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Arrebatos del general Mc Chrystal:
señales equívocas
por Juan
Francisco Coloane
El despido del comandante de las tropas de USA en
Afganistán, Stanley McChrystal, muestra que Barack
Obama no admite insubordinaciones. Lo remplaza el
general David Petraeus. Para el sociólogo chileno
Juan Francisco Coloane, el hecho
deja en claro también que en este
momento hay dos o más doctrinas militares (y
políticas) que se contraponen al interior del
Pentágono y al interior de la Casa Blanca.

“Bienvenido el debate dentro de mi equipo, pero no
toleraré divisiones”. Así remachó su discurso el
Presidente Barack Obama cuando acepta la renuncia
del general Stanley A. Mc Chrystal, a cargo de las
F.F.A.A. de Estados Unidos en Afganistán.
Mc
Chrystal había diseñado la actual estrategia basada
en una solicitud de mayor número de tropas, y
enfrentó públicamente al Comandante en Jefe, Barack
Obama, en una entrevista en un semanario ícono o
fetiche de la cultura popular. No era una opinión en
un semanario especializado de circulación limitada.
Lo de Mc
Chrystal es grave porque es una señal a los
militares del mundo. Sirviendo al país más poderoso
y gravitante del planeta, con el ejército más
poderoso, aplica un juicio de selectividad
absolutamente equivocado, en el nivel más alto de la
centralidad del poder bélico, en la conflagración
más crítica del país, y dentro de la zona más
inestable del país. ¿Pensaba que iba a salir ileso,
o es “la víctima” para dar señal?
Con su
acción, transforma en un instante a EEUU en una
república reducida al arquetipo de nación con
políticas imprevisibles. No uso lo de “república
bananera” por respeto a las naciones que han sufrido
el colonialismo.
Sin
embargo, todo lo anterior es la apariencia. Mc
Chrystal no actúa en solitario y no representa
la exacerbación del narcisismo militar o la
impasividad del jefe militar que encuentra
dificultades para dar con el primer blanco o con el
blanco clave. Lo dije en mi crónica pasada, “EEUU y
su dilema con el Primer Blanco”. El problema es de
dos o más doctrinas militares (y políticas)
que se contraponen al interior del Pentágono y al
interior de la Casa Blanca.
Digámoslo sin ambages. Mc Chrystal, o está frustrado
porque no le dieron el pase para un despliegue de
fuerza mayor o el camino más corto para usar la
“bombita atómica” con expansión y destrucción
limitada, o está en el camino de una carrera
política. En EEUU desafortunadamente todavía se
valora políticamente demasiado el coraje militar
desprovisto de otras consideraciones. No tiene otra
explicación.
El uso
de la “bombita” de capacidad destructiva limitada
no es inviable. Fue una de las opciones para la
invasión de Irak en febrero 2003, y estuvo en el
debate. (Ver Irak: Bitácora de un fraude; Pehuén
2004).
Mc
Chrystal tiene respaldo y está en el formato del
militar que desea hacer política, y si su objetivo
militar en Afganistán es producir una pequeña
hecatombe para provocar pánico sicológico y así
reducir a los talibanes, es lamentable y doblemente
peligroso.
El hecho
es gravísimo en medio de una guerra fundamental, en
la siempre crítica relación entre Occidente y el
mundo islámico. También es una señal clara pero
equívoca de la ansiedad de los militares tipo Mc
Chrystal, por cruzar la línea divisoria que los hace
incuestionablemente subordinados al poder político.
Aún así, sus declaraciones tuvieron un eco positivo
en el cuestionado presidente afgano Hamid Karzai, a
quién le sigue penando la ilegitimidad de su
reelección en 2009. Karzai y la administración de
Barack Obama no han tenido una sintonía feliz que ha
sido aprovechada por el extremismo.
Mc
Chrystal se había amistado con Karzai y trabajaban
conjuntamente en un plan de buscar adhesión a los
esfuerzos de la pacificación por la fuerza, en
circunstancias que los oponentes de Karzai, más de
la mitad de los que votan, consideraban la
estrategia aplicada por Mc Chrystal como de estar
apoyando a Karzai para permanecer en el poder. Para
los opositores a Karzai, Mc Chrystal había caído en
su trampa. Karzai reclama un pasado monárquico, y
gobierna al más puro estilo de la elite del poder
afgana que ha mantenido al país por siglos dividido
en facciones.
El
arrebato del general no es una conjura propiamente
tal, aunque por la gravedad del estado de la guerra
en Afganistán, desde una perspectiva del protocolo
en tiempos de guerra, lanzar públicamente una
discrepancia vital podría ser considerada un
abandono de deberes cercano a la traición. En este
sentido Barack Obama demuestra una vez más su
civilidad y bonhomía -su sello-, exponiendo eso sí
el delirio y la insensatez de Mc Chrystal.
En el
siglo pasado, el siglo de la mayor tensión bélica
planetaria desde la paz de Westfalia, los estados
han sido gobernados principalmente por militares y
civiles con la impronta militar, y que han dejado su
legado en la política.
Veamos
algunos nombres. Teodoro Roosevelt, Venustiano
Carranza, Juan D. Perón, Charles De Gaulle, Winston
Churchill, Fulgencio Batista, Augusto Pinochet,
Adolf Hitler, Benito Mussolini, José Stalin,
Francisco Franco, Carlos Ibañez del Campo, Chang kai-shek
y Mao tsé-tung en China, Suharto y Sukarno en
Indonesia, la seguidilla ininterrumpida de
presidentes militares en Pakistán desde la muerte de
Zulfikar Alí Butho en Pakistán en 1979 con la
interrupción de los dos períodos de su hija Benazir
asesinada. Hay razones de sobra para incluir a
George W. Bush en esta lista.
Una
mayoría de estados independientes en África y Asia
han optado persistentemente por el liderazgo militar
hasta hoy. Las frágiles democracias en América
Latina permanecen al borde de los gobiernos de facto
o de corte militar.
Barack
Obama al remover elegantemente a Stanley Mc Chrystal
y no incitar una condena por traición o abandono de
deberes, apunta hacia el otro legado: el de la
civilidad.
Juan Francisco Coloane, es
sociólogo (U de Chile), iniciando su experiencia
profesional en 1971 en investigaciones
socioeconómicas para el sector agrario en Chile.
imparte clases en la Escuela de Periodismo de la
Universidad de Chile desde 2004, y en la actualidad
dicta un curso de información y análisis político.
Desde 2003 a 2009 escribió sobre política
internacional en El Mostrador.cl. y actualmente
comenta sobre el mismo tema para Bio- Bio,LA
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