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Chile: Ha muerto
Luís Corvalán
Líder
comunista de la Unidad Popular chilena
A muerto Luís Corvalán, se ha dicho por estos días
que esta se suma a la desaparición de toda una
generación de grandes líderes chilenos, todos ellos
nacieron en el primer decenio del siglo XX y
participaron, desde jóvenes, en la República
Socialista de los Doce Días, el Frente Popular, la
Ley de Defensa de la Democracia, para terminar
en el gobierno de la Unidad Popular.
Secretario del Partido Comunista entre 1958-90,
participó activamente en el proceso de la Unidad
Popular, que llegó a convertir a Salvador Allende en
Presidente de Chile. Luego, durante el golpe de
Estado de Pinochet, estuvo preso y finalmente fue
desterrado a la entonces Unión Soviética.
A Corvalán se lo apreció siempre como hombre
excepcionalmente sencillo e inteligente
parlamentario.
La Izquierda uruguaya conoció de cerca a Corvalán,
quien estuvo en varias oportunidades en Uruguay.
Luego compartió varios años de exilio en la Unión
Soviética con Rodney Arismendi por entonces
secretario del Partido Comunista uruguayo que junto
a otros comunistas del PCU, también fueron
desterrados. La foto brindada por la Fundación
Rodney Arismendi da testimonio de ese vinculo.
Lo que sigue es una entrevista realizada por Pamela
Jiles, cuando este preparaba un libro sobre los días
de la Unidad Popular, lo que ese gobierno hizo en
tres años y
lo que no pudo hacer.

- “¿Cuál
es la tesis central de su libro, don Lucho?
- En el
libro se demuestra, en primer lugar, que el acceso
de la Izquierda chilena al gobierno fue con una
relevante participación de comunistas y socialistas,
a diferencia de lo que ocurrió durante la época del
Frente Popular en la cual el radicalismo era la
fuerza política más poderosa e influyente.
Hubo un
largo proceso histórico de formación y desarrollo de
una conciencia nacional a favor de cambios de fondo,
principalmente en la estructura económica nacional.
Se destacan también las condiciones internacionales
de esos años, durante los cuales los bonos del
socialismo estaban muy altos, la lucha del pueblo
vietnamita contra el invasor yanqui despertaba la
admiración y solidaridad de todo el mundo y la
revolución cubana demostraba la posibilidad de que
cualquier país del continente, aunque esté a escasas
millas de los Estados Unidos, puede liberarse de la
dominación imperialista y crear una sociedad en la
cual los frutos del trabajo de todos se reparten
equitativamente y el pueblo tiene acceso a la salud,
la educación y la cultura.
-
¿Quiénes son, a su juicio, los tres personajes más
importantes del período de la Unidad Popular?
- “Como
personaje, como individualidad, el más importante
fue, claramente, Salvador Allende, quien estaba
absolutamente convencido de la necesidad de
emprender en Chile una revolución para hacer posible
que las principales riquezas mineras, el cobre en
primer lugar, estuvieran en manos de los chilenos
para beneficio de todos ellos; que igual cosa
sucediera con las grandes empresas monopólicas de la
electricidad, la radiotelefonía, la metalurgia, la
industria textil y otras, con los bancos, el
comercio de importación y exportación, y que se
llevara adelante la reforma agraria, hasta terminar
con el latifundio improductivo y retrógrado. Todo lo
que se hizo en este terreno fue producto de la
unidad y lucha del pueblo, fue gracias a su largo
batallar, pero también gracias al papel jugado
personalmente por Allende, que recorrió tantas veces
el país haciendo conciencia acerca de la necesidad
de los cambios de fondo y que, desde el puesto de
presidente de la República, se jugó entero en tal
sentido. Demostró una consecuencia política
inconmensurable.
- ¿Qué
otros se destacan, en su visión?
- Además
de Allende, todos los dirigentes de los partidos de
la Unidad Popular; cual más, cual menos, dieron un
valioso aporte a la victoria y a las tareas de
gobierno durante el primer tiempo, aproximadamente
hasta fines de 1971. Después, algunos asumieron
posiciones crecientemente críticas, que debilitaron
y no favorecieron el cumplimiento de esas tareas.
