|
Francia: Sarkozy el presidente
más impopular en 30 años
por
Andrés Pérez
El “caso Bettencourt” mina la presidencia de Sarkozy,
el escándalo de la financiación ilegal del partido
del presidente francés socava su liderazgo y el de
la derecha francesa. Dos tercios de los ciudadanos
se manifiestan descontentos con él
presidente francés de acuerdo a este trabajo del
periodista Andrés Pérez del periódico El Publico.com.
Acusado de recibir dinero negro de la empresa
L'Oréal Sarkozy pierde a dos ministros que se ven
forzados a renunciar. El PS francés exige a Sarkozy
que rinda cuentas del affaire L'Oréal' y su opositor
de centroderecha Villepin lanza un movimiento
político para hundir a Sarkozy
Le
roi est nu: "el rey está desnudo". Pocas
veces ha sido tan cierto en la historia política
francesa este dicho muy popular en nuestro país
vecino. El escándalo provocado por las relaciones
del clan de Nicolas Sarkozy con la multimillonaria
evasora de impuestos Liliane Bettencourt, heredera
de la empresa L'Oréal, ha tumbado el mito de un
presidente íntegro y rompedor, jefe absoluto de una
derecha regenerada. Mal va a poder proseguir el
desmantelamiento de servicios públicos de los
últimos tres años un político envejecido de golpe,
en números rojos en los sondeos y que empieza a
aceptar órdenes de sus propios subordinados.
Hasta
los explosivos últimos días, Sarkozy había
conservado la esperanza de poder frenar, controlar e
incluso sacar tajada del caso Bettencourt, que va
dando coletazos mortales desde mediados de junio. En
las filas conservadoras, algunos aún esperaban el
renacimiento de su campeón. Para recuperar su
virginidad política antes de ese hipotético
relanzamiento de su prestigio, Sarkozy había
sacrificado el fin de semana pasado a dos
secretarios de Estado Alain Joyandet y Christian
Blanc, culpables de uso abusivo de fondos públicos
para placeres privados como viajes en jets y puros
habanos de los mejores.
Pero,
desde el martes 6 de julio, las revelaciones
precisas de las posibles donaciones secretas de
dinero negro al partido de Sarkozy, la UMP, por
parte de Bettencourt han ensombrecido su escenario.
Primera señal de la decadencia de Sarkozy: los
sondeos de popularidad.
Que
Sarkozy toque fondo, con dos de cada tres franceses
descontentos y menos de uno de cada tres
satisfechos, no es noticia desde los mínimos ya
registrados en abril de 2008. Lo que sí es noticia
ha sido el barómetro del instituto BVA, uno de los
más fiables del país, en la encuesta de primeros de
julio. Hecho histórico: Sarkozy es, para ese
barómetro BVA, el presidente más impopular de
Francia en las últimas tres décadas. Otros
institutos están confirmando la sentencia.
La
precampaña para las presidenciales y las
legislativas inicialmente previstas en 2012 se
acerca, e incluso hay quienes ven posible que esa
carrera se precipite, como sugirió la líder
socialista Martine Aubry al hablar de que la
izquierda está lista para gobernar y "reparar
Francia tras tres años de sarkozysmo". El mes
pasado, otros sondeos preelectorales señalaron que
un notable del PS, Dominique Strauss-Kahn,
aplastaría fácilmente a Sarkozy, cosa lógica porque
ese hombre habla desde el centro desertado por el
presidente. Pues bien, este viernes se produjo lo
impensable: un sondeo CSA habla de una victoria
clara de Martine Aubry frente a Nicolas Sarkozy, y
eso que la socialista se coloca a sí misma "en el
corazón de la izquierda" y habla de defensa de las
jubilaciones, de nuevos servicios públicos y de
planes de empleo juvenil con fondos públicos.
