¿Argentina y Uruguay,
parte de jugadas estratégicas?
por Antonia Yáñez

Es casi un lugar común comparar ciertos movimientos de la política internacional, con las más audaces jugadas en el ajedrez. Principalmente las grandes potencias hacen esto casi cotidianamente, muchas de las veces son pilladas en su debut, más de las veces, estos movimientos solo son percibidos por la inmensa mayoría, en sus efectos finales.

 

En lo que aparece internacionalmente, como uno de los tantos ”conflictos fronterizos” en un río perdido del planeta, puede haber estado ejercitándose el “método del ajedrez”. Esto es lo que sugiere la información aún parcial y ciertos antecedentes del conflicto de Argentina y Uruguay sobre el Río del mismo nombre.

 

Cuando esta controversia se desencadenó, fue percibida rápidamente por ciertos sectores del Departamento de Estado norteamericano, como una oportunidad para implicar o complicar a Brasil en su relación con Argentina. Es sabido que Itamaraty privilegia en extremo esta relación en tanto entre otros fenómenos es la llave estratégica para impedir la influencia norteamericana en la región mercosuriana.

 

Es por esto que Brasil nunca quiso implicarse en este conflicto. En su oportunidad la diplomacia y el gobierno local solo vieron en esta conducta la inmediatez llegando en algún caso hasta molestarse con la conducta del gobierno de Lula.

 

Entre las primeras reuniones que realizó el presidente Mujica luego de ser electo, se encuentra  la efectuada con presidente Lula. Ya en esta reunión, Mujica recoge la satisfacción de Brasil por las gestiones iniciadas para resolver rápidamente el llamado conflicto de la pastera Botnia.

 

En este mismo periodo la secretaria de Estado Hillary Clinton, viaja a Buenos Aires para entrevistarse con la presidenta argentina, Cristina Fernández, tras pasar por Uruguay para asistir a la investidura de José Mujica, y como parte de una gira latinoamericana. Luego, manteniendo Washington esa relación contradictoria que ha caracterizado sus vínculos con los Kirchner, Obama recibe a la presidenta Cristina Fernández el 13 de Abril de este año.

 

Quizás por esta misma lógica de implicancia de los distintos acontecimientos es que en las últimas semanas han sucedido en torno a Uruguay una serie de hechos que en principio solo el devenir del tiempo y la información decantada dirán si tienen relación entre sí.

 

El 3 de junio pasado en una reunión conjunta de los presidentes José Mujica y Cristina Fernández se llega al acuerdo en un cronograma que pondrá fin al conflicto de Gualiguaychú. El 15 junio el ministro de Defensa de Uruguay Luís Rosadilla, anuncia que pospone la reunión pautada para el 24/06, con el subsecretario de Defensa adjunto de los EE.UU., Frank Mora, dado que una funcionaria uruguaya fue arrestada e interrogada en Miami cuando acudía a un curso en el Centro Hemisférico de Defensa en Washington.

 

Luego que en días previos el gobierno argentino decidió llevar adelante fuertes presiones y denunció penalmente a sus dirigentes, el 17 de junio la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú resolvió levantar los cortes que impedían la libre circulación por la ruta internacional 136 que unen la ciudad de Gualeguaychú y la de Fray Bentos en Uruguay.

 

El 18 de junio se conocen declaraciones del presidente uruguayo en el sentido de que en el monitoreo del Río Uruguay, dispuesto en el fallo del Tribunal de La Haya, se invitara a que participe además de Argentina, Brasil. Ya que este Río “avanza más de 1.200 kilómetros por territorio brasileño antes de transformarse en el límite líquido entre Argentina y Uruguay.”

 

El viernes 18 de Junio renuncia el canciller argentino Jorge Taiana, entre otros motivos, por haber recibido un fuerte cuestionamiento de la presidenta argentina, en función de una nota del diario Clarín; donde Taiana se habría implicado, en una iniciativa de José Mujica, en el sentido de “invitar a Brasil al monitoreo conjunto en el Río Uruguay”

 

El gobierno brasileño de Lula ha puesto en marcha un nuevo rol de su país en el escenario internacional que implica una modificación sustancial de gran parte de las reglas internacionales que esta región solo conocía teóricamente. Este fenómeno es percibido y tratado contradictoriamente desde el gobierno de Obama. Por lo que es de esperar, que los cambios que se vienen operando por estos días en la Cancillería Argentina y la nueva relación de ésta con Uruguay no se vean disociadas desde Washington con su estrategia de observar con lupa los pasos de Brasil.

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