Los dos
precios del euro
por el profesor Luiz Carlos Bresser-Pereira

La tesis de que es temprano para un ajuste tiene sentido para los EE.UU., el Reino Unido y Alemania; no para el resto de Europa. El G20 dejó al descubierto el tema central que dividía a sus miembros ricos. Europa defendía el ajuste fiscal, mientras que los Estados Unidos afirmaban que la crisis de la demanda aún no fue resuelta y, por lo tanto, que es necesario continuar la política de expansión fiscal o de déficit público.

 

Más allá de eso, los Estados Unidos proponían que Alemania adoptase una política expansiva y, pasase así a exportar más, mientras ésta reafirmaba su decisión de profundizar su ajuste fiscal.

 

¿Quién tendrá la razón en este debate? Sugiero que los europeos, con la excepción de Alemania, precisan promover el ajuste fiscal. La tesis de algunos compañeros keynesianos de que es muy temprano para iniciar el ajuste tiene sentido para los Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania; no para el resto de Europa.

 

Con relación a este último país, el motivo de esta distinción es claro. Desde que los problemas de su unificación fueron resueltos, Alemania adoptó una política de reducción de salarios para enfrentar la competencia externa.

 

Así, mientras la productividad aumentaba, los salarios permanecían estancados. Grandes superávits comerciales inclusive con relación a los demás países europeos resultaron de esta política - lo que llevó a Grecia a la crisis y a otros varios países europeos a una situación de alta fragilidad financiera.

 

Por lo tanto, los alemanes pueden y deben hacer más. Sus grandes superávits comerciales no tienen una lógica económica para la propia Alemania. Los demás países europeos están obligados a promover un fuerte ajuste fiscal. Sus acreedores externos promueven ataques especulativos contra sus títulos públicos. Para garantizarlos no basta la decisión de apoyo de la Unión Europea.

 

Es necesario, por otra parte, que reduzcan su déficit público y principalmente su deuda pública que está por encima del 100% del PBI. Este ajuste no contribuirá para una fuerte reanudación del crecimiento europeo, pero es inevitable.

 

Por lo pronto, los Estados Unidos y Gran Bretaña no están obligados a la misma austeridad. No porque tengan un gran superávit, sino porque disponen de su propia moneda nacional, lo que les permite hacer dos cosas: primero, devaluarla - lo que ya sucedió con el dólar y la libra -; segundo, imprimirla a través del financiamiento del tesoro de cada país por parte de su banco central (lo que se denomina como "quantitative easing").

 

Como dice “The Economist" (26 jun), los países que forman parte de la zona del euro "renunciaron a las devaluaciones y a la impresión de dinero". Algo que los Estados Unidos y Gran Bretaña no hicieron.

 

En una coyuntura de demanda insuficiente, su tesoro puede endeudarse junto al respectivo banco central para financiar la expansión de sus gastos sin que eso implique un aumento de su deuda pública líquida y sin pagar el precio de la inflación porque la demanda está enlentecida.

 

Más allá de crear liquidez para salvar a sus bancos (algo que los europeos también hicieron), estos dos países, discretamente, han puesto en práctica moderadamente la política de emitir moneda para financiar sus gastos. Los países europeos no pueden hacer la misma cosa, y están obligados a la austeridad fiscal. Cuentan con el euro pero pagan dos precios: no pueden devaluar y no pueden emitir dinero.

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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