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EEUU: muros y puentes,
nuestro futuro inmediato
por Raúl
Caballero*
La
buena noticia de estos días para la comunidad
inmigrante que apoya a los trabajadores
indocumentados, la que respalda una reforma
migratoria y repudia leyes retrógradas como la
SB1070 de Arizona es sin duda la demanda anunciada
por el gobierno federal en contra de esa ley que, de
entrar en vigencia, su aplicación sería a partir del
próximo 29 de julio.
Uno
confía en que efectivamente la susodicha legislación
será declarada inconstitucional pues como ya se ha
señalado en este espacio, su aplicación
implica racismo y discriminación, los
policías que la apliquen deberán basarse en perfiles
raciales y con ello atropellarán los derechos de
nuestra comunidad por el hecho de tener la piel
café.
Es pues
—como también se ha puntualizado— una ley que
criminaliza a todo inmigrante, que pone en tela de
duda los derechos de residentes y ciudadanos que se
verán como sospechosos y encima, los policías
habilitados como agentes de migración, se verán en
la disyuntiva de violar la Constitución (si bien
amparados en una cuestionada ley estatal).
Asimismo, siguiendo con la mencionada ley de
Arizona, se ha repetido que la motivación que la
impulsó, tanto como el respaldo de la gobernadora
Jan Brewer, radica en una coyuntura electorera. En
aras de la contienda electoral de noviembre, los
detractores de la inmigración latina, los
republicanos que azuzan los votos xenófobos, han
pretendido hacer de las deficiencias en las normas
de migración el talón de Aquiles de la
Administración Obama y de paso de los demócratas que
en su mayoría apoyan la reforma migratoria.
Hasta
ahora lamentablemente han tenido cierto éxito pues
la mitad del país respalda leyes como la SB1070,
aunque la mayoría apoya la reforma.
Acaso
entonces el punto de flexión estribe en la demanda
aludida al inicio de esta líneas, pues es de mi
parecer que esa demanda (así como otras ya
entabladas) echará por la borda esa ley de Arizona
(es de esperarse que el recurso legal del
departamento de justicia cancele su puesta en
vigencia) y, al hacerlo, enviará un fuerte mensaje a
tirios y troyanos, un mensaje que puede servir para
ir planchando (como diría el clásico) el debate de
la reforma migratoria.
Dicho
debate llegará, pero antes precisamos darle vuelta a
la hoja, superemos la realidad de que Obama nos
falló al anteponer la reforma de salud, entre otras
prioridades, al debate de la reforma migratoria...
pero si se mira bien, al final ha sido para nuestra
fortuna el hecho de que les ganó esa a los
republicanos. Digo para nuestra fortuna porque si no
logra la de salud ya sería un presidente sin fuerza,
y no debemos olvidar que sí está de nuestro lado.
Ahora ya
con todo encaminado hacia el proceso electoral de
noviembre, Obama avanza con una presión cada vez
mayor de parte de los latinos que no sólo exigimos,
también hay quienes arriesgan su salud, en Chicago
un grupo ha seguido el ejemplo de un sacerdote que
se puso en huelga de hambre para presionar a Obama y
terminó hospitalizado, hecho tras el cual líderes
comunitarios acordaron ayunar en cadena para
mantener la presión, una presión que el primer
mandatario sencillamente no puede pasar por alto,
pero tampoco los caras duras que se oponen a la
reforma y, sin embargo, en serio, ¿qué esperamos que
se haga en pro de la reforma en este momento? La
reforma no puede darse de un plumazo. Sigo pensando
que de aquí a noviembre poco ocurrirá que favorezca
la reforma que nos incumbe como no sean signos y
mensajes que acaso pavimenten el camino hacia la
misma... pero después del periodo electoral
intermedio; y ojo, insisto, más nos vale que no
atrofien la maquinaria demócrata, es decir, nos
conviene que pierdan los republicanos, que ganen los
demócratas.
En el
fondo estamos igual que el presidente, no tenemos
para dónde hacernos, sólo podemos mandar mensajes a
la nación... así que hagámoslo, votemos, respaldemos
a los legisladores demócratas en noviembre: ahí está
nuestro futuro inmediato.
*Raúl
Caballero
es director editorial de La Estrella en Casa y La
Estrella Digital en Fort Worth y Dallas, Texas.
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