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El golpe de Estado, bajo
una mirada del exilio
por Raúl
Legnani*
En
México me pasé ocho años buscando a Uruguay. Ahora
van 26 años que trato de recuperar a México. Si no
enloquecí fue porque resolví ser Urumex, donde
aspiro ser una modesta síntesis de dos culturas,
donde siempre va primero Uruguay. Hasta en el
fútbol, donde soy hincha de la Celeste, pero no
grito los goles contra México.
Es que soy (somos)
Torres García y Diego Rivera, Paco Espínola y Juan
Rulfo, Alfredo Zitarrosa y Amparo Ochoa, María, la
indígena que hacía las tortillas sobre una de sus
rodillas frente a mi casa, y Eduardito que hoy con
una XO elige lo mejor de la basura de mi barrio,
mientras registra su tragedia y dice cosas
inteligentes.
Soy tequila y mate,
huevos rancheros y pan con grasa, volcanes dormidos
y llanuras, olor a tierra negra antes de las lluvias
y olor a chile jalapeño en los mercados.
Soy (somos) los
generales Líber Seregni y Lázaro Cárdenas, somos
Artigas y Juárez.
Soy y somos el
encuentro de dos culturas, de dos pueblos, cuya
síntesis no supimos volcar a nuestra gente una vez
que se produjo el desexilio, pero tampoco a nuestra
gente le importó nuestra experiencia. Esa mi verdad.
Dolorosa, pero es la mía.
Por eso esta
iniciativa de la Comisión de Derechos Humanos de la
Cámara de Representantes, cobra una significación
especial. Deseamos que no sea el final de algo, sino
el comienzo de la recuperación de la memoria de un
exilio – tanto humana como política - que tuvo su
reconocimiento cuando el regreso de los niños, antes
de que la dictadura cayera definitivamente, con
Germán Araújo y su amplificación.
En Uruguay no es
sencillo distinguir exilio de emigración. En la
década del 60 fue mayoritariamente emigración, pero
con una cuota política muy grande. “El último que se
vaya que apague la luz”, pintaron unos emigrantes
poco antes de irse a la desconocida Australia,
demostrando la pérdida de credibilidad en el sistema
político. “ Bordaberry: metete el Uruguay en el
trasero”, fue otra, mucho más contundente.
En 1971 el Frente
Amplio, consciente de lo que estaba pasando, lanzó
su campaña electoral con unos spots que decían
“Hermano no te vayas, ha nacido una esperanza”. Se
fueron igual. Ganó Bordaberry. El que sería luego el
dictador.
En los comienzos de
los 70 comenzó a politizarse aún más la emigración,
transformándose en exilio en todos sus términos. La
primer puerta de huida fue Buenos Aires, después el
Santiago de Salvador Allende Y Belela Herrera.. En
1973 se instala la dictadura y comienza a gestarse
la Operación Condor.
En 1976 asesinan en
Buenos Aires al Toba, a Zelmar, a Rosario Barredo y
William Whitelaw, entre otros, como el doctor
Liberof que lo desaparecen. Pero antes un 24 de
diciembre habían asesinado a balazos a Raúl Feldman.
Comienzan los crímenes, después los vuelos de la
muerte, después los traslados a nuestro territorio
para asesinarlos. Hasta los niños pasan a ser
subversivos.
Dos situaciones en
Buenos Aires muestran lo que fueron aquellos años
del terror, donde con razón los hermanos argentinos
hablan de los años de plomo.
Etore Pierri y
Luciana Posamay se relacionan con Acnur, para
escapar de Argentina rumbo a México. Llegan al
aeropuerto con Raulito en brazos y un funcionario de
la dictadura los para. “Su hijo no puede subir al
avión, porque no es refugiado, es argentino”, les
dijo, lo que era correcto porque había nacido en ese
país.
