|
¿Después de
Grecia, qué?
por
profesor Luiz Carlos Bresser-Pereira
No hay razón para que el mundo
vuelva a sumergirse en la crisis.
¿Después
de Grecia, qué? ¿Hungría? ¿O las perspectivas de
bajo crecimiento para Europa? ¿O la decepción con la
reanudación americana? ¿O, incluso Grecia? Los
mercados financieros internacionales están siempre
nerviosos e inestables - tristes en algunos
momentos, eufóricos en otros, pero siempre en medio
de una dialéctica de racionalidad e irracionalidad.
Nosotros, los economistas, aunque con un aire más
"científico", cometemos los mismos pecados. Frente a
eso, los políticos y los empresarios - los agentes
de la economía real - perplejos, no saben qué hacer.
¿Invertir o no invertir? ¿Continuar con la política
fiscal expansiva, o ya es el momento de hacerse
cargo de la deuda pública elevada de cada Estado y
de la deuda externa eventualmente elevada de cada
país? Y preguntan: ¿estaría comenzando la crisis en
forma de W?
Con el
problema de Grecia hubo de hecho una amenaza de que
la crisis iba a retornar con fuerza. La demora de
Alemania contribuyó para agravar el problema. Entre
tanto, finalmente el Banco Central Europeo (BCE) y
aquel país hicieron lo que se esperaba de ellos,
garantizaron la deuda de Grecia y, en forma más
amplia, la deuda de los demás países del euro y,
aunque no quedase todo resuelto, la crisis amainó.
Todos saben que, estructuralmente, el problema de
Grecia no está resuelto porque, aunque cumpla
fielmente su programa de ajuste fiscal y su PBI
caiga cerca del 3% al 4% en los dos próximos años,
al final de estos dos años, su deuda pública con
relación al PBI todavía será del 150%.
Frente a
un cuadro de estos, se plantea nuevamente la
pregunta sobre una posible salida de Grecia del
euro, pero eso es muy poco probable. La ventaja de
tener una moneda que comenzaría su historia ya
desvalorizada con relación al euro no compensa los
riesgos de quedar fuera de la protección del sistema
euro. Existe, entre tanto, la posibilidad de
reestructurar la deuda pública dentro del euro. Es
lo mejor que Grecia tendría que hacer dado que su
situación es de insolvencia, pues aunque la tasa de
intereses sobre sus títulos vuelva a niveles
razonables y en este nivel se estabilice, no estará
en condiciones de honrar sus compromisos financieros
y volver a crecer.
Pero un
lector me podría preguntar: ¿usted entonces está
proponiendo una "estafa"? No, mi amigo, estoy
sugiriendo que Grecia haga una "reestructuración"
con descuento. Que es lo mismo que una estafa y algo
muy diferente. Es lo mismo porque para el acreedor
el resultado es el mismo: cobra apenas parte de su
crédito. Es muy diferente, porque en la expresión
estafa existe un tono peyorativo que sugiere un
deudor irresponsable. En cambio reestructuración
tiene una connotación más amena, porque reparte la
culpa entre el deudor y los acreedores, y
principalmente, porque finalmente todos o la gran
mayoría comprenden que era la única solución
racional para el problema dada la insolvencia del
Estado griego.
Cuando
una crisis de deuda soberana es resuelta mediante
una "estafa" es generalmente mal resuelta porque eso
significa que no había insolvencia, o que los
mercados financieros no aceptaron el diagnóstico de
insolvencia del país deudor, y juzgan que él actuó
de mala fe. Ya cuando tenemos una reestructuración,
aunque sea en principio unilateral o casi
unilateral, el problema se resuelve mucho mejor,
porque, finalmente, lo que hace es sancionar una
pérdida de los acreedores que mercados financieros
razonablemente eficientes ya deben haber anticipado
por la fijación de precios de los créditos con
descuento.
Los
gobiernos de países cuyo Estado se tornó insolvente
tienen miedo de hacer una reestructuración porque
temen que sea vista como una estafa. Comprendo este
temor. Los mercados financieros, los gobiernos de
los países ricos y el Fondo Monetario Internacional
hacen siempre lo que se espera del "establishment":
presionan para que el país haga el ajuste en lugar
de reestructurar la deuda. Y siempre amenazan con
que la acción será considerada una estafa y que,
finalmente, el país estará obligado a flexibilizarse
dada la fuerza de los acreedores o la de la ley
internacional.
Si el
marco no fuera de insolvencia, sino de liquidez - de
un mero desequilibrio entre vencimientos y
recaudación - estas amenazas podrían tener valor. En
el caso, sin embargo, como el de Grecia hoy, en que
el marco de insolvencia está claro, estas amenazas
son más retóricas que reales. Los mercados
financieros ya saben que la reestructuración es
necesaria. Lo saben porque sus economistas y sus
operadores vieron los números, y saben lo que
significan. Lo saben también porque economistas,
como Martin Wolf, y publicaciones económicas que
ellos respetan, como, por ejemplo, "The Economist",
ya afirmaron que esta será probablemente la solución
más adecuada para la crisis griega. Estos
economistas y estas publicaciones constituyen una
especie de "opinión pública" financiera. Que, como
toda opinión pública, puede estar equivocada, pero
no es lo que importa – lo importante es que las
acciones que se adopten de acuerdo con ella logran
una legitimidad inmediata.
No hay
razón para que el mundo se vuelva a sumergir en la
crisis. Todavía le cuesta muy cara a los países
ricos, pero fue bien enfrentada por sus gobiernos y
sus economías están en el camino de la recuperación.
En este sentido, crisis como la de Grecia se pueden
dar, pero si su gobierno tiene el coraje y la
determinación de hacer lo que corresponde, los
demás gobiernos y el propio mercado financiero
comprenderán, y este foco de crisis estará
brevemente neutralizado, en vez de seguir supurando
por mucho tiempo.
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
DIGITAL |
|