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“Informantes” o Inteligencia,
debate pendiente
por Ramón
Ramos Trías*
En
Uruguay desde hace mucho tiempo el tema de los
Servicios de Inteligencia o la actividad de
Inteligencia desde el Estado, es un problema
pendiente de abordaje y solución. Todos los
elementos que en torno a este tema se vienen
sucediendo en los últimos años indican; que el
Estado, el gobierno nacional y la sociedad, más
temprano que tarde se verán frente a un gran
problema si esta realidad no es abordada
rápidamente.
Entorno a los Servicios de
Inteligencia y a la Inteligencia, suele haber mucha
confusión, en La ONDA digital
Nº 454
está publicado un excelente trabajo académico, que
nos permite un enfoque concreto y nacional del
tema. En este estudio Jorge Jouroff Hazot, su
autor, indica uno de los factores claves para su
contextualización; “la inteligencia, como toda
herramienta, no vale de por sí. Las formas
organizativas se crean o surgen por alguna causa,
con una finalidad determinada. Concordantemente con
lo anterior, primero está la necesidad de dicha
herramienta, y luego, la comprensión de su
necesidad, lo que no es lo mismo”.
Luego
Jouroff Hazot agrega un enfoque que pensamos es
relevante para no repetir errores: “Nosotros debemos
de ser capaces de aprender sin imitar; es decir,
desarrollar una cultura de Inteligencia propia,
nacional. Debemos estudiar las experiencias de
otros países, pero debemos comprender que lo que
define nuestro sistema son nuestros desafíos y
nuestros recursos. No vamos a disponer del nivel
tecnológico de otros países, pero a nivel de
análisis, por ejemplo, sí podemos competir, si
utilizamos inteligentemente los recursos de que
disponemos. Y sobre todo, si definimos para qué
queremos la inteligencia y si comprendemos que,
por bueno que sea un sistema, sólo es útil como
parte del conjunto de las herramientas de que
dispone el Estado y no como fin en sí mismo”.
No es
ocioso que los uruguayos estemos entonces hablando
por estos días, que las “reformas” en “Inteligencia”
sean el “conjunto de las herramientas de que dispone
el Estado y no como fin en sí mismo…”.
Es en
esta dirección que resulta particularmente extraña
una información de prensa, que consigna que se “han
hecho público propuestas parlamentarias con las que
se pretende concederle un marco institucional a los
servicios de Inteligencia del Estado, una vez que ya
se sabe que una oficina coordinadora de los
servicios ha comenzado a funcionar y tiene un
responsable: Augusto Gregori”.
¿Los
servicios de Inteligencia en Uruguay no tienen un
marco institucional? ¿Estamos frente a una realidad
donde el poder Ejecutivo y el Parlamento no tienen
pleno control ni se conocen los protocolos de
actuación de estos organismos?
Casi
simultáneamente se conoció una iniciativa del
senador oficialista, Eleuterio Fernández Huidobro
en el sentido de subrayar la necesidad de "un gran
debate nacional para concluir qué inteligencia
queremos y necesitamos para el país de hoy y de aquí
a 30 años". Agregando que hoy la Inteligencia
"abarca diferentes y nuevas áreas como el cuidado
medioambiental, la aparición de enfermedades raras o
la expansión de pandemias". También se manifestaron
sobre el tema los parlamentarios; Javier García,
nacionalista y José Amy colorado.
En su
trabajo Jouroff Hazot nos habla de dos carencias
principales: “Una, falta de definición política
acerca de que se entiende (y que se pretende) con
‘la inteligencia’. Como hemos visto, se produce
inteligencia en determinados aspectos, pero no
inteligencia estratégica, prospectiva. Es claro que,
cuando hablamos de inteligencia y conformar un
sistema, nos referimos a la producción de
inteligencia estratégica. En una primera
aproximación diríamos que definimos inteligencia
estratégica como la producción de conocimiento
sobre áreas o problemas vitales para el interés
nacional, con el fin de asesorar al más alto nivel
político a fin de anticipar, prevenir y resolver
situaciones de amenaza o riesgo para el estado
democrático”, agrega.
Que el
Estado Uruguayo tenga bien definido los marcos
institucionales y los protocolos éticos y políticos
de actuación y funcionamiento de este instrumento,
permitirá sin duda contar con la mejor información
institucionalizada y democráticamente procesada para
los poderes del Estado. Así se podría evitar
entre otras hipertrofias recurrir a extraños y
peligroso atajos desde el Estado, como éste del que
nos informa el diario El Observador; “el
Presidente José Mujica “logró tejer una red de
información por parte de otros funcionarios
subalternos de su confianza que le reportan
directamente a él sobre diversos aspectos del
trabajo ejecutivo”, la cual le sirve “para estar
vigilante ante presuntas irregularidades o incluso,
acceder a información privilegiada de la gestión que
de otra manera no le llegaría tan rápido”.
Algunos
funcionarios que reportan directo ni siquiera tienen
roles de jerarquía, sino que son funcionarios
comunes “que tienen línea directa con el
mandatario”.
Se agrega que “algunos jerarcas
del gobierno confesaron (al matutino) sentirse
“observados”, ya que el Presidente les ha consultado
sobre aspectos de la gestión que ni ellos conocían y
que luego, averiguando, pudieron chequear.(Inred)
De
confirmarse, es este un hecho grave y anómalo del
ejercicio de gobierno. Cualquiera sea el signo
ideológico que un gobierno tenga o la ejecutividad
que pretenda darle a su práctica gubernamental esto
no encuadra en ninguna sociedad o Estado con
mecanismos auténticamente democráticos e
institucionales. Menos aún en el Uruguay
contemporáneo donde susciten heridas y
sensibilidades expuestas, por las prácticas en este
campo por parte de la dictadura.
*Sociólogo
LA
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