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Los mitos en torno a
la flexibilidad laboral
por
Carlos Fortín*
La
flexibilidad laboral en el debate nacional
La
necesidad de flexibilizar el mercado laboral chileno
es desde hace ya bastante tiempo una suerte de
mantra en el discurso del empresariado nacional, los
políticos de derecha y los economistas ortodoxos.
Dos eventos en los últimos meses han hecho que este
llamado adquiera aún más insistencia.
Por un
lado, la crisis financiera comienza a tener impacto
visible en la economía chilena, con aumento
significativo del desempleo; por otro, los partidos
de la Concertación han demandado al gobierno la
adopción de iniciativas legales para fortalecer la
negociación laboral colectiva y estimular la
sindicalización.
La
respuesta a estos dos eventos de los grupos arriba
citados ha sido expresada por el diario El Mercurio.
Con respecto a la crisis el 20 de marzo pasado ese
diario editorializó en los siguientes términos:
Ahora ha
golpeado una nueva crisis y otra vez asistimos a una
elevación del desempleo. Es difícil predecir hasta
qué niveles se empinará esa tasa, pero dada la
experiencia de la última década, cabe augurar que se
recuperará muy lentamente, a menos que los
dirigentes políticos se atrevan a seguir la
recomendación y predicción de las voces técnicas y
decidan promover en Chile mercados laborales más
flexibles ... Como ocurre en otras naciones, una
política de esta naturaleza seguramente será
resistida por los grupos de interés habitual, pero
para crear más y mejor empleo en plazos breves no
parece haber mejor política que la creación de
mercados laborales flexibles.
Y el 1º
de marzo el diario se había referido críticamente a
las propuestas de la Concertación sobre reformas
laborales sugiriendo que ellas “elevarían el costo
de contratación, llevando a los empleadores a elegir
tecnologías más intensivas en capital. Como éstas,
además, son proclives al trabajo calificado, su
consecuencia sería una menor demanda por trabajo y
una mayor desigualdad salarial”.
El
argumento implícito en estos planteamientos es que
la remoción de distorsiones y rigideces en el
mercado laboral –en particular, reglamentaciones e
instituciones que dificultan la baja de los
salarios, protegen el empleo u otorgan niveles
elevados de beneficios de desempleo- es una
condición necesaria para maximizar la tasa de
ocupación, minimizar la tasa de desocupación, y en
general estimular la actividad económica y la
productividad.
Esta
tesis ha sido durante un largo tiempo considerada
por la mayoría de los especialistas como
prácticamente irrefutable: incluso un crítico de la
tesis escribió en 2004 que “el punto de vista de que
la desregulación es la única solución al problema de
la desocupación es ampliamente aceptado entre los
economistas”.
Sin
embargo, en la última década un conjunto de
investigaciones empíricas referidas a los países de
la OCDE ha arrojado serias dudas acerca de su
validez.
Estos
trabajos no han demostrado que los mercados
laborales inflexibles sean necesariamente más
eficientes; pero sí han comprobado que la evidencia
empírica para los países industrializados es
ambigua; que dependiendo de otras variables, la
ausencia de flexibilidad puede no influir
negativamente sobre los niveles de empleo, y en
algunos casos puede incluso tener efectos positivos.
Su
importancia por consiguiente reside en relativizar
las afirmaciones sobre el tema, sugiriendo así que
la persistencia de las pretensiones absolutas
originales de la tesis se aproxima más a la
mitología que al análisis científico.
¿De
dónde viene la tesis de la flexibilidad laboral?
La base
teórica de la tesis es el modelo de demanda-oferta
que supone mercados perfectamente competitivos. Del
lado de la demanda, salarios mínimos altos y
negociación colectiva hacen subir los salarios y
comprimen la estructura salarial, reduciendo
diferenciales y excluyendo a los trabajadores no
calificados del mercado en razón de su alto costo.
Igualmente, al aumentar el costo de despedir
trabajadores, la protección del empleo hace a las
firmas reticentes a contratar nuevos trabajadores
con contratos indefinidos, en detrimento de los
postulantes con desventajas laborales.
Del lado
de la oferta, el apoyo al ingreso familiar tiende a
reducir el incentivo para que los miembros de la
familia tomen los trabajos disponibles.
La tesis
de la flexibilidad laboral recibió un apoyo que
parecía decisivo con los resultados de un conjunto
de investigaciones empíricas de comienzos de los
años noventa. El momento culminante de este trabajo
fue el Estudio del Empleo 1994 de la OCDE, un
detallado análisis comparativo de los mercados
laborales en los países miembros que pareció
demostrar de manera categórica la superioridad de
los mercados laborales flexibles.