Es
normal que en la derecha cunda el pánico. También lo
es que las contundentes y excelentemente preparadas
decenas de intervenciones radiotelevisadas del
ministro Éric Woerth, el más mojado por el caso
Bettencourt, no surtan efecto. Menos normal es que
el Elíseo, una institución regida por la
racionalidad más absoluta, ceda así al pánico.
El mejor
ejemplo de la casa en llamas la dio el secretario
general de la presidencia, Claude Guéant, a finales
de semana. Para clamar victoria, se agarró como
clavo ardiendo el jueves 8 de julio a una
declaración fragmentaria, sabiamente destilada por
Le Figaro, que corregía parcialmente las acusaciones
de corrupción de Sarkozy: "El hecho de que la verdad
sea restablecida siempre es placentero", dijo, como
si no hiciera falta juicio ni juez independiente. No
está nada mal. Sobre todo porque menos de 24 horas
después, otros testimonios ante la policía venían a
confirmar la versión que indica que la campaña
electoral de Sarkozy recibió 150.000 euros en
metálico de Bettencourt.
"¿Qué
tienen que ocultar para no querer que se designe a
un juez de instrucción independiente?", espetó al
Gobierno el presidente de la principal organización
sindical de magistrados, Christophe Régnard. La
respuesta quizá venga menos por el lado de presuntos
hechos delictivos que de la jaula de grillos en que
se ha convertido la derecha francesa por el
hundimiento de Sarkozy.
A la
hora de hablar del presidente
La
semana pasada Jean-François Copé, rival en ciernes
de Sarkozy y jefe de la mayoría conservadora, lanzó
una de esas pullas sibilinas que siempre han hecho
la gloria de la derecha francesa. En plena tormenta,
Copé se permitió decir que "apoya totalmente" a Éric
Woerth, el tesorero de Sarkozy y de su partido.
Pero, a la hora de hablar del presidente, se limitó
a aconsejarle, o a ordenarle: "Es importante que el
presidente hable a los franceses", porque "es
absolutamente indispensable ahora que las cosas sean
recolocadas en la buena perspectiva".
Lo
increíble es que el Elíseo lo escuchó y se sometió.
Sarkozy hasta ahora se había limitado a lamentarse
con frases como "¡qué época, qué vileza!" Ahora
prepara una intervención, probablemente en el
discurso del 13 de julio, cara a la fiesta nacional,
con especial cuidado a cada coma en lo que toca al
escándalo.
Una
encuesta ha pronosticado una victoria clara de los
socialistas
La lista
de barones que esperan entre bastidores, mientras
adoptan estrategias de semitraición, es larga. Quien
se coloca en la posición de hombre de Estado
tranquilo que no se moja y mira cómo su rival se
quema es el inefable Dominique de Villepin.
El
enemigo mortal de Sarkozy, que ha creado su
movimiento República Solidaria, en contadas
declaraciones eleva el tono: "Necesitamos
independencia de la Justicia, una total libertad de
la prensa y un Estado imparcial". Porque "el drama
de Francia es que se concede desgraciadamente más
crédito a un florero en el saloncito de una
multimillonaria que a la palabra de los políticos".
La multimillonaria es Bettencourt; el florero,
Sarkozy y Woerth.
La
descomposición se acelera. Sarkozy vacila en llevar
adelante en el Parlamento su "reforma en profundidad
de la Justicia". Senadores y diputados votaron no a
la reforma de los poderes locales franceses y a la
que tocaba a la legislación sobre pymes. En cuanto
al recorte de jubilaciones proyectado por el
presidente y por el ministro de Trabajo, el propio
Woerth, pocos creen que, en septiembre, los
franceses acepten tragar la poción preparada por dos
acusados de entente con una multimillonaria. Y el
problema es mayúsculo: si Sarkozy retrocede en
jubilaciones, habrá perdido su último cartucho; si
intenta imponer la reforma, las pancartas sobre
L'Oréal en las manifestaciones prometen ser de
antología.
LA
ONDA®
DIGITAL |