La apreciación del
funcionario era legalmente correcta. Conversan,
dialogan y el funcionario se vuelve humano: “Yo
ahora voy a ir al baño, cuando vuelva no quiero
verlos”. Fue así que Etore y Luciana, con Raulito en
brazos, subieron al avión, llegaron a México y a la
Cuernaca de la eterna primavera y desde hace años
volvieron a su (el nuestro) Uruguay. Hoy son
abuelos.
En Argentina hubo
exiliados y también unos extraños clandestinos, que
se quedaron en ese país militando por el Uruguay.
Algunos de ellos se las ingeniaron para entrar al
país bajo plena dictadura y tener contactos directos
con la dirección de la resistencia.
Voy a nombrar a dos
de ellos, quienes lo han mantenido en reserva hasta
hoy. Estoy autorizado a hacerlo. Me refiero a
Roberto Pereira, director de La ONDA digital y a
alguien que ustedes conocen. Me refiero al director
del BPS, Geza Stary.
Los dos fueron pieza
clave del Partido Comunista de Rodney Arismendi en
Buenos Aires, verdaderos vasos comunicantes entre la
resistencia interna y el exilio solidario. En su
momento jugó ese papel, Esteban Valenti, que luego
la siguió con otro equipo en Italia.
En octubre de 1975 se
desata en nuestro país, con ferocidad, la represión
contra el Partido Comunista de Rodney Arismendi. Me
asilo en febrero de 1976 junto con mi esposa. Lo
hago en la embajada de México, que estaba al frente
un héroe, quizás no Urumex, pero si Mexur. Me
refiero al embajador Vicente Muñiz Arroyo.
Hace pocos años se
hizo un video de pocos minutos sobre el asilo
político en la embajada de México en Montevideo,
dirigido y bancado por Gonzalo Rodríguez. Creo que
la diputada Daniela Payssé tiene una copia, que a lo
mejor podría ser incorporada al sitio web de la
Cámara de Representantes. Allí verán el drama de
Laura Piedra Buena y su encuentro con su hija en el
avión, una verdadera obra maestra del embajador
mexicano. También hay una obra de teatro “La
embajada”, de Marina Rodríguez y dos libros de
Silvia Dutrenit.
No dudo que hubo un
pacto –un buen pacto- de los países del socialismo
real con México, para que fuera ese país el único
que abriera las puertas de su embajada. “Se van por
México, para que no haya confrontación diplomática,
pero un porcentaje de los exiliados los recibimos en
Cuba, la URSS, RDA y otros”, ese debe haber sido el
contenido de la negociación. No lo dudo.
Una vez en México,
comenzó la difícil tarea de construir la
solidaridad. No fue sencillo, porque el mundo
democrático ponía solo su atención en calmar el
dolor de Chile y en impedir que la ola fascista no
llegara a la frontera sur de Venezuela y Colombia.
A nosotros nos
conocían por el Chiquito Mazurkiewics, los éxitos
futbolísticos del Pepe De León y del Pulpa Echemendy,
por las acciones de los tupamaros y la huelga
general de 15 días con que la CNT y la Feuu habían
enfrentado al golpe de Estado.
De Seregni sabían
poco, aunque había vivido un año en la casa de
Guillermo Aro y Elena Poniatowsca, en Puebla. Un
grupo de destacados matemáticos conocían el valor
intelectual de José Luis Massera.
A la vez descubrimos
que Mario Benedetti y Eduardo Galeano, eran leídos
masivamente por la juventud estudiantil, que en esos
años aún no superaba el trauma de la noche de
Tlatelolco de 1968.
Quiero destacar el
gran papel que jugó la cultura uruguaya que vivió en
la diáspora, que se expresó con fuerza en 1977 con
las Jornadas de la Cultura Uruguaya en el Exilio,
que se realizó en México. No fue, por cierto, la
única actividad conjunta. También pasó lo mismo en
Venecia y en otras esquinas del mundo.