El
Estudio comparó el desempeño de la economía de los
Estados Unidos y de los países de Europa en términos
de la creación de puestos de trabajo, y concluyó que
el hecho de que la tasa de creación de empleo fuera
más alta en la economía de EE.UU.
era
debido a su mayor flexibilidad.
Las
recetas de políticas para flexibilizar el mercado
laboral
El
Estudio propuso una “Estrategia del Empleo” para
maximizar la creación de plazas laborales,
condensada posteriormente en un decálogo de
recomendaciones de políticas, conocido como los
“Diez
Mandamientos”, en un trabajo de seguimiento que
examinó la implementación de la Estrategia en los
países miembros. Las recomendaciones referidas
específicamente a la flexibilidad laboral son:
-
Periodo de trabajo: aumentar la flexibilidad del
período de trabajo –tanto de corto plazo como de
vida- escogido voluntariamente por trabajadores y
empleadores
- Costos
salariales y laborales: hacer los costos salariales
y laborales más flexibles por la vía de remover las
restricciones que impiden que los salarios reflejen
los niveles de habilidades individuales, en
particular de los trabajadores más jóvenes
-
Legislación de protección del empleo: reformar las
disposiciones sobre seguridad del empleo que inhiben
la expansión del empleo en el sector privado
-
Beneficios de seguridad social: reformar los
sistemas de beneficios de desempleo y conexos – y su
interacción con el sistema tributario- de manera que
las metas fundamentales de la sociedad en materia de
equidad puedan alcanzarse de manera que incida mucho
menos en el funcionamiento eficiente de los mercados
laborales.
Esta
receta fue rápidamente adoptada por las
instituciones financieras internacionales –el Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial- y pasó a
ser la ortodoxia en el tema.
El FMI
en su documento sobre perspectivas de la economía
mundial de 1999 identificó cómo áreas cruciales para
ser reformadas en los países de la OCDE “el marco de
negociación salarial, la severidad de varios tipos
de reglamentaciones del mercado laboral (legislación
sobre protección del empleo, flexibilidad en la
organización del trabajo), y la generosidad en la
mantención del ingreso en los sistemas de subsidio
de desempleo y de bienestar”.
La
crítica a la tesis de la flexibilidad laboral:
disipando mitos
La
critica teórica
Como es
bien sabido, los supuestos teóricos generales que
subyacen al enfoque de la flexibilidad laboral
fueron fuertemente cuestionados en los años setenta
y ochenta con la emergencia de
la
teoría de mercados con información imperfecta
asociada al nombre de Joseph Stiglitz.
La
crítica teórica se extendió en los años noventa al
análisis específico de los mercados laborales. Los
trabajos de ese período demostraron que en mercados
laborales que no son perfectamente competitivos, la
operación irrestricta de las fuerzas del mercado
puede generar diferencias salariales excesivas que
resulten inaceptables desde el punto de vista de
normas sociales de equidad universalmente asumidas
en la sociedad respectiva; y que en esas condiciones
hay ganancias potenciales en la introducción de
instituciones que promuevan estructuras de salarios
rígidas y comprimidas.
Más
generalmente, el argumento es que la noción de un
mercado laboral irrestricto ignora el hecho de que,
como todos los mercados, éste no puede funcionar si
no está basado en un conjunto de instituciones que
generen normas comunes, reflejen los intereses de
los participantes y guíen la conducta social.
En las
palabras del Director del Instituto Internacional de
Estudios Laborales de la Oficina Internacional del
Trabajo: “el mercado laboral es en realidad una
institución social, que no solamente apoya al
trabajo y a la producción, sino que tiene impacto
sobre la representación, la integración social y las
metas personales de sus participantes”.
La
evidencia empírica: cuatro mitos revelados
Menos
conocida es tal vez la importante revisión que ha
sufrido en los últimos diez años la fundamentación
empírica de la tesis de la flexibilidad laboral. Un
conjunto de trabajos ha vuelto a examinar los datos
de los países industrializados y ha llegado a la
conclusión de que, en algunos aspectos cruciales, el
mensaje original analítico y de políticas de la
OCDE, el FMI y el Banco Mundial, - que la
flexibilidad es, categóricamente y sin reservas, una
condición necesaria para el funcionamiento eficiente
de los mercados laborales- es simplemente erróneo.