Por ello, no me hallo en condiciones de opinar qué o
cuáles ‘personajes’ de esos partidos, además de
Allende, puedo mencionar como ‘los más importantes
en el período de la Unidad Popular’. Tampoco puedo
mencionar alguien del Partido Comunista, pues este
consideró, desde el comienzo hasta el fin, que lo
más revolucionario y patriótico era trabajar por el
éxito del gobierno del presidente Allende, por
ponerle un dique a la sedición, y todos sus
dirigentes y militantes se emplearon a fondo en
dicha dirección.
- ¿Qué
sueños que aún tengan vigencia se lograron construir
durante la Unidad Popular?
- Entre
otros, la posibilidad de que miles y miles de hijos
de obreros y muchos obreros con enseñanza media
completa, pudieran seguir carreras universitarias, y
la valoración que tuvo el papel de los trabajadores
en la sociedad, reconocido entonces mediante las
responsabilidades de gobierno, en la administración
pública y en las empresas estatizadas, que asumieron
numerosos de sus dirigentes.
-
¿Cuáles fueron los principales logros de ese período
que hayan perdurado en el tiempo?
- Como
logros concretos de ese período que hayan perdurado,
aunque no enteramente, puedo mencionar la
nacionalización del cobre y la reforma agraria. No
obstante que la mayor parte del cobre ha vuelto a
manos privadas extranjeras, Codelco se mantiene, y
aunque ya no están en poder de los campesinos la
mayor parte de los 5 millones 223 mil hectáreas
expropiadas por el gobierno de Allende y los tres
millones y medio de hectáreas expropiadas por el
gobierno de Frei, no hay duda que la reforma agraria
puso fin al latifundio y dio paso a una agricultura
más moderna y productiva. Se mantiene, también, el
medio litro de leche para todos los niños de Chile,
aunque como todos saben ha habido fallas en la
distribución y también escasez. Acerca del por qué
de esta última el ministro de Salud, Pedro García,
le ha dicho a los periodistas que deben
preguntárselo a las vacas. Extraña respuesta, por
decir lo menos.
Lo más
importante es que todos los logros se mantienen en
la memoria de los que vivieron y recuerdan aquel
tiempo y de quienes los han conocido con
posterioridad.
-
¿Qué puede usted contar de Salvador Allende, que no
se haya dicho o que no se sepa hasta hoy?
- En mi
libro hay un capítulo que se llama ‘El aporte de
Salvador Allende’. El presidente Allende es una
personalidad tan conocida y tanto se ha escrito y
dicho de él, que en verdad no hay nada nuevo que
contar. Pero en la valoración de su aporte a la
lucha del pueblo cada persona que lo conoció puede,
naturalmente, destacar una u otra faceta y hablar de
uno u otro de sus rasgos con mayor o menor aprecio
por él y por el papel que jugó en la política
chilena. Y en mi libro yo lo hago, o trato de
hacerlo en la mejor forma. Como novedad le puedo
añadir que en el capítulo mencionado se inserta un
poema de su autoría. Fue publicado en 1929 por una
revista muy modesta de Viña del Mar. Yo lo conservé
hasta hoy y me parece de mucho interés.
- ¿Cómo,
exactamente, conoció usted al general Pinochet?
- Que yo
recuerde lo vi y me vio, lo saludé y me saludó, sólo
el 9 de septiembre de 1973, cuando nos topamos luego
de salir de una entrevista que tuvimos con el
presidente Allende en su casa de Tomás Moro, y en la
cual participaron el subsecretario general del
Partido Comunista, Víctor Díaz, Orlando Millas y yo.
Después de esa entrevista, Pinochet, acompañado del
general Urbina, fue recibido por el presidente,
ocasión en que se impuso de la idea que tenía
Allende de llamar a plebiscito, decisión que
anunciaría en un discurso el día 11 de septiembre, a
raíz de lo cual se adelantó el golpe que estaba
fijado para el día 14.
- Los
partidos de gobierno -entre ellos el que usted
comandaba- ¿no fueron capaces de hacer un perfil de
los miembros del alto mando del Ejército?
- No
teníamos aparato de inteligencia y no hicimos ningún
perfil.
¿Quiere
decir que usted no manejaba información sobre
Pinochet, en ese período?
-
Ninguna.
- ¿Qué
recuerdo tiene del general Prats?
