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La celeste ya me hizo llorar,
crónica de un éxito a lo "Madiba"
por
Joselo Olascuaga
Empecé a
llorar cuando la vi en la televisión en el momento
en que iba a empezar el partido.
Era mi
camiseta.
Pero no
la celeste, la grande, la de todos nosotros. No.
La
celeste ya me hizo llorar de emoción en los finales
de los últimos cuatro partidos. La que me ganó la
emoción antes de empezar éste, fue mi camiseta
chica: la de Mar de Fondo. La vi en la mitad de la
cancha, negro y blanco alternado detrás de una
pancarta contra el racismo. La vi y la leí, porque
la camiseta de mi cuadrito es "negra y blanca a
franjas verticales iguales, en representación de la
integración racial del barrio Palermo" (acta
fundacional del club del 25 de agosto de 1934). Será
relevante en cada partido de la Copa en que se lea
la proclama, pero lo fue más en éste por los colores
y la actitud de los jugadores al intercalarse para
exhibir la consigna.
Ustedes
saben, gurises, lo importante que fue esa pancarta y
esa proclama que leyeron nuestro Capitán y el
ghanés. Ustedes conocen nuestra historia, nuestra
vida y están conociendo la historia y la vida de
África. Saben de la xenofobia que sufren los
africanos en Europa y aún en el interior de África.
Pero tiene que saberlo el mundo, che.
Ayer leí
una nota de Natasya Tay para IPS que alerta: "La
violencia generalizada de origen racista puede
estallar cuando termine la Copa Mundial de la FIFA".
Los epígonos del tristemente mítico Daily Telegraph
de Verne, dicen que los blancos de Sudáfrica ganaron
el mundial de rugby y los negros no pasaron la
primera ronda del de fútbol. "Si conocen historia no
es de haberla leído sino de haberla visto en el cine
'americano'" (Cortez). Sin embargo, el año pasado,
Hollywood hizo una buena película sobre Mandela. La
dirigió Clint Eastwood y, más allá de unas cuantas
inexactitudes, demostró que el gran ganador de aquel
mundial de rugby fue "Madiba" y su apuesta a la
integración de todo su pueblo (que, lamentablemente,
todavía está lejos de hacerse realidad).
Sudáfrica y Ghana perdieron con el primer país del
mundo que logró esa integración racial en la
historia del deporte: Uruguay, en 1916, sesenta años
antes que Sudáfrica, cuando el título de Campeón
Sudamericano que logramos en Chile, fue protestado
en la liga con el argumento de que por Uruguay
habían jugado dos africanos (Isabelino Gradín y Juan
Delgado), algo nunca visto. La celeste es
antirracista por su historia. Esa pancarta la define
y esa proclama la expresa con propiedad.
Aunque
el mundo no lo sepa, aunque no lo sepan ni siquiera
los sudafricanos,
si
Uruguay lo gana, este será otro Mundial para "Madiba".
A partir de ahora, queda otro equipo local en su
Sudáfrica.
Uruguay,
no más.
A todos
los que integran, integraron o quisieron integrar
esta representación:
Gracias
por ser el fútbol uruguayo.
Gracias
por acordarse del barrio, del mío y del de cada uno
de nosotros.
El
significado de una camiseta
Palermo
era un barrio orgulloso de ser como era, un barrio
de negros y de blancos integrados en las comparsas (lubolos),
en la escuela, en el fútbol y en la casualidad
histórica de haber quedado disfrutando juntos de la
hermosa costa montevideana, el barrio de las
llamadas que no quiso abandonar Santiago Luz (el
platense) cuando Louis Amstrong ofreció llevarlo a
Nueva York.
Hasta
poco más de un siglo antes, en esa playa, como en la
del Cerro, los traficantes de esclavos ponían a los
negros que habían cazado al otro lado del mar, a
secarse al sol, para seleccionar los más sanos y
dejar morir a los otros. Conocedor de la oferta y la
demanda, el traficante ya había tirado por la borda
la cantidad de negros necesaria para que el resto,
sobreviviendo encadenado a su especulación, a las
ratas y a la humedad de la bodega, al agua y al
viento de la cubierta y, peor aún, a la nostalgia,
fuese vendido en la feria al mejor precio posible.
