|
Tiempos de “hibernación”
en el Frente Amplio
por Ramón
Ramos Trías
No
solo se cierra por estos días el mundial sudafricano
de fútbol, también un largo ciclo electoral de casi
dos años en Uruguay. Al igual que con el
seleccionado celeste, en esta oportunidad pudimos
exhibir una activa vida política encuadrada en una
progresiva ampliación de la democracia en nuestra
sociedad.
Con los
actos de asunción de los Intendentes, ediles y
alcaldes en todo el país, se inicia un periodo de
cinco años, que abre una nueva etapa institucional y
política en nuestra sociedad. Son múltiples y
urgentes los desafíos que tiene Uruguay como país y
sociedad a resolver, en un mundo donde
especialmente, desde la economía, nada menos, no se
sabe bien qué hacer.
El punto
de partida es relativamente bueno para quienes toman
la posta por estos días. Uruguay no es un país en
crisis. Este es un dato que políticamente aun falta
ser evaluado en su verdadera dimensión intelectual y
cultural. Pero para que todos partamos de lo
insoslayable es necesario tener en cuenta que quien
gobernó en lo esencial el país por primera vez, fue
la izquierda, con la impronta del Dr. Tabaré
Vázquez.
Para
este nuevo periodo que se abre, la sociedad
expresada mayoritariamente en las urnas le renovó a
la izquierda la capacidad de gobernar el país
durante cinco años más. Esta renovación llegó
también con señales muy claras, de que hay temas
que necesitan ser resueltos de otra manera
inmediatamente.
En el
periodo que se inicia la izquierda haría muy mal si
no actuara con urgencia sobre algunas realidades
sociales críticas, y solo se amparara en lo
realizado.
Pero la
izquierda, el Frente Amplio, tienen un compromiso
asumido también con su propia interna, que es el de
renovar y trasformar su practica política. Esta
nueva etapa de gobierno le exigirá a esta fuerza
política no solo administrar un país sino ofrecerle
opciones estratégicas de transformaciones
estructurales. Que fue en definitiva lo que le dio
en el pasado el diferencial político con la derecha.
Aún partiendo de la base de que en algunos aspectos
en los anteriores cinco años se desarrollaron bases
mínimas y que no hay necesidad de estar
contraponiendo una buena administración con
transformaciones de largo alcance. Estas deben
examinarse a la luz de una estrategia sistémica y de
un ejercicio democrático de la fuerza política.
Todas
las señales de la interna frenteamplista posteriores
a las recientes instancias electorales son débiles y
contradictorias sobre la voluntad de cambios
profundos en el funcionamiento y elaboración de un
proyecto político para una nueva etapa. Las más
recientes declaraciones públicas de algunos de los
líderes frenteamplista sobre el tema, apenas
muestran una vocación enunciativa y donde es muy
difícil encontrar el sujeto real a cambiar o
modificar. Las polémicas son cada vez más diluidas y
presentadas como “herejías”, donde es difícil
encontrar propuestas concretas y cargadas de la
energía y pasión transformadoras que para ser de
izquierda deben contener. La fatalidad de caer en
una especie de “pensamiento único” debiera alarmar a
toda la izquierda.
Es
probable que fenómenos próximos a emerger como la
discusión sobre un nuevo presupuesto nacional o
algunos de los temas sociales conflictivos, de
estricta responsabilidad del gobierno nacional o
departamental, sean argumentos de justificación para
posponer esta este inaplazable debate. Si la fuerza
política cayera en la tentación de contraponer estos
fenómenos al tratamiento de su interna, solo
estaremos ante una crisis en incubación o para estar
acorde con la época en “hibernación”.
LA
ONDA®
DIGITAL |