Particularmente importante es aquí el hecho de que
la propia OCDE ha llevado a cabo parte de esta
revisión, y en un documento de 2004 que examina la
implementación de la Estrategia ha reconocido
públicamente que sus afirmaciones originales
absolutas en esta materia no calzan con la evidencia
empírica.
1. La
evidencia no demuestra que la protección del empleo
afecte negativamente a la ocupación
La
investigación reciente ha mostrado que no hay una
relación clara e inequívoca entre las dos variables.
El informe de la OCDE Perspectivas del Empleo 2004
reconoce este hecho y dice lo siguiente al respecto:
La evidencia sobre el papel jugado por la LPE
(legislación de protección del empleo) en las tasas
agregadas de ocupación y desocupación no es
concluyente tanto en los estudios teóricos como
empíricos... los numerosos estudios sobre el tema
llegan a conclusiones contradictorias y sus
metodologías han sido cuestionadas.
Algunos
estudios... sugieren la posibilidad de una relación
negativa entre una LPE estricta y la tasa de
ocupación de los jóvenes y de las mujeres en plena
edad, pero una relación positiva con las tasas de
ocupación de otros grupos.
La
conclusión general –la inexistencia de relación
inequívoca a nivel global- ha sido confirmada por un
número de otras investigaciones. Baker y sus colegas
realizaron en 2002 un análisis crítico de
prácticamente la totalidad de los estudios
comparativos multivariados inter-países disponibles
para las economías de la OCDE, incluidos los
realizados por la OCDE misma, y un meta-análisis de
los datos de esos estudios. Su análisis de los
estudios existentes descubrió un gran número de
problemas metodológicos y de medición que hacen que
las conclusiones no sean estadísticamente robustas.
Su
propio análisis de los datos originales, que intentó
superar esas limitaciones, concluyó que la
legislación de protección del empleo no tiene efecto
sistemático alguno sobre la desocupación. Baker y
sus colegas han confirmado y refinado esta
conclusión –así como las otras mencionadas más
abajo- en trabajos posteriores, el más reciente de
los cuales es de 2007. Incluso la reserva
introducida por la OCDE acerca de los efectos de la
protección sobre la distribución del empleo –el
hecho de que podría afectar negativamente el empleo
de los jóvenes y las mujeres- ha sido cuestionada.
Schmitt y Wadsworth en 2002 examinaron esta
hipótesis utilizando dos metodologías: por un lado
compararon el desempeño del mercado laboral más
flexible de los Estados Unidos y el Reino Unido con
los menos flexibles de Europa continental a fines de
los años noventa con respecto a los grupos
marginales, y por otro compararon el mercado laboral
en el Reino Unido en los años ochenta –un período
“rígido”- y en los noventa -un período “flexible”-
para establecer, nuevamente, si en el segundo el
desempeño de los grupos marginales fue mejor. La
conclusión fue la siguiente:
Tomados
en conjunto, los datos internacionales para fines de
los noventa y los datos del Reino Unido en los
ochenta y los noventa proporcionan un apoyo
notablemente pequeño a la fe de la OCDE en los
beneficios de la flexibilidad del mercado laboral.
A pesar
de los grandes elogios de la OCDE a la flexibles
economías
norteamericana y británica, los trabajadores jóvenes
y los menos educados no tenían mejores resultados en
términos absolutos y relativos en esas economías al
final de loa años noventa que los que tenían
trabajadores similares en economías mucho menos
flexibles. De hecho, en términos relativos las
perspectivas de estos grupos
marginales eran a menudo substancialmente peores en
los Estados Unidos y especialmente en el Reino
Unido.
Unidos y
especialmente en el Reino Unido.
La
evidencia no demuestra que la inflexibilidad
salarial afecte negativamente a la ocupación El
informe Perspectivas del Empleo 2004 de la OCDE no
analiza en detalle la cuestión de la relación entre
la flexibilidad salarial y la ocupación, pero se
refiere a ella al introducir la temática del impacto
de las estructuras institucionales para la fijación
de salarios. Su evaluación es positiva respecto de
la existencia de una relación, pero apunta
claramente a las dificultades de emitir juicios
categóricos sobre ella.
