El círculo cuadrado
de la moneda europea

por el profesor José Luís Fiori

“Germany is the dominant power in Europe

, but they don’t want to take responsibility for it.

 When yó are in that position, yó must be prepared

 to spend something. With the euro,

Germany wants to have its cake and eat it…

The “German question is back, yó can’t get away from it”.

J. Pisani-Ferry, “Toward la system to secure the euro”

, Financial Times, 22/06/2010

 

Contrariamente a la crisis americana de 2008, la crisis europea de 2010 no es apenas financiera, ni se restringe a la insolvencia de algunos estados de menor importancia económica, dentro de la comunidad. Ahora bien, se trata de una crisis monetaria, de insolvencia del propio euro, una moneda que es emitida por un Banco Central “metafísico”, que no pertenece a ningún Estado, ni administra la deuda de ningún Tesoro Central. El nuevo sistema monetario europeo comenzó a ser construido con el Tratado de Maastricht, en 1992, y  culminó con la creación del Euro, en 2002. Basado en la suposición de los dirigentes europeos de que esta nueva moneda “global” conduciría a la creación de un poder central capaz de herirla. A pesar de que la historia europea enseñe que fueron siempre sus estados quienes emitieron sus propias monedas soberanas, definiendo y  garantizando su valor y  su circulación basada en su capacidad de tributación y de endeudamiento.

 

 Desde este punto de vista, se puede decir que el euro tiene una “falla de nacimiento”, y que funcionó hasta hoy, como una especie peculiar de moneda semiprivada e inconclusa, siendo aceptada con base en la creencia privada y en la certeza pública de que el BCE, y Alemania, cubrirían todas las deudas emitidas por los 16 estados miembros de la “eurozona”. Como ocurrió hasta 2008, permitiendo que todos estos países adoptasen tasas de intereses casi iguales a las de Alemania, a pesar de su inmensa desigualdad de poder y riqueza.

 

Esta situación cambió después del colapso financiero de 2008, cuando la primera ministra alemana, Ángela Merkel, estableció  el nuevo principio de que cada país europeo tendría que ser responsable – a partir de aquel momento - por sus propios bancos, y por la cobertura de sus deudas soberanas. La consecuencia inmediata de la nueva posición alemana fue la crisis de insolvencia de algunos gobiernos de Europa Central, en el año 2009, eludida por la intervención del FMI. 

 

A comienzos de 2010, entre tanto, la denuncia del nuevo gobierno socialista de Grecia, de que el déficit presupuestal griego del año anterior, había sido mayor del que había sido publicado inicialmente, sirvió como el desencadenante de una nueva crisis, que fue magnificada por el veto alemán – durante seis meses - a cualquier tipo de ayuda comunitaria al gobierno griego. Hasta el momento en que la situación de Grecia amenazó extenderse a otros países endeudados y acabó afectando la propia “credibilidad” del euro, obligando a Alemania a aceptar la aprobación apresurada del Fondo Europeo de Estabilización Financiera, con capacidad anual de movilización de hasta 750 mil millones de  euros. Valor suficiente para eludir la crisis inmediata, pero incapaz de revertir la desmoralización del sistema monetario europeo  que fue creado en 2002, bajo la tutela alemana.

 

Para corregir esta “falla de fabricación” del euro, Francia propuso la creación de un “gobierno económico europeo”, que no fue aceptado por Alemania. El gobierno alemán, por su parte, propone – sin el apoyo francés - la creación de un Fondo Monetario Europeo, para ejercer el control riguroso de la disciplina fiscal de la eurozona, con el poder de expulsión de los ausentes. El impasse continúa, pero aún así, en el corto plazo, se impuso la posición alemana favorable a un ajuste fiscal draconiano de todos los países incorporados a la zona del euro. Como el ajuste está siendo aplicado en economías que ya están estancadas y con altas tasas de desempleo, es como echar gasolina en la hoguera y apostar a una profunda y prolongada recesión, como hicieron los EE.UU. al comienzo de la crisis de la década de 1930. Pero atención, porque en este caso, la recesión y la devaluación del euro, a pesar de todo, acabarán beneficiando a Alemania, como principal economía exportadora del viejo continente, y terminarán transfiriendo hacia las economías más débiles, la carga de la recesión, del desempleo, de la pérdida salarial y de la protección social, y  del aumento de la lucha de clases, de la xenofobia y  del nacionalismo de derecha. 

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Lo que es peor, entre tanto, es que nada de eso resolverá el problema de la insolvencia del euro, porque la moneda europea sólo tendrá valor efectivo en el momento en que sea respaldada por un Poder y por un Tesoro Central capaces de asumir la responsabilidad permanente por su sustento, basado en su capacidad de tributación y endeudamiento. Si eso no sucede, y si los pequeños estados europeos no aceptan la condición de provincias fiscales de Alemania, el sistema monetario europeo, y el propio euro, tienen sus días contados ¿Por cuánto tiempo? Tal vez, el tiempo que dure el actual armisticio europeo, de la post II Guerra Mundial, que esta vez, se llamó Unión Europea.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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