|
Colombia/Venezuela:
la guerra como atajo
por
Antonia Yáñez
El nuevo
conflicto que involucra a Venezuela con Colombia
muestra la extrema fragilidad de la paz en esa
región. Desde hace demasiado tiempo todos los
factores necesarios para que en cualquier momento
estalle la guerra entre esos dos país están
abundamente expuestos. Sin duda que la personalidad
humana y política de los presidentes Uribe y Chávez
ha contribuido en grande para que el “plato esté
servido”.
Pero es
demasiada pesada la interna política y social de
ambos países por estos días, para pensar por un solo
instante, que este nuevo episodio donde Colombia
denuncia en la OEA las viejas y conocidas prácticas
de la guerrilla de la FARC cruzando las fronteras
venezolanas, brasileñas y ecuatorianas, pueda ser
tomada como una revelación extraordinaria. Más bien,
el escenario elegido y la metodología utilizada
repiten añejos tic’s de los manuales de
“contrainsurgencia” de los años 60 y 70.
El
arrebato en la OEA del presidente Uribe a quien solo
restan dos semanas para finalizar su mandato, habría
que buscarlo entre otros factores en lo expuesto por
el Universal de Caracas; “En los primeros cinco
meses del 2010 las exportaciones de Colombia a
Venezuela se hundieron un 71 por ciento y la Unión
Europea pasó a ser el segundo mayor socio comercial
de Bogotá. El estancamiento de los negocios
comerciales -que totalizaron más de 7.000 millones
de dólares en el 2008- ha retrasado la recuperación
económica de Colombia de la crisis del año pasado e
incrementó el desempleo”. O en la nueva revelación
hecha por una delegación de seis eurodiputados que
visitó Colombia confirmando las denuncias sobre la
existencia de una fosa común con alrededor de 2 mil
cuerpos en la zona la Macarena.
Pero
esta realidad de la Macarena y los “Llanos
Orientales”, quizás sea de los hechos más
reveladores del real drama colombiano por ser desde
hace muchos años escenario de guerra y “guerra
sucia”. Que los 8 años del gobierno de Uribe
estuvieron muy lejos de encontrar caminos de paz.
El
presidente venezolano encontró rápidamente en el
episodio con Colombia una vez más las motivaciones
para adoptar un lenguaje de guerra, que le permitan
ganar espacio para las parlamentarias de setiembre.
Mientras la economía de su país es un laberinto sin
salida, baje o suba el petróleo. La inflación llega
al 31,3%, mientras la existencia de cuatro tipos de
cambio y la recesión mayor de la región, ahogan y
generan la más grave falta de alimentos y energía de
los últimos tiempos en Venezuela.
La
guerrilla colombiana que genéricamente se atribuye a
las FARC, se encuentran ante su mayor aislamiento
político y militar y han perdido toda vocación por
llegar a ser gobierno nacional. Esto los convierte
cada día más en las victimas de un macabro juego de
guerra que desde hace mucho tiempo trasciende su
propia existencia, permitiendo de hecho la represión
y masacre de pueblos sumergidos de la Colombia
profunda. Con el agravante de que es en el único
territorio americano donde un ejército extranjero
participa diariamente desde bases propias, en
acciones de guerra y de Inteligencia.
Se
anuncia que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur)
tratará la ruptura diplomática entre Colombia y
Venezuela en una reunión extraordinaria, esta
instancia del bloque suramericano tiene una
excelente oportunidad de demostrar a la comunidad
internacional y al pueblo colombiano su verdadero
papel, no solo tratando el episodio de estos días,
sino iniciando gestiones profundas con todas las
partes incluida la guerrilla, para encontrar una
autentica paz en esa región. De lo contrario pasará
lo enunciado por Juana en su “Cántaro fresco”, pero
aquí ya no será una expresión poética, lo que se
quiebre, sino la frágil paz que aún habita en esa
región americana.
LA
ONDA®
DIGITAL |