Luego
de decir que “la teoría económica suministra bases
sólidas para creer que las instituciones fijadoras
de salarios que traten de fijar los salarios
agregados un nivel demasiado alto respecto de la
productividad van a elevar el desempleo de
equilibrio” agrega que “aunque este marco teórico
concita una amplia aceptación entre los
investigadores, las opiniones varían acerca de qué
configuraciones institucionales son las que
probablemente van a producir presión para subir
excesivamente el salario agregado, o cuán importante
es el papel que las demandas salariales excesivas
han jugado en debilitar el desempeño en materia de
empleo.
Y en las
conclusiones consigna que, aunque el estudio ha
confirmado la plausibilidad del diagnóstico de que
salarios agregados excesivamente altos o compresión
salarial han sido impedimentos para un desempeño
laboral satisfactorio en los países de la OCDE, “sin
embargo esta evidencia es, en conjunto, un tanto
frágil, y subraya la complejidad de las
instituciones que fijan salarios
en los
países de la OCDE y de sus implicaciones para el
desempeño económico”.
A su
vez, Gerry Rodgers, Director del Instituto
Internacional de Estudios Laborales resume la
investigación académica sobre el punto diciendo:
“sobre flexibilidad salarial, la evidencia de que
haya un efecto adverso del salario mínimo sobre el
empleo es también débil. Obviamente, hay algún nivel
de salario mínimo que va a tener ese efecto, pero
dentro de márgenes razonables el efecto parece ser
modesto”.
La
evidencia no demuestra que la existencia de
negociación colectiva afecte negativamente a la
ocupación; hay alguna evidencia de puede afectarla
positivamente.
El tema
es analizado en detalle en el informe de
Perspectivas del Empleo de la OCDE.
El
informe resume su propia evidencia empírica de la
manera siguiente: Ninguna asociación robusta es
evidente entre los indicadores de negociación
salarial desarrollados en este capitulo y la tasa de
crecimiento de los salarios agregados u otros
resultados no salariales, incluyendo las tasas de
desocupación.
Esto es
coherente con los resultados obtenidos usando la
versión previa de los indicadores de la OCDE sobre
la organización de la negociación colectiva...
[Ello] puede ser una indicación de que mecanismos
institucionales muy diferentes pueden, sin embargo,
ser capaces de obtener niveles similares de
desempeño macroeconómico... el impacto de la
organización de negociación colectiva en el
desempeño del mercado laboral parece depender de
otros factores institucionales y de políticas, y es
necesario clarificar esas interacciones para poder
para poder ofrecer consejos de políticas confiables.
Un gran
número de otras investigaciones ha confirmado este
resultado “negativo”. Sorprendentemente, algunas de
ellas han descubierto que la existencia de
negociación colectiva puede tener un efecto positivo
sobre el empleo.
El Banco
Mundial publicó en 2003 un detallado estudio del
“estado-del-arte” de la literatura económica sobre
sindicatos y negociación colectiva y su impacto
macro y micro económico, que abarcó mas de mil
estudios. En el comunicado de prensa con que el
libro fue lanzado, titulado “Economías Tienen Mejor
Desempeño en Mercados Laborales Coordinados”, el
Banco resume el mensaje central del libro de la
siguiente manera:
Aquellos
países con altas tasas de coordinación de las
negociaciones colectivas tienden a ser relacionados
con un menor desempleo, menos persistente, una menor
desigualdad salarial, y un menor número de huelgas y
de menos duración que aquellos que no cuentan con
una coordinación.
Específicamente, la coordinación entre empleadores
tiende a generar una tasa más baja de desempleo. A
la inversa, los sindicatos fragmentados y la
existencia de diversas confederaciones laborales son
a menudo asociados con mayor inflación y desempleo.
La
explicación –importante para extraer lecciones de
política- es que el establecimiento de diálogos
estructurados entre los trabajadores organizados y
los empleadores a nivel nacional puede contribuir a
soluciones equilibradas, en parte porque que pueden
tomar en consideración el contexto macroeconómico,
lo que no es en general posible en negociaciones
locales y fragmentadas.
La
evidencia no demuestra una relación clara entre
niveles altos de beneficios de desempleo y la
desocupación
Con
respecto a esta variable los trabajos recientes han
encontrado un grado mayor de apoyo en la evidencia
econométrica para la tesis de que beneficios de
desempleo generosos están correlacionados con la
desocupación.
Un
trabajo publicado en 2007 examinó estudios de
regresión inter-países que miden la generosidad de
los beneficios en términos de la tasa de reemplazo
–el porcentaje del salario que se le conserva al
trabajador despedido- y la duración del beneficio;
su conclusión es que existen correlaciones positivas
estadísticamente significativas y robustas entre
estas variables y el nivel de desocupación.