- Muy
buen recuerdo. Era un hombre muy inteligente y
correcto. Estaba ciento por ciento convencido de la
necesidad y el deber de las Fuerzas Armadas de
respetar la Constitución y de subordinarse al poder
democráticamente constituido. Era un demócrata que
tenía un gran cariño por su institución, al extremo
de renunciar a la comandancia en jefe del ejército
para no arriesgar su unidad. A la vez, era una
persona que tenía una gran estimación por el pueblo
y un criterio muy amplio para apreciar los fenómenos
sociales de su tiempo. Estas cualidades lo llevaron
a tener una gran simpatía por las transformaciones
que se llevaban a cabo y un gran aprecio por el
presidente Allende, con el cual colaboró lealmente.
- ¿Cuál
era la política militar del Partido Comunista, antes
del golpe?
-
Desafortunadamente, sólo tuvimos esbozos, principios
de política militar, pero no una política militar
propiamente tal.
- ¿No le
parece gravísimo no haber tenido política militar,
ni información de inteligencia, ni aparatos armados
en esa confrontación?
- En el
período de Allende y para defender su gobierno, no
era posible formar una organización paramilitar como
el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En la Unidad
Popular no habría habido acuerdo para formarlo. Y no
cabía actuar en este terreno al margen de la Unidad
Popular y sin la venia del presidente, que tampoco
habría estado de acuerdo.
Creo que
la principal falencia en este terreno fue una
despreocupación y un desinterés por las FF.AA. de
parte de toda la Izquierda y en especial, de los
comunistas. Los partidos de derecha siempre se
preocuparon de las instituciones militares y las
influenciaron en un sentido reaccionario. La
Izquierda no hizo lo suyo, salvo en algún modo el
Partido Socialista en tiempos de Raúl Ampuero. Estoy
convencido que habría sido y es necesario,
democrático y patriótico que las FF.AA. puedan
conocer el pensamiento y los propósitos de todas las
colectividades políticas, comprendidos los
comunistas. Y que de su parte todas las
colectividades hagan lo que puedan por hacerse
conocer en el mundo militar.
- ¿Cómo
recuerda la nacionalización del cobre y la
repartición del medio litro de leche, que hoy se
echan de menos?
- Fueron
dos medidas valiosas, importantísimas y
emblemáticas, como se dice hoy. La primera demostró
el patriotismo, la valentía y la consecuencia de
Salvador Allende y de la Unidad Popular y ha
significado para el país un ingreso de miles y miles
de millones dólares, más de los que habrían entrado
de haber seguido el cobre en manos de las compañías
norteamericanas. La segunda dio cuenta de la
sensibilidad social, del humanismo y del aprecio por
los niños de parte del presidente Allende, su
gobierno y las fuerzas de Izquierda y, de paso,
demostró la infamia de aquellos reaccionarios largo
tiempo empeñados en hacer creer a los ingenuos que
de triunfar Allende se mandarían los niños a Rusia.
- Me
gustaría que me hablara del edecán Araya, al que la
Armada no le ha hecho ningún reconocimiento hasta
hoy.
- El
edecán naval Arturo Araya fue un eficiente y leal
colaborador del presidente Allende. Fue uno de los
oficiales de la Armada que se identificó con los
patrióticos propósitos del gobierno de la Unidad
Popular. Era además un hombre culto, cordial, de
buen humor, comunicativo y de agradable trato. Cayó
en la noche del 26 de julio de 1973 asesinado por un
comando de la derecha, ya entonces lanzada por el
camino de la sedición.
- ¿Cómo
recuerda las acusaciones constitucionales a los
ministros de la Unidad Popular?
- Nunca
ningún otro gobierno fue blanco de tantas
acusaciones contra sus ministros de Estado. Todas
ellas respondieron a un plan reaccionario dirigido a
descalificar al gobierno, acusándolo reiteradamente
de actuar al margen de la Constitución y de la ley.
- ¿Y el
paro de octubre?
- El
llamado paro de octubre fue, en verdad, el paro del
transporte, un paro patronal. Lo apoyaron la
Confederación de la Producción y el Comercio, la
Sociedad de Fomento Fabril y la Confederación del
Comercio Detallista. El comando de la sedición que
trató de paralizar el país.
