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A Saramago el Vaticano
no lo perdona
por
Miguel Mora
Mientras sus compatriotas y en todo el mundo se
homenajea y llora a ese gran escritor que fue el
portugués José Saramago, la Iglesia Católica lo
condena. El Vaticano se pronunció contra Saramago,
casi celebrando su muerte y lo acuso de “marxista” y
de tener una "ideología antirreligiosa".
Saramago se había distinguido como uno de los
intelectuales que más lúcidamente condenó los abusos
cometidos en nombre de la religión.
"Obrigado, José Saramago" (Gracias, José Saramago)
podía leerse desde la fachada del Ayuntamiento de
Lisboa donde miles de portugueses desfilaron ante
los restos mortales del escritor, para dar el último
adiós. Lo hicieron en silencio, compungidos, y,
algunos, con los ojos humedecidos.
Alejados de la controversia sobre la figura.
Ni
elogio fúnebre ni nota necrológica neutra. Fiel a su
historia, el Vaticano ha dedicado hoy a José
Saramago, fallecido el viernes a los 87 años en
Lanzarote, un ataque denigratorio, una condena
de un tono casi sarcástico, que suena casi a
celebración por la muerte de uno de los
intelectuales que más lúcidamente ha condenado los
abusos cometidos en nombre de la religión y la
hipocresía y contradicciones de la Iglesia de Roma.
El
artículo dedicado al autor de 'Memorial del
convento' por el diario oficial de la Santa Sede,
L'Osservatore Romano, se titula La omnipotencia
(relativa) del narrador, está firmado por Claudio
Toscani y mezcla reflexiones sobre su tarea de
intelectual de izquierdas con descalificaciones del
tipo "populista extremista".
La pieza
subraya la "ideología antirreligiosa" de Saramago, a
quien define como "un hombre y un intelectual de
ninguna capacidad metafísica, (y que vivió) agarrado
hasta el final a su pertinaz fe en el materialismo
histórico, alias marxismo". Para añadir:
"Colocándose lúcidamente de la parte de la cizaña en
el evangélico campo de trigo, (Saramago) se
declaraba insomne por las cruzadas, o por la
inquisición, olvidando el recuerdo de los 'gulag',
de las purgas, de los genocidios, de los 'samizdat'
(panfletos de la Rusia soviética) culturales y
religiosos".
Por lo
que respecta a la religión, continúa la nota,
"uncida como estuvo siempre su mente por una
desestabilizadora banalización de lo sagrado y por
un materialismo libertario que cuanto más avanzaba
en los años más se radicalizaba, Saramago no dejó
nunca de sostener una simplificación teológica
inquietante: si Dios está en el origen de todo, él
es la causa de todo efecto y el efecto de toda
causa".
La
estocada posterior es durísima. "Un populista
extremista como él, que se hacía cargo del porqué de
los males del mundo, habría debido antes que nada
aplicar el problema a todas las estructuras humanas
erróneas, desde las histórico-políticas a las
socioeconómicas, en vez de saltar al detestado plano
metafísico y culpar, de manera demasiado cómoda y
carente de cualquier otra consideración, a un Dios
en el que nunca creyó debido a su omnipotencia, a su
omnisciencia, a su omnipresencia".
El
artículo critica de modo especial la novela 'El
Evangelio según Jesucristo', con la cual, dice
L'Osservatore Romano, el Premio Nobel de Literatura
lanzó "un reto a la memoria del cristianismo de la
cual no se sabe qué se puede salvar si, entre otras
cosas, Cristo es hijo de un padre imperturbable que
lo manda al sacrificio, que parece entenderse mejor
con Satanás que con los hombres, y que domina el
Universo con poder pero sin misericordia".
"Irreverencias aparte", concluye la pieza, "la
esterilidad lógica, antes que teológica, de tales
asuntos narrativos no produce la buscada
deconstrucción ontológica, sino que se retuerce en
una parcialidad dialéctica tan evidente como para
impedirle alcanzar cualquier objetivo creíble".
LA
ONDA®
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