El traficante se llamaba por ejemplo Maciel, "El
Padre de los Pobres", que hoy da nombre a un
hospital de nuestro Ministerio de Salud Pública.
Sin
embargo nuestro país supo ser pionero, desde la
epopeya artiguista, en la más fraterna y amplia
integración racial. Es cierto que luego, el llamado
Gobierno de la Defensa, durante la Guerra Grande,
devolvía al Imperio del Brasil los esclavos fugados
de las fazendas, pero si llegaban al lado oribista
quedaban liberados. Es decir que durante casi un
siglo (porque en Brasil la esclavitud se abolió
recién al filo del 1900) la bandera azul y blanca y
el sol andino fue para los negros fugados de las
fazendas brasileñas, sinónimo de libertad. Eso queda
en la memoria colectiva. Quizá no sea meramente
deportivo, el respeto que los futbolistas brasileños
sienten por un equipo donde juegue algún negro con
la camiseta celeste. La integración racial que para
Uruguay era ya una tradición (desde el legado del
Prócer con su Reglamento de Tierras a satisfacción
de negros e indios hasta la música, con los blancos
pintados de negros – lubolos -, pasando
fundamentalmente por la educación, con la escuela
pública vareliana), al mundo le resultaba
sorprendente y escandalosa. Uruguay fue el primer
país en integrar negros y blancos en sus selecciones
deportivas. Por eso en el Sudamericano de Fútbol de
Chile 1916, se pretendió despojar a la celeste del
título de Campeón que había logrado brillantemente
en la cancha, aduciendo que en nuestra selección
habían jugado africanos. Uno de esos "africanos",
también representante olímpico uruguayo en
atletismo, era Isabelino Gradín, de Peñarol, padre
de fundadores y cracks del Mar de Fondo, como el
campeón del año 61, Tito Gradín. El otro era Juan
Delgado, escobero a la buena, de Central, otro de
los grandes del barrio.
Mar de
Fondo no sólo es un referente deportivo, por los
nombres insignes que lucieron su camiseta (Gambeta,
Chirimini, Clavarés, El Tigre Young, Plácido
Rodríguez, Paech, Morelli, Iguini, Sarro, Chagas,
Verdi, Pedutto, Roberto Píriz, Gradín, Riobó,
Bagnulo, Cacho Vázquez, entre tantos otros), sino
que por el simbolismo mismo de esa camiseta (negra y
blanca, por representar a un barrio de negros y
blancos, como el Yacumenza de esa Liga Palermo que
albergó al Atlanta, El Power, El Okey, Arriba y
Abajo, El Fortín, La Sospecha, Universal Ramírez, El
Bicho Feroz, La Cumparsita, entre otros equipos), es
también un referente del Uruguay como nación, como
país republicano y democrático y del fútbol uruguayo
que fue, precisamente, quien en la Olimpíada de
París 1924, paseó por la pasarela más notoria del
momento, ese ejemplo de integración correspondiente
a un modelo exitoso de país. José Leandro Andrade
fue "La Maravilla Negra" del máximo evento ecuménico
de aquella época.
Pero hoy
en Sur y Palermo ya no queda ningún cuadro, ya no
tiene sede ningún club afiliado a la AUF. En el caso
de Mar de Fondo, el plan Flangini lo llevó a quedar
eliminado en el año 78, en cancha de Wanderers y en
todo caso, durante esa dictadura, el desalojo
forzado, dejó a los viejos cuadros de fútbol y a las
entrañables comparsas sin barrio, sin jugadores, sin
fogatas para el temple de las lonjas, sin la playa
donde desde muy temprano (comparado a otros estados
del continente) los negros libertos se afincaron
junto a otros inmigrantes con añoranzas del otro
lado del mar.
