Sudáfrica: un buen ejemplo
para salir adelante
por Raúl Legnani*

El 28 de julio, durante una jornada de reflexión sobre el exilio que se realizó en el Palacio Legislativo, Eduardo Galeano dijo que el fútbol es "la única religión que no tiene ateos", expresando así su deseo de presenciar el partido de fútbol de esa jornada y dar por finalizada la reunión.

 

Todo indica que el escritor tenía razón, en tanto apareció una especie de nueva religiosidad en Uruguay con nuestro triunfo sobre la Selección de Ghana. El penal de Suárez resultó ser mérito de "la mano de Dios" y el triunfo "un milagro", fueron las palabras más repetidas en la tarde del viernes, después de que Abreu hiciera su locura (por favor no pasar más el video, que a lo mejor lo erra).

 

En cambio el maestro Tabárez se sintió en la obligación de dar su punto de vista, cuando dijo: "No creo en esas cosas". Se refería, críticamente, "a los que creen en el destino o en las cosas predeterminadas". Prefería explicarlo por el lado del trabajo.

 

Por encima de este debate filosófico, que no es el objetivo de estas líneas, lo cierto es que la tentación de poner los resultados futbolísticos en manos de fuerzas sobrenaturales, para lo único que sirve es para no aprender de la experiencia, sea positiva o negativa.

 

Lo cierto es que desde hace dos semanas se ha establecido una empatía entre los jugadores en Sudáfrica y el pueblo uruguayo, que casi no se conocía, particularmente para las generaciones más jóvenes.

 

Una empatía que se ha construido desde la lejanía, por un cuerpo técnico y un grupo de jugadores que han puesto lo más difícil de la condición humana: la sencillez, la responsabilidad y el compromiso con objetivos comunes.

 

Solo con esos pequeños gestos, más los sustanciales triunfos, la sociedad uruguaya se ha identificado, como nunca, con los éxitos deportivos, si no tomamos en cuenta los que ocurrieron hace mucho, pero muchos años.

 

Por encima de lo que pase ante Holanda habrá que estudiar con seriedad y profundidad, no solo este fenómeno cuasi mágico ­que no lo es­, sino las razones de por qué este equipo de jugadores ha llegado más lejos que otros.

 

Esto vale para el fútbol, pero también vale como experiencia a extraer y así aplicar en otras zonas de la sociedad.

 

Mujica lo captó

Este fenómeno el presidente José Mujica lo captó en toda su profundidad, cuando manifestó que los jugadores "Nos han demostrado en un gran escenario de lo que es capaz un equipo humano cuando tiene y construye colectivamente alma de equipo, sentido de pertenencia a una causa común".

 

"El éxito que han logrado estos muchachos es también un triunfo del método, del trabajo en equipo, de las horas entregadas precisamente al ajuste de una profesión que tiene sus aspectos profesionales y técnicos, y naturalmente tiene su pizca de arte", agregó.

 

"Es una invitación al Uruguay entero para el trabajo serio. No sólo están jugando al fútbol, sino que la Selección, por su seriedad, nos ha dado una enorme lección de compromiso, de valentía y de entrega, y si bien todos sabemos que es un juego altamente profesional, también sabemos que cuando arranca un partido todas las emociones se alejan de los bolsillos y todos los compromisos de estos muchachos están allí", reafirmó el presidente.

 

La invitación

Con esas palabras el Presidente de la República nos está invitando a abrazar el "trabajo en serio" y de "lo que es capaz un equipo humano cuando tiene y construye colectivamente alma de equipo, sentido de pertenencia a una causa común".

 

Si con este mismo talante los uruguayos abrazamos la causa de la educación ­por solo poner un ejemplo­ podemos revertir la actual crisis de la enseñanza, que no por casualidad comenzó en la década del 50, junto a la crisis de la economía y del fútbol uruguayo.

 

Claro que superar los atrasos en la enseñanza, requieren de grandes estrategias y de compromisos de múltiples actores sociales y políticos. Pero ese grupo de uruguayos que luce la celeste en Sudáfrica, tiene mucho para decirle a los más gurises y a sus padres, así como a los docentes y a las autoridades educativas.

 

Un técnico italiano dijo una vez que el fútbol es lo más importante, de las cosas menos importantes. Razón tenía, pero en determinadas circunstancias puede ser un buen ejemplo para esas sociedades que, en algún momento, perdieron su autoestima ¿En casa como andamos?

 

* Este artículo fue escrito el pasado 4 de julio, antes del partido con Holanda. Cualquiera haya sido el resultado, mantiene su plena validez.

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