Las
cuestiones cruciales aquí, sin embargo, son la
dirección de la causalidad presente en esta
correlación, y su importancia para efectos de
influir sobre las tasas de desocupación. Con
respecto a la
primera,
el análisis reciente ha enfatizado la posibilidad de
que la causalidad vaya del aumento de la
desocupación a la mejora de los beneficios, más que
al revés. Al respecto, el mismo estudio señala lo
siguiente:
Los
responsables de políticas probablemente van a hacer
los beneficios más generosos en la medida que
aumenta la tasa de desempleo: en tiempos de
dificultades, con una declinación en el empleo o la
tasa de creación de empleo, los contribuyentes
podrían razonablemente querer dar a trabajadores
desocupados tiempo y apoyo adicionales para buscar
para el trabajo apropiado, mejorando de tal modo la
calidad de la adecuación entre los trabajadores y
los trabajos.
Beneficios más generosos reducirían los efectos
dañinos de la pérdida de ingresos sobre trabajadores
y sus familias y ayudarían a sostener demanda
agregada durante los periodos de baja actividad
económica.
Los
costos sociales, psicológicos y de salud del
desempleo están bien establecidos y puede haber poco
duda que muchos trabajadores elegirían tener un
empleo por sobre vivir del seguro de desempleo, al
margen de cuán generoso sea este último.
Los
autores realizan un análisis de los datos de la OCDE
usando el test de causalidad de Granger que
demuestra que es la tasa de desempleo la que causa
un aumento de los beneficios, y no a la inversa.
La
evidencia para países que no están en la OCDE
Todos
los estudios mencionados hasta aquí se refieren a
los países de la OCDE, es decir a las economías más
desarrolladas del mundo. Son muy pocos los estudios
que se enfocan en los países en desarrollo, debido
principalmente a la ausencia de datos confiables
para un suficiente número de países que permita un
tratamiento econométrico.
Hay, sin
embargo, algunos esfuerzos, y uno reciente por un
lado corrobora los hallazgos de los estudios
mencionados arriba para la OCDE y por otro los
extiende a 57 países fuera de la OCDE. La conclusión
general del estudio es la siguiente:
...los
países en el extremo de la gama de flexibilidad no
resultaron ser siempre las estrellas en términos de
una variedad de resultados de mercado laboral y
macroeconómicos.
Esto es
verdad dentro y fuera de la OCDE, así como tomando
los dos grupos juntos. La superioridad global del
grupo más flexible dentro de la OCDE, el
anglosajón... con respecto al resto de los modelos
dentro de la OCDE, no pudo ser confirmada. ...Los
mercados de trabajo globalmente más flexibles...
tienen los resultados peores en casi todos los
indicadores de desocupación y de pobreza... la alta
incidencia de desocupación, pobreza, desigualdad y
trabajo informal al lado del crecimiento bajo [en
estos países] cuestiona el supuesto simple de que la
ausencia de protección legal para de los
trabajadores por sí misma produce prosperidad.
El
último mito: la inflexibilidad laboral en Chile
La
discusión precedente ha identificado cuatro mitos
acerca de la relación entre la flexibilidad laboral
y los niveles de ocupación y desocupación que
subyacen al discurso ortodoxo y empresarial chileno,
y cuya eliminación debilita grandemente ese
discurso. Hay, sin embargo, todavía otro supuesto,
esencial para el argumento de los que demandan mayor
flexibilidad laboral; es, evidentemente el
supuesto
de que en Chile no existe flexibilidad laboral, o
por menos no existe en suficiente medida. Y este
supuesto resulta, también, ser un mito.
Desde el
año 1998 la Heritage Foundation, un think thank
conservador de los Estados Unidos basado en
Washington D.C., conjuntamente con el Wall Street
Journal, publica anualmente un Índice de Libertad
Económica en 169 países del mundo, uno de cuyos
componentes es la libertad laboral. Chile es uno de
los países incluidos. En este índice el mercado
laboral chileno ha sido consistentemente calificado
como razonablemente flexible, y ciertamente como el
más flexible dentro de América Latina.