Mar de
Fondo caía, mientras los desalojados se hacinaban en
el Corralón Municipal para luego dispersarse por
barrios sin vista al mar. Pero a Mar de Fondo no
podía matarlo una derrota, porque es un sueño que
sacó su nombre de hacer de la derrota primavera.
En plena
crisis del país y de su fútbol, un resurgir
empecinado
El 10 de
julio de 1923, Montevideo se vio azotada por un
temporal. Las pocas casas diseminadas por la costa
del barrio Sur de entonces, no pudieron contener los
embates furiosos de olas de hasta quince metros. De
la casa de la familia Galli, una de las tantas
dañadas ese 10 de julio, solo quedó una pieza, la
cocina, paredes derrumbadas y montones de escombros.
La abandonaron. Pasados algunos días, el mar se
tranquilizó y una barra de muchachos resolvió
construir un rancho sobre aquellos restos y
habitarlo. Julio Rasceti le puso nombre, desafiando
a la línea de mar oscura sobre el horizonte donde se
originó la tempestad: Mar de Fondo. De allí tomó el
nombre Héctor Cessio, cuando diez años después esa
muchachada fundó el Mar de Fondo Fútbol Club.
En los
años setenta otras tempestades fueron sacando del
barrio al viejo Marde. Su tablado en la bajada de
Yaro (uno de los más importantes de la historia del
carnaval) nos dejó en su agonía funciones memorables
de La Soberana, de Barry, de Capablanca y se cerró,
perseguido por la ley de facto, como la famosa rula
clandestina de la sede de la calle Durazno; luego la
propia sede se perdió en un juicio y hasta la
identidad del barrio se fue perdiendo. Fueron
desapareciendo las canchas, los malvones, los
mostradores de estaño, la gente, la Coral Estable
(única del mundo en su género futbolero) que
entonaba aquel himno, "Mar de Fondo es
formidable/Mar de Fondo es colosal...", mientras los
botijas cantábamos con la misma melodía, un tono más
bajo, "Pican, pican los mosquitos/pican con gran
disimulo...". Quedaron las anécdotas de los líos;
porque si la camiseta es blanca y negra, los
quilombos que armaba Mar de Fondo eran de todos los
colores; desde el Loco Ramón Vila, que una madrugada
le serruchó un arco a Uruguay Montevideo, en el
Tropiano, para que se cayera cuando el árbitro
revisara las redes o cuando el arquero se apoyara y
así hacerle perder los puntos a los celestes, hasta
el Oscar Palleiro que una noche siguió al Turco
Marino hasta el Cerrito para pelearlo y pocos meses
después, lo envió como representante del referato
uruguayo al Mundial de Maracaná, a propuesta de Mar
de Fondo.
En los
'80 y '90 del club quedó el baby fútbol y la
cantina, que luego se perdió. En 1998, hubo un
intento fallido de refundar el cuadro en el barrio,
pero era una señal de que el sueño seguía vivo y
finalmente, este 2004, Ruben Iguini, Walter Telechea
y otros mardefondenses que han llevado la nostalgia
por el club a distintos barrios y países donde
residieron, se preguntaron: más allá de Elumbé y las
viejas lonjas de Ansina, "¿de qué aparentemente
extraños lugares están saliendo comparsas haciendo,
o tratando de hacer, Ansina o Cuareim?". "¿Acaso no
puede Mar de Fondo salir de La Unión y traer
jugadores de La Paz o Las Piedras, por ejemplo?".
Porque Mar de Fondo es Ansina, es un determinado
toque de tambor y puede llamar a repicar desde
cualquier sitio, aún con sus setenta años bien
blancos como las canas del negro Luz y bien negros
como los ojos del Mago que vivió en Isla de Flores.
En este
tiempo en que el fútbol está como el país y el país
está como está, Mar de Fondo volvió a la Asociación
Uruguaya de Fútbol, a la vieja Intermedia, hoy Liga
Metropolitana Amateur, para cumplir con su origen y
transformar en victoria las derrotas cotidianas,
porque sus olas siempre serán más altas que las de
cualquier temporal.
LA
ONDA®
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