¿Amenazas?: relaciones entre
Brasil, Argentina y EEUU
Entrevista al profesor Luiz Moniz Bandeira

“Como cientista político, recorro la historia como una ciencia del presente y no sólo como ciencia del pasado, como generalmente se supone”, afirma el investigador y docente brasileño Luiz Moniz Bandeira, en esta reciente entrevista del comunicador Pablo Pires Fernández, para   el diario Estado de Minas.

 

Moniz Bandeira, recientemente, lanzó Brasil, Argentina y Estados Unidos – cooperación y conflicto en América del Sur (de la Triple Alianza al MERCOSUR), desdoblamiento de una larga investigación iniciada con su tesis de doctorado por la Universidad de San Pablo. Lo que sigue es la versión de La ONDA digital en español de la entrevista para ISAPE

 

- En Brasil, Argentina y Estados Unidos…, su abordaje sale un poco de lo común al pensar las relaciones de forma trilateral. ¿Por qué?

- No se pueden comprender los problemas en las relaciones entre los países de la Cuenca del Plata, principalmente entre Brasil y Argentina, a partir de fines del siglo 19 y durante todo el curso del siglo XX, sin analizar los factores económicos y sociales y de la política interna que había determinado malas relaciones y la política exterior, en el siglo 20, dentro de un contexto en que los Estados Unidos se habían convertido en una fuerza hegemónica en el hemisferio. En otras palabras, traté de demostrar la unidad y la interacción entre política internacional y política nacional, más allá de explicar como y cuando la política internacional, con una marcada actuación de los EE.UU., condicionó o influyó sobre la política interna y la política en Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y de otros países de América del Sur.

 

- ¿Cómo analiza usted, históricamente, la rivalidad entre Brasil y Argentina?

- De la misma manera que la “tradicional amistad” de Brasil con los Estados Unidos, la “secular rivalidad” con Argentina constituye, en gran medida, un estereotipo ideológico, manipulado con el objetivo de influenciar en su política exterior según determinados intereses, y el funcionamiento del sistema de relaciones internacionales dentro del hemisferio.

 

De la misma manera que había reaccionado, en el siglo 19, al predominio de Gran Bretaña, con la cual entró en conflicto al rechazar, desde 1844, las fuertes y constantes presiones para la renovación del Tratado de Comercio de 1827, Brasil, en el siglo 20, no se conformó con la hegemonía de los Estados Unidos.

 

Por otro lado, si bien las relaciones entre Brasil y Argentina se caracterizaron por la rivalidad, siempre fueron permeadas por períodos de cooperación. Histórica y geográficamente enlazados por la ruta del Atlántico y por fronteras vivas comunes, los países tuvieron economías, en gran medida, complementarias, debido a la variedad de suelos y de climas. Sin embargo, aunque sus economías no compitiesen e incluso se complementasen, las relaciones se caracterizan por una fuerte rivalidad, fomentada, desde el fin del siglo XlX, por las industrias de material bélico – la Krupp, de Alemania, y la Schneider-Creusot, de Francia, competían por la venta de armamentos a los dos países – y por los intereses económicos y geopolíticos de los Estados Unidos, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial.

 

- ¿Cómo fue el proceso de aproximación entre los dos países, en el sentido de alejar la influencia norteamericana?

- El barón de Río Branco, en 1907, ya había lanzado la idea de formalizar el Pacto ABC, dado que había considerado las “ventajas de una cierta inteligencia política entre Brasil, Chile y Argentina”. El 21 de noviembre de 1941, los cancilleres Oswaldo Aranha (Brasil) y Enrique Ruiz-Guiñazú (Argentina), firmaron un tratado con el propósito de “conseguir establecer una forma progresiva de intercambio libre, que permita llegar a una unión aduanera (…), abierta a la adhesión de los países limítrofes, lo que no sería obstáculo para algún programa amplio de reconstrucción económica que, bajo la base de la reducción o eliminación de derechos y otras preferencias comerciales, contribuyese a desarrollar el comercio internacional, basado en el principio multilateral e incondicional de la nación más favorecida”. El tratado no se llevó a cabo porque, días después, Japón bombardeó la base de Pearl Harbor, los Estados Unidos entraron en la guerra contra el Eje, y Brasil y Argentina adoptaron posiciones diferentes, debido a sus intereses comerciales. En 1949, el presidente Juan Perón resucitó la idea del Pacto ABC, iniciando conversaciones con el presidente Getúlio Vargas en el sentido de formar una unión aduanera entre Argentina, Brasil y Chile. A los Estados Unidos nunca les interesó la unión de estos dos países. La Unión Democrática Nacional (UDN), partido de oposición al gobierno, promovió un escándalo y este fue uno de los factores de la crisis que llevó al presidente Getúlio Vargas al suicidio el 24 de agosto de 1994. Tanto el ex­presidente Arturo Frondizi, de Argentina, como el ex­presidente José Sarney, dijeron que los estados les habían manifestado una fuerte reacción cuando ambos iniciaron las conversaciones entre los dos países, en 1961 (Acuerdos de Uruguayana) y en 1985 (Acta de Foz de Iguazú).