La presencia de Mario
Benedetti, de Atahualpa del Cioppo, de El Galpon, de
Carmerata Punta del Este, de Alfredo Zitarrosa, de
Daniel Viglietti, de Los Olima, de Numa Moraes, de
Roberto Darwin, de Anhelo Hernández y Carlos
Palleiro, de Carlos Quijano y Eduardo Martínez
Moreno, puso a la cultura uruguaya en condiciones de
dialogar con todo el mundo, asilando así a la
dictadura. De esto y de otras experiencias pueden
hablar con propiedad Galeano y Braulio.
Primero conseguir
trabajo, después vivienda, para más tarde construir
los Comités de Solidaridad con Uruguay en todos los
continentes.
La segunda gran
prioridad fue reconstruir los instrumentos
históricos del pueblo y la izquierda uruguaya, pero
esta vez en el exterior del país. Cada sector se
reconstruyó, como ocurrió con el Partido Comunista
al cual pertenecí.
De inmediato se
conformaron a nivel mundial la CNT, la Feuu y el
Frente Amplio, encabezados – este último - por Oscar
Maggiolo, rector de la Universidad y Hugo Villar,
director del Hospital de Clínicas, entre otros.
Yo participé de una
estrategia para enfrentar a la
contraofensiva
fascista del imperialismo y el capital financiero,
que recogió la enseñanza del búlgaro George Dimitrov
y de la lucha en defensa de la República Española.
Fue lo que Arismendi llamó “la unidad y convergencia
de gobiernos, partidos y pueblos para enfrentar al
fascismo”.
En este marco
político se fue perfeccionando y ajustando el
accionar de la izquierda junto a Wilson Ferreira
Aldunate y su hijo Juan Raúl Ferreira.
Este relacionamiento
ya se había iniciado en Buenos Aires, pero tuvo,
posteriormente, dos etapas. Un primera, que fue la
de golpear separados a la dictadura, para pasar a
otra donde los golpes eran coordinados y muchas
veces conjuntos.
Fue así que nació la
Convergencia Democrática en Uruguay, integrada por
hombres del Frente Amplio y del Partido Nacional.
Esta organización, que no estaba por encima del FA y
del PN, permitió incidir mucho más en el plano
internacional, por su carácter de amplitud. Más con
el triunfo del NO en el plebiscito de 1980.
Logramos en México
reunir, en solidaridad con Uruguay y nuestro pueblo
en lucha, a tres internacionales: la
Socialdemócrata, la Demócrata Cristiana y la
Liberal. Estas tres internacionales no se podían ni
ver, por eso se negaban a firman un documento
conjunto.
Juan
Raúl y el Colorado Echave, pusieron toda su
creatividad y lograron, al mejor estilo uruguayo, el
efecto deseado: cada internacional firmó por
separado el mismo texto.
Marta Ponce de León
desde Amnistía Internacional, Enrique Pastorino en
la FSM y Benjamín Liberoff desde la UIE, se sumaron
a otros y dijimos todos; Tarea cumplida.
En estos años de
dictadura los uruguayos exiliados estuvimos
vinculados a los grandes conflictos de la época.
Vimos caer el colonialismo en Africa (hasta alguno
de los nuestros fue protagonista en los hechos),
conocimos de primera mano el triunfo sandinista (por
ejemplo los comunistas Meme Altesor, que muere en el
campo de batalla, Gastón Ibarburu y Juanjo Montano,
Jerónimo y sus vuelos en los cielos de Niacaragüa,
entre otros), conocimos la aparición del
eurocomunismo y nos enteramos de las tensiones que
se empezaban a vivir en la URSS. Supimos de la
solidaridad cubana, encabezada por el gobierno de
ese país y por Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, así
como de sus primeras dificultades para acceder al
progreso sostenido.
Se puede decir que
establecimos lazos de afecto y políticos con un
amplio espectro de personas y fuerzas democráticas.