La
reacción de los economistas ortodoxos a estos
hallazgos ha sido el tratar de encontrar defectos
técnicos en el índice. Sin embargo, el más valiente
de esos esfuerzos, publicado por Harald Beyer del
Centro de Estudios Públicos en enero de 2008, se
limita a cuestionar aspectos relativamente menores
del cálculo de la incidencia del salario mínimo, que
por sí solos no pueden explicar el que Chile
aparezca como una economía laboralmente flexible. De
hecho, la argumentación central de Beber es
circular: da por supuesto que una baja tasa de
ocupación y/o una alta incidencia de contratos a
plazo fijo o por menos de 12 meses son
necesariamente resultantes de la inflexibilidad
laboral. Puesto que estos fenómenos se dan en Chile,
Beyer concluye que el mercado laboral chileno es
inflexible.
La
posibilidad de que estos fenómenos sean resultantes
de otras variables se excluye por definición. Pero
no es solamente el Índice de Libertad Económica de
la Heritage Foundation el que define a Chile con un
país de alta flexibilidad laboral. Otro instituto
conservador, el Fraser Institute de Canadá, acaba de
publicar su propio Índice de Libertad en el Mundo,
que cubre 141 países, incluido Chile.
La
contraparte del Fraser Institute en Chile es el
Instituto Libertad y Desarrollo y el Índice fue
comentado elogiosamente por José Piñera en artículo
en El Mercurio en marzo recién pasado.
Como
muestra el cuadro adjunto, de acuerdo a este índice
Chile es el séptimo país más laboralmente flexible
del mundo, más flexible que todos los países de la
OCDE excepto Estados Unidos e Islandia30. Es
evidentemente muy difícil sostener que, en términos
comparativos internacionales, Chile no sea un país
con un mercado laboral razonablemente flexible.
¿Qué se
puede concluir de todo esto?
La
flexibilidad laboral se presenta como una demanda
técnica, cuyo objetivo es eliminar distorsiones en
el mercado de trabajo y que estaría fundada en bases
teóricas y empíricas sólidas. En realidad, la
flexibilidad laboral tiene que ver con elementos
cruciales en el consenso social que sirve de base a
la organización de la producción y del trabajo.
El
salario mínimo, la protección del empleo, la
negociación colectiva y los seguros de desempleo son
instrumentos construidos a través de complejos,
difíciles y largos procesos de conflicto y de
cooperación social y política, y cuya alteración o
eliminación no sólo generaría dificultades y
penurias a los trabajadores afectados y sus familias
sino que podría erosionar el pacto social mismo que
subyace a la economía laboral en una sociedad
democrática.
Antes de
dar esos pasos, por consiguiente, es esencial
asegurarse que la fundamentación analítica de las
propuestas sea efectivamente sólida.
El
índice incluye un componente referido al servicio
militar obligatorio que podría distorsionar los
resultados; aún eliminando ese elemento Chile
resulta ser el undécimo país más flexible del mundo,
detrás sólo de Dinamarca, Suiza, EE.UU. e Islandia
dentro de la OCDE.
El
recuento anterior de la investigación reciente sobre
el tema muestra que existen graves dudas acerca de
la solidez empírica de los fundamentos de las
propuestas de flexibilidad laboral en las cuatro
áreas indicadas. En el caso de la negociación
colectiva, la investigación reciente ha ido más
lejos, y ha sugerido que ella puede ser un elemento
positivo respecto de la ocupación y más generalmente
respecto de las posibilidades de encontrar
respuestas consensuadas a los desafíos de la crisis.
En
verdad el diálogo colectivo de nivel nacional puede
contribuir significativamente a generar consenso
sobre otros aspectos de la flexibilidad laboral que
no afectan tan profundamente los derechos
de los
trabajadores, tales como por ejemplo el
establecimiento del banco de horas.
En
resumen, la evidencia internacional indica la
necesidad de máxima cautela en materia de cambios a
los mecanismos de salarios mínimos, de protección al
empleo y de beneficios de desempleo; y por la
inversa sugiere la conveniencia de un reforzamiento
de la negociación colectiva y del papel de los
sindicatos organizados en la formulación de
políticas para el mercado laboral.
31 Esta
propuesta figura en una lista de 8 medidas concretas
para flexibilizar el mercado laboral comisionada por
El Mercurio a un grupo de abogados laboralistas en
un esfuerzo por “aterrizar” el tema de la
flexibilidad. Ocho propuestas para flexibilizar el
mercado laboral en tiempos de crisis, El Mercurio,
martes 24 de febrero de 2009, p. B 6. Aunque la
viabilidad política de algunas de ellas parece
problemática, todas ellas y más podrían ser objeto
de análisis a través de mecanismos de diálogo
colectivo.
*
Investigador de la Fundación Chile 21
LA
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