 

- ¿Cómo ve usted el proceso de sociedad e integración entre Brasil y Argentina?

- Todo proceso de integración es difícil y lento. El proceso que llevó a la constitución de la Unión Europea comenzó con el tratado que instituye la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (Ceca), celebrado el 18 de abril de 1951, por parte de Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Hasta el día de hoy no ha concluido, enfrentando serios problemas entre los cuales se halla el de la moneda única.

 

- ¿Cómo analiza las relaciones entre Brasil y los Estados Unidos, ya que existen divergencias, por un lado, pero varias sociedades, por otro?

- Divergencias siempre existieron, sobre todo a partir de fines de los años 1950. Brasil, tanto bajo el gobierno Jânio Cuadros como João Goulart, entró en fricciones defendiendo la autodeterminación de Cuba. Después, bajo el régimen militar, en el gobierno del mariscal Artur da Costa e Silva, hubo varios litigios comerciales y divergencias en materia política, que culminaron en el gobierno del general Ernesto Geisel, cuando reconoció a los gobiernos revolucionarios de Angola, Mozambique y otras colonias portuguesas, firmó el acuerdo nuclear con Alemania y denunció el acuerdo militar Brasil-EE.UU. El presidente Lula da Silva mantuvo un buen relacionamiento con el presidente George W. Bush, no obstante haber criticado la política exterior de los EE.UU., como en el caso de la guerra contra Irak y manifestado fuertes divergencias, en varios aspectos, inclusive frustrando la formación del ALCA. Brasil tiene sus propios intereses nacionales, muchas veces contradictorios o inclusive antagónicos a los intereses de los EE.UU. Su principal interés internacional está en relación directa con la independencia y autonomía de su política exterior. Pero los dos países tienen que mantener necesariamente relaciones maduras y cooperar en aquello en que sus intereses coincidan.

 

- La postura del gobierno Lula en el exterior ha sido más incisiva. ¿Brasil ha conseguido ganar reconocimiento?

- La política exterior del presidente Lula da Silva y de su canciller, el embajador Celso Amorim, es la que se espera de un patriota. Brasil tiene que enfrentar y vencer todos los factores externos, superar todos los obstáculos que puedan contener su poder nacional e impedir que desempeñe el rol de mayor relevancia, como un global player. De ahí el porqué su gobierno trató de expandir las fronteras diplomáticas brasileñas, afirmar su presencia en todas las regiones del mundo, inclusive en los países ricos en petróleo y gas  - Kazaquistán, Azerbaiyán, Katar y Oman – y en el centro de los temas referidos a la estabilidad política y a la paz en Oriente Medio y en Asia Central. Uno de los objetivos de la política exterior del presidente Lula es diversificar los socios y ampliar los mercados para sus exportaciones e inversiones, sobre todo en los sectores de minería, petróleo, agricultura e infraestructura. Si fuese a depender solamente de los mercados de Europa y de los Estados Unidos, como algunos sectores políticos defendían, habría sufrido las peores consecuencias de la crisis financiera internacional. Es necesario que el pueblo tenga conciencia de la proyección internacional de Brasil, de la dimensión económica y política que conquistó en la comunidad de las naciones, y de la importancia de la política exterior, como instrumento de afirmación del poder nacional, en la medida en que preserva su autonomía e independencia. Brasil debe estar preparado para enfrentar, en mar y en tierra, los inmensos desafíos que se presentan en el siglo XXl. El derecho internacional sólo es respetado entre las potencias cuyas fuerzas se equilibran o que tengan, por lo menos, una posibilidad de represalia. Esta lección debe pautar la estrategia de seguridad y defensa de Brasil, en cuyas fronteras, con los pies en la Amazonia colombiana, los Estados Unidos amplían e instalan otras bases militares, al tiempo en que la Cuarta Flota navega en el Atlántico Sur, por las márgenes de los enormes yacimientos de petróleo descubiertos en las capas pré-sal. Las amenazas, aunque puedan parecer remotas, existen. Y el presidente Lula está en lo correcto al implementar el programa de modernización y re-equipamiento de las Fuerzas Armadas. Desde los tiempos de Roma, se sabe que si vis pacem, para bellum – si quieres la paz, prepárate para la guerra.

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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