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Brasil: el debate de
su telefonía pública
por Luiz
Carlos Bresser-Pereira
Sólo un bobo le da a
los extranjeros servicios públicos como las
telefonías fija y móvil. João es dueño de un mecano.
Dos niños mayores y más vivos, Gonçalo y Manuel,
convencen a João de que les cambie su bello juego
por un chupa-chupa. Hecho el cambio, y comido el
chupa-chupa, João se queda mirando a Gonçalo y
Manoel, primero, divirtiéndose con el mecano, y,
después, armando una pelea para ver quien acaba por
ser el único dueño. ¿Existe alguna similitud entre
esta historieta y la realidad?
No es preciso mucha
imaginación para descubrirla. João es Brasil que
abrió la telefonía fija y la celular para los
extranjeros. Gonçalo es España y su Telefónica,
Manuel es Portugal y la Portugal Telecom; los dos se
desviven ante la oferta "irrecusable" de la
Telefónica para asumir el control de la Vivo, hoy
compartido por ella con los portugueses.
Pero, ¿por qué estoy
llamando a Brasil de niño bobo? Porque sólo un tonto
entrega a las empresas extranjeras servicios
públicos, como son la telefonía fija y la móvil, que
garantizan a sus propietarios una renta permanente y
segura. En el caso de la telefonía fija, la
privatización es inaceptable porque se trata de un
monopolio natural. En el caso de la telefonía móvil,
existe alguna competencia, de forma que la
privatización es bienvenida, pero nunca para
extranjeros.
Estoy, por lo tanto,
pensando en términos del "condenable" nacionalismo
económico cuya mejor justificación está en el
interés que fue demostrado por los gobiernos de
España y de Portugal.
El gobierno español, en
los años 90, aprovechó la hegemonía neoliberal de la
época para subsidiar, de diversas maneras, a sus
empresas a comprar los servicios públicos que
estaban entonces siendo privatizados. Tuvieron éxito
en esta tarea.
En este caso,
fueron los españoles los nacionalistas, mientras que
los latinoamericanos, inclusive los brasileños,
fueron los colonialistas, o los tontos.
Ahora, cuando la
española Telefónica hace una oferta por las acciones
de la Vivo de propiedad de la Portugal Telecom, el
gobierno portugués entra en el juego y prohíbe la
transacción. La Unión Europea ya consideró ilegal
esta actitud, pero lo que importa aquí es que, en
este caso, los nacionalistas son los portugueses que
saben que un servicio público es una “papa”, y no
quieren que su país la pierda.
El niño tonto es
Brasil, que ve el nacionalismo económico de los
portugueses y de los españoles y, en este caso, no
tiene nada que hacer sino honrar los contratos que
firmó. ¿Seremos más inteligentes algún día otra vez?
Creo que si. En
estos últimos años, el gobierno brasileño comenzó a
reaprender, y está tratando de dar apoyo a sus
empresas. Para horror de los liberales locales, está
ayudando a crear campeones nacionales. O sea, está
haciendo exactamente lo mismo que hacen los países
ricos, que, a pesar de su propalado liberalismo,
tampoco dudan en defender sus empresas nacionales.
Si el sector económico
de la empresa es altamente competitivo, no hay razón
para una política de esta naturaleza. Cuando, sin
embargo, el mercado es controlado por pocas
empresas, o, en el caso de los servicios públicos,
cuando es monopólico o casi monopólico, no tiene
sentido para un país pagar a otro una renta
permanente al hacer concesiones públicas a empresas
extranjeras. La pelea entre españoles y portugueses
por la Vivo es una confirmación de lo que estoy
afirmando.
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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