Aprendimos las formas de la diplomacia, para la cual
no estábamos preparados. Pero fundamentalmente
conocimos pueblos, que dejaron de tener nombres
genéricos para tener cara de mujer, de hombre, de
niños o de ancianos. Es que pasaron a ser vecinos o
compañeros de trabajo. Hermanos del infortunio.
Fue una lástima que
aquella experiencia vivida no haya sido de interés
de los gobiernos democráticos, ni de la academia, ni
de la población. En los primeros años posteriores a
la dictadura, pudimos haber ayudado mucho a las
cancillerías y a los partidos políticos, porque
teníamos relaciones políticas y humanas con
distintos gobernantes. No se nos convocó, ni
siquiera para tomar un mate e intercambiar ideas.
Hubiéramos ido, sin pedir nada.
Uruguayos del exilio,
por sus propios méritos, llegaron a ocupar lugares
importantes en el parlamento. Solo algunos nombres:
Reinaldo Gargano (quien también fue Canciller), José
Korzeniak, José Díaz, Alberto Couriel, Ernesto
Agazzi, Juan Raúl Ferreira, Leopoldo Bruera, Marina
Arismendi, Hector Tajam, Hugo Cores, Eduardo Viera,
el Cholo Blasina y Gustavo Guarino, entre otros.
Hoy el exilio va a
tener su primera intendenta, Ana Olivera. Antes lo
había sido Tabaré González y Ricardo Eherlich,
también en Montevideo.
Rodney Arismendi y el
Pato Quartino fueron electos, pero no pudieron
acceder a sus bancas porque fallecieron antes.
Rafael Guarga y
Rodrigo Arocena, llegaron al rectorado de la
Universidad de la República. El doctor Jorge
Venegas, es el actual subsecretario de Salud.
También hubo tres embajadores: Juan Raúl Ferreira,
José Ignacio Korzeniak y ahora Ariel Bergamino.
Solo reclamo permiso
por una referencia más, que es un compromiso con la
vida. Creo que me van a entender.
Hubo un médico del
interior del país, que vivió una situación
particular. Fue detenido y procesado. Como su salud
no era la mejor, lo dejaron en libertad condicional.
Luego le permitieron salir una vez al año a visitar
a su familia exiliada en México, previo depósito de
una determinada cantidad de dinero en dólares, a la
vez que era amenazado con que algún miembro de su
familia que residía en Uruguay podía no irle bien,
si no volvía al país.
En uno de esos viajes
murió, a causa de una aneurisma de aorta. Este
médico ¿era preso, exiliado, turista o emigrante en
el momento de morir?
No tenga respuesta.
Lo único que puedo decir que era mi padre. Un
perseguido por ser batllista y fundador del Frente
Amplio.
Pregunto: ¿qué fueron
Enrique Erro y Hugo Cores, que estuvieron presos y
exiliados en Argentina? ¿Qué fue Leòn Duarte que
estuvo exiliado, preso y hasta hoy es desaparecido?
Hagamos un esfuerzo y
recuperemos la memoria. Quizás en las radios del
Sodre se podría montar un archivo de la palabra,
para que dentro de unos años alguien tenga la misma
sensibilidad que esta comisión de derechos humanos.
Quizás este
emprendimiento, si prospera, llegue demasiado tarde.
Desconozco si nuestros hijos y nosotros mismos
tenemos ganas de contar algo más.
El México florido y
espinudo, al decir de Neruda, perdió la alegría y
sus hermosos colores y olores, porque el
narcotráfico le quitó los matices y el sentido a la
vida.
Por ellos hay que
hacer algo, porque ellos hicieron todo por nosotros.
Gracias. A todos
gracias.
*
Intervención realizada el lunes 28 de junio de 2010,
en la sala Paulina Luisa del Anexo del Palacio
Legislativo de Uruguay, en oportunidad de realizarse
el evento “A 37 años del golpe de Estado, la
dictadura desde la óptica del exilio”, organizado
por la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de
Representantes, presidida por la diputada Daniela
Paysée,
LA
ONDA®
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