Pero los
trabajadores siguieron laborando en las industrias,
en los hospitales, en los puertos, en los
ferrocarriles, en las plantas eléctricas y otros
servicios. Los molineros trabajaron
extraordinariamente sábados y domingos, y los
funcionarios de la Corfo organizaron decenas de
convoyes para el traslado de las mercaderías,
utilizando camiones del área social fuera de las
horas de servicio. El Sindicato de Dueños de
Camiones de Barrancas y varios centenares de
transportistas de todo el país rechazaron el paro y
colaboraron con el gobierno. Los ferroviarios, por
su parte, trabajaron horas extraordinarias para
asegurar el abastecimiento de la población. Miles de
jóvenes, principalmente estudiantes, cumplieron
agotadoras jornadas de carga y descarga en las
estaciones ferroviarias y en los terminales de los
camiones manejados por los miembros del Mopare. Ello
atenuó las consecuencias del desabastecimiento,
aunque éste no dejó de afectar al pueblo, a la gente
más necesitada, pues los ricos, apenas comenzó el
paro del transporte, llenaron sus frizers y
despensas con las mercancías de consumo diario, y en
alguna medida lo hacían también los sectores
populares de mayores ingresos.
- En ese
período ingresaron las Fuerzas Armadas al gobierno
de la UP. ¿No es así?
- En
vista de la obcecación de los confabulados, el 1º de
noviembre de 1972 el presidente Allende formó un
nuevo gabinete con participación de militares. El
nuevo ministro del Interior, general Carlos Prats,
se dirigió al país el día 3 de noviembre de 1972 y
tres días después el paro terminó. Fue el primer
intento serio, dirigido a echar abajo el gobierno
popular.
- ¿Cuál
fue para usted el momento más complicado y por qué?
- El
momento más complicado se presentó en vísperas del
golpe militar, cuando la única posibilidad -sólo
posibilidad- de remontar el peligro de golpe estaba
en respaldar al presidente que quería convocar a un
plebiscito. Y en la Unidad Popular no hubo acuerdo
de apoyar esta iniciativa.
- ¿Cuál
es su juicio histórico respecto del papel de
Patricio Aylwin y Eduardo Frei en ese período. ¿Le
parece que fueron auténticos demócratas o resueltos
golpistas?
- Ni una
ni otra cosa. No se jugaron a favor del golpe ni en
defensa del gobierno constitucional. Pienso que
ambos esperaban que tras la caída de Allende se
convocaría pronto a elecciones presidenciales y que
la DC retomaría el mando del país. No fue así y,
después de algún tiempo, los dos desempeñaron un
papel positivo en la lucha contra la dictadura.
- Más
allá de la anécdota: ¿por qué cree que en cada
capital del mundo, en oriente y occidente, hay una
calle o una plaza que se llama Salvador Allende?
¿Por qué, después de treinta años, todos los pueblos
lo reconocen y admiran?
- Como
usted dice, en oriente y occidente hay muchas
ciudades que llevan en sus calles y plazas el nombre
de Salvador Allende. También lo tienen hospitales,
escuelas, barcos, centros culturales, auditóriums de
universidades, consultorios médicos, institutos.
Todo ello es testimonio del aprecio internacional
que hay por el presidente Allende y por la original
y audaz empresa revolucionaria que él encabezara.
Por lo visto, en muchos países se preparan diversos
actos recordatorios del presidente que prefirió
permanecer en su puesto en el palacio de gobierno y
morir allí, antes que entregarse y ceder el mando
del país a quienes -estaba seguro y los hechos
comprobaron que tenía razón- desencadenarían el
terror y la persecución contra el pueblo.
- Se ha
dicho de usted que en el momento de su detención
estaba debajo de una cama, ¿es efectivo? ¿Cómo fue
ese momento?.
- Ese
infundio es de Pinochet y ya no merece respuesta.
- ¿Cuál
es su conclusión luego de revisar el gobierno de la
Unidad Popular?
- En
primer lugar, creo que fue una gran tentativa
revolucionaria por hacer de Chile un país
verdaderamente independiente y soberano, por crear
una sociedad más justa y construir una democracia
que fuera, como la definía Abraham Lincoln “un
gobierno del pueblo, por el pueblo y para el
pueblo”.
