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Ley Arizona: Se
institucionaliza el odio
por Raúl
Caballero*
En un principio, la llamada Ley
de inmigración de Arizona iba a entrar en vigor esta
misma semana, sin embargo una decisión de la jueza
Susan Bolton, prohibió que las fuerzas de seguridad
realicen interrogatorios a quienes sean considerados
injustamente inmigrantes ilegales en Estados Unidos
porque, entre otras cosas, “la aplicación de esta
ley plantea una sustancial posibilidad de que los
oficiales arresten erróneamente a extranjeros
residentes legales”.
Cabe indicar que la administración
Obama considera que la ley de Arizona atenta contra
la supremacía de las leyes de Washington y, a su
juicio, interfiere en las competencias que
corresponden únicamente a la Casa Blanca

La ley
SB1070 en Arizona entra en vigencia con las partes
más nefastas suspendidas. Sin embargo es un hecho
que el odio contra los inmigrantes ya se ha
exacerbado entre los grupos extremistas. Sea lo que
sea tras las apelaciones que interpone este mismo
jueves 29 de julio el gobierno estatal de Arizona,
es un hecho que un gran porcentaje de la población
nacional aprueba esa ley como lo han demostrado
diversas encuestas, lo que no quiere decir que a ese
segmento entero lo mueva el odio, pero… ¿quién puede
decir que en la motivación del rechazo no se mueva
un sentimiento xenofóbico? Ciertamente la SB1070 se
ha convertido en un nauseabundo caldo de cultivo
para ello.
La
economía que no despega; el cíclico ardid electoral
republicano de arremeter contra chivos expiatorios
de culpas y últimamente acentuado contra los
inmigrantes indocumentados; el desempleo… la razón
que sea, la justificación nunca falta, el caso es
que esta vez las cosas han llegado demasiado lejos.
Existe en la frontera un clima de persecución. País
adentro hay una fobia que aumenta. Se distribuyen
ilegalmente “listas negras” de supuestos
indocumentados, se niegan derechos civiles y
viviendas a quienes no tienen documentos de
residencia legal, el gobierno no frena las
deportaciones y cada día se caldean más los ánimos.
Aparecen nuevos grupos antiinmigrantes o nuevos
miembros en esos grupos que se rigen con la
xenofobia y el racismo. Todo contra los inmigrantes
latinos (en su mayoría mexicanos) que en resumidas
cuentas... ¡sólo vienen a trabajar para vivir mejor!
Sí la
SB1070 ya ha institucionalizado esas feroces
acciones contra los inmigrantes, día a día ha venido
abriendo brecha para los grupos antiinmigrantes y, a
la larga de volverse una legislación vigente, se
convertirá en amplio camino sin obstáculos para el
racismo.
Se
institucionaliza el odio
Estremece constatar que otros estados promueven
legislaciones similares. La jueza Susan Bolton, la
jueza federal de la Corte de Distrito a quien le
fueron transferidas las demandas contra la SB1070,
con su decisión marca una senda para la nación. Sin
embargo por encima de su fallo es un hecho que dos
polos opuestos han intensificado las diferencias que
los caracteriza: el pánico entre los inmigrantes
vulnerables gradualmente aumenta y, por el otro
lado, la aversión fecundada en medidas como la
SB1070 se expande propiciando crímenes de odio.
Lo que
viene, lo inmediato, como ya se ve son marchas y
manifestaciones de protesta contra la también
llamada ley Arizona (así sea una puesta en vigencia
parcial por las suspenciones temporales aplicadas
por Bolton) y redadas del abusivo Sheriff Joe Arpaio,
como también ya se ven. Una lucha de contrarios que
arrojará más leña al clima antiinmigrante nacional.
En el
terreno jurídico una corte de apelaciones
determinará si secunda el fallo de Bolton o lo echa
por tierra y en este caso vendrá otra apelación
ahora de quienes impulsan las demandas legales
contra la SB1070... ese estira y afloja puede
terminar en la Suprema Corte de Justicia y entonces
esa será otra batalla crucial de pronóstico
reservado, dado que los magistrados de derecha son
mayoría (legado de George W. Bush) pero esa será
otra historia a la que le faltarían muchas lunas.
Son
tiempos decisivos, aparece una incisión en el país,
es crucial que todos los actores políticos se
percaten del peligro que desata este clima
antiinmigrante (¿debo decir antimexicano?), los
legisladores demócratas deben ver más allá del miedo
de perder sus curules y los republicanos deben
aceptar de una vez por todas que la inminente
realidad de los Estados Unidos tiende a ser mestiza
y nada la cambiará.
Pero
para redondear el primer párrafo antes de que se me
acabe el espacio quiero señalar que ya en marzo de
2008 el Southern Poverty Law Center (SPLC) –que
rastrea grupos racistas y asociaciones con doctrinas
de supremacía blanca – había detectado que en 2007,
alrededor de 888 grupos operaban en todo el país.
Pues hoy
el “Mapa del Odio” en la geografía de los Estados
Unidos que esa organización mantiene en su sitio web
(www.splcenter.org), expone que ha contabilizado 932
grupos de odio activos. Y muchos más de la mitad
(602) son grupos racistas —reconocidos o
autonombrados como cazainmigrantes — que están en
acción a lo largo de la frontera con México,
principalmente en Texas y Arizona.
Y es en
Arizona donde se da el mayor número de atentados
contra mexicanos y centroamericanos que cruzan la
frontera sin documentos; atentados realizados por
rancheros que se consideran Guardianes de la
Frontera... así se llama el grupo que tiene lazos
con otros de corte neonazi y con el propio Ku Klux
Klan revela el SPLC.
Esos
grupos están además bien armados... y en el colmo de
la complacencia, hasta el momento las autoridades no
han hecho nada para impedir que ataquen a los
indocumentados; así conferidas las palancas del
odio, tienen pues permiso para cazarlos.
*Raúl
Caballero, director editorial de La Estrella en Casa
y La Estrella Digital, escritor y periodista
mexicano.
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