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No tuvimos la gloria, pero
recobramos la autoestima
por Raúl
Legnani
No
quiero ser aguafiesta, pero quiero recordarles a
todos los compatriotas que estas vacaciones de
felicidad y alegría futbolística se terminan y que
desde mañana mejor dicho desde el martes
volveremos otra vez a encontrarnos con la compleja
realidad de lo que es ganarse el pan, construir
sueños en favor de la familia, de los más chiquitos,
los herederos de nuestros aciertos y errores.
Antes de
tirar al niño junto al agua sucia por la derrota
ante Alemania, cosa a la que me niego, es bueno
recordar que el fútbol uruguayo en este mundial de
Sudáfrica supo disparar lo mejor de nuestra
humanidad, al grado que las tristes caras de los
uruguayos recobraron las sonrisas y descubrimos que
hay multitudes de jóvenes que son minoría, pero que
a la hora de llorar por la alegría parecen ser la
mayoría de la sociedad,
Veintitrés muchachos, un director técnico y sus
colaboradores, junto a todo un pueblo que siente la
vida a ritmo de tango, supo descubrir que a la
felicidad cuando pasa por las puertas de sus casas,
hay que invitarla a pasar. Y no dejar que se escape.
Por eso
mañana estaremos todos junto a los muchachos que
patean una pelota y con ello expresan las maravillas
del arte que puede llegar a expresar el físico
humano y que no llegan a su país como héroes por
haber matado a otros que viven en zonas geográficas
distintas, sino porque tienen la capacidad de
disfrutar de un juego como es el fútbol, cosa que
cualquier otro animal no puede hacer por más que
camine erigido sobre sus dos patas.
Mañana
estaremos en un nuevo río de libertad, que ante el
Palacio Legislativo se establecerá un gran abrazo
entre los representantes del pueblo y el pueblo
mismo.
Horas
después volveremos a abrazarnos con la
cotidianeidad, que no se juega en 90 minutos, sino
que es una carrera de largo aliento, plena de
obstáculos y de dudas. De incertidumbres, por más
que le creamos al horóscopo. También de éxitos, que
no pasan por el 5 de Oro, sino por el sacrificio, el
trabajo, la humildad y la inteligencia colectiva.
Eso que nos enseñaron estos muchachos integrantes de
la Celeste, que venían de una historia invadida de
mediocridades, de bajones, de no creer en nada como
sustento fundamental de una filosofía de vida. Que
por cierto no sirve para nada y que ha demostrado
que el fracaso es siempre la antesala de un nuevo
fracaso.
Uruguay
fue reconocido por el fútbol durante muchos años,
aunque se merecía ser mucho más por ser reconocido
por Artigas, pero también por su fuerte apuesta a la
enseñanza y la cultura. Quizás exageramos sobre
estas dos virtudes, pero son el santo y seña de los
orientales del Río Uruguay.
Al
fútbol lo recobramos sin ser campeones, lo que no es
poca cosa. Ahora tenemos que salir a recobrar, con
la disciplina y la responsabilidad del maestro
Tabárez, a la enseñanza. Si no logramos esto, este
paisito de viejos y productores agrarios va a
agonizar sin que nadie vaya al velorio.
Este
cambio no se va a lograr creyendo solo en las viejas
historias, pero tampoco ignorándolas. Hay que
construir mirando para adelante, sabiendo que hay
que preparar a nuestros muchachos para competir en
un mundo donde el conocimiento, por más mínimo que
sea, vale más que un plantío de tomates. Aunque sean
hectáreas de tomates o de soja.
Tenemos
en esta materia una mala costumbre: le echamos la
responsabilidad a la falta de presupuesto para la
enseñanza o al cuerpo docente, cuando esos dos son
factores importantes pero no son los únicos. El tema
fundamental es la sociedad en su conjunto, donde el
pilar fundamental sigue siendo la familia. Es allí,
donde la vida se vuelve una intimidad que parece
impenetrable, donde se resuelven los grandes
desafíos de los pueblos.
Para
salir adelante se necesitan líderes, gente
comprometida con la sociedad y con las nuevas
generaciones, un cuerpo docente que mire a lo lejos
y que se ponga, con inteligencia, la camiseta
celeste, sin dejar de reivindicar sus derechos.
La
calidad en la enseñanza no es solo un tema de
gestión, es ante todo un asunto político, de
compromiso con la hora histórica. Es un asunto
político-pedagógico, que parece que hemos olvidado.
El
martes se terminan las vacaciones de invierno, que
estuvo infiltrada de primaveras y de tragedias como
las de Rocha. Es de esperar que todos hayamos
aprendido de la experiencia del mundial de fútbol,
de los errores en múltiples planos, para poder
seguir andando.
La
próxima vez tenemos que llegar también a las finales
en matemáticas, en idioma español, en literatura, en
número de egresados, en música, en dibujo, en
educación física y en convivencia. ¿Podremos?
LA
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