En
segundo lugar, pienso que si en definitiva no
prosperó y fue derrocado, ello se debió,
fundamentalmente, a la confabulación de la reacción
chilena con el imperialismo norteamericano, esto es,
al hecho de que los oligarcas y los magnates de la
burguesía, en defensa de sus privilegios, se
conciertan hasta con los enemigos de la
independencia y soberanía de la patria.
Y en
tercer lugar, tengo la convicción que como Unidad
Popular pecamos de sectarismo y así se favoreció
nuestra derrota. Los partidos de la UP, cual más
cual menos, acentuaron su izquierdismo. En su
congreso nacional realizado en agosto de 1971, el
Partido Radical se declaró marxista y anunció que su
objetivo era la liquidación de la propiedad privada
en todas sus formas, empujando fuera de sus filas a
Luis Bossay, Alberto Baltra, Manuel Sanhueza y otros
de sus dirigentes, quienes formaron el PIR,
estuvieron cierto tiempo con el gobierno y después
se pasaron a la oposición. Con ello, el gobierno
salió perdiendo. El Mapu también se dividió y el
sector encabezado por Oscar Guillermo Garretón
asumió posiciones ultra izquierdistas. La Izquierda
Cristiana pasó, igualmente, a posiciones extremas,
en tanto el Partido Socialista proclamaba la
necesidad de disolver el Congreso y formar un
Parlamento Unicameral, como si tal cosa fuera
posible alcanzar así no más. Y el Partido Comunista,
aunque tuvo una línea más amplia, no fue
suficientemente explícito y tenaz en la lucha por
una política todavía más abierta por parte de la
Unidad Popular.
Para
vencer todas las dificultades y derrotar la sedición
desde el comienzo, había que tener una firme mayoría
nacional. En otras palabras, el éxito dependía
esencialmente de una correlación favorable de
fuerzas sociales y políticas que abarcara, por lo
menos, el 60% de la población. Tuvimos este respaldo
inmediatamente después de la elección. Pero no se
concretó en un acuerdo político que fuera más allá
del Estatuto de Garantías que se convino con la DC
sólo para el efecto de refrendar la elección de
Allende en el Congreso Pleno y luego, para
nacionalizar el cobre. En los primeros meses que
siguieron a la victoria, en la democracia cristiana
había ambiente para un entendimiento mayor. En tal
sentido abogó varias veces Radomiro Tomic. Pero en
la Unidad Popular este asunto no se planteó ni se
consideró. En el Partido Socialista y algunos otros
partidos de la UP predominaron entonces las
posiciones contrarias a entendernos con la DC. El
presidente Allende, el Partido Comunista, el Mapu
Obrero Campesino, el Partido Radical y la Acción
Popular Independiente, API, se distinguieron por
tener una posición más amplia en materia de unidad.
Pero no se jugaron suficientemente en tal dirección.
-¿A cuál
de todos los cientos de muertos por la dictadura ha
extrañado más en todos estos años y por qué?
-
Naturalmente, se echa de menos, en primer lugar a
Salvador Allende por ser el líder principal de la
Izquierda y se siente también la falta de los
compañeros más conocidos y cercanos, empezando por
Víctor Díaz, Mario Zamorano, Uldarico Donaire y
demás miembros del comité central del PC. Pero
sentimos la pérdida de todos los caídos.
- Usted
perdió a su único hijo varón después del golpe.
¿Podría contar sobre él?
- Luis
Alberto fue nuestro único hijo varón y primogénito.
Trabajó en la empresa avícola que formó la Corfo
durante el gobierno de Allende, con el entusiasmo y
la entrega propios de la juventud, de sus
convicciones políticas y de su capacidad
profesional. Era ingeniero agrónomo. Estudió y se
tituló en la Universidad de Chile cuando los hijos
de obreros y jóvenes de familias modestas podían
ingresar a la universidad. Fue detenido el 14 de
septiembre, tres días después del golpe, junto a su
esposa Ruth Vuskovic. Estuvo preso en el Estadio
Nacional y en Chacabuco. Luego de salir en libertad,
con su esposa y Diego, su hijo de dos años, se
fueron a Bulgaria donde falleció -dice el Informe
Rettig- “como consecuencia de las torturas recibidas
en el Estadio”.
LA
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