillo, se sentó y abrió la ventana del Word, debajo de SERES TERRENALES escribió: MAÑANA, ES UNA BUENA PALABRA y se tumbó a esperar el sueño.

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